LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Raúl Madero, 100x100: “Bilardo es un tipo muy jodido, se mandó muchas cagadas”

- por Diego Borinsky: 03/11/2015 -

Jugador y médico de larga trayectoria en el fútbol no se calla nada: Bilardo, Maradona, Zubeldía, Passarella, Pachamé, Verón, Codesal, Selección, Estudiantes...

Madero, a los 76 años, con el piano, una de sus pasiones (es profesor recibido en conservatorio). Sigue ejerciendo la medicina.

1 ¿Fue mejor futbolista o médico? Ninguna, sería muy soberbio de mi parte elegir una de las dos.

2 ¿A Passarella le pusieron algo en la comida para sacárselo de encima en el Mundial 86? Pará, pará, pará. Passarella fumaba y tomaba whisky por las noches y pensó que los cubitos de hielo no le iban a hacer nada.

3 ¿Usted dice que su problema en el 86 empezó por los hielos del whisky? Claro, por el hielito del whisky. Cuando agarró el virus lo llevé al Humana, un hospital recién abierto, con los mejores especialistas en gastroenterología. Le dieron unas pastillas muy fuertes para que se recuperara. Mejoró bastante rápido, pero como había perdido 3 kilos, al otro día me fui con él y le pasé el suero con proteínas licuadas. Le faltaba recuperar un kilo y medio, pero Bilardo le dijo que la camiseta titular era de él.

4 ¿Antes de qué partido? Antes de Italia. “Mirá, acá está tu camiseta, vos sos profesional, si te sentís bien, me decís y jugás”, le dijo Bilardo. “No, con los italianos hacés una macana y te pintan la cara, espero otro partido”, le contestó Passarella. Después del 1-1 con Italia, trabajaron los que no habían jugado. Fue un entrenamiento intenso, con calor y sofocación y él se quería meter. “No jodás, porque vas a tener problemas”, le dije. “Usted está cagado”, me dijo él. “Yo te voy a romper una botella en la cabeza, me tenés podrido, si te digo que no lo hagas, no lo hagas”, le dije. No me dio bola, fue a hablar con Bilardo, se metió y terminó desgarrándose el gemelo. Después volvió a recuperarse para la semifinal y Bilardo le dijo otra vez: “Si te sentís bien, te pongo con Bélgica, eh”, y no quiso saber nada. Salimos campeones y no pasó ni a saludar. Un tipo muy jodido.

5 ¿Le hizo juicio? Empezó a declarar que yo le había dado algo a propósito. “Seguí jodiendo, que yo tengo todos los papeles, un cierto prestigio, y si seguís hablando, te voy a hacer un juicio que no te va a alcanzar toda la guita que ganaste en la Fiorentina para pagarme”. No jodió más.

6 ¿Cómo consiguieron que Maradona estuviera tan bien en ese Mundial? Fue una decisión de Diego. Recuerdo un día que el Narigón dio unas horas libres, y me quedé solo en la concentración. Me di un baño, les escribí una carta a mis hijos. “Por fin solo, nadie me pide nada”, pensé. Igual, yo tenía a mi parajito guardián, con su walkie talkie, y estaba al tanto de todo. Diego andaba con una actriz mexicana. Me puse a comer algo y de golpe cayó Diego, solito. “Ey, qué pasa”, le pregunté. Me consultó si podía comer conmigo. Le dije que sí, claro. “Diego, ¿por qué se volvió?”, le pregunté. “Bueno, podría estar con una mujer preciosa, pero en situaciones así uno toma una cervecita o whisky y la verdad, lo que yo quiero es ser campeón del mundo”. Cuando escuché eso dije: “Ya está, no le van a sacar la pelota”.

7 ¿Es cierto que usted era el único del cuerpo técnico que tenía la entrada permitida a la habitación de Maradona? Es cierto. Y más que eso no te voy a decir. Secreto profesional.

Producción en La Plata, con la camiseta de Estudiantes, en el country de City Bell.

8 ¿Vio la mano en el primer gol a Inglaterra? Vi que saltó y me quedó la duda, pero cucando noté que el línea salió corriendo dije “chau”.

9 ¿Qué fue pensando durante la jugada del segundo gol? Mire, ¿ve este abrazo con Diego? (muestra la foto que está al final de esta nota). Bueno, mi habitación estaba al lado de la de Diego, yo salía y lo veía. Diego andaba con problemas en la columna, entonces le daba un analgésico con un pinchacito. Eso hice la mañana del partido con Inglaterra. Ahí le dije: “¿Sabe que soñé que va a ganar Argentina por dos goles y los dos goles los va a meter usted?”.

10 ¿A Diego lo trataba de “usted”? Siempre traté a los jugadores de “usted”. Le comenté eso y Diego me dice: “Yo soñé lo mismo, tordo”. Cuando terminó el partido, estaban todos los periodistas, me quedé a un costado y cuando me estaba metiendo en el túnel viene esta bestia al grito de “Tordo, tordo, el sueño, ¿se acuerda?” y se me trepó encima.

11 ¿Es verdad que a Brown lo quiso sacar en la final, por su lesión en el hombro? Al contrario: le hice el agujero en la camiseta para que pudiera meter el pulgar y descansar el hombro. Lo que hice fue gritarle a Bilardo, y quizás es lo que escuchó el Tata: “¡Ojo que no está entero!”. Entonces ahí el Narigón le gritó a Brown: “Tata, morite ahí adentro, eh”. Ese es Bilardo.

12 ¿No era una locura jugar ese Mundial al mediodía, con smog y altura? Sí, por eso propuse ir a Tilcara a prepararnos, eran condiciones similares, para que los jugadores se dieran cuenta con qué se iban a encontrar. Llevé un fisiólogo, hicimos estudios y resultó muy útil para lo que vivimos después en México.

13 ¿Hubo una promesa incumplida en esa estadía en Tilcara? Es mentira eso. Yo sólo le hice una promesa a Dios, y al Muro de los lamentos. Cuando jugamos el partido previo con Israel. Una noche, le pedí al encargado de seguridad que me acompañara al Muro. Me acerqué contando los pasos, como en un pan y queso, agarré un papelito y puse: “México 86, campeón Argentina”.

14 ¿Por qué no repitió en el 90? Sí que repetí, y ahora te vas a dar cuenta por qué creo tanto en Dios. En el 90 volvimos a Israel a jugar ese partido de la cábala, de la cábala para Bilardo, porque yo iba a buscar un milagro. Hice lo mismo que en el 86, conté los pasos, agarré un papel y pensé: “Sería un abuso si le pongo otra vez campeón”. Entonces escribí, te lo juro por mi alma: “Italia 90, subcampeón Argentina”. Y lo puse, tac.

En la vieja cancha del Pincha.

15 Noooooo, ¿cómo hizo eso? El culpable no fue Codesal, entonces… Pará, que en la final nos afanaron. Y nosotros lo sabíamos antes de jugarla. Diego también lo sabía, por eso lloró. El presidente de la Federación Alemana había dicho: “Dos finales seguidas que nos gane Argentina, no, de ninguna manera”.

16 ¿Y el poder de Grondona? ¿Poder de Grondona? ¿Contra la Federación Alemana? Noooo, por eso nos cobraron ese penal inexistente.

17 ¿A Codesal se lo cruzó alguna vez en la FIFA? Lo vi una vez, me vino a saludar y no le di bola, “chau, andá, hacé lo que quieras”.

18 ¿Quién es Raúl Madero? Un tipo que tuvo que aprender muchas cosas y que pudo hacerlo. En mi familia sufrimos muchas desgracias, la muerte de mi madre cuando yo tenía 14 años, y de varios tíos, así que cinco primos vinieron a vivir con mi padre y conmigo. Y para ayudarlo a mi padre nos dedicamos a pulir y plastificar pisos. Mientras, estudiaba en el Conservatorio para ser profesor de piano. Empecé a los 7 años y a los 17 me había recibido.

19 ¿Cómo falleció su madre? Mi madre era una española andaluza llena de vida. Estaba embarazada, iba a nacer mi primer hermano. Le di un beso, me fui al colegio y un rato después el director del colegio vino a decirme que fuera a casa porque mi madre había tenido familia. Llegué a casa, me puse a tocar el piano, porque siempre lo hacía en momentos de nervios o de alegría y mi tío me tomó del hombro y me dijo: “Hubo un problema, tu mamá falleció”. Te lo digo hoy y me corre un hielo por el cuerpo. Estuve un año sin hablar, no lo podía superar. Un mazazo increíble.

20 ¿Qué vino primero: el fútbol o la medicina? De chico yo jugaba al fútbol, pero mi madre no quería que lo hiciera, porque me daban muchas patadas, así que me puse a jugar al básquet. Médico quise ser siempre.

21 ¿Dónde jugó al básquet? Empecé en Boca pero mi padre, muy hincha de Racing, me pidió que fuera a Racing para darle el gusto. Fui y salimos campeones argentinos, en cadetes.

Con su compañero de zaga central, Aguirre Suárez, un complemento perfecto. Madero era zurdo, exquisito, no pegaba; Aguirre Suárez aportaba el rigor y la pierna fuerte.

22 ¿Y cómo volvió al fútbol? Un día, ya con 17 años, bajé del tranvía en Montes de Oca y Suárez, en el café La Banderita. En esa época hacía de todo: estaba terminando el secundario, plastificaba pisos, estudiaba las 32 Sonatas de Beethoven para recibirme de profesor de piano, daba el ingreso a la Facultad de Medicina. Unos conocidos del barrio, mayores que yo, los que me habían enseñado a jugar al basquetbol, me dijeron: “Vos jugabas bien al fútbol de chico, ¿por qué no intentás de nuevo? ¿No querés ir a Boca?”.

23 ¿Le costó entrar? No. Le pedí al Nano Gandulla y a Mario Evaristo, los examinadores: “Hago muchas cosas en mi vida, sólo les pido que si ven que no sirvo, me lo digan rápido”. Me probé de 10, tiré un túnel, un sombrero y enseguida me ficharon. A los pocos meses estaba jugando en la Tercera de Boca.

24 ¿Qué recuerda de Gandulla? Fue un padre para mí. Me enseñó todo: a pararla de pecho, a dejarla muerta... En el 86, durante un viaje con la Selección a Portugal, tuve la gracia de que me regalaran un trofeo, por mi función de médico. Espere que se lo traigo (se levanta y trae un trofeo), es el premio Gandulla de Portugal. Se me caían las lágrimas, pensaba qué diría si estuviera el Nano. No sabe lo bueno que era ese hombre, bueno y con carácter a la vez.

25 ¿Y en la medicina tuvo maestros? Muchos, muchos. Uno fue Juan Silvestre, que me dio una gran lección cuando me estaba por recibir a los 21 años. El tipo estaba con carpa de oxígeno y me mandó llamar por su mujer. Me preguntó por qué quería recibirme tan joven, me aconsejó que viajara en tranvía, que viera a la gente, que hiciera muchas guardias, que eso era la medicina. Le hice caso y me terminé recibiendo a los 24, gran enseñanza.

26 ¿Cómo hacía para estudiar medicina y jugar en Boca? A Boca le estaré eternamente agradecido, porque enseguida entendieron que estaba estudiando. Nano Gandulla me esperaba con el Mono Ayala y con el Canario Pérez, dos tipos excepcionales, para que pudiera entrenarme con alguien. Me enseñaron qué es la humildad. En esa época estudiaba como una bestia hasta la madrugada y a las 6 me esperaba el Nano Gandulla, me ponía las bolsas de utilería con las camisetas adentro, en un costado, para que me tirara ahí a dormir un rato, me despertaba con una ducha y un tazón de café con leche y salía a jugar en la Tercera.

27 ¿Cómo le iba? Bien, muy bien. No me olvido de que a la Tercera venían a vernos muchos xeneizes, los genoveses. “Nene, fai la franchula”, “Fai la mosqueta”, eso me gritaban, que hiciera una jugada de engaño. O cuando hacía algo que les gustaba en el partido, me gritaban “Bravo, Bambino, bravo”.

28 Su debut en la Primera de Boca. Fue tremendo. Eliseo Mouriño era el capitán de Boca y de la Selección. La Gallega, le decían. Un tipo noble, más bueno que el pan. Una mañana miraba a mis compañeros de la Tercera en el palco, yo ya me entrenaba con la Primera, y siento que me apoyan la mano en el hombro. “Seguro te vas a poner nervioso, pero no te preocupes, que te va a apoyar mucho Federico Edwards, ya hablé con él, también Pancho Lombardo, hoy vas a jugar en la Primera de Boca porque no podré estar”. ¡Qué nervios por Dios! Contra Lanús, en la Bombonera.

Golazo de Madero de tiro libre para abrir la final del Metropolitano 67, ante Racing, que terminaría 3-0. Fue el primer campeonato ganado por un equipo chico en la historia del fútbol argentino.

29 ¿Qué hizo? Bajé para los vestuarios y en uno de los pasillos había un piano, entonces me puse a tocar un poco de Chopin. A mí, tocar el piano me calmaba los nervios, así que me vino bárbaro. “¿Quién toca ese piano?”, preguntó uno. “Es el chico que hoy debuta en la Primera”, le contestaron. “¿Cómo va a tocar el piano este en la cancha de Boca? No puede ser”. Y sí, pude.

30 ¿Cómo anduvo en el partido? Hice un segundo tiempo espectacular, hasta pegué un tiro en el palo, la cancha se venía abajo. Y me pasó algo curioso. Cuando era chiquito, yo jugaba en el patio de mi casa, que tenía muchas macetas con malvones. Yo los volaba con mis pelotazos y mi abuela andaluza gritaba: “Anda ya, mira, me has roto las plantas, si esto al menos sirviera de algo”. Y yo no tenía respuestas. Cuando terminó mi debut, vino un periodista de la radio. “Acá viene una nueva estrella xeneize, digame qué fue lo que sintió”, arrancó. “Que por primera vez le puedo decir a mi abuela: valía la pena”, contesté (se le llenan los ojos de lágrimas).

31 ¿Sus compañeros lo miraban de reojo porque tocaba el piano y estudiaba? Sí, pero después me fueron aceptando.

32 ¿Cómo pasó Estudiantes de pelear el descenso en 1964 a ganar 3 Libertadores seguidas? Se armó un grupo espectacular. En la semana estaba el director técnico y los jugadores, nadie más, y el que tenía que decir algo lo decía ahí. Nos hemos agarrado fiero: Pacha (Pachamé) con el Bocha (Flores), yo también, el único que no se metía era Juan (Verón). Eramos tipos con carácter, y si uno no corría o no dejaba todo por el compañero, se armaban peleas, pero todo quedaba ahí.

33 ¿Se agarraban a piñas? Sí. Cuando veía un problema, el técnico nos decía: “Ahora se van afuera, se agarran a trompadas, pero después se acaba, eh”. Eso fue en los inicios.

34 ¿Con quién se peleó? Con Poletti. Y le hice una que fue mundial. Le saqué la 9 mm al policía que cuidaba el country, le puse el seguro y le apunté a la rodilla: “Si no la cortás, te la pongo en la rodilla y digo que se me escapó un tiro”. Se cagó todo.

35 ¿Zubeldía fue un revolucionario? Sí. Osvaldo fue un genio y tuvo al lado a un profe de lujo como Jorge Kistenmacher. Alemán, nos mataba en los médanos de Necochea. Nadie hacía esas pretemporadas.

Caminando al costado de una de las tribunas de la vieja cancha de Estudiantes, con Zubeldía, adelante.

36 ¿Con qué otras cosas innovó? Con los tiros libres: tenía todas las variantes, al primer palo, al medio o al segundo. Con la ley del offside, que nadie lo hacía. A mí me agarró un día y me dijo: “Raúl, no me puedo dar el lujo de tener dos números 5, así que lo dejo a Pacha en el medio y lo mando a usted a la cueva”. Yo no quería saber nada. “Vamos a practicar”, me dijo, y me terminó convenciendo.

37 ¿Quiénes eran los jugadores clave de ese equipo? Para mí, los distintos eran Verón, Manera y el Bocha Flores, uno de mis preferidos, aunque el periodismo nunca terminó de verlo. A la Bruja no podías putearlo. Un día nos dijo: “Si me putean, no me muevo, porque me hace mal”. Entonces cada vez que se mandaba una cagada le decíamos: “Muy bien, Juan, muy bien”. Cuando se conectaba, te pintaba la cara.

38 ¿Usaban alfileres y tiraban tierra a los ojos de los arqueros? Zubeldía nunca nos pidió eso. El único que tomaba ventaja en ese aspecto era Bilardo. Un día, Zubeldía nos reunió para felicitarnos. “Estamos teniendo éxitos extraordinarios con las jugadas de pelota parada”, nos elogió. Y salta Bilardo: “¿Y a mí no me dice nada, que toqué todos los genitales de los rivales que forman las barreras?”. Ese era Bilardo. El mismo que le hizo “tuc” a Nobby Stules y le sacó los lentes de contacto, en la cancha de Boca, y después los pisó, en la final contra el Manchester.

39 ¿Tampoco es verdad que estudiaban a los rivales para hablarles y sacarlos? Jamás Zubeldía nos dijo que hiciéramos eso. Hablarle al rival era normal en todos los equipos. Yo nunca me metí con nadie. Una vez, contra Independiente, vino Mura y me dijo: “Tordo, no te calentés más, si tu mujer está acostada con mi hermano”. Y yo, en vez de hablar con Mura, me di vuelta y le dije a Savoy y a Artime: “Raúl, Luis, ¿quién es este pelotudo que me dice esto?”. Los dos lo encararon a Mura: “Justo te metiste con el tipo que no se mete con nadie, ¿sos boludo vos?”. Era común eso de hablar.

40 ¿Por qué nace lo del antifútbol, entonces? El antifútbol fue una parte de Bilardo y otra porque los cinco grandes no nos podían ganar. “No se puede jugar contra estos tipos, no te dejan, son fastidiosos”, se quejaban. ¿Y qué querés, que te deje jugar? Y después se volvieron locos con la ley del offside.

41 Con la pelota parada se cansaron de hacer goles… Sí, sí. Te cuento la de la final de la Libertadores 69 con Nacional en nuestra cancha. Ellos tenía cinco columnas, todos tipos gigantes: Manga, Cococho Alvarez, Ancheta. ¿Qué hizo Zubeldía? Nos dijo: “Juan (por Verón), vos vas a tener que generar 4 foules; los 2 primeros los vamos a tirar al segundo palo que es donde van a estar todos estos bestias altos, el tercero lo tiramos corto al primero y los vamos a sorprender”. Yo pateaba los tiros libres y fue tal cual lo anticipó Osvaldo.

42 ¿No me diga que metieron el gol en el tercer tiro libre? Exacto (risas). Tomé carrera y quedé al lado del alambrado. Justo estaban tres profesores que había tenido en la Facultad. “Vamos que es gol, Raúl”, me dice uno. Y le contesto: “Este no es gol”. Pasó lo mismo con el segundo, y cuando fui a patear al tercero, los miro a estos profesores amigos y les digo: “Ahora es gol”. Puse la pelota, grité “Bocha”, él salió corriendo, yo hice “tac”, la pelota salió como una bola de billar y Bocha metió el 1-0 de cabeza. “¡Hacen lo que quieren estos hijos de puta, meten los goles cuando quieren!”, gritaban los profesores (risas).

La gloria máxima, la Copa Intercontinental ganada en 1968 ante el Manchester, en Old Trafford. Zubeldía pensó la jugada de gol, Madero pateó el tiro libre al segundo palo y Verón la cabeceó por detrás de los defensores.

43 ¿Es cierto que usted le enseñó a Zubeldía a tratar a los periodistas? Me llevaba muy bien con Osvaldo, hablábamos mucho, porque cuando vino a Estudiantes nos fuimos adaptando unos a otros. En Estudiantes me enseñaron un montón de cosas, entre ellas la solidaridad, la participación, ayudar a los que no andan bien porque después te van a ayudar a vos...

44 ¿Cómo hacía usted, que era un zaguero limpio, para sobrevivir en esas batallas coperas de los 60? No era de pegar, es cierto, pero si en esos cruces coperos no ponías la pierna fuerte, te pasaban por arriba.

45 ¿Como qué defensor de los actuales jugaba usted? No veo tanto fútbol ahora. Mi espejo, al que iba a ver con mi papá y al que le gritábamos “sacate la galera, tirá el bastón”, fue Federico Sacchi. De grande vino a verme a mi consultorio y cuando mi secretaria me preguntó cuánto le tenía que cobrar, le respondí: “No, a ese no hay que cobrarle, a ese hay que pagarle”. Mi papá era de Racing pero me llevaba a ver buen fútbol, a River, y me decía “mirá cómo juega el 9”. Walter Gómez, mama mía.

46 ¿Su estilo fino era para compensar la brutalidad de Aguirre Suárez? A mí me expulsaron una sola vez en mi carrera, por Rasputín, que siempre hacía quilombo. A Pacha yo le decía Rasputín. Le dieron una patada una vez, quedó en el piso y le pisaron la mano, así que cuando reanudaron el juego, este señor que le piso la mano la recibió en el pecho y ahí mismo le puse los tapones. En el pecho. Me fui solo, antes de que me mostraran la roja.

47 ¿Pachamé era de hacer cositas como Bilardo, o no? No, eran distintos. Bilardo era un tipo que si veía que estabas con náuseas, venía y te pegaba en la espalda para que vomitaras.

48 ¿El partido clave en el ciclo de Estudiantes fue la semifinal del Metro 67 contra Platense? Sin dudas, ese partido cambió la historia. Perdíamos 3-1, a Platense lo dirigía Labruna, un equipazo. Se nos había lesionado Barale, y no existían los cambios, estábamos con uno menos. Empatamos en el segundo tiempo y después, en una pelota que atajó el arquero de ellos, Hurst, Bilardo le dijo algo y Hurst le pegó una patada y el juez cobró penal. Todos nos vinimos para nuestro arco.

49 ¿Por qué se fueron al arco? Nadie quería patear el penal. Mientras seguían las protestas, Osvaldo se acercó a la Bruja y le ordenó: “Decile a Raúl que lo patea él”. Me lo dijo y mirá (hace un gesto enrollando el dedo índice sobre el pulgar), vos querés meter un alfiler por acá y no pasa, ¿viste? Bueno, así lo tenía (risas). Caminé desde la mitad de la cancha con la cabeza gacha y con la visión periférica, sin mirarlo al arquero, dije: “Palo izquierdo”. Cuando vi que entró la pelota en el ángulo izquierdo no me podían agarrar. En los otros 8 goles que metí en Estudiantes hacía apenas así con el puñito, en este no me podían parar. Ahí apareció el apodo de Los Leones.

Su último partido, ante Peñarol, a fines de 1969.

50 Y en la final con Racing, abrió el partido con un gol de tiro libre. Mi papá no quería ir a la cancha. “Papi, te pido disculpas”, le dije, pero la vi tan clara que no podía errarle. Ganamos 3-0.

51 ¿El gol en Manchester fue más mérito suyo o de Verón? La idea fue de Osvaldo. Nos dijo algo similar a lo que nos había dicho con Nacional: “Verón va a generar un foul en el lado derecho del Manchester, Raúl patea el tiro libre, nos metemos todos en el primer palo, que estos tipos no están advertidos y van a descuidar el segundo y Juan entra por atrás y la mete”. Y fue así. ¡Era un mariscal de campo el tipo!

52 ¿En Inglaterra realmente los trataron como animales? Todo se armó con la nota que hizo un periodista inglés, David, no me acuerdo el apellido. Vino a hacerme una entrevista. Arranqué respondiendo en inglés, que en ese momento lo hablaba bastante bien: “Digame, ¿usted habla español?”. No. “Usted alguna vez jugó fútbol profesional”. No. “¿Usted toca el piano?”. No. Entonces me levanté y empecé a tocar Chopin. Volví: “Digame, entonces, David, ¿quién de los dos es un animal?”. El tipo se quedó violeta. Después me quiso apostar mil libras a que nos metían cinco goles.

53 ¿Le apostó? “No, eso es muy berreta –le retruqué–. Hagamos así: si gana el Manchester, voy donde está usted y le lleno una copa de champagne; y si ganamos nosotros, usted viene y hace lo mismo”. Y el tipo tuvo que venir esa noche al pueblo donde parábamos a llenarme la copa con champagne (risas).

54 ¿De Bobby Charlton es amigo? Tenemos una gran relación. En la final me pegaron una patada, él era capitán, se acercó, me levantó y me dijo: “Sorry, doctor”. Sabía que era médico. Después hicimos relación durante los Mundiales, donde lo vi varias veces, por nuestros cargos en la FIFA. Y a veces recordamos aquella final. “¡Qué duro fue todo!”, me dice.

55 Ellos jamás pensaron que podían perder contra un equipo llamado Estudiantes… Jamás pensaron que podían perder. Cuando terminó el partido, José María Muñoz mandó a buscarnos, yo subí la escalerilla, en el medio de la platea, porque Muñoz relataba ahí, y mientras subía, escuchaba a los hinchas: “I don’t believe it” (no lo puedo creer) repetían.

56 En esa época se hicieron populares los pasillos para homenajear a los campeones, ¿no? Sí, es cierto, a nosotros nos recibieron así, vení, mirá (se levanta y muestra una cinta argentina con el escudo de Independiente felicitando al campeón del mundo), cuando volvimos de Inglaterra, nos esperaban con esto. También nosotros lo hicimos cuando San Lorenzo nos ganó un campeonato, por eso el gesto de Estudiantes con River del otro día tiene una tradición y vale, son los ejemplos buenos de este deporte: la educación, el respeto, saber aceptar la victoria del otro.

Médicos en los tablones de madera de la cancha de Estudiantes, con Bilardo, de quien está distanciado.

57 ¿Qué les pasó en la final intercontinental del 69 contra el Milan? ¿Se volvieron locos? Todo el lío lo armó Néstor Combin, el 9 del Milan, que era argentino. En el partido en Italia, que ellos ganaron 3-0, vino a cargar. Le dijo en un momento a Aguirre Suárez: “Negro, no te calentés más porque en un mes yo gano lo mismo que vos en dos años”. Se lo dijo justo al Negro. “Allá te rompo la cabeza”, le contestó. Y en la Bombonera le metió un puñetazo y le dijo “Ahora jodete”, y se armó el despelote. Yo fui uno de los pocos que separé porque si no, íbamos todos a la cárcel, pero el lío empezó con la provocación de Combin allá.

58 ¿A qué rivales admiró? Muchos, muchos, Ermindo Onega fue un crack. ¿Ves esta foto? (muestra una con Ermindo). Es en la cancha de Estudiantes, los propios hinchas de River lo insultaban y ahí le estoy diciendo; “Ronco, no le des bola, vos sabés jugar al fútbol, haceles un corte de manga”. Un jugadorazo espectacular.

59 ¿Cómo hacía para cursar mientras jugaba en La Plata? Preguntale a los angelitos cómo lo hice. Fue muy difícil, yo no quiero desalentar a nadie, pero hoy todavía es más difícil aún. Cuando ya estaba fundido, les decía: “Miren que me están abandonando”.

60 ¿A quiénes les decía? A los angelitos (risas) y entonces venían otra vez…

61 Bueno, ¿pero cómo hacía? Fueron 6 años, 5 años los hice estando en Boca. Sólo Dios sabe cómo lo hice, me maté. El último año, en La Plata, para mí fue una tortura: a veces iba en tren, con Osvaldo (Zubeldía), con Marcos (Conigliaro) y con uno al que no lo quiero mencionar más, que es Bilardo.

62 Lo noté enojado con Bilardo, ¿cuál es el problema? Ha hecho muchas cagadas este tipo, cagó a muchos compañeros míos.

63 ¿A quiénes? Los cagó a Pacha (Pachamé) y al profesor Echevarría, el tipo más bueno que conocí. Después del Mundial 90, Carlos avisó que se iba, yo también, y Pacha y el Profe necesitaban laburo, que los dejara en cualquier lado y no les dio bola, tal es así que cuando el profe Echevarría hizo un cáncer de cabeza de páncreas, estaba con todos los caños conectados y no quiso recibirlo a Bilardo.

Con un paciente bravo en México 86: Maradona.

64 Echevarría siguió con Basile en la Selección en el 91... Pero no porque se lo pidiera Bilardo. El Panadero Díaz me pedía que les dé el “ayudín” que les daba a los jugadores. “El mejor ayudín es el Profe, llevátelo”, le dije, y por eso se quedó en la Selección con ellos.

65 ¿Y Pachamé? Pacha se tuvo que ir a Japón, solito. Y así quedó. A Pacha lo operamos en el 2012 de la cadera, y en la mitad de la operación tuvimos que cerrar todo porque había empezado a hacer trombos.

66 ¿Qué tenía? Lo agarré de los pelos: “Decime una cosa, Rasputín hijo de puta, ¿fuiste a hacerte ver alguna vez del corazón?”. Con Fermín García, mi socio, buscamos al mejor especialista en temas cardiológicos de la Argentina. Nos mostró todo y nos dijo: “Si logro liberar este pedacito, se salva la vida, y si no puedo, se muere. Dígaselo a él”. Estuve todo el mes de enero sin dormir. Mis hijos me querían dar pastillitas. “Qué pastillita, ni pastillita, mirá si se muere este pelotudo”. Lo quería matar, la pasé mal, por suerte se salvó.

67 ¿Qué le quedó de Estudiantes? Los mejores recuerdos. Mejoré en muchos aspectos, sobre todo en los humanos, por “culpa” de mis compañeros de equipo, del cuerpo técnico, psicológico y dirigencial. Vivimos muchas anécdotas, alegrías, tristezas, exigencias físicas, entrenamientos durísimos con calor y frío insoportables, viento, lluvia, barro, humedad, todo en doble turno, pretemporadas sin misericordia en Necochea, hasta llegar a la final Intercontinental con Manchester. Y ahí descubrí que llegar a la cumbre conlleva una alegría inmensa y una tristeza profunda también.

68 ¿Por qué tristeza? Porque a las 23.30 de ese día estábamos sentados en el suelo de la habitación de la utilería, en el hotel, fundidos, con nuestro utilero que cepillaba los botines, porque se había jugado con mucho barro. Estábamos con Bilardo y Zubeldía, en la cumbre, lejos de nuestro país, de la familia, de los amigos, sin poder abrazar a nuestros afectos ni a los que ya no estaban. Eso es la fama. La fama es puro cuento, se te escapa como arena entre los dedos. Estoy agradecido de haber tenido ese privilegio inolvidable de estar en ese tiempo, en ese lugar y con esa gente.

69 ¿Por qué se retiró a los 30 años, en pleno esplendor? Porque quería ejercer la medicina. Venía de ganar la Libertadores 69 con Estudiantes, estaba en la Selección Argentina. La realidad es que me recibí a los 24 años, hasta los 27 pude hacer guardias en hospitales y ya después no, porque tenía que viajar y estaba concentrado. Estudié para ser médico y siempre supe que el fútbol iba a tener un límite a corto plazo, y como médico no. No me equivoqué, de hecho todavía ejerzo como médico.

70 Pero no le daba para jugar 4 o 5 años más, de hecho se perdió la chance de ganar la tercera Libertadores con Estudiantes… No, no, porque si seguía en el fútbol, perdía un montón de cosas, la medicina tiene cambios permanentes, no podía seguir dejando que pasara el tiempo.

Con Passarella.

71 ¿Zubeldía no le insistió para que siguiera jugando? Sí, me lo pidieron todos, pero entendieron que di lo que podía dar y aunque estaba entero, ya quería dedicarme a la medicina, por algo estudié.

72 ¿Qué recuerda de su último partido? Estudiantes-Peñarol, en La Plata, por la Supercopa, fines de 1969. Terminó el partido, se fueron todos los jugadores, y me dejaron solo en el campo de juego. Entraron los dirigentes y me regalaron un cuadro gigante, porque a mí siempre me gustaron la pintura, los libros, la cultura en general. Todo el estadio sacó pañuelos blancos y empezaron a agitarlos, escuchaba a amigos y familiares que me gritaban “suerte con tu profesión”, “qué lástima que te vas”, una cosa que te la estoy contando ahora y todavía me da escalofrío.

73 ¿Dónde empezó su carrera como médico de fútbol? En Estudiantes: cuando me retiré, el presidente me pidió que siguiera yendo como médico. Por supuesto, no le cobraba nada. Después, me contrató Argentinos Juniors en 1977, estaba Maradona recién empezando, y cuando Diego pasó a Boca, la gente de Boca me contrató como médico, así que fue el regreso al club donde me inicié.

74 O sea que fue campeón de Boca con aquel equipo de Maradona y Brindisi… Exacto, como médico. Cuando jugamos contra Estudiantes en La Plata salí a la cancha como médico y todo el estadio se puso de pie. Una gran emoción.

75 ¿Aquel Maradona de Argentinos fue el mejor de todos? Era brillante, pero no había terminado de madurar. El punto culminante lo vimos en México.

76 ¿Qué le dijo Bilardo para llevarlo a la Selección? “Me van a ofrecer ser el técnico de la Selección, y necesito gente que me responda”, me dijo. Yo estaba en Boca, ganaba 5 lucas verdes y Grondona me dio 2500. “Usted se va a arrepentir, eh!”, le dije. Pasaron 4 años, fuimos campeones del mundo, y cuando todos renovaron, yo me negaba. Entonces me mandó a la mujer para solucionar el problema. La había operado de la cadera, un encanto la mujer. Me preguntó por qué no quería renovar y le expliqué: “Ahora quiero que me reconozcan estos 4 años". “¿Cómo?”, me preguntó. “Dándome 50.000 dólares, en vez de 5000 de sueldo, 8000”. Me dijo: “Perfecto, ya está”. Arreglé todo con la mujer de Grondona.

77 ¿No dudó en aceptar cuando lo convocó Bilardo? Acepté porque tenía mucha fe en que podíamos hacer cosas buenas: conocía bien a Diego de tenerlo en Argentinos y en Boca, conocía a los jugadores de Independiente, de Argentinos, estaba muy metido en el ambiente.

En la Selección, con la banda de Estudiantes (el profe Echevarría, Pachamé y Bilardo), Grondona al fondo y algunos jugadores: Ruggeri, Islas, Dertycia y Cuciuffo.

78 ¿Cómo hizo para aguantar 8 años a Bilardo? No sé todavía cómo hice, porque Bilardo es un histérico. Yo me fui dos veces de la concentración, Pacha otro tanto, el Profe lo mismo, entonces nos íbamos a buscar entre nosotros cuando uno se iba.

79 ¿Por qué se iba? Porque te rompía los nervios. En ciertos momentos lo quería matar. Incluso llegué a amenazarlo con una jeringa gigante ya preparada para que no entrara a mi habitación, en las concentraciones largas.

80 ¿Una jeringa? Exacto. “Vení, entrá, que te la meto en el abdomen”, le decía. Carlos es un tipo que sabía de fútbol, sí, que copió muchas cosas de Osvaldo Zubeldía pero que es muy jodido y se la creyó, a diferencia de nosotros, el Profe, Pacha y yo, que tuvimos siempre los pies sobre la tierra. En un momento decía “se va Grondona y el fútbol se arregla” y a los 2 meses estaba a los besos y abrazos con Grondona. Dejate de joder, eso no se hace.

81 ¿Hace cuánto que no habla con Bilardo? Quince años.

82 ¿Se siguen juntando los ex jugadores de aquel Estudiantes de Zubeldía? Sí, nos vemos con Poletti, Marcos (Conigliaro), Verón, el Tato Medina, Pacha, Malbernat. Lamentablemente hay varios que se murieron.

83 ¿Cómo lo ve a Verón como presidente de Estudiantes? No me gusta opinar sin estar en el tema, sin saber, es el típico error de los argentinos: hablar sin saber. No tengo argumentos para opinar.

84 Hace poco hubo un cortocircuito porque no fue a una charla por los 110 años del club… Fue un error humano, de comunicación. Me habían invitado, supuestamente, a participar de esa charla pero nunca recibí la invitación, pero ya pasó, no me ofendí ni nada.

La foto del abrazo en México 86, tras el 2-1 a Inglaterra. Esa mañana, Madero le había dicho a diego que había soñado con un triunfo con 2 goles de él y al terminar el partido, el 10 lo fue a abrazar.

85 ¿Se emocionó cuando lo invitaron a la final del Mundial de Clubes en 2009? Fue una alegría, claro, pero yo les dije a los muchachos: nosotros pusimos la bandera, con los colores rojo y blanco, pero somos el pasado, ahora están ustedes, no se dejen robar lo que ustedes ganaron.

86 ¿Por qué casi no dio notas como médico? Siempre respeté mucho la profesión, el deporte es otra cosa y también está el secreto profesional que no quería vulnerar. Otra cosa que me fastidia muchísimo de estos últimos tiempos es que se haya metido la política en el fútbol, es lo peor que nos pudo haber pasado.

87 ¿Sigue integrando la Comisión Médica de la FIFA? Sí, claro, me nombraron en 1996. Tengo que viajar a Zurich la semana que viene, ni sé con qué FIFA me voy a encontrar (risas). La tarea es hacer trabajos de medicina vinculados al deporte, dar cursos y esas cosas. En general, viajo dos veces por año.

88 ¿Sigue atendiendo en consultorio? Atiendo a pacientes que conozco, y lo hago acá, en casa. Recién me llamó un conocido que viene de Alemania porque se le rompió el Aquiles, para que lo opere, así que respondiendo a tu pregunta: sí, sigo ejerciendo. Y más que antes. Ahora con unos colegas estamos haciendo un libro de Medicina del Deporte, veremos si lo podemos concretar.

89 ¿Hay antecedente de algún otro médico argentino en un cargo así en FIFA? Aunque te parezca mentira, soy el único de Sudamérica. Y eso que en la Selección de Brasil está José Luis Runco, amigo mío, un ortopedista de primer nivel, pero no hubo otro sudamericano en FIFA. El que me llevó a mí fue un alemán que era Director Médico del Mundial 86. Ese alemán me vio trabajar y me dijo: “Me parece que vos sabés más que todos nosotros juntos”. Y empezó las gestiones.

90 ¿Saben de su carrera como futbolista? Sí, claro. La gente de FIFA me dice: “Raúl, explicame por qué no sos una persona más reconocida en tu país. En el fútbol hemos investigado a todo el mundo y no conocemos a un tipo que saliera campeón en su país, en el continente, intercontinental, que luego fuera médico y que como médico llegara a ser profesor titular, director de cátedra y campeón mundial con su país. ¿Cómo es posible? Si fueras alemán, te estarían llevando por todos lados para que vean que se puede hacer. ¡Qué raros son los argentinos! Debés ser el único futbolista profesional que hizo una carrera de esta naturaleza, que ha escrito libros, que tiene cátedras, que tiene un montón de cosas que son raras en el fútbol y que, además, no tiene ego”. Uh, esperá que ahí viene la nena, vas a ver los faroles que tiene…

Con la Copa del Mundo 86, en el avión de regreso. También estuvo en el 90.

91 ¿Cuánto años le lleva? Dieciocho. Marta, mi segunda mujer, nos conocimos trabajando, ¿no es hermosa?

92 ¿Por qué decidió volver al fútbol en la Selección de Basile, en 2006, después de estar afuera 16 años? Grondona me llamó y me dijo: “Quiero firmar un contrato con vos hasta que te mueras”. Yo me había retirado en el 90 y Grondona me convenció para volver, esa es la verdad.

93 ¿Lo último que hizo en el fútbol fue la Selección con Basile? Sí. Y no vuelvo más.

94 ¿Va a la cancha a ver fútbol? Hace muchísimos años que dejé de ir. Me pone muy mal que se insulte a jugadores que han dado tanto a un club, o que se insulte al árbitro, al técnico. No hay respeto, la sociedad nuestra perdió totalmente el respeto.

95 Vuelvo al 86, ¿viajó pensando que podían ser campeones del mundo? Estaba convencido, sí. Yo rezaba todas las noches para que los jugadores estuvieran bien físicamente, pero había dos jugadores nuestros que no engranaban: Clausen y Garré. Yo no me podía meter en el equipo, porque no soy técnico, pero se lo comentaba a Pacha, que sí sabía del tema, y cuando vi entrar a Cuciuffo, al Vasco Olarticoechea y al Negro Enrique dije: “Somos campeones”.

96 ¿En el 90 le pagaron horas extras? El plantel era una enfermería. Uhhh, ¡no sabés lo que era! Ahí vino un día Havelange, el presidente de la FIFA, y le dijo a Grondona: “¿Qué carajo hace el médico de tu selección, que yo los veo salir a los jugadores rengos de los partidos y a los 3 días vuelan?”.

97 ¿Era imposible que alguien que no fuera Maradona jugara con el tobillo así en el 90? Tremendo. Fue una patada descomunal de un ruso. Yo no lo quería hacer jugar, me dijo: “Soy el capitán, tengo que estar”. Le dije que lo hiciera bajo su responsabilidad.

En la cena del centenario con Sebastián Verón, el hijo de su compañero.

98 ¿Usted sabía que Diego estaba complicado con las drogas? Sí. Y no te puedo decir más nada.

99 Si usted hubiera estado en el Mundial 94, ¿Diego no daba positivo? No sé, yo le había dicho a Julio, pero Julio está muerto y no podemos joder. Sólo le pedí que me dejara instalarme en un lugar cercano a la delegación. Por algo, en el 2006 vino Julio y me pidió que volviera a la Selección.

100 ¿Es verdad lo del bidón? Eso preguntáselo a Bilardo, no a mí.

Por Diego Borinsky / Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de octubre de 2015 de El Gráfico

 

Por Diego Borinsky: 03/11/2015

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