LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

“Me veo lejos de la Selección, pero esto es fútbol y puede pasar de todo”

- por Darío Gurevich: 08/10/2015 -
Apenas jugó dos amistosos en el seleccionado: ante Panamá en 2009 y frente a Haití en 2010 (metió un gol).

El seleccionado argentino inicia su camino en las Eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018, y Sebastián Blanco admite dónde está parado respecto al radar de Martino. Además, en este exclusivo bonus web, se refiere a la evolución en su juego y a cómo convivió con la guerra en Ucrania.

LA SELECCIÓN, UNA DEBILIDAD PARA SEBASTIÁN
“Me veo lejos de la Selección, pero esto es fútbol y puede pasar de todo; puede cambiar, mutar, y depende del cuerpo técnico. En mi puesto, hay jugadores extraordinarios; y que me llamaran sería utópico, aunque está dentro de las posibilidades; por qué no… Como decía, es fútbol y soñar no cuesta nada”, afirma.

LA EVOLUCIÓN EN SU JUEGO
“Empecé a ser más cerebral adentro de la cancha a medida que crecí y maduré. Bueno, algunos lo hacen y otros no; es normal… Igualmente, depende del juego de cada uno. En mi caso, resultaba una necesidad. Cuando debuté en Primera en 2006, era más acelerado, atolondrado; más de correr por los costados, y aprovechaba que era más joven, más sueltito, más fresco -asegura-. Ganamos el Apertura 2007 con Lanús, y después, en 2009, tuve otra responsabilidad; creo que con Luis Zubeldía como técnico. Porque me dieron la cinta de capitán a mis 20 años, y jugaba en una posición en la que me movía más suelto. Además, me entregaron la camiseta número 10, que no es poca cosa en ningún equipo por la responsabilidad que implica. Entonces, dije: 'Si tengo que manejar al equipo adentro de la cancha, debo pensar'. Al tiempito, me citaron para la Selección y tomé dimensión sobre dónde estaba parado. En aquella época en Lanús, los jugadores se mostraban con libertad… De hecho, el club realizó las mejores ventas, y a diferentes lugares del mundo, en ese tiempo… Y los juveniles, también, crecían con tranquilidad”.

En 2015, disputó 36 partidos en San Lorenzo, entre torneos locales e internacionales. Hizo cuatro goles y generó mucho más. Tiene 27 años y contrato con el club hasta 2019.

-Al ser más pensaste, ¿qué panorama se te abrió?

-Logré jugar en diferentes puestos, que no es un detalle menor. Si tuve más chances de ser titular que suplente en los equipos que estuve, es porque pude y puedo jugar en varias posiciones. Si me hubiera estancado por la franja izquierda, habría competido contra un solo compañero. Poder jugar de mediapunta, por izquierda, por derecha o por el centro del mediocampo, me dio diferentes variantes a mí y al técnico de turno.

-¿Dónde te sentís más cómodo?

-Pasa que el estilo del juego fue cambiando. Siempre me gustó moverme con libertad. Jugar de espaldas en la Argentina se me hace difícil, por cómo se juega. Lo que me está gustando es andar por los costados para tener mano a mano al defensor, para recibir frontal y encarar.

-Respecto a tu fútbol, ¿en qué debés ser más sólido?

-Tal vez en la posesión. Hoy, el ritmo es muy rápido, se juega de manera vertical. Entonces, se precisa hacer la pausa, tocar la pelota, ser más pensante, enfriar el partido. A veces, se necesitan más aliados porque uno sólo no lo puede hacer; y en San Lorenzo, hay jugadores para eso. Por otra parte, si puedo agregarle gol al ataque, mucho mejor. Nunca fue mi fuerte, pero se habla tanto de eso que hasta me la termino creyendo de que soy delantero (se ríe). Pero, bueno, un volante con gol garpa más.

-¿Qué vicios tenías, en cuanto al juego, que desaparecieron?

-El traslado de la pelota, capaz… Pero eso depende del juego del equipo. Porque si es largo, estás obligado a trasladar. Y eso te produce cansancio. De hecho, te cansás más corriendo con la pelota que sin ella. En el fútbol inglés, esto no ocurre porque la pelota corre más que el jugador.

-¿A quién mirás en tu puesto?

-Siempre lo observé a Pablo Aimar, que se retiró lamentablemente. Es el ejemplo en mi posición. Me gustan David Silva y Cazorla, al que vi en la cancha y me volvió loco. El tipo no pierde la pelota.

-¿Qué hay en común entre aquel 10 de Lanús y este de San Lorenzo?

-La personalidad, la actitud que es innegociable… Después, ser punzante, aunque creo que todavía me falta porque puedo serlo más todavía.

LA CONVIVENCIA CON LA GUERRA EN UCRANIA
“No se la agarraban con la gente normal; iban por objetivos puntuales, por puntos estratégicos. Sí era una locura ver cómo se vivía, los cambios que se sucedían en el país, sean sociales, económicos y políticos. Era fuerte saber que le habían pegado un tiro al intendente del parque donde iba a caminar todos los días; era complicado ir a jugar entre tanques de guerra; era jodido jugar y que la gente viera el partido detrás de los carteles de publicidad, sin seguridad de por medio… Es más, algunos hasta se ponían a patear”, revela.

-Dale… ¿Me estás cargando?

-No, pasaba realmente. De hecho, cuando se terminó el último partido, se metieron en la cancha porque querían las camisetas. Pero los tipos se portaron muy bien, ni me tocaron. Y, cuando se metió la policía, se corrieron. Igual, fue una locura.

-Bueno, eso es presión, de verdad…

-Ellos, los ucranianos, tenían más presión que nosotros, los extranjeros que trabajábamos allá. Sí teníamos que vivir al ritmo de la locura de ellos. Cuando terminamos de jugar uno de los últimos partidos, nos llevaron a ver al presidente del Metalist, que estaba refugiado en Rusia porque lo querían matar. Entonces, hicimos 60 kilómetros en micro, tardamos una hora en cruzar migraciones para pasar a Rusia, y después llegamos al destino para compartir con el presidente del club una comida de una hora. ¿Por qué? Porque nos quería ver. Encima, a las 7 de la mañana del otro día, tenía pasaje para volver a la Argentina. Pero cruzarte a otro país, porque al presidente lo querían matar en Ucrania, fue insólito.

Fotos: Emiliano Lasalvia.

Por Darío Gurevich: 08/10/2015

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