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Reflexiones sobre Argentina con el diario del viernes

- por Elías Perugino: 03/07/2015 -
El equipo afianzó conceptos y mostró un perfil más ofensivo que en Brasil 2014.

Antes de la gran final con Chile, analizamos la producción global de la Selección y trazamos un balance desapasionado, sin la "contaminación" que puede provocar el resultado de mañana.

SANTIAGO, Chile (Enviado especial).- ¿Cuántas veces escucharon la frase “con el diario del lunes”? En el ambiente del fútbol se la menciona con frecuencia. Remite a las conclusiones que se sacan el día después de los partidos, con los resultados puestos, sin transitar por la cornisa resbaladiza de resolver las situaciones sobre el pucho, cuando las urgencias queman. Hablar “con el diario del lunes” es lo más sencillo del mundo. Y ni hablar en un ambiente devastadoramente resultadista como el fútbol actual, una selva propensa a razonar con los números en la mano, sin permitirse la perspectiva del análisis conceptual.

Como la final entre Argentina y Chile será el sábado, muchos hablarán “con el diario del domingo”. Si la Selección gana, Martino será el resultado de la combustión perfecta entre Menotti, Bielsa y el Coco Basile. Si la Selección no corona su trabajo en la Copa, Martino será uno más en la lista de entrenadores que chocaron al mando de una generación de estrellas, que para los resultadistas a ultranza seguirán siendo estrellados.

En este pequeño espacio decidimos escribir “con el diario del viernes”. Y expresar, a un día de la final, las conclusiones de la participación de la Selección en la Copa América, que abarcan cinco de los trece partidos que apenas lleva el ciclo Martino. Son reflexiones del día anterior. Tal vez más frías y desapasionadas que las del día después. Aquí van nuestras conclusiones…

El Flaco Pastore demostró su jerarquía y armó una sociedad muy prometedora con Messi.

La Selección afirmó una manera de jugar. Presión alta, posesión permanente y ataque constante son coordenadas irrenunciables del equipo. Esa intención de jugar nace en el arquero, termina en el wing izquierdo y transita por cada centímetro del campo. Argentina es un equipo que crece y se alimenta de la pelota. Que busca con paciencia. Que sabe atesorarla para dominar los tiempos y, si es necesario, para defenderse con el menor índice de contratiempos. Nunca perdió esa línea ante rivales ultradefensivos, que no consiguieron sumir al equipo en la desesperación. Y quienes se animaron a desnudar espacios comprobaron lo picante que puede ser su contraataque.

El plantel no sintió el cambio de entrenador. Asimiló el maquillaje de estilo que propuso Martino con absoluta naturalidad. Por algo son futbolistas de notable jerarquía internacional. Son “un grupo de amigos” –como le gusta definirlo a Chiquito Romero- que cada vez que llegan a la Selección se sienten como si estuvieran “en un club” –definición del Kun Agüero- e intentan plasmar éxitos como desde hace 10 o 12 años, el tiempo en que la mayoría pisó por primera vez el predio de Ezeiza para iniciar un camino conjunto. Esta generación de futbolistas, que merece largamente un título para anotarse con letras doradas en la historia, ha dado una nueva muestra de cuánto siente la camiseta de la Selección. Han intentado alcanzar la gloria con la mayor nobleza posible para con la propuesta del entrenador de turno. Y esa profesionalidad la pusieron en práctica para evolucionar del sistema más precavido de Sabella a la interpretación más protagónica de Martino.

Carlitos se reinsertó en el plantel y aportó el penal decisivo frente a Colombia.

El Tata tuvo la inteligencia suficiente para mantener los genes del subcampeón del mundo e inocularle gradualmente su impronta. No impuso conceptos; convenció con su idea. Dialoguista como es, abrió el juego para intercambiar opiniones con los muchos jugadores/entrenadores que cuenta en el plantel. Incluso en los entrenamientos abiertos a la prensa se han visto rondas de debate futbolero entre el entrenador, Mascherano, Zabaleta, Leo, Biglia, Demichelis… Y uno imagina que, puertas adentro, ese intercambio nutritivo ha sido más intenso.

Otamendi y Pastore afirmaron su estatura de titulares durante la Copa. El técnico pensó en ellos dos como únicas piezas de renovación fuerte y ambos cumplieron con creces. El zaguero del Valencia –“Está entre los mejores cinco de Europa”, dijo Martino- destiló jerarquía en cada intervención. Extraordinario su timming para anticipar por arriba o por abajo. Muy solvente para salir limpio con la pelota, más allá de mínimas imprecisiones. La dupla con Garay pinta para ser la titular de aquí al  -Dios lo permita- Mundial de Russia. El volante creativo del PSG deslumbró con sus destellos y se perfila como un talento complementario de Messi. Nada más y nada menos. Con el correr de la Copa se incrementaron la frecuencia y la calidad de sus encuentros. Al Flaco nunca le quema la pelota. Y ya aprendió a que no se le perfore la autoestima si la pierde una o dos veces. La pide de nuevo y sigue intentando. Probablemente sea una de las piezas más cuestionadas en el futuro si le toca transitar por períodos de inestabilidad. Pero sepan que Messi será su primer defensor. Incluso antes que Martino.

El único pecado de los cuatro partidos iniciales fue la falta de eficacia para traducir en gol la enorme cantidad de situaciones generadas. “Creo que es más una casualidad que una causalidad”, vaticinó Mascherano. Y en el quinto partido llovieron seis goles. Aun en los segmentos de mayor ineficacia, el equipo fue capaz de elaborar situaciones profundas. Es otro de sus sellos. Un matiz que marca una evolución respecto de la Selección del Mundial, que llegaba con menos frecuencia e intensidad.

Tevez se reinsertó en el grupo con naturalidad. No hubo reproches ni subyacen rencores. Mérito de él, que maduró y valoró lo mucho que significa llevar los colores albicelestes sobre la piel. Mérito de sus compañeros, que archivaron cualquier factura por declaraciones del pasado. Mérito de Martino, que no quiso llevarse por experiencias de terceros y se decidió a probar si todos eran capaces de convivir bajo sus normas durante un mes. Y fueron capaces. Ese rasgo –priorizar el bien general sobre las apetencias particulares- también se advirtió en los tres nueves del equipo. Esta vez, el rol protagónico le tocó al Kun, pero Higuain y Carlitos supieron absorber esa decisión y aportar lo suyo cuando les tocó. Cero divismo.

Banega es un futbolista recuperado para la Selección. Para muchos, “el jugador número doce”. El volante multifunción al que Martino puede apelar tanto para ajustar algún detalle de la contención o para sumar enlace en la zona de gestación.

Por último, Leo. Más jugador de equipo que individualidad solitaria y salvadora. Sabella ya había contado con esa generosidad durante el Mundial. Ahora, Messi la encarnó con más acompañamiento del medio hacia adelante. Disfrutó de su nueva sociedad con Pastore. Mantuvo intacto su lazo futbolero con Di María, que viene desde juveniles y nunca tuvo bajas de tensión. Y aunque le costó el gol -siempre estuvo cerca, es el jugador del torneo que más remató al arco-, deslumbró por la calidad de sus asistencias.

Estas son las conclusiones “con el diario del viernes”. Mañana, en el Estadio Nacional, se escribirá el capítulo final de la Copa América. Si toca la gloria que el equipo merece, bienvenida. Si el destino vuelve a gambetear a la Selección, paciencia para afrontar el dolor y mente fría para no cegarse. Independientemente del resultado, Argentina evolucionó como equipo en relación a su prestación de un año atrás, cuando fue subcampeón del mundo. Por este camino, el éxito llegará. Tarde o temprano, pero llegará. Es inexorable.

    

- por Elías Perugino: 03/07/2015 -