LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Gastón Díaz, asistencia perfecta

- por Martín Estévez: 15/04/2015 -

No solo jugó los 19 partidos en el torneo que le dio el título a Racing: fue autor de la gran jugada que terminó en el gol decisivo de Centurión. La historia de un volante que sufrió la muerte de dos hermanos, la pasó mal en Lanús, se reencontró en Gimnasia y vive su momento de gloria en la Academia.

Su primer nombre es Ricardo, pero todos lo conocen como Gastón o Gato. Ya se ganó el cariño de los hinchas de Racing.

La fiesta está preparada, pero falta un detalle: el gol. Es 14 de diciembre de 2014 y Racing necesita ganar para ser campeón argentino por segunda vez en 48 años. Pero ya van 4 minutos del segundo tiempo, 49 minutos de partido, y el 0-0 contra Godoy Cruz no se mueve. La tensión está en todos los músculos racinguistas, hasta que... “Me acuerdo de la jugada patente, más allá de que después la vi muchas veces. Recuerdo que hubo un murmullo porque Centu casi la pierde. Que Diego abrió la pelota, que cuando yo recibo y engancho, la gente gritó '¡Ooole!'. Me acuerdo de un montón de cosas. Levanté la cabeza y ya sabía que Bou se iba a llevar la marca para adelante, lo hace siempre. Vi que se llevaba al defensor, y vi que Centu venía por atrás como un camión. Le cayó en la cabeza, y el cabezazo fue impecable. Algunos dicen que si no la tocaba el defensor, no entraba. Pero entraba perfecto. Es un recuerdo hermoso”.

El que cuenta la jugada es Gastón Díaz, a quien sus hijos y nietos verán una y otra vez, en la televisión o en la computadora, tirar el centro clave, la asistencia del 1-0 que le dio a Racing el Campeonato 2014. Para llegar a aquel momento de gloria, tuvo que recorrer un camino que empezó el 13 de marzo de 1988. “Soy de Pilar, de Obrador, un barrio muy lindo, muy tranquilo. Ahí me crié y arranqué mi carrera. Mis viejos todavía viven allá. Y quedamos siete hermanos...”. Pasaron muchos años, pero a Gastón todavía le cuesta hablar sobre el tema. “Una de mis hermanas, que ahora tendría dos años más que yo, falleció de muerte súbita cuando tenía tres meses de vida. Y otro hermano falleció hace 14 años en el río de Tigre. Es una historia muy larga y complicada. Dos días después lo encontraron ahogado. Fue algo que no se pudo resolver en su momento. Yo era muy chico, y hasta el día de hoy no se sabe bien lo que pasó”.

-¿Con el paso del tiempo el dolor es menor, o eso no cambia nunca?
-Duele, porque mi hermano siempre me seguía para todos lados. Ahora tendría 36 años... La que más lo sufrió fue mi mamá. Ayer, por ejemplo, se cumplieron 14 años desde que falleció, entonces le pregunté si había ido al cementerio. Siempre trato de levantarla en esos momentos.

-¿Y el resto de la familia sigue de cerca tu carrera, o no tanto?
-Sí, sí. Tengo dos hermanas más grandes, y una de 25. Y tres hermanos más chicos: de 22, 18 y 17 años. Mi papá y mis hermanos me siguen, y sufren más que yo. Trato de que no vengan tanto a la cancha por eso. Prefiero que lo vean en casa, despejados, mientras mi vieja hace la comida, para que se relajen y no sufran tanto. Y mis hermanos me siguen a todos lados. Cuando salimos campeones estuvieron en la cancha, tengo fotos con ellos. Y una de mis hermanas casi siempre viene a los partidos con mi cuñado.

-¿Alguno es hincha de Racing?
-No, pero tengo muchos amigos de Racing. El día que se enteraron de que venía, ¡me pusieron un pasacalles en la puerta de mi casa! Vienen a la cancha, salimos a comer juntos y están muy felices por el campeonato. Son como hermanos para mí.

Muerde en toda la cancha, incluso para la foto. Díaz llegó a Racing para pelear un puesto y terminó jugando todos los partidos.

-¿Con ellos también sos de perfil bajo?
-Sí, soy de perfil bajo en el club y en mi casa. A veces trato de acomodar a mis hermanos porque son más chicos, pero en general soy tranquilo. Trato de no buscar problemas.

-¿Cómo te dicen fuera del fútbol?
-En el barrio me llamaban Mono, y después me empezaron a decir Gato por el tema de abreviar el nombre. Y en el fútbol, siempre Gato.

-¿Qué es Abrojal?
-(Sonríe) Un club al que quiero mucho, donde empecé en cancha de once. Tenía mis técnicos, los hermanos Belizán: Toro y Chivo, dos tipos que voy a recordar toda la vida. Me encantaría alguna vez reencontrarme con los chicos con los que jugué desde los 10 hasta los 12 años, cuando me fui a Vélez.

-¿En qué puesto jugabas?
-De 8, siempre de 8. Hacía casi todo, pateaba los tiros libres… Elegí ese puesto en baby. Me gustaba pegarle mucho al arco, estar en contacto con la pelota.

-¿Cómo llegaste a Vélez?
-Me llevó un veedor, Juan Salinas. Vivía cerca y fue a ver un partido de Abrojal. Le preguntó a mi papá si podía traerme, junto a siete chicos, para probarme en Vélez, porque tenía un convenio con el club. Fui, me probé y ahí arrancó mi carrera en Inferiores. Estuve un mes y medio con Juan, que me estuvo entrenando. Hacía muchos campeonatos para ver cómo nos desenvolvíamos. Y cuando fue la prueba casi no estuve nervioso, era tan chico que ni me daba cuenta.

-En tus primeros partidos en Vélez te expulsaron dos veces. Después, dos en cinco años. ¿Te calmaste o aprendiste a pegar?
-Sí, me acuerdo de una roja contra Banfield, de visitante. Llovía, mi viejo y mis hermanos me habían ido a ver. Era joven, acelerado. En el primer tiempo me habían sacado amarilla, y en el segundo traté de anticipar, de robar una pelota. No llegué, pegué una patada sin querer y doble amarilla. Ahí le dije a mi papá y a mi familia que no me fueran a ver más de visitante, que fueran sólo de local. Pero con el tiempo vas jugando con más tranquilidad, aprendés. Podés llegar tarde a una pelota, pero sabés cómo cuidarte. Si te sacan una amarilla a los 15 del primer tiempo, sabés que tenés que andar en puntitas de pie.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo de Vélez?
-Los títulos de 2009 y 2011. Especialmente el del Clausura 2009, porque tuve más participación. Y en Inferiores ganamos el título de Sexta División con el Turco Asad. Además, tuve técnicos que me ayudaron mucho y fueron muy importantes, como Roberto Torrilla o Manfredi, que me aconsejaban mucho.

-¿Algún consejo que recuerdes?
-Me acuerdo patente, y creo que toda mi familia también: a los 14 años estaba por subir a Novena, me agarró Torrilla y me mostró un papel que decía que iba a quedar libre. Me dijo: “Fijate lo que querés hacer. El viernes hay una prueba con AFA. Te aconsejo que seas vos mismo y le demuestres al técnico (Carlos Amodeo) que querés quedarte en el club, que querés pelearla”. Eso me marcó, porque después pasó a ser todo lindo para mi carrera. Después de esa prueba, Amodeo me dijo: “No puede ser que quedes libre, te quedás conmigo”. Eso es lo que me quedó: el consejo de ser uno mismo y no querer ser otra cosa.

-En 2011 pasaste de Vélez a Lanús, pero en el Granate no te fue bien...
-Es que no estaba convencido de irme de Vélez, creo que por eso no me fue tan bien. En el segundo semestre, ya con los mellizos como técnicos, había arrancado bien, había madurado bastante, pero tuve la mala suerte de lesionarme la rodilla y no pude estar durante cuatro meses. Pero en el primer semestre estaba mal yo, porque sentía que todavía no era el momento de irme de Vélez. No di una buena imagen en Lanús.

-Tampoco terminó bien tu retorno a Vélez...
-En Vélez pasó algo muy raro. Me quedaban seis meses de contrato, el club no me quería dar a préstamo y no podíamos arreglar nuevo contrato. Hablé con Gareca y me dijo que no tenía problemas en utilizarme, en que me quedara para luchar por un lugar. Sabía que tenía que pelear el puesto con Cubero y Peruzzi, pero no me importó y le dije que me quedaba para revertir la imagen con la que me había ido. En un momento, me quiso usar, hasta jugué por la Copa Libertadores, pero los dirigentes le dijeron que no me pusiera. Así que durante seis meses no jugué, hasta terminar mi contrato con el club. Y de ahí me fui a Gimnasia.

-En Gimnasia hiciste tus dos primeros goles. Uno a Newell's y otro a Godoy Cruz, un tiro al arco que pareció centro.
-Fue un centro, fue un centro (risas). Fue un centro que salió como una bala atrás del arco. Me puso contento haber hecho esos goles. Gimnasia revivió en mí lo que sentía al principio de mi carrera. Volví a sentirme jugador, a sentirme importante para el equipo. Peleamos el Clausura 2014, fue algo muy lindo. Pedro Troglio fue muy importante, tanto en lo futbolístico como en lo personal. Siempre habló bien de mí, siempre me bancó. Además había un grupo muy lindo y me quedaron muchos amigos, algo que por ahí no me pasó en Vélez. A muchos los invité a mi casamiento, y casi todos me felicitaron por el título que gané en Racing. Ojalá que sigamos sosteniendo la amistad.

-Después de jugar en Gimnasia, quedaste libre y entrenaste solo. ¿Sentías miedo de que no llegaran buenas ofertas?
-No, porque tenía la tranquilidad de que había terminado un semestre muy bueno en lo personal. No estaba desesperado, estaba tranquilo porque había hecho las cosas bien y sabía que mi representante iba a conseguir algún club. Fueron dos semanas hasta que apareció Racing, y obviamente no lo dudé.

-Ya habías jugado con una hinchada seguidora como la del Lobo. ¿La de Racing es parecida o es distinta a todas?
-Racing tiene algo muy especial. En el primer partido de local, contra San Lorenzo, los que ya estaban en el plantel decidieron que hiciéramos la entrada en calor en la cancha. Nos dijeron a los nuevos que sintiéramos lo que eran las tribunas en ese momento, y me sorprendió. Es impresionante. Aunque nos fuera bien o mal, la gente siempre apoyó. Se hablaban muchas cosas, pero los hinchas venían y apoyaban. Me acuerdo del partido contra Lanús. Había venido mucha gente, jugamos bien, pero perdimos 2-1 y la gente igual alentó, aplaudió al final, nos apoyó. Eso es algo que no todos los clubes hacen.

-Si antes del torneo te decían que Racing iba a ser campeón y que vos ibas a ser el máximo asistidor, ¿qué te sonaba más difícil?
-¡Las dos! (risas). Racing estaba comprometido con los promedios, venía mal. Me imaginaba que llegaba a un club grande en el que iba a tener que dar lo mejor para convencer al técnico y para ganarme el respeto adentro de la cancha. Pese a todo, creía que podíamos hacer un buen campeonato. Siempre que llego a un club trato de mentalizarme en hacer lo mejor para la institución. Además, en Racing se formó un grupo impresionante.

-¿Por qué diste tantas asistencias? ¿Estás en un buen momento, el técnico te pide que juegues suelto, casualidad…?
-Un poco de todo: la confianza que me da el técnico para moverme en lugares de la cancha en los que no me movía; la tranquilidad que dan los delanteros, que en un movimiento te marcan dónde tenés que poner la pelota, sólo tenés que levantar la cabeza y poner el pase ahí… Y un poco también de la confianza que te van dando los partidos. Creo que eso es lo más importante. Si no estás confiado, es muy complicado hacer las cosas.

-¿Es más fácil entenderte con el 4 cuando vos mismo jugaste mucho de lateral?
-Con Iván compartí pieza en la Selección (ver recuadro), así que, cuando llegué acá, más allá de que teníamos que pelear el puesto, sabía que iba a ser sanamente, porque es muy buena gente. Nos conocemos, sé en qué momento va a pasar o se va a quedar. O, si el rival juega con tres delanteros, sé que no va a pasar tanto. El que jugó de 4, y tiene la posibilidad de jugar de volante, sabe el esfuerzo que hace el 4 para marcar y que necesita ayuda, necesita que el 8 juegue de área a área. Con él hablamos mucho, tratamos de complementarnos.

Como volante o como lateral, jugó los 19 partidos que llevaron a Racing a ser campeón en 2014. Pieza clave.

-¿A qué jugadores admirás en tu puesto?
-Al Pupi Zanetti. Fue uno de los referentes, tanto de 4 como de 8. Y de chico admiraba a Hugo Ibarra, trataba de copiar todo lo que hacía, de mirarlo, de ser como él. Ellos dos fueron un espejo para imitar porque son grandes profesionales, ganaron muchas cosas y, en el caso del Pupi, se ve que es una gran persona. A los dos los seguía todo el tiempo por la televisión, en vez de mirar la pelota, los miraba a ellos.

-Junto a Milito y Saja, eras de los pocos jugadores del plantel que había ganado títulos. ¿Le dabas consejos al resto?
-Con las palabras de Diego y del Chino, no hacían falta más consejos. Yo trataba de escucharlos a ellos más que dar consejos yo. Uno trata de ir partido a partido, y cuando pasan las fechas y vas sumando chances de salir campeón, te vas mentalizando y vas agarrando confianza ganadora, como fuimos agarrando nosotros.

-Ahora juegan el torneo y la Libertadores. ¿La seguidilla de partidos es bienvenida o es angustiante pensar que vas a estar seis meses corriendo sin parar?
-Estos seis meses son lo más lindo de jugar al fútbol, porque en vez de entrenar, directamente jugás cada cuatro días. Y jugar es muy lindo. Eso sí, a la familia hay que dejarle una foto, porque el cuidado semanal es muy importante. Además, jugar seguido les da a todos la oportunidad de mostrarse.

-¿Tu mujer también está contenta? Porque además te casaste hace poco.
-Está contenta porque sufrió conmigo lo que pasó en Lanús. Yo estaba muy mal. Sabe lo que pasa cuando no jugás, no tenés continuidad, cuando estás lesionado… Ella hoy lo disfruta porque me ve feliz y contento por haber participado mucho en el torneo del título.

-¿Racing te cambió la vida?
-Sí, mucho. La gente me reconoce fácilmente, me saluda, agradece todo el tiempo. Eso me sorprendió. Intercambiás palabras, y vos también agradecés el apoyo. El reconocimiento creció bastante. Más allá de que tengo perfil bajo, no me molesta. Me gusta quedarme charlando un segundo, porque para la gente puede ser muy importante.

La otra albiceleste
Pocos lo recuerdan, pero Gastón Díaz jugó en la Selección. En 2010, con Maradona como director técnico, fue suplente en el 3-2 contra Costa Rica. Y en 2011, ya con Sergio Batista, debutó en un 4-1 contra Venezuela, noche que sería un prólogo de su paso por Racing: reemplazó a Iván Pillud en el segundo tiempo y fue testigo del único gol de Luciano Aued en su carrera. “Es uno de los partidos en los que estuve más ansioso, más nervioso. Por más que fuera un amistoso, es la Selección, estás representando a un país. Tenía que hacer bien las cosas para demostrar por qué estaba ahí. Es una sensación hermosa y rara a la vez, porque tenés a miles de argentinos alentando sólo para vos. Lo disfruté mucho”.

Por Martin Estevez/ Fotos: Maxi Didari

Nota publicada en la edición de marzo de 2015 de El Gráfico

Por Martín Estévez: 15/04/2015

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