Notas de la revista

14 impactos del 2014

- por Redacción EG: 15/12/2014 -

Se termina una temporada de emociones intensas para el deporte argentino. Un ciclo que fue trascendente por el peso específico de los éxitos, pero también por la jerarquía expuesta en algunas derrotas. Los invitamos a revivir los episodios más relevantes.

          Nota publicada en la edición de diciembre de 2014 de El Gráfico

FESTEJO enloquecido en San Pablo, tras superar a Holanda en los penales. Fue el pasaporte a la final.

Selección de fútbol: el equipo de la resurrección
“Orgullo Nacional”, titulamos en la tapa de la edición especial. “Honor al subcampeón”, remarcamos en la nota editorial de las páginas interiores. Ni el dolor a flor de piel por haber caído injustamente en la final del Mundial de Brasil nos impidió tamizar en su justa medida al peso histórico de la actuación de la Selección de Sabella en la máxima cita deportiva del año. Después de cinco Mundiales y 24 años teñidos de amargura y frustración, Argentina volvió a ser Argentina. Le quitó la sábana a los fantasmas y se devolvió a los planos de la elite. Jugó –por fin– los benditos siete partidos de una Copa del Mundo. Contagió de fervor y sentimiento a todo un país. Movilizó, como nunca antes, a una multitud de fanáticos que inundaron con su espíritu carnavalesco –“Brasil, decime qué se siente…”– cada cancha, cada ciudad, cada centímetro de una geografía tan asombrada como hostil.

La Selección construyó su camino de gloria irradiando valores propuestos por el entrenador e interpretados con convicción por un plantel de comportamiento noble y ejemplar dentro y fuera de la cancha. Argentina fue fútbol, pero también solidaridad en el esfuerzo, sacrificio en pos de un objetivo común, compañerismo a ultranza. La encarnación del viejo axioma del “todos para uno y uno para todos”. Ese mix de ambición futbolera y espíritu patriótico que derritió de orgullo a todo un pueblo.
Fue un mes inolvidable, atravesado por emociones intensas. ¿Cómo olvidar ese arranque picante ante Bosnia, Irán y Nigeria de la mano de un Messi celestial? ¿Quién no sufrió el “parturiente” cruce con Suiza hasta que Leo hizo un pase de magia para que Di María nos dejara afónicos en el minuto 118? ¿A quién no se le sacudió el alma la tarde del golazo de Higuain para ganarle a Bélgica, saltar la valla del quinto partido y meterse entre los cuatro primeros? ¿O no fuimos todos Mascherano –gladiador inmortal– en ese cierre angelado contra Robben, dándole oxígeno virtual para que corriera como nunca nadie en esos 120 minutos de la semifinal contra Holanda? ¿O no nos acordamos del gran Goyco cuando Chiquito Romero nos catapultó a la final en la definición por penales? Y que levante la mano quien ya se olvidó de las jugadas que no pudieron aprovechar el Pipita, Leo y Palacio en la final contra Alemania…

Ganar no es lo único. Ese pareció ser el mensaje entrelíneas de esta Selección. Ganar hubiera sido hermoso, por supuesto. De hecho, hay un veneno de desencanto que de vez en cuando se despierta y nos aguijonea la herida. Pero este equipo se metió en la historia y en los corazones por el compromiso, por la identidad colectiva que supo construir y transmitir, por devolvernos el sabor único e inconfundible del protagonismo.

Ganar no es lo único. También cuenta ser digno, leal, competitivo, poderoso en valores, serio y audaz en el intento. La Selección que jugó en Brasil 2014 fue El Equipo de la Resurrección. Abrió un camino, dejó una huella. Tan grandioso como eso.

José Pekerman: héroe de Colombia
Los entrenadores argentinos gozan de prestigio en la actualidad. Simeone en el Atlético de Madrid, Marcelo Bielsa en Olympique de Marsella, Jorge Sampaoli en la selección de Chile, Mauricio Pochettino en el Tottenham inglés y el paso de Gerardo Martino por el Barcelona son algunas muestras. Por eso no sorprendió cuando, en enero de 2012, Pekerman asumió como seleccionador de Colombia. José tenía entonces 62 años y una trayectoria casi impecable: éxito absoluto con los juveniles argentinos entre 1995 y 2002, prolijo paso por la Selección Mayor entre 2005 y 2006 (eliminado en cuartos de final del Mundial al caer por penales ante el local, Alemania), y dos temporadas en el fútbol mexicano. Colombia había arrancado mal las Eliminatorias, pero con Pekerman repuntó y consiguió clasificarse a una Copa del Mundo después de 16 años. ¿Cuál fue el gran impacto conseguido por José en este 2014? Uno aún mayor: con James Rodríguez como figura y goleador, arrasó en el Grupo C del Mundial (3-0 a Grecia, 2-1 a Costa de Marfil y 4-1 a Japón) y, al vencer 2-0 a Uruguay en octavos de final, consiguió la mejor actuación colombiana de la historia. La ajustada derrota 1-2 ante Brasil puso fin a la estadía del equipo en la Copa, pero inició una serie de reconocimientos y de agradecimientos que Pekerman recibirá no sólo mientras siga dirigiendo al país (estará presente en la Copa América 2015), sino durante el resto de su vida.

EN EL MUNDIAL bajo techo, Lauro terminó sexto en el lanzamiento de bala.

Germán Lauro: lo difícil es mantenerse
Es el mejor representante argentino de la década en pruebas de atletismo. Esa fuerte presentación corresponde a Germán Lauro. Sólo Jennifer Dahlgren y (tomando en cuenta su edad) Braian Toledo entran en la misma escala de medición que el lanzador de Trenque Lauquen. Lauro comenzó a brillar en 2006, cuando terminó primero en lanzamiento de bala en el Sudamericano, competencia en la que acumula cuatro medallas, más tres en el Iberoamericano. Su mayor logro lo consiguió en los Juegos Olímpicos de 2012, cuando terminó 6º en bala (también lanza disco). En 2013 sumó un 2º puesto en la Diamond League (principal competencia anual de atletismo) y fue 7º en el Mundial de Moscú. En 2014 no generó sólo un impacto, sino tres. En febrero, batió el récord sudamericano bajo techo, lanzando 21,04 metros en Praga. En marzo, finalizó 6º en el Mundial, también bajo techo, de Sopot, Polonia. Y en julio volvió a terminar 6º, pero en la Diamond League.

A los 30 años, el gran mérito de Lauro es mantenerse desde hace tres años entre los diez mejores lanzadores de bala del planeta, cuando ningún otro atleta argentino, por cuestiones económicas y culturales, puede conseguirlo. ¿Cuánto hace que en carreras de velocidad, de resistencia o en saltos no disfrutamos de un argentino peleando mano a mano con los mejores? En lanzamiento de bala, en cambio, y desde hace un lustro, Germán Lauro mantiene en alto la bandera celeste y blanca.

River: el regreso a las fuentes
“River vuelve a ser River”, fue la declaración de principios elegida por el presidente Rodolfo D`Onofrio en el arranque de su gestión. Tras el martirio deportivo e institucional padecido durante la conducción de Daniel Passarella, que incluyó el inimaginable mazazo del descenso, River necesitaba volver a ser. Reencontrarse con sus raíces. Recuperar la estirpe futbolera que tiñó de gloria cada capítulo de su historia. Sentir esa restitución insoslayable en la piel, en el alma y en el corazón de cada hincha. Y esa construcción paciente y necesaria se vislumbró en múltiples señales a partir del arranque de 2014. Primero, desde el mensaje amplio y abarcador de la dirigencia, empeñada en acercar a referentes de todas las épocas detrás del objetivo superador: unidad para sostener la recuperación. Y segundo, a partir de potenciar al equipo desde el carisma de un ídolo como Ramón Díaz, el técnico más ganador de la historia millonaria.

Ramón no falló. Armó un equipo base con la sobriedad de Barovero en el arco; Mercado, Maidana, Alvarez Balanta y Vangioni conformando una línea de cuatro sólida y con el plus del gol cuando pisaban el área adversaria; la dinámica de Carbonero, la sapiencia de Ledesma y la inteligencia de Rojas en el medio; el desequilibrio creativo de Lanzini para conectar las líneas, y dos delanteros importantísimos: la magia de Teo Gutiérrez y el aporte sustancial de Cavenaghi, referente dentro y fuera de la cancha. Y también tuvo jerarquía en los recambios, porque Chichizola, Kranevitter y el Melli Funes Mori –por citar a los ejemplos más contundentes– también dejaron huella indeleble en la campaña.

Aun con altibajos en el arranque del torneo, aun con cierta dificultad para plasmar en la red todo lo que insinuaba, River siempre marcó la pauta del Torneo Final y hasta se dio el lujo de coronarlo a toda orquesta con un 5-0 frente a Quilmes. Pero antes, en la fecha 10, dio el gran golpe: le ganó el superclásico a Boca, cortó una racha de diez años sin victorias en la Bombonera. A partir de esa tarde/noche del gol de Funes Mori sobre la hora, la confianza fue una bola de nieve que tuvo una incidencia determinante en la recta final.

River no solo consiguió el 35° título de su historia. También sintió que volvía a ser. Que la pesadilla quedaba archivada. Que la nueva era no se remitía a un puñado de palabras que sonaban bonitas, sino que era una realidad palpable, el relanzamiento de un estilo que se profundizaría en la segunda mitad del año, ya con Marcelo Gallardo –otro ídolo inmenso– reemplazando a Ramón Díaz en la dirección técnica.

River Plate, tu grato nombre, otra vez en lo más alto del fútbol argentino.

EL PODIO de la felicidad. San Lorenzo y la Copa Libertadores, San Lorenzo y la gloria.

San Lorenzo: el dueño de América
Cincuenta y cuatro años tuvo que esperar San Lorenzo. Toda una vida con la daga clavada en el alma por haber entregado la localía en aquella final bautismal de 1960, cuando amanecía la Copa Libertadores, el torneo continental de clubes por excelencia. Como si una caprichosa maldición hubiera desplegado la sombra de sus alas sobre Boedo, la Copa se le había escurrido entre los dedos una y otra vez, hasta transformarse en la sabrosa carnada de las bromas más picantes.
Tenía una deuda con la historia, San Lorenzo. Y una deuda con sí mismo. Comenzó a saldarla con el desembarco de una nueva dirigencia, que en dos años enderezó un rumbo institucional a la deriva. Y a partir de ese cimiento, llegaron jugadores de jerarquía, con personalidad y hambre de gloria, y un entrenador sabio como el Patón Bauza, que ya conocía cuánto se reconforta el alma cuando los bíceps se tensan para levantar la Copa.

No fue fácil cargar la cruz y recorrer el camino hasta la cúspide de América. Sufrió mucho San Lorenzo, sobre todo en esa fase inicial que, en la jornada decisiva, lo condenó a escuchar lo que sucedía en otro estadio para saber si lograba el pasaporte a octavos de final. Pero saltó esa valla inesperada del Grupo 2 y se transformó en un equipo implacable. Con autoridad y un contraataque de alto vuelo, dejó atrás a dos brasileños poderosos como Gremio y Cruzeiro, antes del inoportuno paréntesis de dos meses por la disputa del Mundial. Luego surfeó con suficiencia las complicaciones de Bolívar y la amenaza latente de la altura de La Paz. Y rubricó la campaña con esa pizca de angustia tan característica de algunos momentos sustanciales de su historia. Jugó un partidazo en la ida ante el Nacional guaraní, en Asunción, pero se lo empataron injustamente en la última bocha, ya en tiempo adicionado. Y el 13 de agosto, con toda la presión contenida del Nuevo Gasómetro, con la mochila de la historia pesando en cada espalda, la piloteó para desembarazarse de los nervios, sellar el 1-0 con un penal de Ortigoza y adueñarse de la Copa por primera vez.

Todos hicieron historia. La magia imperecedera de esa bandera que es Pipi Romagnoli, Torrico y sus manos benditas, la entrega conmovedora de obreros calificados como Mercier y Ortigoza, la polenta incansable de Buffarini, la solidez de Cetto y Gentiletti, las trepadas de Mas, la explosión de Correa, la magia a cien kilómetros por hora de Nacho Piatti, las corridas de Villalba, los goles de Cauteruccio y Matos, y el aporte generoso de cada integrante de un plantel que tuvo claro que había llegado su hora y se jugó entero para aprovecharla.

Pasaron 54 años hasta desembarcar en este 2014 inolvidable. El año en que San Lorenzo de Almagro fue San Lorenzo de América.

UPCN de San Juan: en la elite internacional
“Fue fantástico haber estado entre los mejores cuatro equipos en el Mundial de Clubes 2013. Igual, ahí me quedó la sensación de que podíamos haber quedado terceros”, contaba el rumano Bogdan Olteanu en una entrevista que El Gráfico le hizo este año. Lo decía como integrante de UPCN Vóley, club fundado en 2007 que entre 2009 y 2013 había ganado tres Ligas Argentinas, un Sudamericano de Clubes, dos Copas ACLAV, tres Copas Master y un Súper 8. “El secreto de UPCN es el gran trabajo que se hace –explicaba Olteanu–. No sé si hay otro equipo en el mundo que haya logrado tantas cosas en tan poco tiempo”. En 2014, los éxitos continuaron para los sanjuaninos: ganaron otra vez la liga, al derrotar a Lomas en la final, y fueron subcampeones sudamericanos (caída ante Sada Cruzeiro), lo que les dio acceso a disputar otra vez el Mundial de Clubes, con sede en Belo Horizonte. Y aquel tercer puesto que Olteanu lamentó no haber conseguido un año antes, llegó en mayo. En su zona, UPCN venció a Esperance (Túnez) y Al Rayyan (Qatar), y perdió contra Trentino (Italia). Se clasificó así para las semifinales, en las que cayó ante Belgorie Belgorod (Rusia); y terminó su participación con un triunfo 3-2 sobre el Sada Cruzeiro. Dirigido por Fabián Armoa, y con figuras como Olteanu, Javier Filardi, Theo López y Demián González, se convirtió en el único equipo argentino que terminó entre los tres mejores en las diez ediciones que se han disputado del Mundial.

MAYER celebra con el puño apretado el triunfo ante David Ferrer en Hamburgo.

Leonardo Mayer: en Hamburgo brilló nuestro Nº 1
A los 27 años, Leonardo Mayer vivió su temporada consagratoria. La ausencia de Juan Martín Del Potro, lesionado durante casi todo el año, le permitió ser el número 1 argentino, honor que el Yacaré supo mantener con muy buenos resultados.

Mayer había debutado como profesional en 2003. Ingresó por primera vez al Top 100 del ranking mundial en 2009 y llegó a estar entre los mejores 40, pero en 2011 quedó fuera de los 200 primeros y su carrera parecía estancada. Sin embargo, rápidamente volvió al Top 100 y se mantuvo rondando esa posición hasta 2014. En su carrera sólo había ganado un Future y ocho Challengers, sin llegar jamás a la final de un torneo ATP.

Este año, cuando pocos lo esperaban, la rompió. En torneos de Grand Slam sumó 8 triunfos (todos los demás argentinos lograron apenas 6) y sólo perdió contra verdaderos monstruos: ante Novak Djokovic (2ª ronda de Australia), Rafa Nadal (3ª de Roland Garros), Grigor Dimitrov (octavos de final de Wimbledon) y Kei Nishikori (3ª del US Open). Además, en febrero derrotó a Tommy Robredo (16º) y llegó a la final en Viña del Mar. Pero el gran logro lo consiguió en el ATP 500 de Hamburgo, disputado en julio. Avanzó hasta la final sin ceder sets, tras derrotar a algunos rivales fuertes (el español Guillermo García López y el alemán Philipp Kohlschreiber). En el partido decisivo se las vio con David Ferrer, 7º del mundo y una verdadera bestia sobre polvo de ladrillo. No importó: el correntino se impuso 6-7, 6-1 y 7-6, ganó así su primer título y el único de tan alto nivel conseguido por un argentino durante este año. Gracias a eso, alcanzó el mejor ranking de su carrera (25º) y, como si fuera poco, también ganó sus dos partidos (ante Botzer y Sela) en la serie contra Israel que le permitió a la Argentina mantenerse en la Primera División de la Copa Davis. Un año inolvidable para él.

El Chino Maidana: guapo de verdad
“Estoy muy contento, hice un muy buen trabajo otra vez, los jueces me dieron perdedor, pero yo me sentí ganador, fui siempre al ataque y quizás me faltó un poquito… En la primera pelea, salí ansioso, me fui encima de él, no lo dejé respirar… En la segunda, él tomó más precauciones y yo también lo dejé, porque traté de tener más distancia para no encimarme… Y lo dejé para que haga un poco de boxeo…”. Marcos Maidana encaró a la prensa tras pisar el Aeropuerto de Ezeiza. El Chino había dejado atrás su segundo combate en cuatro meses ante el mejor libra por libra del mundo, Floyd Mayweather; tal vez ese último un tanto más deslucido y menos emotivo que el primero, por lo que el santafecino explica. Pero, al margen de ese detalle y de las lógicas derrotas, quién le borra la experiencia al argentino: “Nunca había vivido algo tan grande. Estas dos peleas marcaron muchas cosas en mi carrera. Quería ganar, dejé todo arriba del ring: yo quise pelear, pero él corrió”. Nadie le hizo morder la lona a Money en su carrera. El estadounidense ostenta 47 triunfos, 26 por la vía del sueño, en 47 presentaciones, y Maidana estuvo cerca de hacer saltar la banca en la primera pelea, pero no lo noqueó. En la revancha, Mayweather no cayó en los mismos errores. Se movió para los costados, propuso pocas veces la pelea corta y retuvo sus títulos welter del Consejo y de la Asociación Mundial de Boxeo, y su título mediano junior de la misma Asociación, al imponerse en las tarjetas. ¿Qué queda? Las muy buenas actuaciones de Maidana en un nivel de excelencia.

Las Aguilas: el único título mundial
En el año de los Mundiales (fútbol, básquet, vóley, hockey sobre césped...), el único título para el deporte argentino lo trajo la selección femenina de hockey sobre patines, más conocida como Las Aguilas.

Aunque no sea un deporte popular en nuestro país, sí posee una larga tradición de buenas jugadoras (y jugadores) y de éxitos, especialmente gracias al aporte de San Juan (8 de las 10 campeonas son sanjuaninas).

Esta fue la 12ª edición del Mundial, en el que la Argentina celebró cinco veces: en 1998, 2002, 2004, 2010 y este año. Las chicas llegaban con un frustrante antecedente: en Recife 2012 habían terminado séptimas, posición más baja desde 1994. El trayecto hacia la cima no dejó dudas: le ganaron 7-1 a España, 9-0 a Japón, 8-0 a Sudáfrica, 4-0 a Italia y 3-0 a Alemania para llegar al partido decisivo. Y ante Francia (local y último campeón) continuaron con su paso demoledor y golearon 3-0 con tantos de la experimentada Adriana Gutiérrez, Salomé Rodríguez y Luciana Agudo, figura del equipo.

Con este título conseguido en la ciudad de Tourcoing, Las Aguilas se convierten en la selección con más títulos, superó a España, que tiene 4. Como mínimo reconocimiento ante un gran logro, mencionamos a las otras siete Aguilas que, dirigidas por Jorge Otiñano, celebraron el 1º de noviembre: María Rodríguez, Daiana Silva, Daiana Gordillo, Verónica Dieguez, Valentina Fernández, María José Gioja y Romina Julián.

CUARTO TITULO en la NBA para el mejor basquetbolista argentino de la historia.

Emanuel Ginóbili: la superestrella argentina
Había una vez un país en el que se televisaba un programa llamado La magia de la NBA. A la medianoche, o al mediodía, dependiendo de las decisiciones de los programadores, los argentinos se sentaban a observar cómo Michael Jordan, Magic Johnson y compañía jugaban a algo muy parecido a lo que se conocía como básquet, pero a otro nivel: a un nivel intergaláctico, hipnotizante, inalcanzable.

Cuando, en el año 2000, Juan Ignacio Pepe Sánchez iba a debutar en la NBA, los amantes del básquet se sentaron a medianoche frente a la televisión, no tanto para seguir el espectáculo (se sabía que Pepe jugaría pocos minutos), sino para comprobar que fuera cierto: que al show intergaláctico había llegado un argentino.

Ese país que parece tan lejano está a poco más de una década de distancia, pero los que no lo vivieron no terminan de entender por qué los que tenemos más de 25 años seguimos la carrera de Emanuel Ginóbili como si se tratara del más perfecto cuento de hadas del deporte argentino.
No se trata de ser ingenuos: sabemos que si el número de argentinos en la NBA creció tan rotundamente (cero entre 1946 y 2000, nueve en los últimos 14 años) es porque la NBA descubrió que abriendo las fronteras, el negocio económico se multiplicaba. Pero mucho más indiscutible que eso es que Ginóbili no está de relleno en la liga más importante del mundo: es pieza clave, vital, ídolo, referente. Forma parte, junto a Tim Duncan y Tony Parker, del trío que quedará en la historia del básquet por haber llevado a San Antonio a la cima, con la solidaridad y el trabajo en equipo como estandartes.

Manu debutó con la camiseta de los Spurs en 2002 y desde entonces promedia 27 minutos; 14,7 puntos; y 4 asistencias por partido. Se consagró campeón en 2003, 2005, 2007 y (el motivo por el que finalmente existe este texto) también en 2014.

Los Spurs habían comenzado la temporada cascoteados por los seis años sin títulos, la edad de sus figuras (36 de Manu, 37 de Duncan, 31 de Parker) y, especialmente, por la final perdida por mínimos detalles, semanas antes, ante Miami Heat. Sin embargo, todo eso les sirvió de motivación: sabían que no les quedaba mucho tiempo para volver a ser campeones con sus tres estrellas juntas. Su temporada regular fue excelente (récord de 62 triunfos y 20 derrotas), pero en los playoffs comenzaron sufriendo: Dallas los llevó hasta el séptimo partido en la primera ronda. Se consolidaron ante Portland (4-1) y Oklahoma (4-2), pero lo mejor llegó en la gran final, otra vez ante Miami, con el conjunto entero jugando a máximo nivel y destrozando a un equipo que dependía de LeBron James: fue 4-1, en una lección de básquet.

A los 37 años, Ginóbili sigue teniendo un rol protagónico mientras los argentinos lo miramos caminar entre las superestrellas, sin terminar de entender que no es sólo que Manu camine, sino que se transformó, sin que nos diéramos cuenta, en una superestrella.

EL FESTEJO es justificado: Los Pumas acaban de ganarles a los Wallabies.

Los Pumas: el grito deseado
“Al principio del partido, cometimos los errores de siempre y nos metieron dos tries. Dominábamos, pero… Confiamos en nuestra estrategia, jugamos en su campo, terminamos con el 72 por ciento de posesión de pelota… Ellos erraron penales, nosotros también. ¿Si tuvimos suerte? No, creo en el trabajo… Arrancamos mal, jugamos bien al rugby y terminamos de la mejor manera, que era lo que nos faltaba”. Aún transpirado, tan desgastado por la exigencia de un áspero encuentro ante los Wallabies como aliviado por haber escrito otra página histórica para el rugby argentino, el capitán de Los Pumas, Agustín Creevy, analizó la épica victoria 21-17 ante Australia en Mendoza, la primera en el esquivo Championship, torneo anual en el que compiten los mejores seleccionados del mundo y en el que Argentina acumulaba un empate y 16 caídas.

Pese al inicio desfavorable (14-0), Los Pumas no se entregaron, empujaron y atacaron; y la recompensa llegó gracias a tries de Leonardo Senatore y Juan Imhoff, una conversión de Nicolás Sánchez, y tres penales del propio Sánchez. El triunfo ante los Wallabies no sólo se trató de haber esbozado una mera sonrisa, de haber sumado puntos que no evitaron culminar en el último puesto de la edición 2014 del torneo. Los Pumas derribaron un muro bestial, callaron voces tóxicas que desconocen la exigencia del Championship, se sacaron la enorme presión por ganar, superaron a un gigante como Australia y se superaron a ellos mismos.

Esto podría haber ocurrido antes. El empate contra Sudáfrica (16-16 en 2012) y las ajustadas derrotas ante Australia (14-13 en 2013) y Sudáfrica (33-31 en 2014) podrían haber deparado otro destino. Pero la conquista se cristalizó en la última jornada del año. “Estoy emocionado, todavía no caigo. Fue un paso importantísimo para nosotros, para este equipo que luchaba desde la preparación en Pensacola por este triunfo… No me cansaba de decirles a los periodistas que lo íbamos a conseguir porque creemos en nosotros, en lo que nos marcaba Daniel Hourcade, el entrenador, y estoy más que agradecido con Daniel, Agustín Pichot, el staff, el equipo, y sobre todo con la gente que nos apoyó incondicionalmente porque llenaba las canchas aunque perdiéramos –retoma Creevy–. Haber ganado es un regalo que nos dimos por el sacrificio que hacemos. Es el comienzo de algo muy importante”.

Las buenas noticias surgen al cierre de esta edición: el rugby argentino tendrá en 2016 su franquicia para el Súper Rugby, competencia en la que participan los mejores equipos de Oceanía, torneo de excelencia que servirá para fortalecer y elevar el nivel del seleccionado. En cuanto al año entrante, también pueden producirse emociones fuertes; se presenta la oportunidad de generar otro cimbronazo, de poner otra mano pesada que sacuda al ambiente del rugby, sea en el acotado Championship –compuesto por tres fechas– o en el Mundial. Pero a no adelantarse ni a construir sobre fantasías. Valoremos el proceso de trabajo y lo conseguido, porque Los Pumas no sólo se alistan en la elite y son competitivos: también obligan y ganan, que no es poco.

Diego Simeone: la liga menos pensada
La liga española es la más despareja del mundo. La gana siempre el Barcelona, perseguido por Real Madrid; o la gana Real Madrid, perseguido por Barcelona. Con ellos no es posiblecompetir. Pueden perder algún punto, pero en 38 fechas terminan sacando un mundo de distancia. Uno tiene a Messi, Neymar, Xavi e Iniesta; el otro, a Cristiano Ronaldo, Bale, Benzema y Di María. En la liga española, todos los demás equipos juegan por el tercer puesto.

Antes del comienzo de la temporada 2013/14, eso es lo que se decía sobre la liga. Y no lo decía solamente la mayoría: casi todos pensaban lo mismo. Y con razón. En 2013, el Barça le había sacado 24 puntos al tercero (el Aleti). En 2012, el Real terminó 39 puntos encima de Valencia. En 2011, Barcelona aventajó por 25 a ese mismo equipo, otra vez tercero. En 2010... bueno, ya se entendió. Los dos gigantes dominaron los últimos nueve torneos. Justamente Valencia fue el último que había roto esa polaridad, al ser campeón en la temporada 2003/04.

Toda esta larguísima introducción es suficiente para comprender lo magnífica que resultó la campaña del Atlético de Madrid durante la temporada 2013/14. ¿Y por qué le otorgamos tanto mérito a Diego Simeone? No se lo damos nosotros, se lo dan jugadores, hinchas y dirigentes del Aleti, que reconocen al Cholo como responsable de una verdadera revolución futbolistica. Asumió el cargo a principios de 2012, cuando el equipo estaba 10º en aquella liga, a 19 puntos del Real. Comenzó en ese momento una seguidilla de éxitos nunca vista en la historia del club: ganó la Europa League, la Supercopa Europea y la Copa del Rey, todas ante poderosos rivales. En la liga, el Aleti venía de sumar 60, 64, 67, 47, 58 y 56 puntos. Con Simeone, sumó 76 en la 2012/13 y nada menos que 90 (¡noventa!) en la 2013/14, para ganarles por tres unidades a los dos gigantes. Y la definición incluyó un épico partido final ante Barcelona, de visitante: si perdía, se quedaba con las manos vacías. El 1-1 conseguido en el Camp Nou, el 17 de mayo, elevó un escalón más a Simeone, no sólo en la historia del Aleti, sino en la del fútbol español.

Jugadores que como mucho eran respetados se convirtieron en megaestrellas: el arquero Thibaut Courtois, los defensores Diego Godín y Juanfran, los volantes Arda Turán, Koke y Raúl García, y el delantero Diego Costa se potenciaron con Simeone como nunca lo habían logrado en sus carreras.
La temporada hubiera sido perfecta si la excelente campaña en la Champions League terminaba con un triunfo ante el Real Madrid, y faltó sólo un minuto para que lo fuera (se lo empataron en tiempo de descuento y lo perdió en el suplementario), pero esos son detalles que les sirven a los injustos para criticar y poner peros. Los que entienden el mérito de liderar a un grupo de futbolistas que parecen del montón, unirlos y derrotar al poder, recordarán para siempre al valiente Atlético de Madrid de Diego Simeone.

GONZALO PEILLAT festeja junto a Matías Rey uno de sus diez goles en el Mundial.

Los Leones y Las Leonas: los dos al podio por primera vez
Los resultados argentinos en deportes de equipo ya merecen un serio análisis sociológico. Mientras a nivel individual a nuestro país le cuesta destacarse, en conjunto se conforman selecciones capaces de competir con las de países económicamente más poderosos. Lo logran permanentemente el fútbol y el básquet, y lo consiguieron también, en 2014, los equipos de hockey sobre césped en La Haya, Holanda: por primera vez, ambos subieron al podio del Mundial en el mismo año.

ELLAS, COMO SIEMPRE
Lo de Las Leonas, en realidad, es una costumbre que se inició en la década del 90. De hecho, el tercer puesto hasta generó frustración en el plantel. Los resultados en las últimas Copas del Mundo (2° en 1994; 4° en 1998; 1° en 2002; 3° en 2006; 1° en 2010) dejaban la vara muy alta. Y a esos éxitos se suman los de los Juegos Olímpicos (2° en 2000; 3° en 2004; 3° en 2008; 4° en 2012). Todos y todas son conscientes de que, alguna vez, la Argentina no llegará a semifinales, pero evitaron que sucediera en 2014 con una primera fase en la que derrotaron a Sudáfrica (4-1), Alemania (3-0) e Inglaterra (2-1), y cedieron puntos ante Estados Unidos (2-2) y China (1-1). Esos empates sirvieron para alcanzar las semifinales por novena ocasión consecutiva, pero no para ganar el grupo. En el torneo en el que supuestamente se retiraba Luciana Aymar, se cruzaron con Holanda, campeón en Londres 2012. La derrota 4-0 en semifinales fue un golpazo del que se recuperaron rápido: derrotaron 2-1 a Estados Unidos y terminaron terceras. Semanas después, explotaron los conflictos entre el plantel y el entrenador, Carlos Retegui; y Aymar dio marcha atrás con su retiro para jugar el Champions Trophy, pero eso no opaca otro muy buen torneo de Las Leonas, que se mantuvieron en la elite con un plantel en constante recambio.

ELLOS, COMO NUNCA
El Chapa Retegui, director técnico de Las Leonas, cumplió con una polémica doble función: fue también DT de Los Leones, que jugaron el torneo al mismo tiempo. Y, si entre las chicas sus métodos fueron resistidos, eso no pareció sucederle con los varones, que consiguieron la mejor ubicación en su historia, considerando tanto Mundiales como Juegos Olímpicos.

Los últimos resultados (7° en 2010; 10° en 2012) indicaban que había que apuntar a un 5° puesto como gran objetivo. El debut con derrota (1-3 ante Holanda) ratificó esa idea: apenas una caída más limitaba a luchar por ese 5° puesto. Pero un golazo de Manuel Brunet permitió el batacazo ante Alemania (1-0) y dio inicio a una sucesión de triunfos: 3-1 a Nueva Zelanda, 5-0 a Corea del Sur y 5-1 a Sudáfrica. Segunda en el Grupo B, la Argentina estaba por primera vez en semifinales. A la lógica derrota ante Australia (1-5), le siguió una victoria 2-0 contra Inglaterra que subió a Los Leones a un podio que quedará en la historia del hockey nacional.

Pechito López: el grito después de Fangio
Este año el destino le tenía guardada una gratísima sorpresa a Pechito López, porque si bien en su dilatada campaña saltan a la vista su conocida tenacidad, su amor propio y, por supuesto, su talento, nadie esperaba que en esta primera temporada en el Campeonato Mundial de Turismo (WTCC) su adaptación fuese tan rápida y con un andar arrollador se quedara con el título y mejorara sendos récords de victorias (10 en el año, 6 de ellas desde la pole) y de suma de puntos (462) al comando del Citroën C-Elysée con el N° 37 que siempre lo acompaña.

Es como que Pechito al regresar al roce internacional se reencontró con su hábitat natural, porque todo su crecimiento y formación a partir de los 14 años fue en el exterior, forjando su carácter, en medio de un aprendizaje a la distancia, con presiones y en un ambiente sin margen para el error. Así, el cordobés hizo todos los deberes para treparse a la Fórmula 1, pero lamentablemente no se le dio. Allá por el 2006, y luego en el 2010, acarició esa posibilidad, con la frustración como resultado, debido a que en el programa de jóvenes valores de Renault, un mediático Flavio Briatore lo desestimó, y luego el impresentable proyecto USF1 lo estafó.

Este feliz presente del cordobés comenzó a escribirse en agosto de 2013, cuando en un no tan competitivo BMW se las arregló para ganar como piloto invitado en su debut en la categoría, en una de las dos carreras disputadas en Termas de Río Hondo. Y ya este año, para definir el tercer piloto de Citroën, le pidieron que hiciera un par de pruebas y todas ellas las sorteó de manera inmejorable.
Así, sin amilanarse por compartir equipo con dos exitosos compañeros franceses, como Yvan Muller, tetracampeón de la WTCC, y Sébastien Loeb, nueve veces campeón mundial de Rally, Pechito salió desde el vamos a demostrar todo su potencial e hilvanó triunfos en el callejero de Marrakech, en el emblemático circuito francés de Paul Ricard, en Salzburgo, en Moscú, en el tradicional Spa-Francorchamps belga, en las dos carreras argentinas en Termas de Río Hondo, en Shanghai, en Suzuka, que le permitió abrazarse en forma anticipada a la consagración, y finalmente en Macao para cerrar un año inolvidable.

Y como si fuese poco, esta conquista de consideración mundial significó además el regreso de un argentino como campeón en pista desde Juan Manuel Fangio en 1957, cuando el reconocido Chueco logró su quinto título de Fórmula 1. A los 31 años, el cordobés de Río Tercero concretó el viejo sueño de ser campeón del mundo. Si bien la suerte le resultó esquiva para ser protagonista de la elite de la máxima, a los 23 años supo ser tester de la escudería Renault, y en la Argentina dejó su sello con consagraciones en TC2000, Top Race y cerca estuvo de hacerlo en el Turismo Carretera. “Hay vida después de la Fórmula 1”, dijo alguna vez como parte de su recuperación Pechito López. Y vaya si la hay, que, con la internacional WTCC como trampolín, volvió con la bandera argentina en sus manos a gritar bien fuerte “dale campeón…”

Por Elías Perugino, Martín Estévez, Darío Gurevich y Walter Napoli

Por Redacción EG: 15/12/2014

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