LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Jonathan Calleri, el falso nueve

- por Darío Gurevich: 14/12/2014 -

Julio Falcioni lo transformó en centrodelantero, lo hizo debutar en Primera y lo recomendó para Boca. La historia del pibe de Floresta que superó obstáculos desde chico y que a los 21 años es una pieza clave en el equipo del Vasco Arruabarrena.

“Se me pasó todo en 20 segundos; desde que me llamaron hasta que se hizo el cambio, se me cruzaron muchísimas cosas por la cabeza”.

Su estreno en el fútbol argentino, a mediados de agosto del año pasado, resulta el disparador. Jonathan Calleri se aferra de esa experiencia irrepetible para desnudar en primera persona los diversos giros que gozó y padeció hasta acomodarse en Primera, cuestión deseada a la que sólo acceden unos pocos entre la muchedumbre del piberío. En consecuencia, su novela futbolística no comenzó hace un año y cuatro meses, sino que data de muchos años atrás, cuando lo único que pretendía era divertirse con una pelota. Aquí y ahora, desarrolla su propia aventura.


SUEÑA CON SER campeón en Boca, jugar en Europa y en la Selección. Mientras disfruta de la adrenalina que La Bombonera genera.



- “De chico, era inquieto y travieso. Arranqué en Mitre y jugué cuatro años en el baby del club, dos con mi papá ahí, que era técnico, y otros dos solo porque él ya se había ido a dirigir a All Boys, donde yo pasé después. Siempre jugué como delantero, excepto un año en Mitre que atajé... Como era chiquito y la estatura no me daba, y me gustaba atajar y salir con los pies, mi viejo, Guillermo, me puso de arquero-volante. Bueno, así como fiché en el baby de All Boys, me probé en cancha de 11 y quedé. Tenía ocho o nueve años. Mi papá era mi técnico en el baby y otra persona en cancha grande. ¿Cómo era la relación con mi viejo? Difícil… Había un equipazo en la categoría 93, yo había ido para ser suplente, y jugaba muy poco, casi nada… `¿Cómo no lo vas a poner? Si es tu hijo`, le discutía mi mamá, Bettina, a mi papá. Al principio, yo no lo entendía, pero con el tiempo sí. Después, estuve en Infantiles y me volvió a tocar mi viejo de entrenador, y eso se cortó a los 12 o 13 años cuando comencé en Novena”.

- “En Novena, Octava y Séptima, el técnico no me tenía en cuenta. Creo que jugué cinco partidos como muchísimo. Si bien era chiquito en lo físico, no me dejaban libre porque decían que crecería. Entonces, me esperaron. Mi viejo tenía peso en All Boys, aunque no se metía. Si me lo ganaba, debía ser por mí. Era duro porque yo estaba mal y hasta discutí fuerte con mi papá. El me sugería que me probara en otro club, había una posibilidad en Español, y yo quería quedarme en All Boys. Prefería disfrutar con mis amigos, por más de que me dejaran libre. Como seguía entrenándome, estaba seguro de que la oportunidad iba a aparecer. Igual, en ese momento, sentía que no me daba para jugar, pero sabía que iba llegar a Primera: en All Boys, Boca o Yupanqui, sin desmerecer. Física y tácticamente había chicos mejores, aunque yo era más desde lo mental. Si había que descansar para jugar, yo me quedaba en casa. Quizás lo hacía por venir de una familia de fútbol”.

- “En Sexta, Carlos Amodeo, el coordinador de inferiores, me bancó en el club porque le gustaba mi manera de jugar, y el entrenador de esa categoría me empezó a poner. Tuve una continuidad de seis meses y me mandaron a Reserva. Después de mi primer semestre ahí, me subían para entrenarme con Primera y me bajaban. Iba a la pretemporada con Primera y me bajaban de nuevo. Así ocurrió hasta que Pepe Romero se fue del club. ¿Qué me faltaba? Al principio, a los 15 o 16 años, entender el juego como para estar en Primera. Después, Alejandro Montenegro, que hoy dirige a la Primera, se hizo cargo de la Reserva, me ordenó tácticamente y, entre comillas, me enseñó a jugar al fútbol: aprendí a ser más efectivo, más frío, más simple, a pisarla para atrás y tocar en vez de tirar un caño, una rabona, o de dar muchas vueltas, cosas que no sirven. Ese fue mi clic y a los 17 o 18 años ya sabía que podía integrar la Primera”.

- “Cuando Falcioni asumió, me llevó a mi quinta pretemporada con Primera. Iba con ilusión, mi máxima aspiración era quedarme en el plantel, y más con un técnico de renombre como Julio. El y su cuerpo técnico ya me habían visto y querían que arrancara más de izquierda a derecha, no tanto como 9, porque yo era más enganche, mediapunta por adentro. Bueno, en el primer día de la pretemporada, anduve bien en un táctico. Metí varios desbordes y algunos goles, y Julio me dijo: `Tengo expectativas en vos, creo que sos un chico que puede progresar`. Hice toda la pretemporada siendo el octavo delantero, y los demás se cayeron de a poco… Hubo un día que Mauro Matos tuvo un problema familiar, otro chico estaba enfermo, probó a otro y no le gustó, me dio la pechera a mí, me puso de 9 y pasé a ser el primer suplente, detrás de Mauro y Cámpora”.

- “Debuté contra Estudiantes el 14 de agosto de 2013, por los cuartos de final de la Copa Argentina, y entré por Cámpora para jugar diez minutos como 9. Cuando pisé la cancha, me concentré en el partido. Todos saben que soy de All Boys, pero en ese momento lo único que quería era adaptarme a los compañeros y ganar; el hincha se te va. Julio me pidió que aguantara la pelota, conseguimos el triunfo y pasar de fase. Fue un desahogo tras pretemporadas frustradas, dudas por si me hacían contrato o no… Después de tres partidos en el banco, entré contra Argentinos, jugué en gran nivel, y creo que ahí Julio supo que podía jugar en Primera. De todas maneras, sé que llegué porque había superado momentos difíciles en mi vida al estar fuerte de la cabeza. Obviamente que esto fue ayudado por mi rendimiento adentro de la cancha”.

LOCO POR LA PlayStation, mira al uruguayo Luis Suárez y al francés Karim Benzema, sus modelos de 9.

-En Primera siempre te plantaste de 9. ¿Pero te considerás centrodelantero?
-No, no soy 9. Me defino como un falso 9, como un mediapunta que se movía detrás del 9, por más que juego como centrodelantero. No tengo el olfato de gol de Gigliotti, uno de mis compañeros hoy en Boca. Emmanuel no se asocia tanto en el juego colectivo, pero te mata adentro del área, es letal ahí; yo quizás para meter una necesito dos situaciones y soy más jugador de equipo. La posición me la encontró Falcioni, y me gusta… Me acostumbré y quiero perfeccionarme para ser un gran 9.

-¿Qué trabajaste con Falcioni para adaptarte en ese puesto?
-El y sus ayudantes, Píccoli y Sanguinetti, me ayudaron mucho. Subí a Primera sin pegarle de zurda, sin saber dar un pase de zurda… Por eso, la diferencia técnica entre los chicos de inferiores de Boca o de River con respecto al resto es notable. Ellos me hacían ir entrenarme media hora antes para practicar definición de derecha y de zurda, de aire, de cabeza, y también me pedían que me quedara media hora después para seguir con lo mismo, y mejoré un montón en casi seis meses. Hoy, tengo un mano a mano de zurda y por lo menos sé dónde patear. A Capiatá le metí un gol con esa pierna por la Sudamericana, y me dije: “¿Cómo le pegué así?”. Julio es el mejor técnico que tuve, me ayudó en lo personal y a crecer técnicamente.

-¿Qué aprendizaje te dejó tu etapa en la Primera de All Boys?
-Me fortaleció mucho mentalmente. Viví un momento duro: parecía que se venía el boom del club y se dio la debacle. Falcioni asumió, parecía que nos clasificábamos a la Libertadores, pero se fue en menos de seis meses. Pasé de ser titular a ni concentrar por tres partidos, otro técnico tomó al equipo y descendimos. Los problemas institucionales y económicos del club se trasladaron a lo deportivo.

EN ENERO de este año, meses antes de que el Albo consumara la fatídica pérdida de la máxima categoría, Boca le compró el 30 por ciento del pase. Como All Boys le debía dinero al Xeneize, la única manera de recuperarlo era adquirir un porcentaje de un juvenil. “Al principio, lo tomé con pinzas. `Qué me va a querer Boca, si puede comprar a cualquiera`, pensaba. Lo veía lejano”, admite. Lo cierto es que un entrenador, que había trabajado con éxito en el club, lo recomendó: “Falcioni… Después, me contaron que Julio había dicho mi nombre”.

Durante el Torneo Final 2014 -ese que decretó el descenso-, Calleri rindió para los de Floresta. Hasta se dio el lujo de convertirles a River y a Boca. “Pero todos recuerdan el gol a River, porque sirvió para ganar 3-2 y salir de la zona de descenso; ellos iban punteros, y fue especial. Ese terminó siendo un partido bisagra para mí”, reconoce. Sin embargo, aquel gol al Boca de Bianchi había servido, y no sólo para decorar una derrota 3-1. “Después de ese gol, me dijeron que Carlos me quería. Encima había una cláusula que decía que si Boca me pretendía, debía ir por más que haya otro club que pagara más. Entonces, fui a préstamo por un año y medio y me presenté el 27 de junio con vergüenza. Era la primera vez que me iba de All Boys en 14 años, y llegaba a Boca, con lo que significa… Trataba de estar tranquilo porque viste cómo es… Cuando arranca la pretemporada, surgen los rumores: viene Tevez, Palacio, Scocco, Bergessio, y al final terminaron con Calleri (risas)”, confiesa.

-¿Cómo atravesaste esa primera semana?
-Fue difícil, no me sentía cómodo, no era mi lugar. Llegaba a casa y le decía a mi papá: “Mirá que me vuelvo al club, eh…”. Y mi viejo me remarcaba que estaba en Boca. Pero yo extrañaba a mis amigos, a mis compañeros… Irme solo a Boca con chicos que no conocía, que sé yo… Era un desafío y también una oportunidad única. Sabía que esa era la pretemporada de mi vida, que el tren pasaba y me subía o chau… Tenía 20 años, acabo de cumplir 21, y era una prueba de fuego: o estaba para jugar en un grande como Boca o no. Entonces, me propuse dejar todo para quedarme. Carlos me confirmó que me tendría en cuenta, que sería un recambio para él… Antes de empezar esa pretemporada, el Burrito Martínez se lesionó, arranqué como titular, metí el gol del triunfo en el amistoso ante Nacional, Boca se decidió a comprar la totalidad de mi pase, me lesioné en las costillas antes de la primera fecha del torneo local frente a Newell`s, volví ante Belgrano en la segunda, fui titular contra Rafaela en la tercera, y desde ahí me mantuve entre los 11.

"HOY EN BOCA, a mis amigos los cuento con los dedos de la mano", enfatiza.

-El equipo cambió de conducción técnica, y el entrenador que llegó, Rodolfo Arruabarrena, te sostuvo y hasta subió la apuesta frente a la prensa: “Jony es el 9”. ¿Qué te dijo en la intimidad?
-Charlamos y me dijo eso mismo, que soy el 9 por ahora. Pero cualquiera de los que estamos puede jugar. Gigliotti entró e hizo goles, yo jugué y algunos metí, el Negro Chávez juega y convierte, el Burrito Martínez levantó su efectividad…

-Está todo bien, pero vos sos el 9…
-Sí, nunca le pregunté por qué.

-De todas maneras, también podrías complementarte con un 9, digo por tu posición natural, ¿no?
-Sí, podría arrancar por derecha, me sentiría igual de cómodo que de 9… Me gusta salir del área para meterme en el circuito de juego, puedo ganar en velocidad o meter un pase de gol… No es que si me sacan de 9, no tengo otra posición. Pero, a pesar de no tener tanto gol, puedo jugar de 9.

-¿Sos tan insoportable para los centrales rivales adentro de la cancha como se observa desde afuera?
-Sí, soy molesto. Desde chico, me inculcaron que tengo que correr, además de jugar. Aprendí muchas cosas que no hacía porque sin sacrificio es muy difícil jugar. Sólo hay dos o tres jugadores que lo pueden hacer: Messi, Cristiano y alguno más. Respecto a mi juego, creo que estar encima incomoda a los centrales, y a mí me beneficia.

-¿Sólo debés pulir la definición?
-No… Tengo que mucho por mejorar, como la recepción, porque lo que hago en tres toques, un jugador de elite lo resuelve en uno. Y en la definición, debo hacer hincapié para ser más efectivo. Igual, en Boca, ya llevo varios goles de rebotero y en mi vida había hecho un piso de cinco en menos de seis meses.

-¿Qué incorporaste en este corto tiempo en Boca?
-El manejo de la presión. La Bombonera es única, y la presión de la gente juega. Antes, en una cancha chica, me apuraba para dar un pase por la gente, y hoy, delante de más de 50 mil personas, estoy más tranquilo. En cuanto al juego, me ayuda compartir el equipo con jugadores de elite porque resuelven simple. Es como que te contagiás de ellos. “No puedo errar tres pases seguidos, mientras ellos tocan de primera”, me digo. Porque tengo que estar a tono con ellos.

-Mostraron momentos de buen juego con el Vasco. ¿Qué deben mejorar para repetirlos y extenderlos en el tiempo?
-Mantener la tranquilidad. Cuando no llegamos al gol en 10 o 15 minutos de buen fútbol, nos ponemos un poco nerviosos. Y pasa un tiempo y quizás nos volvemos locos. Está claro que el equipo gira alrededor de Gago, que cuando está fino y anda bien, Boca es otro.

-Si no se desarma el plantel, ¿encontrarán esa fineza en 2015?
-Sí… Boca se sigue aceitando, tiene futbolistas de excelente nivel y de a poco puede empezar a consolidarse para convertirse en un gran equipo.

Nota publicada en la edición de diciembre de 2014 de El Gráfico

Por Darío Gurevich. Fotos: Hernán Pepe

Por Darío Gurevich: 14/12/2014

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