ANóNIMOS RECONOCIDOS

Romina Arroyo: la primera dama

- por Redacción EG: 12/06/2013 -

Romina Arroyo es salteña y árbitro de boxeo. No imparte justicia solamente entre las mujeres: también lo hizo entre los hombres, incluso en varias peleas por el título mundial. Los comienzos en la profesión. Los escollos que debió superar para hacerse un lugar en un ambiente mayoritariamente masculino.

 Nota publicada en la edición de junio de 2013 de El Gráfico

PARALELAMENTE a su labor de árbitro, Arroyo conduce un programa de TV en Salta. Es licenciada en comunicación social, egresada de la Universidad de Córdoba.

Derribar barreras. Eso hace Romina Arroyo, aunque ella no lo sepa ni lo quiera. Barreras de sexismo, de prejuicios, de ideas preconcebidas. Esta argentina de 30 años ha sido capaz de arbitrar dos peleas de título mundial entre hombres fuera del país. En un deporte masculino por excelencia, donde los débiles de cuerpo y alma deben abstenerse, Romina imparte justicia. Esta mujer referí separa de los clinchs y levanta las manos de grandes boxeadores profesionales, con la misma aptitud de un hombre árbitro.

La ligazón entre Arroyo y el deporte de los guantes nació hace años a través de su padre. Miguel Angel Arroyo es médico y jurado de boxeo. “Cuando yo era chica, iba a festivales y veladas, él me llevaba. Fue el primer contacto que tuve con el boxeo. Hasta pasaba los cartelitos entre los rounds cuando tenía seis, siete años. Gran parte de esta locura se la debo a él”, le comenta a El Gráfico.

Romina se sube al ring, pero siempre con moñito, camisa y pantalón largo. “Nunca fui boxeadora. Siempre voy al gimnasio, entreno boxeo. Durante un tiempo, en que dejé de dirigir porque no me designaban, comencé a entrenar y quería pelear. Entrené casi un año con Alberto Zacarías en la Federación Argentina, pero nunca llegué a boxear porque después se me abrieron nuevamente las puertas para dirigir. Entonces lo dejé de lado”, comenta.

Su carrera en el arbitraje comenzó hace más de 10 años. “Yo soy salteña, pero me fui a Córdoba capital a estudiar. Hice un curso en la Federación Cordobesa de Boxeo. Comencé a ir a los gimnasios, aprendí a caminar el ring. Después me pusieron en exhibiciones, más adelante en peleas amateurs. Dirigí peleas amateurs durante casi cuatro años y después tuve la oportunidad de dirigir una pelea profesional”, recuerda Romina. Su debut como referí en el campo profesional fue en 2004. Ya lleva más de 100 peleas entre los rentados.

Arroyo explica las razones de su inserción en la rama masculina del deporte de los puños: “En realidad, no hay mucho boxeo femenino. Cada vez hay un poquito más, pero he ido a dirigir lo que había. Generalmente lo que había era boxeo masculino, entonces si yo quería ser árbitro, tenía que subirme al ring con las peleas que estaban programadas para la velada a la que iba. Si yo esperaba una pelea femenina, debía aguardar mucho tiempo”.

EN INDONESIA arbitró el choque en el venezolano Yonfrez Parejo y el indonesio Angky Angkotta.

La argentina arbitró ya 10 peleas por título mundial en su carrera. “Eso fue algo impensado. Desde un principio era impensado dirigir una pelea profesional. Creía que iba a dirigir peleas amateurs y lo hacía como un cable a tierra, como una distracción del ajetreo rutinario de la universidad. Ir los viernes, compartir momentos con otro tipo de gente. Después vinieron las peleas profesionales. Fui a rendir un curso a la Federación Argentina de Box. El título mundial viene de una pelea en Villa Angela, Chaco. Fue la primera pelea de título mundial que hice. Fue la segunda defensa del título mundial de Carolina Duer con una francesa, Aziza Oubaita (N. de la R.: el 26 de marzo de 2011). Era un gran desafío, además transmitido por la Televisión Pública y era la primera vez que una mujer iba a dirigir un título mundial en la Argentina. Pensé que iba a ser la última que iba a dirigir. Eso fue por la Organización Mundial de Boxeo”, consigna.
En Lima (Perú), Romina fue la jueza del combate por corona mundial que Alberto Rossel le ganó a Walter Tello en marzo pasado. Su primer arbitraje por título universal había sido en la mexicana Tijuana el 21 de julio de 2012. Aquella vez, Bryan Vázquez superó a Jorge Lacierva. Sin embargo, para Arroyo, su actuación más importante se dio el año pasado en el estadio Delmi, en su tierra. Aquella vez se metió entre Fabio La Mole Moli y Emilio Zárate. “Eso fue por un título argentino. Mucha gente veía como algo ridículo que una mujer dirigiera una pelea de pesos pesados, de más de 110 kilos. Aficionados del boxeo me hicieron saber que no les parecía bien que una mujer dirija esa pelea, que había mucho riesgo. El trabajo se hizo bien. Esa fue la pelea profesional más grande porque era un gran reto”, dice Romina.

UNICA ENTRE LOS HOMBRES
En un ambiente con largos años de historia 100% varonil, que una chica se haga camino entre la selva no es sencillo. “Tengo suerte porque cuento con el apoyo del presidente de la Asociación Mundial de Boxeo, pero hasta el día de hoy hay dirigentes que no me programan y que no les gusta que trabaje. No me gusta hablar de discriminación porque pienso que eso es algo normal. Soy mujer, no hay mujeres en este medio. Ser la pionera, ser la primera significa sortear todos estos desafíos. Para los dirigentes y la gente que consume boxeo es algo extraño, fuera de lo común. Y eso es normal. El camino se hace de a poco. Yo nunca sentí ni discriminación ni barreras en boxeadores, en aficionados”, opina. Sin embargo, responde que alguna vez la han mandado a la cocina: “Sí, por supuesto. Pero así como a mí me mandan a lavar los platos, a los árbitros hombres también los mandan a su casa. No pasa por una cuestión de sexo, el árbitro es el centro de los insultos muchas veces y es el personaje no querido en todos los deportes. Es el malo de la película. Si me enojo porque me mandan a lavar los platos no tengo que tomarlo como algo personal o porque soy mujer, sino porque creo que la gente en un evento deportivo se descarga con el árbitro”, contesta.

El árbitro tiene que tratar de estar en estado –se refiere a su condición física–. Dirigir cada pelea es una gran responsabilidad. Porque en el boxeo no se juega, en el boxeo se pega duro y uno tiene que estar con la rapidez suficiente como para intervenir en las acciones”. “Los árbitros viajamos solos. No vamos acompañados como los boxeadores. Nos subimos al ring solos y bajamos solos. Para impartir justicia en una pelea en donde se ponen en juego muchas cosas, creo que hay que estar muy bien mentalmente y tranquila. El árbitro en todo momento está solo”, remarca la argentina.

ARROYO ya arbitró dos combates por títulos del mundo entre hombres. Fue la primera mujer en dirigir una pelea de título mundial en la historia de la AMB.

Sus anhelos deportivos ya los ha cumplido. “Ni siquiera tenía como un sueño dirigir una pelea de título mundial. Luego, mi sueño era dirigir en el Luna Park porque el Luna es algo mágico para los que amamos el boxeo. Y dirigí ahí. Después, mi sueño era dirigir una pelea de título mundial de hombres. Y se me dio la posibilidad en México. Ya dirigí dos en México. Ahora, mi sueño es disfrutar de cada pelea a la que voy, disfrutar de lo que hago”, expresa.

Romina no vive de su actividad como árbitro. Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Córdoba, tiene un programa de TV en Salta. Se llama La Calle, es de interés general y se emite por el canal 4 de Cable Express Digital.

Su labor en el deporte de los guantes representa un ingreso extra para ella. “Nunca lo vi como una fuente de trabajo. Siempre lo vi como mi pasión, como mi cable a tierra. Algo distinto del estudio y del trabajo que hago todos los días. En el boxeo amateur te alcanza sólo para los viáticos. El boxeo profesional es rentado, pero no vivo de eso”, explica. Arroyo quiere seguir con ambas ocupaciones a la vez. “No podría dejar de ser periodista ni dejar de ser árbitro”, confiesa.

Por Hernán Alvarez. Fotos: Emiliano Lasalvia
Por Redacción EG: 12/06/2013

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