ARRIBA: Artico, Comelles, Raimondo, Fillol, Perfumo y Héctor López. Abajo: González, Juan José López, Morete, Alonso y Mas.

La noche en que millones de caras pálidas se quitaron de encima la tristeza con un grito a secas, o un llanto desconsolado, o un insulto maldiciente, o el recuerdo de un íntimo que no soportó tanta espera. La noche en que esa millonada de caras pálidas, sea de cualquier modo, se unió en la común sensación de que la nostalgia iba perdiendo relieve hasta convertirse del todo en un presente delicioso. Y River campeón: una vuelta olímpica después de 18 años. Una porción de tiempo suficiente para que cualquier individuo, en su vida fuera de las canchas, logre aclimatarse a los vientos más desfavorables. Pero imposible de concebir semejante sometimiento desde el tamiz pasional del hincha. El 14 de agosto de 1975, Angel Labruna, ese que había vuelto desafiando la estadística más cruda, levantó el puño y acompañó el grito de alegría aunque por una huelga no haya podido estar el día de la consagración. El Metropolitano de aquel año fue una de las páginas más gloriosas de Angelito como entrenador Millonario. El, junto al Beto Alonso, Oscar Más y Roberto Perfumo, entre otros valores fundamentales, consiguieron reubicar a River en su historia grande quebrando tal vez la peor racha de la historia del fútbol argentino.

Un temperamento a prueba de balas para soportar los sofocones y una alta dosis de frescura para rematar en campo rival. Con la misma astucia con que vapuleaba defensas, Labruna diseñó un equipo equilibrado en todas sus líneas. Roberto Perfumo, El Pato Fillol, Pedro González y Oscar Mas eran  los hombres más experimentados del plantel. Perfumo se incorporó tras su experiencia en el fútbol brasileño. Un año antes había sido el capitán de la Selección argentina en el Mundial de Alemania. Pinino regresaba desde España con un currículum lustrado por su paso por el Real Madrid. González, había brillado en la liga peruana. Norberto Alonso encabezaba una camada de jóvenes surgidos del club que fueron parte vital de aquella coronación. Carlos Morete, el goleador del equipo. Juan José López, pieza fundamental del mediocampo y una de las figuras del torneo. Daniel Passarella y Reinaldo Merlo, recambios eficientes que cumplieron cada vez que fueron requeridos. Se jugó en dos rondas, todos contra todas. En la etapa inicial del campeonato River preanunció su final feliz. Goleó a San Lorenzo y derrotó a Boca 2 a 1 en la Bombonera. Venció a Racing e Independiente, también a Unión, al buen equipo de Huracán y al Ferro que estaba despegando. Perdió un solo partido, 1-4 ante Newell's en el Monumental.

PRODUCCION ESPECIAL del Beto Alonso y el Mariscal Perfumo para El Gráfico luego de gritar campeón. El primero era el desequilibrio en ataque; el segundo, la experiencia e inteligencia en defensa.

La última conquista de River había sido el tricampeonato con José María Minella como entrenador, en 1957. Desde ese entonces el público millonario padeció un período oscuro en el que las alegrías se insinuaban pero quedaban truncas a pocas fechas del final. En aquel Metropolitano una turbulencia en la segunda ronda reavivó las pesadillas del fracaso. El equipo perdió tres partidos consecutivos, todos por la mínima diferencia: ante Atlanta, Newell's y el Superclásico en el Monumental. La ausencia de Alonso, sancionado con seis fechas por una expulsión contra Independiente, fue un freno de mano para el empuje arrollador del equipo. Pero Labruna cumpliría su promesa con los hinchas. El riesgo agiganta el mérito del entrenador, que había erigido su estela en tiempos del famoso equipo de La Máquina, épocas en las que River no otorgaba resquicio para la disyuntiva sobre su supremacía. Un linaje devastado por 17 temporadas de exilio en el desván de los gigantes que agonizan. Ese torbellino eterno que, de antemano, era capaz de envolver cualquier legajo. Acaso hasta el propio Angelito la vio fea cuando esos nueve puntos quedaron en el camino. Pero nunca desistió. Y el tono ganador de su mensaje siempre fue el mismo. River se rehízo en medio de una carrera que Huracán y Boca también soportaron hasta último momento. Empató con Temperley, derrotó a San Lorenzo 2 a 0 en un partido clave y le ganó a Argentinos Juniors en cancha de Vélez. Ese partido ante los de la Paternal en Liniers tuvo un condimento especial.

EL PARTIDO CONSAGRATORIO
María Estela Martínez de Perón, caminando el último año de su mandato presidencial que sería interrumpido por el golpe de estado de 1976, no supo, ni ella ni el Ministerio de Trabajo, cómo atemperar el conflicto con la gran mayoría de futbolistas profesionales del país. Los jugadores, descontentos por las condiciones salariales, emprendieron una huelga días antes de aquel encuentro decisivo entre Argentinos Juniors y River. El entrenador y sus dirigidos adhirieron al paro y hubo que echar mano en la cuarta y quinta categoría para armar el equipo. Jóvenes sin roce, algunos ni siquiera habían debutado, con la gigantesca obligación de ir a la cancha de Vélez y dar el último salto para escapar de la pesadilla. Federico Vairo, histórico entrenador de las inferiores millonarias, se hizo cargo de aquella ocasional Primera división. A los 24 minutos del segundo tiempo un zurdazo de Rubén Bruno le dio el triunfo y el campeonato a River.

LA TAPA DE EL Gráfico. River volvía a gritar campeón después de 18 de sequías con Angel Labruna como DT.

Ese día, River formó a:
Alberto Pedro Vivalda; Orlando Ponce, Luis Alberto Jometón; Rodolfo Luis Rafaelli, Héctor Norberto Bargas (Sergio Gigli), Fernando Zappia (cap); Leonardo Labonia, Rubén Mario Cabrera, Ramón Orlando Gómez, Rubén Norberto Bruno, Francisco Groppa (Luis María Giménez). Técnico: Federico Vairo.

La semana siguiente el Monumental fue un universo rojo y blanco de 80000 almas. A los titulares les alcanzaron 45 minutos para coronar la campaña con un 2 a 0 sobre Racing (Alonso de penal y Morete). El complemento no pudo jugarse por las 10.000 personas que invadieron el campo de juego. En el Nacional, Angelito y los suyos volverían a gritar campeón.

El equipo titular:
Fillol; Comelles, Perfumo, Artico y Héctor López; Juan José López, Raimondo (Reinaldo Merlo también fue clave) y Alonso; Pedro González, Morete y Mas. Técnico: Angel Amadeo Labruna

El podio: River, 55 puntos; Huracán 51; Boca 50.

El goleador
:Héctor Scotta, 32 goles - San Lorenzo.

Por Alfredo Merlo

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