Nota publicada en la edición marzo de 2012 de la revista El Gráfico

“POR MAS QUE TE VAYAS al lugar más lejano, a la Argentina la llevás a cuestas de por vida. Podés irte a vivir a Tailandia o hacerte budista, pero en algún momento se te va a aparecer la Revolución de Mayo, el Cabildo y la Plaza, Perón levantando los brazos y gritando: ‘¡Coooompañeros!’”.
Osvaldo Soriano se refirió al exilio y la vuelta, al ir y venir, al irse y quedarse en el libro Una sombra ya pronto serás, y la frase aparece ahora, como una representación. El fútbol argentino tiene sus propios trotamundos: entrenadores que narran su historia en lugares lejanos, lugares extraños. Técnicos que eligen hacerlo en la primera persona del singular. Más allá de recuerdos más o menos políticos o históricos, lo cierto es que se despegan de su hábitat, en general, porque no encuentran un espacio de trabajo en el fútbol local. Y van llevando un poco de Argentina a diferentes puntos del globo terráqueo.

CASI UN EXTRANJERO
Gabriel Calderón tiene 52 años y un pasado de futbolista campeón mundial juvenil en 1979 y subcampeón mundial en Italia 90, por citar algunos de sus logros. Su carrera dio un vuelco cuando se transformó en jugador del Betis, en 1983. Aquella mudanza marcaría un destino: Calderón no volvió a trabajar en el país.
Vivió en diferentes lugares. Se crió en Rawson (Chubut), estuvo en Buenos Aires, se fue a España y siguió con otros destinos europeos (Francia, Suiza) hasta que llegó a Asia. Allí, ya como entrenador, se hizo cargo de la selección de Arabia Saudita; después, de la de Omán; más tarde, del Al-Ittihad Jeddah y del Al-Hilal, de Arabia. Ahora está en la Liga de Emiratos Arabes Unidos: es el DT del Baniyas.
“Terminé mi carrera como jugador en Suiza. En ese momento decidí quedarme a vivir en España. Abrí una escuelita de fútbol en Sevilla, donde trabajé ocho años. El primer equipo que tuve a cargo fue el Caen, de la segunda división francesa. Seguí con el Lausanne, mientras terminaba el curso para obtener el diploma de DT europeo”, cuenta Calderón a través del teléfono. La diferencia horaria indica que en Emiratos es casi la hora de la cena. El invitó a su equipo de trabajo a cenar a su casa, pero aclara que no cocina: se toma una pausa para pedir delivery de comida francesa. Sigue: “Yo daba conferencias para la UEFA y una persona de la FIFA me recomendó para Arabia. Los dirigentes de ahí apostaban a gente de renombre, les pagaban una fortuna, pero no obtenían buenos resultados. A mí me sedujo y agarré: debo haber sido el técnico más barato que contrató esa federación”.
Calderón repite que estará agradecido de por vida a los saudíes porque confiaron en él. Con esa selección, logró la clasificación para el Mundial de Alemania 2006.
“Esta es una cultura muy diferente, otra religión, otro idioma. Cuando llegué, los periodistas me decían que no tenía categoría para dirigir a la Selección”, recuerda. Pero asegura que está bien y que pudo adaptarse porque su vida, en definitiva, se trató de eso: “Soy un ciudadano del mundo. Vengo de una familia muy pobre. Trabajo desde los seis años, cuando ayudaba en el campo. Siempre me adapté a lo que me tocó. Tuve que ayudar a mi familia, a mis hermanos. Fui educado para superar las adversidades que se me presentaban”.

CALDERON ahora dirige al Baniyas árabe, pero antes pasó por las selecciones de Arabia Saudita y Omán.

Calderón está ahora en la misma liga que Diego Maradona. En Abu Dhabi, donde juega Baniyas, vive solo, aunque está acompañado. Trabaja con Eduardo Anzarda; y su hijo, Gabriel, es el preparador físico del equipo. “Acá la gente tiene cinco rezos diarios. Adaptamos los entrenamientos a eso para cortar lo menos posible. Yo llevo cuatro años con el mismo traductor. Hablo francés, italiano e inglés, pero el árabe me cuesta mucho. Algunas palabras sé y cada tanto los sorprendo”, cuenta. Y da más detalles sobre sus días: “Acá no tenés una vida normal. No hay cine, por ejemplo, no hay discotecas. En mi tiempo libre hago deporte, que es lo que me mantiene con energía. Y turismo, claro, me gusta conocer”.
En este momento, el argentino más ganador en Medio Oriente tiene tres hogares: en Abu Dhabi, en Marbella y en Buenos Aires. Aquí vive Carolina, su hija. Ella y el resto de su familia son la excusa para venir a la Argentina: “Allá cargo las baterías afectivas. Comemos asado, pizza y tomamos helado. Igual, no sé qué fuerza me impulsó a alejarme de mis afectos sabiendo que la gloria es transitoria”.
-¿Te gustaría dirigir en el país?
-No me hace ilusión. Hay cosas de ahí que no comparto, como eso de que los barras te pidan dinero. Además, me dolió que alguna vez dijeran que yo no conocía el fútbol local. Por favor: un técnico es bueno o no lo es. También mencionaron que yo no vendo. Pavadas. Sí me gustaría ser técnico de la Selección: la llevo en mi sangre.

EN EL CARIBE
“Me levanto a las 5, hago el mate. Llego temprano al entrenamiento, una costumbre que me dejó Alfredo Di Stéfano. Si no está mi señora, mucho no salgo. Pero estoy acostumbrado a la vida rutinaria. Por ahí voy a la playa a la tarde, me compro algo para cenar y vuelvo al departamento”. Mario Zanabria describe su actualidad en el Real Club Deportivo España, de Honduras, su lugar en el mundo durante 2008 y desde 2010.
El exvolante de Newell's y Boca ya había tenido su experiencia en México y Ecuador, pero el fútbol centroamericano se le presentó como un destino exótico. Mucho no lo pensó: venía de un tiempo sin trabajar y le costaba reinsertarse en la profesión. “Después de una seguidilla de trabajo, uno se pone más selectivo. Cuando quise volver, fue difícil. Aparecieron técnicos jóvenes que ocuparon espacios. Pude ir a Boca cuando Basile se fue a la Selección, Macri y Juan Carlos Crespi me querían, pero no se dio. Esperé y esperé una buena opción, hasta que no aguanté más y me ofrecieron lo de acá”, explica.
Zanabria lo intentó: estuvo en Honduras en 2008, regresó a la Argentina en 2009, no lo convencieron las opciones para dirigir en el país y volvió a irse. Tiene contrato hasta julio de este año. Está contento, afirma: “Me siento muy cómodo. Mi señora, Sara María, está tres meses acá y dos meses en la Argentina. Este lugar nos colmó las expectativas. Estamos a 40 kilómetros de la playa, a 90 del mar Caribe, así que cuando no trabajo pasamos el día en la playa. Nos gusta la vida de calor”. Aclara que ya está acostumbrado a las visitas espaciadas porque nunca mudó a toda la familia cuando tuvo que atravesar la frontera. Y ahora, menos: sus hijos ya son grandes. Rocío tiene 39 años; Yasmín, 37; y Marito, 24. “Mario estudia periodismo deportivo y trabaja en el programa de radio ‘De caño vale doble’, así que a veces lo escucho por internet”, relata.

ZANABRIA dirige al Real Club Deportivo de España, de Honduras.

Durante su estadía, el equipo disputó tres finales y fue campeón en el Apertura 2010. “¿Si me motiva este fútbol? En el momento en que venís es el mejor del mundo –responde-. No pensás si es un fútbol menor, lo ponés en el primer escalón. Los jugadores de acá son distintos, menos profesionales. Yo, por suerte, no tengo que lidiar con eso porque estoy en un equipo grande y tengo a varios futbolistas de selección”.
El hombre que anotó el gol que le permitió a Newell’s ganar el Metro 74 ante Rosario Central da la clave para vivir en el exterior: “Lo principal es no añorar. Por ejemplo, acá la carne no es buena, pero hay pescados, mariscos, sopa de caracol, cosas que en la Argentina no se consiguen. No me pongo a pensar que me falta el chorizo, el asado… Disfruto de lo que tengo acá, que ya es como mi ciudad”. Ese optimismo se le nota: habla de Honduras con pasión. “El paisaje es espectacular, hay vegetación, montañas, palmeras. Está la Isla Roatán, que es un paraíso, o Utila, otro lugar increíble”.
En el equipo hay un preparador físico uruguayo, Ariel Bustamante, y el plantel tiene a un argentino: Jonathan Hansen, que llegó desde el Imbabura de Ecuador.
-¿Te gustaría dirigir en la Argentina?
-La verdad, no tengo problemas en trabajar en ningún lado. Sigo siempre nuestro fútbol, así como miro el español, que tiene mucha penetración acá, o el mexicano. De la Argentina vi los partidos de verano que, sinceramente, fueron bastante inmirables.

HIZO CAMINO AL ANDAR
Rodolfo Zapata es un nombre y un apellido que no suena: este exarquero, que pasó por Huracán, Sportivo Italiano y Cipoletti, tuvo que retirarse en 1996, a los 30 años, por una lesión en la rodilla. Ahí, dice, quiso dedicarse a la enseñanza. “Creo que, ante todo, un entrenador es un docente”, afirma desde Sudáfrica. Entonces, estudió Educación Física y luego se recibió de DT en la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino. Ahí empezó su periplo.
“Ni bien terminé el curso, un amigo de mi hermano me ofreció ir a trabajar con el fútbol juvenil de Estados Unidos. Teniendo en cuenta lo competitivo que es el medio acá, decidí irme”, precisa. Le fue bien: de Estados Unidos se mudó a Canadá, después firmó contrato para dirigir el colegio de las Naciones Unidas en Nueva York y desde ahí voló a Nigeria, donde se hizo cargo del Rising Stars y del Sunshine Stars de la liga de ese país. Con este último, se clasificó -por primera vez en la historia del club- para la Copa de Confederaciones Africana 2011, en la que llegó a semifinales. Ahora tiene otro objetivo: el Black Aces, de Sudáfrica, lo convocó para salvarse del descenso.
“Cuando emigrás, al comienzo, es duro. El idioma, por ejemplo, es una traba. Yo había estudiado inglés en el colegio, pero fue difícil. Hoy manejo algo de italiano, portugués, un poco de francés”, cuenta desde Johannesburgo.
El hijo del cantante popular (se llama igual que su padre) dice que su actual lugar de residencia no es la verdadera Africa: “Acá estamos bárbaro, me ofrecieron todo de primera. El departamento lo elegí yo, queda en el mejor lugar de la ciudad. Es una zona parecida a cualquier lugar de Estados Unidos”, describe. Allí está con su novia, la exmodelo Alejandra Moraco.
Lo extraño lo vivió en Nigeria: “Es un lugar muy pobre, era tremendo. Por ejemplo, para nosotros el agua no es un bien preciado, hasta podemos olvidarnos la canilla abierta. Allá era al revés, escaseaba. Vivíamos en un hotel tipo tres estrellas, que tenía aire acondicionado, una televisión con seis canales, restaurante y bar. Era un lujo para ellos. Y el único lugar seguro donde se podía comer más o menos bien. Ojo, la carne era imposible. Comíamos omelettes, arroz. La cadena de frío no existe. Ellos comen con la mano y se las lavan en un recipiente que está al lado del plato”, enumera. Y sigue: “En el equipo teníamos diez pecheras y una sola pelota. Y eso que éramos profesionales”. Sin embargo, destaca el espíritu del futbolista africano: “Representan fielmente a su raza. Hay un potencial futbolístico enorme en este continente. A pesar de la falta de recursos, son un pueblo alegre, divertido, respetuoso y educado, pero con un alto grado de desorganización en algunos aspectos, y eso se ve reflejado en el campo de juego”.

RODOLFO ZAPATA es poco conocido en la Argentina, pero un verdadero maestro para el plantel de Black Aces, de Sudáfrica.

Rolo, como lo apodan, no puede negar que extraña: los afectos (su papá y sus dos hermanas viven aquí) y las charlas sobre fútbol. “Tengo una escuela de fútbol en Bella Vista. Cuando vuelvo y escucho las discusiones sobre táctica, me pica la nostalgia”, explica. Y afirma que a ningún lado va de vacaciones: “Vine a ganar, no a perder el tiempo. Mi carrera me llevó por distintos caminos y yo siempre perseguí mi desarrollo profesional. Una de las claves para un técnico es la adaptabilidad rápida a los distintos clubes, planteles, organizaciones, países, culturas, comidas, economías y situaciones deportivas. Y yo hago eso. Siento que siempre tengo la valija preparada”.
-¿Te gustaría dirigir en la Argentina?
-Uno tiene que tener objetivos altos, pero a veces el país es injusto y no te da la posibilidad. La realidad es que no tengo muchos contactos ahí. Eso sí, sigo la actualidad por internet, por la tele y también cuando voy de visita. Igualmente, yo siento que represento el estilo del fútbol argentino.

Por Ayelén Pujol/ Ilustración: Natalia Figueroa.


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