Notas de la revista

Peñarol de América

- por O.R.O.: 12/04/2010 -

Es bicampeón en la Liga del continente. De equipo de la segunda mitad de la tabla de posiciones en nuestra competencia a protagonista de la cumbre. Hay un puñado de razones para explicar su consagración.

Nota publicada en la edición Marzo de 2010 de la revista El Gráfico

LA FRASE del entrenador Sergio Santos Hernández, en su quinta consagración internacional con un club, fue contundente de la realidad del juego: “Peñarol sabe ganar sin jugar bien”. Pero hay que adentrarse en las entrañas de este club de barrio de Mar del Plata (el Materno), fundado el 7 de noviembre de 1922, para entender otros motivos.

BICAMPEON. Lo señala Sergio Hernández, con Martin Leiva.

DESEO DE SER COMPETITIVO
La adhesión del Club Atlético Peñarol a nuestra Liga Nacional fue a partir del minuto cero, desde los tiempos heroicos cuando la lucha empezaba, a través de la decisión emprendedora del dirigente Roberto Otálvarez, hoy radicado en España. La primera vez que se juntaron los clubes argentinos para empaparse de la propuesta motorizada por León Najnudel fue el viernes 30 de abril de 1983 en la ciudad de Paraná. Se reunieron 28 entidades más una asociación. Peñarol fue uno de los presentes, entusiasta para empujar el movimiento que crecía y presto para insertarse en la novedad competitiva que se venía en el básquetbol argentino.
Puesta en marcha la nueva estructura del país, ganó el ascenso a la elite en 1987, siendo segundo de Provincial de Rosario. En 1988 tuvo su primera intervención en la máxima categoría. En ambos casos fue conducido por Horacio Juan Seguí. Sin interrupciones, ahora está sumando su 23o participación.
Hay una constante que identificó a los “Milrayitas”: la perseverancia en las diferentes épocas para enfrentar y superar los resultados esquivos. En la mayor parte de sus campañas fue un equipo de la segunda mitad de la tabla de posiciones (12 veces sobre 22). Sin embargo, nunca se entregó aferrado al objetivo de estar lo más arriba posible. Así, por sus planteles desfilaron nombres de predicamento. El único título de campeón en nuestra Liga Nacional “A” lo logró en 1994, con Marcelo Lorenzo Richotti, Esteban Pablo De la Fuente, Ariel Mario Bernardini y Diego Mario Maggi, cuando sesenta mil personas salieron a recibirlos a la ruta y a las calles en la llegada desde General Pico. Fue histórico: nunca se había visto un recibimiento deportivo tan multitudinario en Mar del Plata. Los dirigió el bahiense Néstor Rafael García, el mismo que fue entrenador rival en la consagración de esta vez en la Liga de las Américas.
Sufrió, pero bregó hasta encaramarse en la cumbre. En las últimas tres ediciones de la Liga Nacional, con la presidencia de Domingo Gabriel Robles, no bajó del podio, con dos finales jugadas en 2007 y 2009. La razón hay que buscarla en aquel anhelo pionero que enarbolara Otálvarez de querer ser competitivo.

JUBILO. El plantel de Peñarol destaca con las manos que conquistaron dos de las tres Ligas de las Américas realizadas desde el año 2007.

EL QUE BUSCA, ENCUENTRA
Un argumento decisivo para que Peñarol llegara a las últimas finales de nuestra competencia fue el aporte ofensivo de Brian Dwayne Jackson Jr., elegido el jugador más valioso de la temporada, distinción que por primera vez correspondió a un jugador extranjero. Pero La Unión de Formosa le ofreció un contrato superior y entonces el norteamericano de Maryland cambió de equipo.
Los marplatenses debieron rearmarse. Buscaron a alguien dentro de la misma onda goleadora y así empezaron con Brian Russell Woodward. Jugó 12 partidos y promedió 13,0 puntos. “Es buen jugador, pero necesito otra cosa”, especificó el Oveja. Hoy Woodward está en Boca Juniors, porque dejó su lugar a Michael Allen Jones. Jugó apenas 8 partidos con 13,5 de media. Hernández continuó con su rigor: “Muy individualista, no me convence”. El directivo Alfredo Bruno Miño amplió con esta explicación: “El equipo tiene una sola ficha extranjera y por eso Sergio quiere alguien más determinante”. El entrenador insistió: “El extranjero ideal es uno que tenga lectura de juego y que, además de meter puntos, pueda pasar la pelota”. 
Así, para el 2010, apareció Kyle Lamonte, escolta de 25 años y 1,91 m, natural de Davenport, Iowa. Venía de ser goleador en el Uruguay, jugando para Aguada, con 32,8 puntos de promedio en 29 partidos, tras un breve paso por el Banvit Kulubu de Turquía.
Metió 39 puntos en el decisivo choque contra Halcones de Xalapa y fue clave en la definición del suplementario (señaló 7 de los 10 puntos de Peñarol), lo que gravitó en su premio como Jugador más Valioso (MVP) del cuadrangular final. Lo reconoció su compañero Leo Gutiérrez: “Nos merecíamos el título por todo lo que habíamos hecho a lo largo del torneo. Halcones fue un rival durísimo, que no se entregó nunca. Gracias a Dios pudimos salvarlo. Lamonte jugó bárbaro y nos entregó el trofeo: fue increíble lo que nos dio”.  

TATO, EL SIMBOLO. Pablo Sebastián Rodríguez en su 14° temporada en el club.

UN CONFIABLE APORTE JOVEN
Los tres tienen la misma altura: 2,00 metros. Los tres pasaron por Selecciones Nacionales formativas. Los tres llegaron escalonados al club y Hernández los viene utilizando sin titubeos para retocar y fortalecer al equipo en cancha. Siempre rinden.
Marcos Daniel Mata (nacido el 21 de mayo de 1986) es marplatense, originario del Kimberley local. Hernández lo estabilizó en la formación inicial como alero de variada contribución. Veloz. Está en el rebote y en la marca, y se viene animando a convertir de tres cuando menos se espera.
Alejandro Gabriel Diez (21 de febrero de 1987) se vino de Estudiantes de Olavarría, su ciudad. Ala pivote. Va por su cuarta temporada en Peñarol.
Es el prototipo del luchador infatigable, del que no da nada por perdido. Tozudo. Pelea y pelea. También acostumbra a sorprender con el triple escondido.
Sebastián Ernesto Vega (9 de julio de 1988) es de Gualeguaychú. Alero. De Central Entrerriano, cumple su segunda Liga Nacional con los marplatenses. Múltiple, puede cubrir las tres posiciones del perímetro.
La última joyita es de Córdoba, de Municipal, y se llama Facundo Campazzo (23 de marzo de 1991). Chiquito de 1,79 m. Apareció con el título de campeón sudamericano de cadetes con Argentina en Posadas 2007. Sin tenerlo a Raimundo Legaria en plenitud, a Hernández no le tembló el pulso para mandar al pibe a la cancha que alternara con Tato Rodríguez en la base. Respondió con aplomo. La periodista Florencia Cordero, de Radio Brisas (FM 98.5 de Mar del Plata), le hizo la primera nota. Tiene este concepto de él: “Es un chico que juega como un adulto. Se hace respetar. Con personalidad, sacrificio y cierto desparpajo que lo hace impredecible”.
Peñarol no es sólo Primera División. La revitalización impulsada en sus divisiones formativas lo llevó a ganar las Ligas Nacionales en cadetes (2007) y juveniles (2008).
   

TODO SERVICIO. Aquí Marcos Mata ataca. Sobresale por su aporte en defensa.

LA PASION POPULAR
Peñarol es el club más convocante del básquetbol argentino. Lo siguen masivamente hasta cuando juega de visitante. En la última temporada encabezó la estadística oficial de la Asociación de Clubes, cuya tabla computa hasta la segunda fase. Promedió 4.797,68 espectadores en sus 22 jornadas realizadas en el Polideportivo Municipal Islas Malvinas de Mar del Plata, cuyo sector, en el codo arriba del viejo tablero electrónico que da a las avenidas Juan B. Justo e Independencia, se convierte en el eje del aliento. La parcialidad más bullanguera se autodenomina “La Nº 6”.
El hincha de Peñarol es consecuente, fervoroso, sanguíneo. Algún grupo, incluso, cayó en el desborde y perjudicó al equipo con quita de puntos, un tema que exige corrección.
Las tres finales contra Atenas de Córdoba jugadas allí en 2009 fueron a lleno apoteótico. La última noche de la Liga de las Américas tuvo el importante marco de 7.500 espectadores para un escenario con capacidad para 8.300, con un total de más de 18.000 entradas vendidas en las tres jornadas, muy bueno para este tipo de torneos internacionales.
Los carteles que tapizan su tribuna testimonian la pasión. Vale esta muestra: “Si ser de Peña es pecado… tengo el infierno asegurado”. “Nada ni nadie nos hará cambiar el amor y la pasión por ti”. “Vivir sin ti no puedo”.   “Hay momentos para sufrir, pero una vida para amarte”. “Vivir y no amarte sería imposible”.

LA REVELACION. Facundo Campazzo (der.) con Alejo Sánchez, hijo del Huevo.

AS DE ESPADAS
El club necesitaba un contraataque para remediar las pérdidas del centro Román González, que se fue a Quimsa de Santiago del Estero, y de Jackson. El golpe que dio fue tremendo: le sacó a Leonardo Martín Gutierrez al estelar Atenas. Es el único basquetbolista que se consagró campeón de nuestra Liga Nacional con cuatro clubes diferentes y, de manera apabullante, el jugador más dominante del Siglo XXI. Fue campeón en 2002 y 2009 (Atenas de Córdoba), 2005 (Ben Hur de Rafaela) y 2007 (Boca Juniors de Buenos Aires). Leo aclara: “Con los equipos que gané no fueron logros personales, fueron logros colectivos. Cuando salí campeón, fue porque era parte de muy buenos equipos. Ningún campeonato lo gané solo”. Para ello completa: “Tuve buenos maestros, eso sí. Jugadores muy ganadores que tenían muchos campeonatos luchando y luchando. Sebastián Uranga en Olimpia; Marcelo Milanesio, Pichi Campana y Diego Osella en Atenas… Tipos que, pese a que habían ganado un montón de cosas, siempre los veía con las mismas ganas, o más todavía, de volver a ganar. De eso te vas contagiando y vas viendo cómo lo encaran, y te hace preguntar: ¿por qué yo no lo puedo hacer?”.
Leo, evidentemente, llegó a Peñarol para ser campeón de la Liga Nacional. Como aperitivos, ya logró el Súper 8 (con MVP incluido), el torneo que se institucionalizó como corte de la competencia, y ahora esta Liga de las Américas. Dos conquistas muy festejadas. Pero el máximo desafío –ya se sabe- sigue siendo el motivo por el que lo llevó Peñarol.

Por O.R.O. / Fotos: Marcelo Figueras / FIBA Américas
 

Por O.R.O.: 12/04/2010

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