Fútbol

El verdadero Fabbiani

- por Redacción EG: 20/02/2009 -

Oscar, tío de Cristian, el resucitador de River, fue un goleador implacable en Chile, con la camiseta de Palestino. Como su sobrino, recibió el apodo de un dibujito animado, Popeye. Su palabra desde Santiago.

Popeye jugó con la Selección chilena la Copa América 1979.

Antes que Shrek, estuvo Popeye. Y no se trata de un actual y de un viejo dibujito animado. No. Oscar Fabbiani, bien real, trabaja hoy en el área de Deportes de la Municipalidad de Recoleta, en la zona metropolitana de Santiago de Chile. Oscar es el tío del nuevo condensador del amor de River y parte importante en la vida del delantero de 25 años.

Cuando Cristian Fabbiani tenía ocho, Miguel Angel, su padre y hermano de Oscar, murió por un problema cardiorrespiratorio, con solo 40 años. Eran tiempos de Ciudad Evita y la personalidad de Cristian se estaba forjando. Allí, el pibe eligió como descarga el fútbol. “Cristian nació jugando al fútbol en el barrio. Como a mí, a él también le decían Rata cuando era chico, por lo flaco. Siempre mis hermanos me tenían al tanto de lo que pasaba, porque yo estaba en Chile. Su personalidad cambió cuando murió Miguel Angel, un hombre que lo quería todo el mundo. Y a Cristian le pasa lo mismo. En eso es muy parecido. Su padre era muy dado, abierto y charlatán, y cuando Cristian va al barrio, pasa lo mismo”, cuenta el tío del Ogro a elgrafico.com.ar.

Oscar Fabbiani, 58 años, es un ex goleador de permanente consulta en Chile. En Argentina, donde nació, empezó en Justo José de Urquiza, pasó a San Martín de Tucumán y después a Estudiantes de Buenos Aires, donde quedó libre. En busca de un futuro, arribó a Chile, y al poco tiempo a Palestino, el club donde fue tres veces goleador del campeonato, en 1976, 1977 y 1978. Oscar salió campeón en 1978 y subcampeón en 1986, ya en su segunda etapa. Además, participó con la Selección chilena de la Copa América 1979 y peloteó junto a Elías Figueroa, un defensor con jerarquía mundial, y Carlos Caszely, otro gran goleador. “La diferencia con Cristian es que yo jugué mucho tiempo. Era de tirar paredes y, además, empecé jugando de ocho. En sí, somos diferentes. Cristian tiene una fuerza impresionante. Yo podía jugar más retrasado, en eso era diferente a él, que tiene mucha fuerza y una habilidad terrible con la pelota”, compara.

Oscar posibilitó la llegada de su sobrino a Palestino, en 2004, y marcó fuerte las decisiones del reciente resucitador de River. “Yo recuerdo una entrevista, donde a Cristian lo relacionaban con Boca. Y él dijo que no iba, que era hincha de River. Entonces lo llamé y lo reté, porque es un jugador profesional. Sin embargo, ahora está en River, que es lo quería. Por eso entró en la hinchada. Ojalá sea mucho más y no sólo esto”. Fabbiani chico ayudó a descontracturar un ambiente, a veces, histérico. Al respecto, Oscar examina: “Cristian cayó justo. Era el jugador que necesitaba el equipo. Él es muy alegre y River venía de salir último. Creo que se sintió el cambio. Son de esos jugadores que disfrutan el fútbol, pero que juegan para el equipo y para los compañeros”.

Popeye estuvo cerca de vestir la banda roja, a principios de 1979, vaya casualidad, justo cuando River no pasaba un buen momento, pero por un problema contractual, la chance pasó, y los goles viajaron a los Estados Unidos. En su primer torneo con el Tampa Bay Rowdies, otra vez terminó al tope de la tabla de goleadores. Hasta llegó a jugar en la despedida del alemán Franz Beckenbauer -que actuaba en el Cosmos de Nueva York- con Pelé, Johan Cruyff y Gerd Müller. “Tengo hermosos recuerdos. Pero el premio más lindo fue cuando se me acercó Beckenbauer y me agradeció por ir”, rememora.

Popeye, apodado así en Estudiantes de Buenos Aires por su fuerza y por su pera, cierra con una respuesta interesante. En parte, calma las pavadas y vierte agua sobre las hogueras prendidas por el sobrepeso del Ogro, que, cuando juega, es un puro fútbol de potrero. Y, como aportó Radamel Falcao García, su compañero, “es un delantero que desdramatiza el juego, que hace cosas raras y que divierte mucho”.

-¿El peso es lo de menos cuando se sabe qué hacer con la pelota?
-Sí. Es el caso de Cristian. Si le bajan tres o cuatro kilos no va a ser el mismo. A él lo han puesto con régimen y no han podido. Yo lo veía y decía que así, gordo, no podía jugar. Pero es increíble, es así. Horacio Rivas, el entrenador que tuvo en Palestino, dijo que se resignó con el peso, porque con la técnica marcaba la diferencia.

Roberto Parrottino
Por Redacción EG: 20/02/2009

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