Reportaje publicado en El Gráfico en la edición de noviembre de 2008

DAVID, como lo llaman los íntimos, o Chango, apodo de Quilmes; en el Monumental.

1 ¿Sentís que el fútbol fue generoso con vos, que te llevó a grandes clubes sin ser un dotado técnicamente?
Muchos dirán: “Mirá la suerte de este tipo”, pero yo estoy convencido de que no se llega a hacer una carrera como la mía sólo con suerte. Al fútbol le di todo lo que tenía, y quizás mi carrera fue en mérito a mi gran entrega. Muchos que me criticaban pueden pensar que el fútbol fue generoso, yo pienso que no.
2 ¿Pero coincidís en que no eras un gran talento para llegar adonde jugaste? El jugador de fútbol es la suma de un montón de cosas, no sólo de talento. Es preparación física, es cuidado personal, es sacrificio, es temperamento... Tener menos talento no es ser peor jugador; ser buen jugador, para mí, es una suma de cosas.
3 ¿No te sentís identificado con Eber Ludueña? No, no (risas), exagera demasiado.
4 ¿Cuándo y por qué empezaste a ir al psicólogo? Cuando dejé de jugar y por recomendación de mi señora. Convivir conmigo se estaba tornando muy difícil. Creía estar bien, pero dentro de mí pasaban demasiadas cosas malas para que así fuera.
5 Te pegó mal ser un ex. Sí, y de un modo bastante particular. Yo siempre fui muy ordenado y aplicado. En el colegio nunca me llevé una materia; si había que correr 100 metros o hacer 20 abdominales, los hacía. Pero no terminaba de disfrutar. Y al dejar el fútbol, pasé a estar tanto en mi casa que ese orden me transformó en un obsesivo compulsivo.
6 Contá cinco obsesiones. Ordenaba la heladera como en un supermercado, con los yogures todos en fila. Agarraba las camisas ya planchadas, las desdoblaba y las volvía a doblar para que quedaran todas iguales y por color. Cada vez que me bajaba del auto lo aspiraba. Y no podía ver un almohadón del sillón fuera de su lugar. ¿Está bien?
7 Falta una. Estacionaba el auto en el garaje y las ruedas debían quedar paralelas a las líneas de los cerámicos. Y recriminaba al que desacomodara algo. Entonces: o aceptaba ir al psicólogo para seguir viviendo con mi familia o indefectiblemente tenía que irme a vivir solo. Y no quería porque amo a mi familia. Lo traté y empecé a encontrar los porqués...
8 ¿Cuáles eran? Una forma mía de llenar el vacío que me produjo dejar de jugar. De un día para el otro, ya no sos lo que eras. Sentís que perdés tu esencia. Hoy sigo yendo al psicólogo pero más espaciado. Abro la heladera y puedo verla desacomodada, pero si llegan las cosas del supermercado, las guardo yo. Es un avance. Estoy mejor, al menos puedo convivir con el desorden y no recriminarte nada. Te dejo vivir. Antes no lo hacía.
9 ¿Tus padres también eran obsesivos? De los padres uno saca lo bueno y lo malo, lógico. Mi vieja fue siempre de limpiar sobre lo limpio y eso lo absorbí. Y mi viejo tiene un carácter... es de Libra, como yo. Muy tranquilo, ¡pero que no se enoje! Cuando se enojaba rompía puertas de una trompada. Lo de las puertas me lo traje conmigo.

GOL DE VIVAS, en el debut del Boca de Bilardo. Lo abraza un tal Diego Maradona.

10 ¿Sos rompeportones?
En todas las casas donde estuve, rompí puertas. A veces por la falta de lógica en las discusiones; en un punto me salta el compact y rompo puertas.
11 ¿Como ayudante también sos obsesivo? Tengo cosas. Llevo un registro de cada entrenamiento desde que somos técnicos. Anoto el plan diario de trabajo, quiénes no están y por qué motivo, los trabajos tácticos, quién se para en qué posición en los ensayos, con qué sistema jugamos, paso el plan diario del profe y termino pegando la síntesis del partido que bajo de internet. Así, todas las semanas. Cuando termina el semestre, queda todo en un cuaderno que le paso al Cholo.
12 ¿Videos? Una empresa nos edita, pero Guly está más abocado al tema. Al rival lo miramos los tres, siempre los últimos tres partidos: cómo le llegan, cómo atacan y hacemos un compacto. Eso lo sacamos de Bielsa. Después, al jugador le pasamos pequeños fragmentos para que no se disperse.
13 El Guly, un maestro: hizo Milan e Inter, Gimnasia y Estudiantes, Boca y River. El Guly no tiene bandera (risas).
14 Si te gritan “Chango”, ¿te das vuelta? Sí, y seguro que es alguien de Quilmes, me lo pusieron ahí. En Suiza no corría el Chango.
15 ¿Por qué te pusieron David, un nombre bíblico? Mi mamá me quería poner Milton David, pero cuando mi papá me fue a anotar no se lo aceptaron y entre mi viejo y mi padrino decidieron Nelson. Mi mamá se enteró después. Igual, en casa siempre fui David.
16 Tenés un ringtone incorporado. Así es: si me gritan “David” es de la familia o círculo íntimo; “Chango”, de Quilmes; y “Nelson”, alguien del fútbol que no me conoce tanto.
17 ¿Preferías Nelson o Milton? No sé, son dos nombres uruguayos y a mí me encantan Uruguay y los uruguayos.
18 ¿Sos de San Nicolás o de Granadero Baigorria? Nací en Baigorria y a los nueve meses me fui a San Nicolás. Me considero nicoleño, salvo cuando lleno un formulario.
19 Hincha de... Independiente. Mi papá es de San Lorenzo, pero en el colegio uno se hacía del que ganaba para que no te cargaran. El Rojo andaba bien y a mí me gustaba Bochini, lo tenía en un póster en mi habitación y en la carpeta del colegio.

PRIMER CICLO en Quilmes, donde llegó con 21 años. Es el de pelo largo, a la derecha.

20 ¿Fuiste a verlo alguna vez?
No. La primera vez que entré a una cancha de fútbol fue para jugar. Y encima, de grande: a los 21 años, en Quilmes. Rarísimo. Para mí era todo nuevo. Mi viejo nunca tuvo auto y laburaba muchas horas, era soldador en la fábrica Somisa. No íbamos a Rosario o Buenos Aires. Yo seguía los partidos por radio y a través de El Gráfico, que coleccionaba mi viejo. Un día se humedecieron y mi vieja los tiró.
21 ¿Vos laburaste? Un tiempo, en un taller de herrería de mi tío.
22 ¿Pasaste privaciones? Jamás pasé hambre, pero tampoco sobraba. Les daba valor a cosas que hoy mis hijos no les dan, como tomar una gaseosa o festejar el día de cobro de quincena de mi viejo. Ese día se llenaba la heladera. Duraba poco: con mi hermana la atacábamos porque el resto de la quincena estaba bastante pelada.
23 ¿Tu primer autógrafo? No se rían: se lo pedí a Darío Víttori, el actor. Estaba en una heladería de San Nicolás, lo vi salir del teatro y fui corriendo con una servilleta en la mano. Me pegué un porrazo, llegué machucado y me dijo: “¿En essste papel te tengo que firmar?”. Tampoco lo admiraba tanto, era el primer conocido que veía en San Nicolás.
24 ¿A vos, te piden autógrafos? Menos que cuando jugaba, pero firmo. También recibí puteadas. Suelo hacer que no escucho. Se da una constante: si la persona te reconoce de frente, y te dice “¿Qué tal, Nelson?”, todo bien, pero si el “Nelson” lo escuchás cuando está pasando o cuando pasó, no me doy vuelta porque seguro viene la puteada. Y si son más de uno, no hay chance de error.
25 ¿Siempre fuiste cuatro? De muy chico, mi viejo estaba decepcionado porque mi hermana andaba todo el día detrás de la pelota; y yo, ni cerca. A los 6 años empecé en el baby de Don Bosco. En un comienzo no se me veían condiciones... bueno, tampoco sé si después se me vieron (risas), pero no cazaba una. Hice todas las inferiores de volante central. Después, por mi contextura y mi temperamento, Rubén Pagnanini, el defensor campeón del mundo en el 78, me puso de cuatro en Somisa y ya no cambié. Tenía 17 años.
26 Lo del temperamento... Me echaban siempre. Por dar patadas, por calentón, por todo. El menú completo.
27 ¿Cómo caíste en Quilmes con 21 años? Venía de probarme en varios clubes y siempre me decían “Te vamos a llamar”, pero no me llamaban. Intenté en Newell’s, Central, Independiente, Gimnasia y Estudiantes. Y nada. Después de la colimba hablé con mi viejo: la idea era trabajar o estudiar bioquímica, mi otra pasión. Justo ahí me llamaron de Quilmes. Hugo García era el técnico y parece que le llegaron comentarios buenos de lo que había hecho en Olimpo, en un regional.
28 Esta vez pasaste la prueba. Me llevaron engañado: me dijeron que estaba adentro. Y no era así. Si me hubieran dicho que era una prueba, ni iba. Quilmes se entrenó una semana en Ezeiza y yo jugué sin presión, liberado. Además, tuve suerte: esa semana Lucho Malvárez se peleó con el técnico, rescindió el contrato, quedó el puesto vacante, y firmé.
29 ¿Cuánto hiciste de colimba? Completa, por gil: 14 meses y un día. En San Nicolás, un batallón de ingenieros de combate. Tenía que generarle paso a una tropa en el agua: inflábamos cámaras grandes y poníamos encima barras de hierro. Una vez, el 18 de octubre, día de mi cumpleaños, calor tremendo, me hacían laburar como un animal, cargar vigas de acá para allá, y en un momento no me la banqué más y susurré un “Milico y la concha de tu madre”. Me escucharon. Conclusión: me llevaron carrera march cuerpo a tierra, media hora, y estuve 15 días preso. De estar a punto de irme en la primera baja, en noviembre, me terminé quedando hasta mayo.

DE TAQUITO también sabe. Fue hombre clave en la era Bielsa y se quedó sin Mundial.

30 ¿Cómo diste el salto del ascenso a Boca?
Estuve tres años en Quilmes: dos en el Nacional B y uno en Primera. Fueron muy buenos: me quería Menotti para Boca y Passarella para River. De hecho, fui a Boca; enseguida Daniel pasó a la Selección y me convocó.
31 El técnico que más te enseñó. Los técnicos son celosos de estas respuestas, por más que haya pasado el tiempo. Por ejemplo, si contesto “Bielsa”, Daniel va a decir “Este es un desagradecido”, porque él me llevó a la Selección cuando en Boca no jugaba y me bancó. Entonces, paso.
32 Llegaste a Boca y Menotti te definió de una manera particular. “Vivas es una abeja”, dijo. Supongo que era por lo rápido y no por lo molesto. Era muy vertiginoso en mi juego. Una vez, cuando me echaban seguido, Carlos Trullet me dijo: “Sos una bolsa de gatos con un perro adentro”.
33 Si fue raro pasar del ascenso a Boca, más raro aún saltar de la segunda de Suiza al Arsenal. Fue por el Mundial. A la distancia, ir a la segunda de Suiza fue una locura, no tenía ni idea de lo que hacía. Era enero del 98, estaba a las puertas del Mundial y como no tenía mi espacio en Boca, que había traído a Solano, decidí ir al Lugano. Rendí, ascendimos, Daniel me vio y fui al Mundial.
34 Y en el Mundial, jugaste. Cuatro de los cinco partidos, falté contra Holanda porque estaban recuperados Chamot y Sensini. Contra Inglaterra, era el sexto en la lista de los penales, por suerte se cortó antes; estaba sufriendo en el círculo central y cuando atajó Roa, para mí fue una alegría doble.
35 No contaste cómo caíste en el Arsenal. Wenger buscaba un lateral derecho, se le cayó Ferrer, un español que fue al Chelsea, les gustó mi Mundial y me contrataron. Pensar que antes de irme a Suiza, estuve cerca de firmar en Deportivo Español. A mí siempre me pasó eso: cuando las cosas pintaban mal, me terminaban saliendo bien.
36 Describí a Arsène Wenger. Me sorprendió, era innovador. No tiene preparador físico, por ejemplo. Yo veía la dinámica del fútbol inglés y pensaba: “¡Cómo deben entrenarse!”. Y, salvo en la pretemporada y para recuperar lesionados, no trabajan físicamente. Wenger hace mucha posesión de pelota en espacios reducidos, todo cronometrado: ejercicios de frecuencia de paso, técnica de la carrera, aros, maniquíes, cuatro arcos. Nunca hacíamos práctica de fútbol de once. El tipo es muy preparado, máster en Economía, maneja el presupuesto del plantel. Mi contrato, yo lo arreglé con él.
37 ¿Recordás el canto que te hizo la hinchada? Sí, lo tengo en un CD porque al fin de la temporada las grababan. La mía era hemosa. La gente me quería, ahí jugué en casi todas las posiciones menos de lateral derecho.
38 Si hoy vas al estadio del Arsenal, de 100 hinchas, ¿cuántos te piden autógrafos? Y, alguno que otro me pediría. Cuando fui de vacaciones a lugares con ingleses, me preguntaban si yo era yo.
39 ¿Cómo es el vestuario inglés? Frío. Sólo una vez tuvimos una reunión grupal. El inglés bebe mucho, los planteles toman cerveza a lo loco, pero nosotros teníamos a Tony Adams, recuperado de alcoholismo. Wenger no permitía que se tomara alcohol en las concentraciones ni en los viajes. Una sola vez dijeron: hoy se junta el plantel a tomar unas cervezas. Citaron a las cinco de la tarde, porque allá a las once menos cuarto toca la campana para anunciar la última copa. Esa vez nos juntamos en un lugar privado. Yo llegué a las nueve, me fui a la una y algunos que estaban desde las cinco seguían chupando.

LA GRAN JUGADA. El amague de piña a Rivaldo, en el 2-1 por las Eliminatorias 02.

40 Te pasaron cosas raras en las canchas inglesas...
Estuve en un partido histórico: la primera vez que un jugador agredió a un árbitro. Fue Di Canio, que empujó al juez; yo estaba al lado. Ese Di Canio estaba loco. Otra vez, en pleno partido, entró una pareja de la mano, los dos en bolas y con sobretodo. Me vino la pelota a mí, el tipo soltó a la mina, me empezó a correr y me tiró una patada...
41 También estuvo el penal que nadie quería patear. El técnico me hizo una seña a mí y me lo atajaron. Después Wenger me criticó, no estuvo muy bien.
42 Te falta el día que pidió repetir un partido. Contra el Sheffield. Se cayó un jugador nuestro, los rivales la tiraron afuera, se la devolvimos; el central de ellos demoró en agarrarla, Overmars se hizo de la pelota, tiró el centro, metimos el gol y ganamos 2-1. En el vestuario, Wenger nos dijo que había sido una conducta antideportiva y que iba a pedir que se repitiera el partido. ¿Se imaginan una situación así en la Argentina? Volvimos a jugarlo y ganamos otra vez.
43 Cuando vino a la Argentina, Henry recordó que no te podía hacer el dos-uno. Hablamos varias veces con Tití, pero la pared no me la comía. En Inglaterra, el sueco Ljungberg me puso “The Kicking Machine”, la máquina de pegar patadas. Yo pedía amarillas para los rivales y me cagaban a pedos en el vestuario, era una deslealtad. Pero ir fuerte es una característica que se valora. Y se juega duro: a mí me cortaron por todos lados. En los entrenamientos también me mataban a patadas: Vieira, Keown, Adams...
44 ¿Te animabas a decir algo en el Boca de Bilardo, Maradona y Caniggia? No, calladito en un rincón. Aparte era nuevito. De muchas cosas, seguro no me daba cuenta.
45 Usaste la “10” de Diego. Una vez, y daba para la joda. Fue un partido que Diego no jugó y me dieron la “10”, no sé por qué. Obviamente, no jugué en su posición.
46 Sos de los pocos que pueden decir que hicieron un gol de atrás de mediacancha, ¿te acordás? ¡Cómo no me voy a acordar! Fue en Corrientes, contra Huracán, un tiro libre desde mi campo. Le tiré el centro a Guerra, la pelota lo sobró, también al central, el arquero se confió y fue gol. Ganamos 3-1.
47 No eras alto pero cabeceabas bien, ¿cuál es la clave? Tenía bien incorporada la técnica del salto. Hoy, un montón de jugadores saltan con los dos pies juntos. No es así.
48 ¿Te sorprende lo que está pasando con Riquelme? Sí. Estuve con él en Boca y tuvimos una buena relación. Era un chico que recién empezaba, no el Román de ahora, pero lo considero una gran persona.
49 ¿Qué se te cruzó por la cabeza cuando le amagaste la piña a Rivaldo? Nos habíamos hecho un gol en contra, no queríamos perder ese partido, me acababan de amonestar… Rivaldo se me tiró con los dos pies hacia delante, se va la bola al lateral, y con la impulsividad del momento me salió tirarle una piña. Era lo que tenía ganas de hacer, pero me contuve. Fue la mejor jugada de mi carrera: de cada 10 que me vienen a decir algo, 9 me hablan de esa jugada.
50 ¿Volviste a cruzártelo en una cancha? ¿En una cancha? ¡¡En el ascensor, me lo cruzaba!! Yo estaba en el Inter, él llego al Milan y vivíamos en el mismo edificio. A veces coincidíamos en el ascensor. No nos decíamos ni hola. Ni siquiera nos mirábamos.
51 ¿El sabía quién eras? Supongo que sí. Encima, un día llego a casa y estaba mi nene jugando con otro. ¿Quién era? El hijo de Rivaldo. Insólito.
52 ¿Alguna vez practicaste boxeo o artes marciales? No te da el físico para hacerte el compadrito. Venía entrenado porque de chico me peleaba mucho. El Guly cuenta que él iba a ver los partidos de Somisa de mi categoría, porque siempre terminaba peleándome con otro; había garantía de boxeo.
53 Fuiste un jugador muy cuestionado en tu carrera, ¿sentís que al final te llegó el reconocimiento? El reconocimiento me llegó justo en el momento en que me rompí los ligamentos, antes del Mundial 2002. Me había ganado un lugar en la Selección, me sentía valorado por mis compañeros, había dado vuelta la situación...
54 Pero te rompiste la rodilla... Sí, y de una manera muy tonta: en una práctica y solo. La recuperación fue rapidísima, pero a diferencia del Cholo, no llegué. El se había lesionado seis meses antes del Mundial; yo tres meses antes de dar la lista.
55 ¿Cuál fue tu gran virtud, como jugador? Mi velocidad, mi agresividad para ganar, mi temperamento. Al fútbol siempre le di todo lo que tenía y quizás con lo poco que tenía, hice lo que hice por entregarme al máximo.

MARCA a Michael Owen, en Francia 98.

56 Desde Bilardo a Menotti pasando por Bielsa, te destacaron como un jugador importante para el grupo, ¿por qué?
Siempre entendí que el grupo es el que consigue los objetivos, y trataba de expresar esa idea. No con reuniones, porque no era de los que más hablaba, pero sí por mi forma de ser. Hay jugadores que ven relegadas sus posibilidades y no tiran del carro igual que los demás. Y sin querer hacerle maldad al DT, dicen para adentro: “En vez de cambiar yo, espero que este se vaya y que mi suerte sea otra con el próximo técnico”. Ahí el jugador no entiende que si su entrega es máxima y el grupo consigue el objetivo, probablemente su anhelo individual se concrete. Ese es el mensaje: dejar de lado las pretensiones individuales y entregarse a las del grupo.
57 ¿Vos lo entendiste? Algo tarde. Por eso es básico el rol de los formadores de inferiores. No sólo en el aspecto técnico, físico, táctico y de alimentación. No es menos importante que aprenda desde chico cómo tiene que desenvolverse dentro de un grupo.
58 La murra más fuerte que diste. A un yugoslavo, Goran Djorovic, en un amistoso de la Selección que perdimos 3-2 en Mar del Plata. Llovía, piso mojado, lo agarré de atrás y el tipo debió salir. Después lo tuve de compañero en el Celta. Una vez me comenta: “Un día fui a jugar un amistoso a la Argentina y un animal me rompió todo”. “Era yo”, le dije. No entendía nada.
59 ¿Es cierto que en el Inter recibías a los nuevos pidiéndoles perdón? Fue una casualidad. Apareció Ronaldo y le pedí disculpas por una patada que le había dado con la Selección. Y enseguida cayó Recoba. Y lo mismo: lo había atendido contra Uruguay. “Pará de pedir disculpas”, me jodía el Chino.
60 El jugador que más loco te volvió. Ryan Giggs, del Manchester. Es rapidísimo, recibía en tres cuartos y me encaraba de frente. Nunca sabía para qué lado iba a ir.
61 ¿Mantienen el restaurante con Zanetti y Guly, en Milan? Ahora es sólo de él. En el Inter, el Pupi es Dios.
62 ¿Te arrepentís del sopapo a Sambueza?  No fue un sopapo, fue una calentura que con mi experiencia no debí protagonizar. El me tiró un caño porque lo necesitaba para salir de la jugada, y yo entendí que perdiendo 4-1 con la reserva, el caño estaba de más. Apenas terminó el incidente, le pedí disculpas y le dije que tirara todos los caños que quisiera.
63 En Boca también te agarraste con Benetti. Ahí sí nos peleamos: él le metió un planchazo a un pibe de Reserva y yo salté. Bilardo nos mandó al vestuario.
64 ¿Cuándo nació la amistad con el Cholo? Ahora, desde que trabajamos juntos. Antes, sólo éramos buenos compañeros.
65 ¿Por qué creés que te eligió como ayudante? Ni idea, no lo hablamos nunca. El dice que le tengo que hacer un monumento porque me sacó del borde del suicidio (risas).
66 ¿Es muy hinchapelotas en el día a día?  A veces sí, pero como tenemos suficiente confianza, podemos decirnos sin problemas “No me rompas las pelotas” o “Te estás poniendo denso”. El Cholo, para el tipo que no lo conoce, tiene una imagen muy distinta a lo que él es en realidad. Si no lo conocés, por ahí te parece soberbio o pedante. Y nada que ver: en la intimidad es una persona dócil, accesible, respetuosa.
67 ¿Es parecido a Bilardo, en las obsesiones? Se le mete una idea en la cabeza y la tiene que plasmar o, al menos, desarrollar. Por ahí tiene una punta y hasta que la mastica recorre un proceso que no abandona nunca.
68 ¿Siempre tuviste claro que querías seguir en el fútbol? No. Tuve propuestas no relacionadas con el fútbol y las iba haciendo a un lado, hasta que llegó la del Cholo. Me llamó cuando vino a jugar a Racing, para decirme que quería que integrara su equipo de trabajo. Mi gran duda era si iba a estar a la altura. Me tomé una semana y le dije que sí.
69 Como ayudante, te expulsaron de movida. En el tercer partido, el 0-3 con Boca en La Plata. El Cholo me había mandado al otro lateral a darle indicaciones a Schaffer; me vio el línea y me echó.  “Volví pleno”, pensé.

CHOLO. Debut mundialista en Francia 98, con la camiseta 14 que usaría Simeone.

70 ¿Vas a ser siempre ayudante o pensás ser DT?
En el futuro, no sé qué pasará; hoy estoy muy cómodo con el Cholo, siento que he crecido muchísimo y que aprendo un montón a su lado. Y me gusta lo que hago.
71 ¿Tratás de calmarlo? De afuera se lo ve muy loco. Trato, pero tiene que ver con su temperamento y un poco con nuestra juventud como técnicos. En 10 años me lo imagino más calmado.
72 ¿Por qué les cuesta tanto encontrarle funcionamiento a River? Nos está costando de verdad. Igual, no se ve en ningún lado un fútbol vistoso.
73 ¿Dónde te imaginás en febrero del año que viene? Trabajando, espero.
74 ¿En dónde? El fútbol es tan vertiginoso que uno nunca sabe. La dirigencia de River nos manifestó el deseo de renovar, pero también se vienen partidos clave.
75 ¿El Cholo tiene ganas de un descanso, de ir a Europa o de seguir en River? Ni siquiera me lo ha dicho a mí. Mi deseo es el de seguir trabajando, pero el mayor porcentaje de la decisión pasa por él. Nos consulta, pero la cabeza es el Cholo.
76 El Cholo es bastante cabulero, ¿vos también? El tema es complejo, parece que fundamentás todo el trabajo en eso, que está todo supeditado a las cábalas. Nosotros creemos en el trabajo, básicamente; después, hay costumbres que repetís si te va bien. Por ahí firmaste una planilla justo después de almorzar, ganaste, y lo seguís haciendo así. Es más fuerte que uno, pero no al extremo.
77 ¿Le llevarías el talco al Cholo? Esas cosas prefiero no hacerlas. No digo que esté mal, sólo que prefiero no hacerlas.
78 ¿Tu máximo orgullo como DT? Lo que más nos gustaría a nosotros, más allá de que uno siempre quiere ganar, es que después de pasar por un plantel puedas sentir que al jugador le dejaste algo. Está bueno que el jugador que tuviste pueda crecer desde que lo agarraste.
79 Tu día más feliz en el fútbol. Cuando tocaron el Himno, en el Mundial 98.
80 ¿Y el más triste? Cuando llamé a Marcelo para avisarle que no llegaba al Mundial. Estuve tres meses recuperándome y esperando ansioso su llamado. Lo hizo un día para decirme que viajara a Roma para probarme. A mí sólo me faltaba soltar la pierna con el remate. El día antes de ir, probé y me dolió. Y le tuve que decir que no viajaba.
81 ¿Cómo fue el diálogo? Me dijo cosas muy lindas, que me las guardo para no quedar como pedante. Su única duda era por qué yo, sabiendo que si me operaba era casi imposible que llegara al Mundial, no había probado con reforzar la musculación y jugar con el cruzado roto, como hacen muchos. Por qué no había probado sin operarme. Pero yo no quería subirme al avión sólo por jugar mi segundo Mundial, ir diezmado por una cuestión de vanidad personal y quitarle la chance a otro. El lo entendió y me lo agradeció.
82 ¿Mantenés contacto con Bielsa? Sí, cada tanto me llama. Cuando fuimos campeones con Estudiantes, a los tres meses estaba manejando por la autopista y me suena el teléfono. Era Marcelo. Nos felicitó por el título, me hizo comentarios del funcionamiento del equipo y de golpe me pregunta adónde iba. “A La Plata, al Guly le faltaba uno para completar un fútbol cinco y me invitó”. Y Marcelo me dijo: “Mire, Nelson, lo poco que sabré yo de fútbol. Usted, para mí, era fundamental y ahora está yendo a un picado porque falta uno”.
83 ¡Hacía chistes! La del Kily es conocida pero muy divertida. La Bruja tenía un auto hermoso que llevaba siempre a la concentración. Una vuelta, el Kily estaba sentado en la butaca del conductor. Pasa Bielsa. “¿Adónde va?”, le pregunta. “A ningún lado, lo estoy mirando”, contesta el Kily. “¿Le gusta el auto?”, sigue. El Kily asiente. “Cómpreselo, entonces, ¡carajo!”, le mandó Marcelo. El siempre decía que los jugadores le dábamos lástima porque teníamos todo al alcance y no podíamos disfrutar de nada.
84 ¿Se parece el Cholo a Bielsa? Tomamos cosas de él, sobre todo en metodología de trabajo: dividir la cancha con cintas, marcar los sectores.
85 ¿Hablaste con Bielsa acerca de por qué se fue de la Selección? Me contó algunas cosas más; pero, por supuesto, quedan ahí.
86 ¿Cómo lograste que un duro como Bielsa dijera una vez: “A Vivas, lo quiero”? Marcelo es un tipo con sentimientos, aunque no se permita demasiado demostrarlos. Si lo dijo es porque habré aportado cosas.
87 El partido más jodido, el que más te insultaron. Un Boca-Ferro en la Bombonera, donde terminamos 2-2. Me puteaban por los cuatro costados. Me puteaban los de Ferro, los de Boca, me puteaban cuando agarraba la pelota, cuando la pasaba, cuando me tiraban un pase larguísimo y no llegaba. Todos. Mi señora estaba embarazada y fue a la cancha: me dijo que no iba nunca más. Ese día metí el 2-1 de cabeza y lo festejé casi llorando.
88 Sos de lágrima fácil, ¿no? Sí, me emociono seguido, de alegría, y también lloro de bronca, de impotencia.
89 ¿Recordás alguna jugada que la hinchada propia te festejara con ironía? Me pasó en River. Y fue uno de los motivos que alimentó mi decisión de terminar. En esa disyuntiva entre el aplauso irónico y la puteada, prefiero que me puteen.
90 Se completó con el famoso dibujo de tu hijo. Tenía que dibujar a la familia en el colegio, yo concentraba casi toda la semana porque jugábamos Copa y torneo, y puso a mi señora a mi hija y yo no estaba. Me sacudió. Eso, sumado a que ya no tenía fuerzas para intentar revertir la situación deportiva, me hizo largar. A los siete meses volví a Quilmes porque había prometido retirarme donde empecé y aún tenía algo de ganas de jugar.
91 Iba a ser el cierre ideal en Quilmes y terminaste mal. Reclamamos una deuda y no nos entrenamos para un partido de Copa. No contamos con el respaldo del técnico y para la gente quedó que reclamábamos algo indebido. El reclamo suele caer en los referentes; yo era uno y la ligué. Me pareció injusto y por eso me fui diciéndole de todo al presidente. Yo no había ido a Quilmes por la plata; todavía tengo la carta que me escribió el presidente afirmando que pocas veces se veía un caso como el mío, en que un jugador resignara lo económico por ir a un club.
92 Con Alfaro, terminaste mal. Tan mal que hasta hubo empujones. Ya como ayudante del Cholo en Estudiantes se acercó a darme la mano en un partido contra Arsenal, por el Apertura 06. Lo saqué cagando. “Andate traidor”, le dije.
93 ¿Por qué “traidor”? Porque especuló con la situación. El sabía bien lo que hacía. Declaró que no era el momento para reclamar, pero antes había estado con nosotros en las reuniones afirmando que nos apoyaba. Tendría que habernos bancado, pero no lo hizo para no pelearse con los dirigentes, para no quedar como conflictivo en pos de su futuro como entrenador. Y, al poco tiempo, se fue a San Lorenzo...
94 ¿Por qué les pusieron nombres exóticos a tus hijos? Nahuel y Luana tienen un significado en mapuche, y a mi señora le gustaba ese condimento. Nahuel quiere decir “tigre”; y Luana, “la más linda de la tribu”. Después vino Mía. Esa la entendemos todos.
95 Los mejores amigos del fútbol. El Guly, Zanetti, Almeyda, Braña, Alayes, Benítez, Desábato, Colombo. Con Ariel (Ortega) tenía una muy buena relación hasta el incidente.
96 Cuando decís “tenía”, ¿es por vos o por él? Yo no tengo problemas para nada, incluso hablé con él después de su salida de River. Lo llamé porque no quería encontrármelo el día de mañana en algún lugar sin haber hablado antes. Le pedí que me dijera todo lo que tenía para decirme; fue una charla en buenos términos.
97 Ariel no sólo criticó al Cholo, sino también a vos. No lo escuché, pero me contaron que hizo alguna declaración no muy buena sobre mí; yo lo entiendo como parte del problema que padece, no tiene nada que ver con lo que siento por él. Cuando leí la nota a su hermana en Olé, coincidí en lo que decía ella: Ariel no es una mala persona, sino todo lo contrario, se torna agresivo y aleja a todos de su lado por su problema. En el fondo, no piensa lo que dice.
98 ¿No había una posibilidad intermedia? ¿Que tuviera privilegios y que el plantel lo aceptara? Entendemos que el grupo está por sobre todas las cosas y no era el primer incidente de Ariel.
99 ¿Sienten que se equivocaron en algo, que se podría haber evitado llegar al límite adonde se llegó? Nosotros estamos muy tranquilos con la forma en que manejamos el tema. De afuera es fácil opinar cómo debería resolverse una situación así; que yo haría esto o lo otro, pero estando del lado de quien conduce es bastante más difícil. Hicimos lo que creimos correcto.
100 ¿Estuviste de acuerdo con la decisión del Cholo? Sí.

Por Diego Borinsky y Martín Mazur


0 comentarios

mensaje

Te quedan 500 caracteres
PUBLICAR