LAS CRÓNICAS DE EL GRÁFICO

1982. Argentina busca revalidar el título

Por Redacción EG · 26 de mayo de 2018

Con la base del equipo campeón del mundo más Diego Maradona, Argentina llega a España como favorito. Revivimos la crónica y las fotos de la primera ronda de la Selección en el Mundial 82.



Recostado en su habitación del hotel El Montíboli, en Villajoyosa, con una postal del Mediterráneo pintada en esa ventana, Juan Barbas escuchó la preocupación que envenenaba el pecho de Diego Maradona, el genio descartado para el Mundial 78, el pibe diplomado de maravilla en el Juvenil 79…

–Esto no me gusta para nada, Juan. Parece que diéramos por descontado que les pasamos el trapo a todos y todavía no jugamos ni un minuto.

La intuición le funcionaba fenómeno a Diego… La Selección deambuló por el paraíso en los tres años que siguieron al Mundial 78. El primer ciclo del Flaco Menotti había demostrado que una política seria –“Selección Nacional, prioridad número uno”– y una tarea responsable de las famosas tres patas –jugadores, cuerpo técnico y dirigentes– eran el único camino para colocar al fútbol argentino en un podio acorde con los jugadores angelizados que generó desde el principio de los tiempos.

Un año después del título de mayores llegó la consagración en el Juvenil de Tokio 79. Aquel magnífico trabajo iniciado por el maestro Ernesto Duchini derivó en un grupo de chiquilines que, dirigidos por Menotti, asombró al mundo con un fútbol exquisito que ofreció a Maradona y al Pelado Díaz como máximas expresiones del talento.

Los mayores tampoco se quedaron quietos. Incluyendo el partido de celebración ante el Resto del Mundo por el primer aniversario del título –golazo memorable de Diego para la victoria por 1 a 0– y la participación en el Mundialito 81 celebrado en Montevideo, la Selección jugó 31 partidos. Una cifra que reafirmaba el camino del ciclo anterior.

PLANTEL ARGENTINO MUNDIAL ESPAÑA 1982





2


Héctor Baley


Arquero




7


Ubaldo Fillol


Arquero




16


Nery Pumpido


Arquero




8


Luis Galván


Defensor




13


Julio Olarticoechea


Defensor




14


Jorge Olguín


Defensor




15


Daniel Passarella


Defensor




18


Alberto Tarantini


Defensor




19


Enzo Trossero


Defensor




22


Jose Van Tuyne


Defensor




1


Osvaldo Ardiles


Mediocampista




3


Juan Barbas


Mediocampista




9


Américo Gallego


Mediocampista




10


Diego Maradona


Mediocampista




12


Patricio Hernández


Mediocampista




4


Daniel Bertoni


Delantero




5


Gabriel Calderón


Delantero




6


Ramón Díaz


Delantero




11


Mario Kempes


Delantero




17


Santiago Santamaría


Delantero




20


Jorge Valdano


Delantero




21


José Valencia


Delantero

 





Lógico: Argentina llegó a España como favorita. Así invitaba a pensar la mixtura entre el plantel anterior y las figuras surgidas del Juvenil. Se diría que provocaba susto con sólo repasar los nombres: el coraje de Passarella, los reflejos increíbles del Pato Fillol, la inteligencia táctica de Ardiles, la categoría de Olguín, los pulmones del Tolo Gallego, la personalidad del Conejo Tarantini, el gol hecho rayo en los pies de Ramón Díaz y la magia infinita de Maradona, que luego de ser campeón con Boca acordaba su incorporación al Barcelona…

Ese, precisamente, era el favoritismo que a Diego le olía tan mal. Para colmo, no eran pocos los integrantes del plantel que consideraban desmedido el endiosamiento que el cuerpo técnico hacía sobre el rendimiento de Bélgica, rival en el partido inaugural. Pública o privadamente, se hablaba de la dinámica colectiva y de sus rasgos individuales como si se tratara de Holanda del 74.

En consecuencia, fermentó un cóctel fatídico entre el exceso de confianza de un grupo –aquellos que manejaban la convicción de que los rivales eran pan comido– y el desproporcionado respeto a los belgas de parte de otros. Resumiendo: aburguesamiento más temor.

Esta vez, era un problema del plantel, nada tenían que ver los dirigentes. La AFA, ya en manos de Julio Grondona, había hecho su parte a la perfección. Y nadie negaba la existencia de un factor externo que condicionaba el espíritu y se llevaba no pocas horas de charla en la concentración: la Guerra de Malvinas. Mientras ese plantel se alistaba para jugar un Mundial, millares de argentinos, tan jóvenes como ellos, empuñaban un fusil para defender a la patria en el campo de batalla. Una situación que detonaba contradicciones entre los jugadores, varios de los cuales sostenían que Argentina no debía jugar ese Mundial.

Llega el Campeón, con Grondona y Menotti a la cabeza.


Bélgica sacó provecho de ese mapa de situación. No bien empezó a rodar la pelota, quedó claro que la cuesta sería difícil de remontar. Argentina lucía inconexo. Se enchufaba de a ratos. Apenas si levantaba vuelo con alguna ráfaga de Diego, a quien le cometieron un penal evidente que el árbitro Christov pasó por alto. Pero sólo eso. Sin ser el cuco de los presagios iniciales, los belgas mostraron un bloque compacto y solidario, astuto y generoso. Fueron superiores durante todo el desarrollo y clavaron el puñal de la diferencia con el gol de Vandenbergh.

El cachetazo de la derrota sirvió en un punto. Fue el despertador para los embriagados de exitismo. En la concentración hubo una descarnada reunión. Menotti habló largo y enérgico. Dijeron lo suyo los experimentados. Tuvieron voz y voto los más pibes. Y se generó un compromiso a partir de la arenga del entrenador: “Es hora de jugar como los verdaderos campeones del mundo.” Cuatro días después, esperaba Hungría en el estadio José Rico Pérez, de Alicante. Y Argentina fue una fiesta de fútbol.

Jorge Valdano debuta en un Mundial contra Bélgica; fue derrota 1 a 0.


Toque, circulación, audacia, gol. Todos los ingredientes que se le pueden reclamar a un equipo vitaminizaron un 4-1 inolvidable. Que trajo como yapa los dos primeros goles de Diego Maradona en la historia de los Mundiales. Uno de palomita, casi abajo del travesaño. El otro de afuera del área, de zurda.

La prensa internacional derramó cataratas de elogios para Diego. Y los jugadores de El Salvador –último escollo del grupo– tomaron debida nota y lo transformaron en presa de su cacería en el partido del 23 de junio, nuevamente en el calor sofocante de Alicante.

Argentina necesitaba ganar para clasificarse. Lo hizo por 2-0, pero retrocedió notoriamente en su rendimiento. Jugó un fútbol lento e impreciso, plagado de desniveles. Y tuvo que lidiar contra la complacencia del árbitro Barrancos, exageradamente contemplativo ante el arsenal de brusquedades desplegadas por los centroamericanos.

Gallego en el mejor partido de Argentina en el Mundial. 4 a 1 con Hungría.


En la fase de grupos esperaba a la Selección de Menotti y Maradona dos equipos que ya conocían el sabor de la gloria mundial: Italia y Brasil.



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