LAS ENTREVISTAS DE EL GRÁFICO

Facundo Sava, en primera persona

Por Redacción EG · 02 de junio de 2010

El artífice de la gran campaña de Quilmes en la B Nacional y de reciente paso por Ferro, recuerda su estadía en el fútbol inglés, la época en Gimnasia LP con sus innovadores festejos y más.


Nota publicada en la edición mayo 2010 de la revista El Gráfico

EL REPOSO del guerrero. Una fractura de dos costillas le puso freno a su estilo arrollador.
EL FUTURO PUEDE ESPERAR. Hace un tiempo dije que iba a seguir hasta los 35 o los 40 años, ahora tengo 36 y me siento bárbaro. Pero es cierto que estoy trabajando para que el retiro no me agarre de sorpresa. El adiós es algo que da vuelta en la cabeza del jugador y en verdad hoy me siento todavía con muchas ganas. Vos me preguntás si tendrá mucho que ver en mi decisión si se da el ascenso de Quilmes y debo reconocerte que sí, que sería un incentivo. Pero en realidad yo sigo disfrutando mucho de los partidos y también de los entrenamientos. No me veo para largar, porque estoy bien físicamente, entero, hice una buena pretemporada con un rendimiento a la altura de los más jóvenes del plantel.

EL TEMA DE LA MALA LECHE. En el partido frente a Defensa y Justicia salté a cabecear y sentí un golpe eléctrico en la costillas. Fue un codazo de Frontini que entiendo fue sin querer, yo no soy de pensar en la mala leche de mis colegas, pero que me dolió no tengas dudas. Algo terrible, casi no podía respirar y se lo dije al referí y a los médicos. Ocurrió casi al final del partido, pero me impidió estar listo para los encuentros clave. Igual, espero llegar para la definición. ¿Aquel puñetazo de Saja, el arquero de San Lorenzo? Resultó muy bravo, me rompió el pómulo derecho y tuvieron que internarme. Tremendo, pero aquella vez me dolió dos días la cabeza y después pasé bien el período de recuperación. Esta vez fue diferente, no me podía reír ni estornudar. Es bravo romperse dos costillas. No, tampoco le guardo rencor a Saja, siempre pienso que son cosas del fútbol, por más dolorosas que resulten para uno.

RECORDANDO EN INGLES. Fue una decisión muy buena para mí y mi familia vivir en Inglaterra. Pasamos una temporada no muy extensa, pero que supimos aprovechar. Hice amigos allá, con los cuales me sigo escribiendo y también trabé buena relación con argentinos que estaban allá y que luego se vinieron para acá. Es otro ritmo de vida, otras costumbres, pero impera más que nada el respeto, y eso es algo invalorable. Además, el Fulham era un club muy de barrio, muy familiero y futbolero. A la cancha van chicas y chicos junto con sus padres. Hay un lindo clima y eso lo aprecia el jugador. La gestión para la transferencia la hizo Gustavo Mascardi, pero aunque había ofertas del fútbol de Italia, Alemania y España, los dirigentes del Fulham vinieron a verme personalmente y me siguieron mientras jugaba. Así, decidieron que yo tenía que vestir la camiseta de su club. Y la verdad es que les agradeceré eternamente el haberme llevado.

TODO CAMBIA. Mi paso por Gimnasia fue espectacular. Era la mejor época del club y, al revés de lo que pasa hoy, no era una buena etapa de Estudiantes. Esos clásicos eran impresionantes, se respiraba un clima de los que a mí me gustan. La exigencia de ganar, lejos de ser una carga es una motivación que tal vez no se pueda explicar con palabras. Les hice varios goles a los pinchas, siempre me fue bien contra ellos. Recuerdo un gol mío para una victoria por 3-2 sobre la hora, que hizo explotar las tribunas. Una maravilla que justificó una nueva manera de festejar de la que mi hice adepto.

LOBO ESTA. En La Plata, hizo goles de todos los colores con la camiseta de Gimnasia.
ENMASCARADO DEL GOL. No, yo no inventé el tema de los antifaces y las máscaras para festejar los goles, pero me resultó una buena idea, para desdramatizar el fútbol. Se le ocurrió a Fernando Gatti, un compañero que tuve en Gimnasia, quien me insistía que tenía que celebrar de una manera diferente. Un día, antes de aquel clásico platense, se apareció en el vestuario con una guirnalda y un antifaz. Le hice dejar la guirnalda, pero el antifaz me lo llevé debajo de la media por las dudas que se diera la oportunidad. Salió tan redondo lo del festejo que al otro partido jugamos como locales y se armó otra vez el carnaval. Había como ocho mil antifaces en la cancha. Nunca tuve la intención de agraviar a nadie, lo sentía como una cosa simpática, para darle el verdadero sentido que debe tener el juego por más profesional que sea.

EL VALOR DE LA PSICOLOGIA. Me recibí de psicólogo social en la escuela de Pichón Riviere de la calle 24 de Noviembre y Carlos Calvo de la Capital. Allí, en la primera escuela de esa profesión, cursé tercero, cuarto y quinto año. Antes, había cursado el primero en Castelar y el segundo año en La Plata. Me encantó hacerlo, fue muy instructivo y también muy divertido. Se estudiaba todo en grupos, sobre la base de los trabajos de campo, coordinación y teoría en grupos de menos gente, 15 o 16 alumnos, pero siempre con orientación grupal. De mucho valor para aplicar sobre todo en el fútbol, porque es una actividad que da para trabajar en psicología y mucho. ¿Si ejerzo como psicólogo social? Directamente no, pero indirectamente sí, todo el tiempo, con los compañeros, con la familia y con los amigos. A mí la psicología me ayudó a reacomodarme en el fútbol y en la vida, porque había llegado un momento en el que estaba para dejar de jugar, debido a un bajón anímico. Por suerte, me recuperé y ahora miro las cosas de diferente manera. Le apunto a lo positivo. Y además, ahora al psicólogo van hasta los que decían que no servía para nada. Yo escucho siempre y aprendo cada día. La psicología hace mejor al fútbol y a las personas.

EL AULA, COMO EL ARCO. Siempre me gustó estudiar, tenía cierta facilidad. Empecé ciencias económicas en Morón y La Matanza, pero decidí cambiar porque me llevaba mucho tiempo, no tenía coche y me acostaba de madrugada, nunca llegaba antes de las doce de la noche a mi casa. Ahí pensé que no podía seguir a ese ritmo, porque si no me tenía que olvidar del fútbol; y a mí jugar al fútbol y hacer goles me gustaba demasiado. Por eso decidí cambiar el foco del estudio, pese a que estar en el aula era como estar frente al arco. Nunca me llevé materias, salvo inglés que me dio trabajo, pero del que zafé gracias a una compañera de oro que lo dominaba a la perfección. Era costumbre pasarme los veranos jugando y disfrutando porque no tenía nada que rendir.

LA BUENA HERENCIA. Lo del estudio seguro que es un bien de familia. Mi viejo, Alberto, psicólogo social, fundó y coordina grupos de teatro, música, mimo, pintura y poesía. Graciela, mi mamá, es maestra jardinera ya jubilada. Mis hermanos también son profesionales: Axar, además de ser traductor de inglés y diseñador gráfico toca muy bien la guitarra, integró el grupo Interama; y Dalmiro es kinesiólogo, preparador físico y director de una escuela en Moreno. Pero fue mi viejo el que me instó a seguir su misma profesión, sabiendo que el fútbol es una actividad donde se puede desarrollar cabalmente.

APRENDIZAJE. Lo que más aprendí es a sociabilizarme, compartir cosas con tipos diferentes. Todos somos criados de manera distinta, pero debemos respetar al otro. No, tirar un caño nunca me desveló, pero sí poder gritar un gol, jugar bien, ganar. Tal vez lo que incorporé me hubiera gustado tenerlo antes. Hace diez años que hago terapia y de haber empezado con anterioridad, hubiera aprendido a pasarla mejor con la pelota. La terapia me ayudó muchísimo.

RESPETAR LA PASION AJENA. Yo soy hincha de Racing, pero no por eso voy a mirar mal o menoscabar a uno de Independiente. Mi ejemplo es Eduardo Sacheri, el escritor, tan de Ituzaingó como yo. Es hincha de Independiente, pero él quiere que su hijo disfrute también con el fervor de los otros, que no sirve para nada generar odio. Yo respeto a los Rojos como en su momento respeté a Estudiantes. El sentimiento principal, al fin y al cabo, es de amor y jamás de rencor. Y eso es lo que trato de inculcarle también a mi hijo, que ahora tiene 6 años, que no es colorado como yo, tiene el pelo castaño, y es hincha de Quilmes. Pero yo no lo presiono, él está en la edad de jugar a lo que le plazca y en eso anda. Con la pelota, pero también con los coches y las bicicletas. Todo le viene bárbaro y está bien. Si algun día quiere ser jugador de fútbol, yo lo voy a respaldar; pero por ahora que sea feliz jugando sin compromisos.

LA ETAPA XENEIZE. En Boca me fue bárbaro, un tiempo de crecimiento notable. Me llevó Carlos Bilardo. Yo venía de Ferro y en verdad ingresé a otro mundo, en una etapa del club que no era sencilla, pero a la que yo le dí la importancia que tenía para mi carrera. Aprendí mucho con Bilardo y también con el Bambino Veira. Había dirigentes muy profesionales, gente exigente como a mí me gusta. Yo era chico, estuve poco tiempo pero cada vez que me tocaba entrar lo hacía con plena satisfacción. No hice goles, pero nunca me quejé por eso. Para mí fue una experiencia fantástica. Y me llenó de orgullo que una noche, bien tarde, Bilardo me llamara a mi casa para agradecerme todo lo que había dado por la camiseta. “Seguí así, que te va a ir bárbaro”, me dijo, y eso no lo voy a olvidar jamás.

GRITALO FACUNDO. En primera marcó 109 goles. Hizo su debut con Ferro ante Huracán. También pasó por Inglaterra y España.
NO SOY DE PELEARME. Se habló mucho de las discusiones que mantuve con Mostaza Merlo en Racing, pero me sacó por un partido y todo lo que tenía que decirle se lo dije de buena manera y él también me respondió igual. Es otro de los tipos con los cuales me cruzo y me saludo sin problemas. El también me llamó para agradecerme lo que yo me había brindado a la camiseta de la Academia.

LA BRONCA MAYOR. Pero reconozco que todavía hoy me dura la calentura que me agarré cuando una mujer chocó violentamente con su auto la parte de atrás de mi coche. Ella me dio datos de una compañía trucha, me hicieron responsable a mí como si yo hubiese dado marcha atrás y mi compañía de seguros tampoco me defendió. A la mujer y al auto, un Renault 12, nunca más los vi; pero si los encuentro hoy no sé qué puede pasar.

LA SELECCION. Nunca me desveló, pude ir cuando estaba Bielsa a cargo, pero no se dio y eso que yo jugaba en Gimnasia y era mi mejor época. No es una cuenta pendiente, aunque por cierto que me hubiera gustado vestir la camiseta nacional. Mi gran sueño es llegar a ser técnico del equipo argentino. Es una meta que me propuse y espero que se me dé. Así como tuve de pibe el sueño de que Víctor Hugo me relatara un gol en Primera y se me hizo realidad, esa misma ilusión tengo de estar al frente de nuestra Selección.

FACIL DE ELEGIR. Como voy a ser técnico seguro, y espero debutar en algún club de Buenos Aires, y ya soy psicólogo social, no va a haber dificultades para elegir cuando cuelgue los botines. Las dos profesiones se complementan y cada día son más útiles para el crecimiento del deporte colectivo.

LO MAXIMO. Para mí, Maradona fue lo más grande. Ver jugar a Messi es un placer como también lo era mirar el despliegue de Batistuta o ahora mismo la capacidad de Palermo para moverse en el área. Ellos son dos ejemplos de lo que debe hacer un profesional, demostrando que hay que matarse para hacer bien lo que a uno le gusta. Diego como jugador me hizo emocionar hasta erizarme la piel y hace poco Messi me provocó el mismo sentimiento.

Por Carlos Rodríguez Musso / Fotos: Jorge Dominelli

Ver artículo completo

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR