¡HABLA MEMORIA!

1987. 25 años de Hugo Gatti en el fútbol

Por Redacción EG · 20 de septiembre de 2019

El Loco cumplía sus primeros veinticinco años como jugador profesional, sus inicios en Atlanta, la llegada a Boca, su paso por River. La ¨boda de plata¨ entre un referente de los tres palos y el fútbol.


Soy de Boca y del país

Cuando jugamos el amistoso con Vélez, hace pocos días, me crucé con el loco Willington. Nos abrazamos con cariño, recordando viejas épocas, y me despidió con una frase que sentí llena de admiración y respeto: "¡Todavía estás jugando!". Me fui para el arco y en un par de segundos me rodearon un montón de imágenes, empezando por la de mi vieja, que sigue viviendo en Carlos Tejedor. Y hasta volví a escuchar su profético rezongo, lo que me dijo cuando yo tenía 16 años: "¿Por qué no te vas a Buenos Aires, vos? A lo mejor te va bien con el fútbol y dejás de vaguear por el pueblo. ¡Así no vas a llegar a nada!"

Hugo Gatti, con el atuendo más extraño vestido por un jugador de Selección en la historia, cumple una de las actuaciones de su vida para que Argentina venza 1 a 0 a la URSS bajo la nieve.

Todo lo que pasó después me sigue pareciendo increíble. El viaje a Buenos Aires en el Rastrojero de mi hermano Chon, la prueba en Altanta. . Ese día me metieron como 14 goles, yo me daba por fusilado, pero el Nano Gandulla me tranquilizó: "Pibe, usted se queda". El Nano fue el primer técnico importante en mi carrera, pero no el único, por eso quiero aprovechar esta oportunidad para decirle gracias a Osvaldo Zubeldía, a Renato Cesarini, al Toto Lorenzo, al Flaco Menotti, y al mejor preparador físico que conocí en mi vida, ese hombre excepcional que es Adolfo Mogilevsky.

En este momento tan especial también debo recordar a Pichino Carone, que me paró cuando yo me quería volver para Carlos Tejedor, abrumado por una ciudad enorme como Buenos Aires y porque mi ansiedad me hacía creer que no me daban la oportunidad. ¿Cómo olvidar la amistad de Luisito Mime y de Garlitos Griguol? Yo siempre digo que uno sale derecho o torcido, según le vaya en los momentos fundamentales de la vida. Yo tuve una gran suerte: el día que mi hermano me dejó con una valija de cartón en la puerta de Atlanta, me encontré con los consejos de Artime y Griguol. Ellos me dijeron: "Pibe, esto es así y asá, cuidate, y el día que veas un mango guardalo bien". Si soy alguien en la vida, seguro que gran parte se lo debo a ellos.

 

Gatti recién llegado a Boca.
 

¿Cómo llegué a jugar 25 años en Primera División? Yo hice algo: atajé, me cuidé, sigo amando al fútbol como el primer día, pero el que decidió lo fundamental fue Dios. Sin la ayuda del que está arriba, nada hubiese sido posible. Creo en Dios y pienso que en realidad me refiero a Él cuando hablo del destino o de la naturaleza, que fue la que me dio los dones para que pudiera ganarme la vida con esto tan hermoso que es el fútbol. Yo se lo agradezco todos los días con la pureza del campesino que aún llevo adentro.

Ricardo Gareca, Hugo Gatti, Carlos Bianchi, Ricardo Bochini y Jorge Rinaldi aceptaron la invitación y posaron como “Los Intocables del Fútbol Argentino”. Foto: Aldo Abaca.

El fútbol me llevó por Atlanta, River, Gimnasia y Esgrima, Unión de Santa Fe, la Selección Nacional, y por fin la gran suerte, lo que quise desde pibe: jugar en Boca. La operación la hizo un gran dirigente, Alberto J. Armando, y el amor lo puso la hinchada. Yo le respondí de la misma manera, por eso todo el mundo me identifica con Boca. Pero en estos últimos tiempos ha ocurrido un fenómeno muy especial, que me llena de orgullo, que es lo más lindo que le puede ocurrir a un jugador cuando se acerca el momento del adiós. Soy de Boca, para siempre, y al mismo tiempo siento el afecto de todas las hinchadas del país. Me aplauden y me quieren, los míos y los rivales. Es una sensación muy especial, difícil de contar. Debe ser el reconocimiento a tantos años de actuación, y porque siempre se impone la verdad: yo vendí un producto bueno y puro llamado Hugo Orlando Gatti.

 

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Parece que estuviera todo dicho. Sólo parece. El estilo, la personalidad, la permanencia en el primer plano, una carrera que se va estirando en el tiempo, quemando records y sumando hitos en la historia.

Gatti fue y es único; fue y es genial. En la parábola que abarca 25 años en primera división, a mí no me quedan dudas: es el mejor arquero que vi en mi vida. Y lo estoy mirando desde su época de Atlanta, a él y a todos sus contemporáneos, por eso la comparación, la opinión que se podrá acompañar o no. Por ahí no tuvo el físico de otros apellidos ilustres del arco, por ahí en reflejos tiene un punto menos que otros grandes, pero en la suma de virtudes le sacó una ventaja a todos. Y pienso que desequilibró a partir de su inteligencia, aquello de que siempre estaba (está) viendo la jugada un segundo antes que los demás, responde a la más estricta realidad. La vieja teoría dice que el arquero ataja y juega, Gatti revirtió la fórmula, primero jugar y después atajar, y le dio un resultado notable.

Hugo Orlando Gatti, jugando para River, nunca le gustó mucho quedarse en el arco. Entonces en pleno Superclásico fue a hacer un lateral.

Se dirá que hay antecedentes en esto de jugar y atajar. Sí, acaso Gatti no haya inventado nada, lo de él podría pasar por el perfeccionamiento de una escuela, pero le agregó un toque de distinción definitivo para el fútbol: personalidad. Que fue más allá de una vincha o de la combinación de colores alegres para entrar a la cancha. La personalidad de Gatti es la bien entendida. Jugó (y juega) bien los grandes partidos, los que deciden, los que hacen la historia. Fue (y es) figura en la Bombonera y en todos los estadios donde le tocó jugar, atajar y quizá divertirse para que se diviertan los demás.

Las palabras, las definiciones, van abriendo otros temas. Hay un juego de tiempos: ayer y hoy. Lo que se está celebrando no es el record o el aniversario de alguien que sigue aferrado al fútbol de cualquier manera, descendiendo en la jerarquía de clubes o extendiendo una permanencia contra la opinión del almanaque o de la sensatez. No. Y por eso me parece más admirable. Yo no creo que éste de hoy sea el mejor Gatti, y también lo sabe él mismo, que es lo fundamental, pero no le está mintiendo a nadie, no está robando aplausos, los sigue ganando, que es otra cosa. El fútbol no perdona errores, al contrario, suele ser muy cruel con los grandes, no perdona la decadencia. Gatti llega a los 25 años en primera división jugando en el arco de Boca, en la alta competencia, en la urgencia de ganar todos los domingos. Esto no necesita otras pruebas, su vigencia queda a la vista. Es el gran mérito que le empieza a reconocer la historia del fútbol, que tiene dos grandes protagonistas: jugador, hincha. A Hugo lo vienen aplaudiendo en todas las canchas: "vox populi, vox dei".

 

El “Loco” y el barro. Foto por Norberto Mosteirin.
 

Lo conozco desde hace muchos años, como jugador y como persona. Siempre se dijo de Hugo que era un individualista, que no era el compañero ideal en un equipo de fútbol. Hay una dosis de verdad y otra de fantasía. Todo empieza en la soledad de ese "campesino" (palabra grata en sus oídos) que un día se vio solo, lejos de su gente, viviendo en la pieza de una pensión. Nunca le gustó el ruido, ni aun cuando fue creciendo su posición económica. Ese solitario se trasladó al fútbol. Fuera de la cancha nunca fue líder, en cambio se transforma cuando falta media hora para empezar el partido, cuando el clima de fútbol lo asfixia de ansiedad, cuando asoman los miedos de los grandes, sean cracks, cantantes o actores. Entonces, cuando se abre la puerta del túnel, cuando se está por levantar el telón, Gatti emerge pletórico, espectacular, grande. El otro, el que se va a su casa, es simplemente un ciudadano más, un padre de familia que con el correr de los años se hizo más comunicativo, "un poco menos salvaje", como dice Nacha, su mujer. Esa comunicación que cada día le cuesta más conseguir con sus compañeros, y que no es otra cosa que un reflejo de la edad: los jugadores que está mirando desde el arco podrían ser sus hijos. Por eso se siente más cómodo tomando un café en la mesa del técnico: un Menotti, un Griguol, un Saporiti, hablan con sus mismas palabras.

Luis Artime, Hugo Gatti y Carlos Griguol brindan en Atlanta dos décadas después de compartir la pensión del club a principios de los 60. “Sin ellos hubiera sido un borracho de campo”, reveló Gatti.

Habría que agradecerle algo más, un aspecto que pocos apreciaron. Siempre buscó (y busca) jerarquizar el espectáculo. Desde los aspectos formales hasta los más profundos. Hace veinte años se vestía con inquietudes de show; hoy, todos los equipos del mundo atienden la estética de la indumentaria. ¡Quién puede negarle que fue un adelantado! Y desde el arco, jugando, o desde la calle pensando, sus ideas apuntaron a mejorar el fútbol. Una recorrida por viejas notas del archivo producen el reencuentro con una frase que Gatti hizo favorita: "Hay que ser rico con los ricos y pobres con los pobres, pero nunca hay que perder la dignidad". Ese fundamento lo puso en el arco, en el área, y desde hace 25 años es parte del fútbol argentino. Tiene un sello: Gatti.

 

 

Por NATALIO GORIN (1987).

Fotos: JOSE TANTESSIO y ARCHIVO "EL GRAFICO".


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