¡HABLA MEMORIA!

Los secretos del fútbol por Fillol

Por Redacción EG · 29 de marzo de 2019

La leyenda del arco, el primer arquero Campeón del Mundo con Argentina, le cuenta a EL GRÁFICO como es el oficio de atajar, aunque él mismo no se defina como un maestro, dejó un legado que quedará para la historia.


El oficio de atajar -

Ante todo, una aclaración: no pretendo ensenarle a nadie COMO SE JUEGA DE ARQUERO. No me siento capacitado para hacerlo. Soy, simplemente, un jugador que ataja. Un hombre de equipo que, a veces, se luce un poco más porque le toca salvar algunos goles. Pero no soy ni me creo UN MAESTRO. Para llegar a ese nivel, que es el de un Amadeo Raúl Carrizo, necesitaría haber terminado mi carrera, no estar en actividad. Mientras juegue, no estaré en condiciones de decirle a nadie que el arco se cubre así, las tapadas deben hacerse de esta manera o de esta otra, la barrera debe armarse así o los penales se atajan de esta forma. Todo lo que puedo contarles, como jugador de este momento, es lo que yo hago y lo que yo hice. Si les sirve de enseñanza a los jóvenes que leen esta serie de EL GRAFICO, mejor. Pero no pretendo ser maestro de nadie.

Este es el tremendo remate que le saqué a Rep en el primer tiempo de la final contra Holanda. Y no exagero nada: la mano izquierda me "picó" durante quince minutos. Fue una de mis mejores atajadas en el Mundial. Por suerte los reflejos funcionaron al ciento por ciento.

El secreto

Creo que el secreto de mi campaña como arquero se resume en cuatro virtudes que cada uno podrá poner en el orden que prefiera y que yo enumero así:

1° REFLEJOS.

2° CAPACIDAD FISICA.

3° DISCIPLINA.

4° AMOR POR EL PUESTO.

Es evidente que no le puedo enseriar a nadie la forma de conseguir reflejos. No puedo explicar cómo y por qué los tengo. Pienso que es una condición natural. Pero no tengo ninguna duda de que mis reflejos me salvaron de muchas situaciones comprometidas ante las cuales reaccioné instintivamente, antes de que el cerebro diera la orden de actuar. Uno no puede confiar exclusivamente en la lógica cuando la pelota pega en algunos y toma un efecto inesperado, ni tampoco puede tirarse cuando el contrario amaga el tiro: debe esperar que la pelota parta. Y cuando el tiro viene envenenado o con mucha potencia, no se puede razonar. Hay que volar o zambullirse, o levantar los brazos o tirar el manotazo al costado. Esos son los reflejos. A mí me ayudaron frente a penales en los que no me podía jugar antes de que me patearan o frente a remates a quemarropa, como aquel cabezazo de Juan Ramón Verón contra Estudiantes, cuando nos jugábamos el Campeonato Nacional de 1975.

Fillol tuvo una carrera llena de éxitos. Debutó en Quilmes en 1969 y se retiró en Vélez en 1990.

La capacidad física tampoco es algo que uno pueda transferirle a otro. Es propio de cada persona. Mis brazos largos me permiten llegar a cualquier ángulo del arco y cubrir mucho espacio, hacia los costados y arriba, cuando salgo a tapar frente al hombre que se cortó solo, aun estando agachado. Mis piernas son dos resortes. Gracias a ellas despego desde y hacia cualquier posición en forma instintiva. ¿De qué me servirían mis buenos reflejos sin mis piernas, que son las que me impulsan para zambullirme o volar, no sólo hacia adelante, sino hacia atrás, cuando la pelota me pasó y viene cayendo detrás de mi posición?

La disciplina con que entreno en la semana y con que actúo en el partido, es la que me permite aprovechar a fondo mis reflejos y mi capacidad física. Esa disciplina es la base de mi rendimiento. Nunca complico una intervención buscando mi propio lucimiento. Siempre pienso en el equipo, en que soy uno más dentro del todo, no el ocupante del puesto más individual que tiene el fútbol. Por eso, simplifico mis atajadas para conseguir, fundamentalmente, seguridad. Colgarme de la pelota cuando viene cruzada puede ser más espectacular. Pero yo trato siempre de poner el cuerpo detrás de las manos. No será tan elegante pero es más seguro. Si alguna vez vuelo, es por absoluta necesidad. En el entrenamiento pongo la misma disciplina. Si me tienen que reventar a pelotazos para que yo llegue al partido con mis reflejos intactos y con mi físico en óptimo estado, lo acepto con gusto. Es parte de mi trabajo y me pagan muy bien por hacerlo de la mejor manera posible.

Destino feliz

Cuando llegué a Quilmes para probarme, podía jugar de 5, mediocampista, o de arquero. Me probaron de arquero. Quedé. A partir de ese día, para mí no existe otro puesto ni otra responsabilidad ni otro gusto que el de cuidar el arco. Ese es mi destino y estoy muy feliz con él. Espiritualmente, me sirve de gran ayuda. Conozco las reglas de juego y acepto que estoy para que me hagan goles. Por eso el gol que me marcan no me desanima. Me amarga, sí, no lo puedo soportar y me sirve de inyección para concentrarme más que nunca en mi trabajo de arquero, para evitar que me hagan otro. Pero no me voltea. Es mi oficio y tiene ese problema. De mí depende que me conviertan la menor cantidad de goles posibles. No tuve ni tengo jugadores que son "mi sombra negra" porque siempre me hacen goles. Para mí todos los rivales significan lo mismo. Ellos están ahí para derrotarme. Yo estoy aquí para evitarlo. Eso es todo.

EN PUNTAS DE PIE -

Al arquero, desde que somos pibes, lo identificamos como el único jugador que puede emplear las manos. De acuerdo. Las manos son fundamentales. Pero debo repetir un concepto: para que lleguen las manos, primero funcionan las piernas. Y para que estas sean un eficaz punto de partida, en cualquier acción, el arquero debe estar parado sobre las puntas de sus pies. Esto no debe entenderse como la imagen que todos tenemos de los bailarines clásicos. En términos futbolísticos pararse en puntas de pies quiere decir que nunca un arquero debe seguir la jugada que se va acercando a su arco con las plantas de los pies apoyadas sobre el terreno. En ese caso corre un grave peligro. Un remate sorpresivo o la necesidad de una salida urgente lo encontrará clavado contra el piso. Su reacción, por lo tanto, sufrirá el retardo de una fracción de segundo, que en fútbol suele ser fatal.

EL CUERPO DETRAS DE LAS MANOS -

Los codos bien pegados al cuerpo para que la pelota no se escape por un costado. El cuerpo, como se ve en la foto, es la segunda barrera.

Ya dije que las manos y las piernas son fundamentales para un arquero. Pero por suerte para nuestro "gremio", los que vivimos con la obsesión de impedir el gol contamos con otros recursos muy importantes a la hora de defender el arco. Por ejemplo el cuerpo, que es un reaseguro. Por eso yo trato de atajar con todo el cuerpo colocado detrás de las manos. Para decirlo con mayor precisión (porque no todas las jugadas del arquero son iguales): ante un remate que viene a media altura, el cuerpo, en el momento preciso de atajar con las manos, debe estar colocado exactamente detrás, de la pelota, y de esa manera se transforma en una segunda barrera de contención en el caso de que las manos, por distintos motivos (potencia, efecto, pelota mojada) no retengan el remate. Algo más: los codos bien pegados al cuerpo para que no se escape por un costado.

LA COLOCACION DEL ARQUERO -

La jugada nunca termina para un arquero. Supongamos que detuve un remate rival. Que apoyé la pelota a un compañero bien colocado y que mi equipo está atacando. Lo peor que podría hacer es desconectarme del partido. No. Hay que seguir concentrado en el juego. Y buscar una ubicación para seguir atentamente lo que ocurre allá arriba. El lugar ideal para mí es el semicírculo del área grande. No estoy lejos de Mi arco teniendo en cuenta donde está la pelota (campo rival), y también desde ahí puedo partir rápidamente a cortar un pase largo a los contrarios, a la manera de un back clásico. Eso sí, sin interferir a ningún compañero y cuando tengo la seguridad total de llegar antes que nadie. A propósito, pienso que un arquero nunca debe cambiar de caballo en mitad del río. En esta jugada que comenté recién o en cualquier otra. Cuando uno se decidió por algo, tiene que jugar esa carta hasta el fin.

ATAJAR BARRIENDO -

Ubaldo Fillol ataja un remate clave en la final del Mundial de 1978 frente a Holanda.

Víctor Rodríguez, uno de los técnicos que tuve en Racing, me decía siempre que frente a un remate de corta distancia hay que atajar ¨barriendo¨ con el cuerpo y con las piernas. De esa forma uno tapa con el máximo de las posibilidades que da el físico. Como en esta atajada en la final contra Holanda, cuando terminaba el primer tiempo. Cabecearon una pelota desde el medio del área hacia mi derecha y cuanto pateaba Rensenbrink para meterla entre mi cuerpo y el palo, me tiré a barrer y la saqué con las piernas.

SIEMPRE TENGO EL ARCO DELANTE DE MIS OJOS -

Aquellos que me observan detenidamente habrán visto que siempre, antes de comenzar los partidos, hago dos marcas sobre la línea del área chica, exactamente en forma perpendicular a cada uno de los postes. Son una ayuda memoria en el momento de las salidas. Sin embargo, mi mejor aliada es la medialuna en sus puntos de unión con el área grande. Ahí, mentalmente, coloco el arco que debo defender, nunca a mis espaldas. La medialuna y la raya del área grande me están cantando la posición de los dos postes del arco. En ese momento, aunque no los vea, yo sé que estoy en el centro del ángulo que forman los dos postes y la pelota. Cuanto más cerca esté del hombre que remata, más reducida es la distancia que hay entre mis manos y la abertura de ese ángulo.

LA ENTREGA DE LA PELOTA -

En un partido de fútbol cuesta mucho conseguir la pelota. Y por eso un arquero no puede rifar su posesión. Por lo tanto —cuando está en mis manos— siempre trato de salir jugando con el compañero mejor colocado, y en el menor tiempo posible, porque un arquero puede y debe ser un gran fabricante de contraataques. Con el pie es difícil conseguir precisión de apoyo, más si uno quiere habilitar a un compañero en campo rival. De ahí que lo más indicado sea pasar la pelota con las manos en el propio sector de defensa. Eso sí, hay una zona prohibida para el pase del arquero (a menos que no haya rivales a la vista), la que podríamos ubicar en derredor del semicírculo. Una falla en ese sector, la intercepción o anticipo de un delantero contrario, lo pondría en clara situación de gol en mi arco. Entonces, hay que salir jugando —cuando de manos se trata, insisto— por los costados, en especial por el opuesto al último frente de ataque, porque allí difícilmente haya jugadores rivales.

En la Selección Argentina atajó entre 1974 y 1985. Formando parte de los Mundiales de 1974, 1978 y 1982, siendo Campeón en su segunda participación.

LOS PENALES -

Sigo creyendo que para atajar un penal hay que tener una gran dosis de suerte. Sin dudas los reflejos ayudan mucho, como el hecho de adivinar la dirección (cuando el ejecutante la denuncia), pero mentiría si dijera que poseo una fórmula para atajarlos. Tampoco es válido aquello de que los arqueros conocemos a los shoteadores rivales. Hoy por hoy, en el fútbol argentino, no hay un jugador que tire los penales siempre para el mismo lado. Por lo tanto poco ayuda la lectura de diarios, revistas, o seguir escenas de otros partidos por televisión. La prueba de ello es que muchas veces "supe" todo (como pateaba tal ejecutante. adiviné la dirección, etc...) y sin embargo la pelota entró por el mismo lugar hacia donde me arrojé. En una palabra, penal, para mí, es un sinónimo de suerte.

VOLAR POR NECESIDAD -

 

Atajando para River en 1980.
 

Si hay algo realmente peligroso y de difícil resolución para el arquero, esto es un remate que en el camino cambia de trayectoria. Los motivos son muchos: un efecto, un pique, la pelota que roza en otro jugador. Digo de difícil resolución porque hay que tener en cuenta que el arquero, en esos casos, ya está casi jugado con la acción original y la trayectoria lógica. A estos imprevistos, también puedo agregar otras circunstancias de juego no menos inesperadas. Hace pocos domingos, por ejemplo, en cacha de Racing, un compañero me quiso dar un pase de espaldas y me encontró adelantado. No tuve otra alternativa que volar hacia atrás. Siempre vuelo, cada vez que un remate cambia de trayectoria. Yo sé que algunos dicen que a los arqueros les gusta "tirarse" para la tribuna, que tienen alma de "mariposa". No coincido con esas opiniones. Cuando es necesario, y como último recurso, hay que volar. Como tampoco tengo vergüenza en sacar con los pies. con la espalda, con lo que sea. Los goles se anotan en el tablero cuando la pelota está adentro. Mientras no haya pasado la línea, todo recurso es válido. Yo no sé si tengo suerte. Pero les puedo asegurar que si está de mi parte es porque yo hago mucho para ayudarla.

EL CORRER -

Parece un superhéroe. Fillol sale con los brazos estirados para alejar el peligro.

Es una de las primeras lecciones que aprende un arquero. Ya se sabe que conviene estar cerca del segundo palo, porque es más fácil ir hacia adelante que retroceder de espaldas. La pelota, en todos los casos que uno decide salir del arco, hay que ir a buscarla, porque esperarla puede convertirse en un error garrafal. Algo más: cuando salgo, lo hago con los brazos bien en alto, cosa de alcanzar o tocar la pelota pese a la carga de los delanteros.

COMO SALGO A TAPAR -

La salida del arco tiene algunas variantes. Yo nunca me apuro cuando el delantero rival viene marcado por un compañero. En ese caso espero los acontecimientos. Porque si salgo cuando mi defensor todavía tiene chance, con un simple toque el rival puede matar dos pájaros de un tiro. Ahora pensemos que el contrario se cortó solo. Lo primero que se me ocurre es enfrentado fuera del área, si vamos a pelota disputada, porque todavía me queda una carta en la manga, el foul (dentro del área sería penal). Otra variante se da cuando el delantero viene solo con la pelota picando. Aquí espero hasta el último segundo, ya que de salir rápidamente le estoy regalando el remate por arriba de mi cabeza. Por último, pienso en el adversario que se escapó con pelota al pie. En esta jugada valen mucho los amagues del arquero. Porque si lo puedo confundir, por ahí adelanta mucho la pelota y me permite llegar antes que él. Y si mis amagues no produjeron efecto, bueno, me resta tratar de tapar el remate con todos mis recursos: manos, brazos, cuerpo, piernas.

IR CON LA MANO DE MAYOR ALCANCE -

Allá va la mano cambiada para sacar una pelota envenenada. Como se puede ver, es la mano de mayor alcance.

Hablando de los vuelos de un arquero, hay una jugada en especial que no siempre es bien interpretada. Me refiero al intento de sacar una pelota con la mano cambiada. Una acción que a veces termina en gol porque el arquero no llega, y luego motiva críticas del público y del periodismo. El ejemplo sería el siguiente (válido también al revés). Ante un remate de izquierda a derecha (visto desde el ataque), que viene de alto o en forma bombeada, la lógica me indica lo siguiente. Me arrojo de derecha a izquierda (visto desde la defensa). Si la pelota va a superarme por alto. no tengo otra alternativa que tirar el manotazo con la derecha, que aparentemente sería la mano más alejada de la pelota; y esto es lo que pocos advierten: en ese momento, esa mano (cambiada) es la que está más alta en relación al cuerpo y por lo tanto es la única que puede alcanzar a desviar el remate. Por el contrario, si la pelota está a la altura del cuerpo, entonces sí, la lógica es tirar el manotazo con la izquierda.

FRENTE AL TIRO LIBRE -

La foto corresponde a julio de 1980. Fillol vuela y evita el gol rival.

En los tiros libres contra mi arco trato de colocar una barrera de cinco jugadores, porque entiendo que en esa jugada es fundamental la visión del arquero. Me refiero, por supuesto, a los tiros libres que se ejecutan desde las inmediaciones del área grande. Primero controlo que la barrera tape el primer palo. Y luego busco ubicación sobre el otro. Si debo volar quiero hacerlo hacia adelante y no hacia atrás. Lo más importante es ver siempre la pelota. Caso contrario el fracaso (gol del rival) es inminente. Es una jugada riesgosa, porque los contrarios, con argucias, tratarán de llevarme al medio del arco, para tener dos Chances (si consiguen su objetivo): que no vea la pelota hasta que pase la barrera, si el ejecutante elige la comba al primer palo, o que deje el segundo palo libre por abandono de posición. Para el arquero, lo esencial es no perder la serenidad.

 

Producción: JUVENAL y NATALIO GORIN

Ilustración: Claudio Pasquato


Ver artículo completo

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR