Copa América

DE MESSI A MARADONA: HOMENAJE NO ES COMPARACIÓN

Por Daniel Arcucci · 15 de junio de 2021

Una entrega especial de "Escenas de Selección", la nueva sección de Daniel Arcucci en El Gráfico.

“Fue una noche, en el estadio del Marsella, antes del partido contra Francia. Un día muy frío, de mucho viento. Maradona se llevó del hombro a Messi. Le pidió a Carrizo que le alcanzara la pelota, se colocó un paso hacia atrás y le dijo: 'Escuchame, cuando le entrés a la pelota, no le saqués el pie tan rápido; porque si no, ella no sabe lo que vos querés'”.

La anécdota, conocida, la ha contado Fernando Signorini más de una vez y viene otra vez a cuento después de la noche de Rio en la que Messi mandó la pelota donde quiso, para volver a convertir un gol de tiro libre en el seleccionado después de más de 1600 días. Le sirvió para superar a Batistuta y convertirse en el máximo goleador del seleccionado en partidos oficiales y, además. por el sólo hecho de jugar alcanzó al legendario arquero Américo Tesoriere en cantidad de Copas América jugadas, seis. Pero más allá de los registros estadísticos, vulnerados por Messi con una naturalidad que le quita asombro, el detalle estuvo en el festejo.

Fue el primer gol del primer partido de la selección argentina en la primera Copa América sin Diego en la tierra y el salto resultó tan maradoniano que casi no hubo persona (bien intencionada o mal intencionada, aduladora o detractora) que no pensara que se trató de un homenaje (conciente o inconsciente). Apenas vi la imagen, apenas me llegó la primera foto, recordé un gesto exactamente igual. Bastó un click en Google, distraído por no más de dos minutos del partido, para que en la pantalla del teléfono se corporizara Maradona con el puño derecho arriba, el codo como quebrado hacia atrás, las piernas abiertas en el aire y la cabeza levemente inclinada hacia la izquierda. Y el número 10 en la espalda, claro. Aquel, plateado sobre tela azul. Este, negro sobre bastones celestes descoloridos y blanco. Aquel, del partido donde nació el mito. Este, de un debut más en la Copa América. Bastaría esa observación, objetiva, para que se entendiera que no se trata, que no se trataba, de una comparación. Pero parece que no: irritadas, irritables e irritantes, las inefables redes sociales ardieron debajo de esa imagen, perdiéndose muchos la oportunidad de disfrutar lo inobjetable, que esos dos se hayan puesto alguna vez la camiseta argentina.

Curioso cómo la Copa América resulta para los dos una frontera para llegar al disfrute completo. Así como Messi anunció su retiro, después retirado, tras la final de la edición de 2016, las imágenes de Diego en el certamen tienen lo insólito de verlo con la camiseta número 6, en 1979, y lo simbólico de verlo rodeado por la niebla, en 1987, además del recuerdo de una declaración a El Gráfico, en medio de la disputa de 1989, justamente en Brasil: “No, no estoy bien en esta Copa América. Ni voy a estar. Porque esta Copa es un poco ridícula, qué se yo… Me agarró a contramano, con muchos partidos encima, con un año demasiado tensionado, con ganas de tomarme vacaciones. Vine porque no le podía fallar a Carlos ni a los muchachos, porque esto nos puede hacer bien para unir al grupo y pensar en el Mundial”. Pero tampoco esto es una comparación.

 

Messi acaricia la pelota antes de enviarla lejos del alcance de Bravo.

Messi acaricia la pelota antes de enviarla lejos del alcance de Bravo.

 

¿QUÉ SELECCIÓN?

¿Qué selección? Una, apabulla a Colombia desde el comienzo del partido y antes de los diez minutos está dos goles, dos golazos, arriba. El de Cuti Romero, de cabeza, desde las alturas de su autoestima construida en apenas un partido con la camiseta nacional y una temporada soñada en el calcio, ese posgrado de defensores; y el de Paredes, de papi fútbol, ese donde él mismo se educó para luego crecer como un 10 que se volvió 5, pero 5 de los de ahora, esos llamados mediocentros. Los goles, encima, son bancados por la presencia premier de Emiliano Martinez, que ni lesionado suelta la pelota de sus manos. ¿Qué Selección? Una, esa misma, que desnuda a Chile con sociedades como las de Lo Celso, Nico González y Tagliafico por la izquierda, mientras Messi, en ambas buenas selecciones, parece disfrutar de ser la máxima figura pero no tener que ser la máxima figura, y se da el gusto, por fin, de vencer a un arquero, Bravo, que como Ospina antes se había convertido en figura por culpa suya.

¿Qué Selección? Otra, distinta a la anterior, deja de soñar y se duerme, despertando al rival que no necesita abrir muchos los ojos para ver que Martinez Quarta u Otamendi (o Martínez Quarta y Otamendi) son vulnerables y llevan a extrañar a un chico (Cuti Romero, sí) con un partido y medio en el equipo; que Lautaro está torcido para definir y lleva al cruento y odioso mundo de las redes sociales a convertir a Pipa Higuain otra vez en trending topic; que los cambios que decide Lionel Scaloni no confunden a los ajenos y sí a los propios, porque Paredes deja de ser el que juega siempre para convertirse en el que sale siempre, porque Lo Celso no tiene tiempo para equivocarse.

¿De qué Selección es responsable el DT? ¿De la que vive en armonía y juega para la ilusión? ¿O de la que se descompone ante el primer mal trago y aburre hasta la desilusión?  En tiempos en los que los seleccionados son lo que son, en recursos y en esquema de entrenamiento y competencia, en Sudamérica en general y en Argentina en particular, es momento de pesar las virtudes de cada uno como seleccionador (si es que vale como opuesto o complementario de entrenador, dadas las limitaciones) pero también, y tal vez más todavía, como “lector” de partidos. Uno de esos que mete mano y mejora. O, al menos, no empeora.

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