100 años de El Gráfico

1986. Un viaje inolvidable. Por Natalio Gorin

Por Redacción EG · 28 de mayo de 2019

El plantel argentino celebró el título de Campeón del Mundo a 12.000 metros de altura, en un vuelo triunfal a Ezeiza. El periodista supo registrar toda la intimidad de ese valioso festejo.

 

Natalio Gorin

Natalio Gorin

 

Para entrar en clima, algunos estribillos: usted los puede tararear, conoce la música...

"¡El que no salta es un alemán...!"

"Vení, vení/cantá conmigo/que un amigo vas a encontrar/que de la mano/del Narigón/todos la vuelta vamos a dar..."

O este otro que se convirtió en el preferido de la Selección, por motivos ahora obvios y que en su momento era un desafío al descreimiento...

"Argentina va a salir campeón/Argentina va a salir campeón/ se lo dedicamos a todos la r... madre que lo r..."

O esta marcha, que por una vez no fue bandera política...

"Los muchachos peronistas, todos unidos triunfaremos...”

 

Brown, el profesor Echevarría, Pumpido, Diego, Enrique, Ruggeri, Tapia, un momento culminante de la fiesta, el coro desafinado que grita toda su alegría y euforia de campeón...

Brown, el profesor Echevarría, Pumpido, Diego, Enrique, Ruggeri, Tapia, un momento culminante de la fiesta, el coro desafinado que grita toda su alegría y euforia de campeón...

 

En lugar de tinte político era una forma de bromear oídos radicales, de conspicuos radicales: Conrado Storani (ministro de Acción Social), Carlos Bello (diputado nacional), Antonio Alegre (presidente de Boca, hombre de confianza de Alfonsín), Julio Grondona...

Ahora imagine la escenografía de este clima. ¿El vestuario después de ganar el Mundial? Sí, algo de eso hubo. ¿La concentración del América cuando volvieron del Azteca? La puerta se cerró para extraños pero es posible que todo esto haya ocurrido. Ahora imagine algo más: la cabina de un Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas, uno exactamente, el que tiene matrícula LV-ISC, asignado al vuelo AR 385 bis, México-Buenos Aires, domingo 29 de junio de 1986, con salida a las 23.

 

Un animador permanente. "Galíndez", con todo su desenfado para cantar y bailar. Parece una escena de la película "¿Y dónde está el piloto?". Pero la realidad siempre supera a la ficción.

Un animador permanente. "Galíndez", con todo su desenfado para cantar y bailar. Parece una escena de la película "¿Y dónde está el piloto?". Pero la realidad siempre supera a la ficción.

 

Ese domingo va a ser inolvidable, para los campeones, los que perdieron, los que se emocionaron con el triunfo, los que vieron caer a su favorito, los neutrales, los periodistas, para los 2.000 millones de hombres y mujeres que vieron el partido por televisión, y para Jorge Colquhuon, el jefe de base de Aerolíneas Argentinas en el aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. A las 19, con dos horas de demora, había logrado despachar el vuelo regular 385; a las 23 tenía el 385 bis; a la 1,45 del lunes 30 de junio hacía una escala excepcional en México el vuelo 303 que venía casi vacío desde Miami para llevar más pasajeros a Buenos Aires. Aerolíneas no era la única compañía con vuelos de refuerzo. El día final del Mundial también había sido contemplado por Varig, Ecuatoriana, Avianca, quizás otras (seguro otras).

 

Cuando faltaba una hora para aterrizar la gente de Aerolíneas sorprendió con una torta para festejar el título. Diego dormía, no la probó. En la foto, Lalo Maradona. Muñoz y Macaya Márquez.

Cuando faltaba una hora para aterrizar la gente de Aerolíneas sorprendió con una torta para festejar el título. Diego dormía, no la probó. En la foto, Lalo Maradona. Muñoz y Macaya Márquez.

 

Pero Varig, Ecuatoriana y Avianca comparten en México la misma dársena de Aerolíneas, el mismo mostrador, entonces la noche era caótica: colas impresionantes que mezclaban valijas y bolsos, discusiones por los excesos de peso, pilas de sombreros mexicanos que son un recuerdo pero también un bulto incómodo a la hora de subir al avión, el aire irrespirable, el humo de miles de cigarrillos, la ansiedad duplicada por el regreso o triplicada porque no todos tenían la seguridad de volar. Roberto Petti de Rotamund, tour-operator exclusivo de la AFA, estaba atrincherado en una pequeña oficina de Aerolíneas en el primer piso del aeropuerto: le faltaban lugares y le sobraban pedidos, todos querían viajar en el avión de la Selección. Jorge Colquhoun miraba el reloj, había pasado la medianoche y el vuelo 385 bis seguía en la pista. Por fin se anunció la salida. La Selección subió por la puerta 12 A, el resto del pasaje por la 12 B. Había que llegar hasta el avión en dos ómnibus que en. México cumplen la función de mangas portátiles. Una mujer, en ese ámbito atípico, que no se parece para nada a un avión, preguntó: "¿Cuál es mi asiento, yo tengo el 3 C?" Juro que es real. Colquhoun se dejó caer sobre uno de los bancos de madera del ómnibus, se tomó la cabeza y dijo por lo bajo: "Basta para mí, ahora espero el infarto. . .

 

En primera fila el matrimonio Pasculli; detrás, los Pumpido. Con ellos, el árbitro Carlos Espósito

En primera fila el matrimonio Pasculli; detrás, los Pumpido. Con ellos, el árbitro Carlos Espósito

 

Cuando el avión carreteaba para despegar, por los altavoces de la cabina se escuchó la voz del comandante Ernesto San Juan. Dijo las palabras de práctica, el tiempo de vuelo hasta Lima (escala técnica), la altura de crucero (12.000 metros) y con mucha emoción agregó: "Para Aerolíneas Argentinas es un orgullo hacer este viaje, volver a casa con la Selección campeona del mundo". Recorriendo el pasillo, el único del Boeing 707 (tres asientos a cada costado por fila en clase turista), el comisario de abordo Eugenio Klein controlaba que cada pasajero estuviera sujeto por el cinturón de seguridad. También rutina, sólo que Klein lucía una vincha con los colores argentinos. La fiesta recién empezaba: 134 pasajeros en clase turista, 12 en primera clase. El avión lleno, a puro fútbol, porque cada pasajero tenía que ver con el campeón, de una manera o de otra: jugadores (todos a excepción de Passarella), cuerpo técnico, dirigentes, el ministro de Acción Social (que había viajado un día antes para ver el partido final con una pequeña comitiva en el mismo avión que ahora iniciaba el regreso), las esposas de Garré, Zelada, Brown, Pumpido y Pasculli, las novias de Ruggeri y Burruchaga, el papá y el futuro suegro de Maradona, amigos de los jugadores, amigos de los dirigentes, el hermano de Bilardo, periodistas. . . No había ningún extraño, sobraban ganas de vivir el viaje, gozarlo.

 

Un gesto de Butragueño. Fue al aeropuerto de México a despedir a su compañero y amigo Valdano.

Un gesto de Butragueño. Fue al aeropuerto de México a despedir a su compañero y amigo Valdano.

  
Ya sabemos cuál es el hobby de Almirón, aunque el Checho Batista no está muy convencido. No es una pose.

Ya sabemos cuál es el hobby de Almirón, aunque el Checho Batista no está muy convencido. No es una pose.

 

En el asiento 10 C (pasillo) estaba sentado Bilardo, se había quitado el saco, la corbata. Lo vi y por esos mecanismos inexplicables (¿inexplicables?) mi memoria fue invadida por una nota que EL GRAFICO publicó en 1968, pocos días después de la consagración de Estudiantes como campeón intercontinental. Eso fue en Manchester, Bilardo jugaba en aquel equipo...

—Osvaldo (Zubeldía) contaba en esa nota que después del partido, con la Copa en la mano, en el hotel, vos y él se miraron y se preguntaron: "¿Y ahora qué hacemos?..."

—Sí, me acuerdo de todo, cuando lo dijo, el lugar...

—¿En este momento tenés la misma sensación?

—Creo que no, pero no me preguntes mucho por el futuro, todavía no pensé nada.

—Si seguís como técnico de la Selección ya salvaste la peor parte, jugar las eliminatorias con equipos sudamericanos.

—Eso es terrible, lo digo por experiencia, es más difícil que el Mundial.

—¿Te quedó algo por decir, ahora que todo terminó?

—Sí, este Mundial pudo ser un robo, un paseo...

—¿Y qué le faltó?

—Dos cosas: un poco más de tiempo para trabajar con la defensa. Hubo que cambiar sobre la marcha, no pude entrenar la ley del off-side. Con esa jugada me hubiesen metido la mitad de los goles. Y me faltó el Borghi que yo creía llevar, este pibe tenía la cabeza en otro lado, no estaba en el Mundial: si él jugaba en su nivel, este Mundial era un paseo...

 

Argentina se consagró por segunda vez. La Copa del Mundo vuela hacia el país.

Argentina se consagró por segunda vez. La Copa del Mundo vuela hacia el país.

 

Los jugadores querían festejar, estaban algo frustrados porque en el Azteca se quedaron sin vuelta olímpica...

"No sé quién tuvo la culpa, pero cuando bajamos del palco con la Copa nos rodeó mucha gente, nos desorientamos: unos salieron, otros se quedaron" (CUCIUFFO).

Pero dicen que la vuelta a la concentración fue triunfal y que se cumplió con el rito, a solas...

"Este grupo es fenomenal, festeja a su manera. Yo no volví con ellos porque tenía que hablar con Alfonsín. Llegué como a las cinco de la tarde y todos estaban en sus habitaciones haciendo las valijas para viajar. Pachamé me contó que bajaron del ómnibus y se fueron a dar la vuelta olímpica alrededor de la cancha donde jugamos los partidos de entrenamiento" (BILARDO)

¿Quién empezó la fiesta? ¿Diego? ¿El Cabezón Ruggeri? Uno de los dos, seguro, y arrastraron a todos los demás. En el fondo había canilla libre: whisky, cerveza, algún cóctel. El pasillo se hizo intransitable. Cuciuffo y Tapia se pusieron máscaras y fueron en búsqueda de algún asustadizo. El comisario Klein hacía lo imposible para atender todos los pedidos. Diego y Ruggeri rodearon al profesor Echevarría, que estaba sentado con el matrimonio Brown. Los vasos en alto, el coro desafinado pero emotivo:

"Vení, vení/cantá conmigo/que un amigo vas a encontrar/que de la mano/del Narigón/todos la vuelta vamos a dar..."

El coro repitió cien veces la letra cambiando el protagonista: el Narigón, Echevarría, Pachamé, Madero, todos los jugadores, incluido el ausente Passarella, y cuando las copas iban y venían hasta Enzo Bearzot tuvo su canción.

 

Islas y Ruggeri apoyan la Copa sobre la cabeza de Galíndez. Giusti y Garré observan cómplices.

Islas y Ruggeri apoyan la Copa sobre la cabeza de Galíndez. Giusti y Garré observan cómplices.

 

Dos horas después se hizo un alto para cenar, pero tuvo que intervenir Grondona para sentar a los más eufóricos: "Muchachos, hay pasajeros que quieren comer, y la gente de Aerolíneas dice que no puede pasar. Vamos a ocupar los asientos y después la seguimos".

La cena (palta con camarones de entrada y como plato caliente pollo trozado con ananá y verduras) y algunas frases para recordar:

"Si los mexicanos se ofendieron, lo siento mucho. Yo dije la verdad, nadie me puede desmentir. Cuando el partido se puso dos a dos aparecieron miles de banderas alemanas. ¿Eran todos turistas o eran mexicanos que hinchaban por ellos? Eso lo vimos todos, ¿por qué se ofenden?" (PUMPIDO)

"Cuando metieron el empate, me quería pegar un tiro en la cabeza. Ese Hoeness parecía un payaso contra México, y se viene a destapar con nosotros" (CUCIUFFO).

"Tengo una emoción muy grande: este año fui campeón de Liga y de la UEFA con Real Madrid, y ahora soy campeón del mundo con Argentina. Creo que es record, gané todos estos títulos en la misma temporada" (VALDANO)

Había clima, ganas de seguir, terminó la cena y "Galíndez", el ayudante de utilería salió a bailar, apareció una guitarra, la fiesta se reavivó. Algún día la historia va a contar que el plantel argentino celebró su título a 12.000 metros de altura, "volviendo a casa", como había dicho el comandante San Juan. La canción desafiante armó una caravana:

"Argentina va a salir campeón. Argentina va a salir campeón se lo dedicamos a todos la r..."

El grupo llegó a la primera clase, la invadió. Storani sonreía, Grondona sonreía, Santilli sonreía, Carlés sonreía, pero nadie cantaba. . . Los jugadores apelaron a otro estribillo futbolero:

"Estos viejos de m. . . no quieren gritar/que se vayan y no vuelvan nunca más".

 

Luego de aterrizar en Argentina, empezó una nueva historia de festejos.

Luego de aterrizar en Argentina, empezó una nueva historia de festejos.

 

Por supuesto todo era una broma.

Habían pasado cinco horas y media. La escala técnica en Lima apagó la euforia, el cansancio pudo más. Quedaban tres horas de sueño, casi hasta Buenos Aires. El Boeing de Aerolíneas hizo una pasada para que todos vieran la multitud que esperaba en Ezeiza. Diego fue el primero en bajar, la Copa en alto, los ojos húmedos, la sonrisa feliz. Ahora se iba a vivir otra fiesta, en Ezeiza, en el recorrido hasta la Plaza de Mayo. En la Casa de Gobierno esperaba Alfonsín, en la Plaza de Mayo estaba la gente, era la fiesta de todos, unidos en la victoria.

NATALIO GORIN

Fotos: Héctor Maffuche (Enviados especiales a México) En Buenos Aires: SALTO, SPERANZA, OSCAR MOSTEIRIN, GIUSTOZZI, DIVELLA. MAURI y GURRUCHAGA.

 

 

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