Hemeroteca

GUILLERMO VILAS Y EL DÍA DEL MAESTRO: A 44 AÑOS DE SU EPOPEYA EN EL US OPEN

Por Pablo Amalfitano · 11 de septiembre de 2021

El 11 de septiembre de 1977 el argentino ganaba el segundo de sus cuatro títulos de Grand Slam, en la última edición jugada en Forest Hills y sobre green clay. La historia del partido que nunca terminó y la hemeroteca de la hazaña con el sello de El Gráfico.

EL US OPEN era muy diferente más de cuatro décadas atrás. Se jugaba en Forest Hills, en el West Side Tennis Club, y sobre canchas de green clay, una superficie apenas más rápida que el polvo de ladrillo tradicional. Desde 1978 el último Grand Slam de la temporada, el único que no se canceló jamás, ni por las Guerras Mundiales ni por la pandemia, se desarrolla en Flushing Meadows, a pocos kilómetros de la vieja sede y sobre cemento.

La edición del Grand Slam de Nueva York de 1977, en efecto, fue la última que se disputó en Forest Hills. Y la historia estuvo allí: Guillermo Vilas conquistó aquel US Open, sobre el ladrillo verde, ante las 12 mil 600 personas que colmaron el estadio central del West Side Tennis Club, precisamente el complejo que volverá albergar partidos de tenis oficiales después de varias décadas.

"Realmente la cosa venía mal porque él tenía las riendas del partido. Pero nunca me preocupé mucho por estar 4-1 abajo porque igualaba con un solo break que tuviera. Tenía constantemente el asesoramiento de Ion (NdR: el rumano Tiriac, su entrenador) y me sentía seguro. Empecé a jugar de contraataque, como creo que no volveré a jugar nunca en mi vida. Empecé a darme cuenta con qué pelota se vendría Connors y a qué lugar. Entonces pude preparar más rápido el passing y pasarlo seguido", le contó Vilas a El Gráfico tras aquella proeza del 11 de septiembre de 1977, el día del maestro, el mismo día en el que venció 2-6, 6-3, 7-6 (7-4) y 6-0 al local Jimmy Connors.

En el sendero rumbo a la conquista del segundo de los cuatro Grand Slams que ganaría durante su carrera Vilas apenas cedió un set, el primero en la final ante Connors. A todos sus rivales previos, en pocas palabras, los aplastó: derrotó 6-1 y 6-0 a Manolo Santana; 6-3 y 6-0 a Gene Mayer; 6-3 y 6-3 a Victor Amaya; 6-3 y 6-1 a José Higueras; 6-1, 6-1 y 6-0 a Raymond Moore; y 6-2, 7-6 y 6-2 a Harold Solomon.

Para dimensionar cómo fue aquella época fundacional del tenis tal como lo conocemos hay que destacar que los grandes triunfos de Vilas surgieron pocos años después del nacimiento de la Era Abierta (1968); de la creación de la ATP (1972), de la que el marplatense fue miembro fundador; y de la aparición del ranking profesional (1973). Por ganar el US Open el zurdo percibió 30 mil dólares en premios oficiales, mucho menos de la mitad de lo que embolsa hoy un participante que pierde en la primera ronda (75 mil).

La histórica final contra Connors, la última que se jugara en Forest Hills, terminó con varios segundos de suspenso. En el match point, después de un rally de cuatro tiros, el estadounidense disparó un drive ancho pero el juez de línea se demoró en cantar que aquella pelota había salido. Por eso Vilas, que devolvió el approach corto para la definición de Jimbo en la red, le clavó la mirada al lineman, quien instantes más tarde cantó el esperado "out". En ese momento el zurdo marplatense pegó un salto de felicidad y, acto seguido, fue llevado en andas por la muchedumbre que invadió el estadio, una imagen que habrá quedado grabada en los tiempos, impensada en la actualidad.

El desborde fue tan grande que Connors, años después, admitió: "Para mí ese partido nunca terminó porque no hubo saludo en la red". Sentenciado el triunfo, Vilas había enfilado hacia el centro de la cancha para darle la mano a su rival pero jamás pudo llegar a destino. La gente ya lo había encumbrado en el cielo.

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