Las Crónicas de El Gráfico

1973. “Ése no puede jugar”

Por Redacción EG · 27 de abril de 2020

La frase recurrente que deberíamos eliminar del diccionario futbolero. Juvenal presenta un listado de jugadores destacados a quienes alguna vez les adjudicaron el rótulo, incluso hasta un tal Alfredo Di Stéfano.

Jugaban Independiente y Racing. En el equipo rojo debutaba esa tarde como marcador lateral izquierdo un joven fornido y pelo duro de las inferiores del club, de origen santiagueño. Prácticamente decidió el resultado, porque sus errores defensivos equivalieron a tres goles en contra.

—Pero, ¿quién lo puso a ese tipo? ¡Sáquenlo!... ¡Ese no puede jugar!... — bramaban los hinchas de Independiente. Estuvo esa tarde y desapareció de la primera. Tal como había actuado en ese clásico, realmente, "no podía jugar..." Tiempo después el santiagueño estaba otra vez en primera. Ahora como back centro. Era fuerte como un toro y así de ciego. Le mostraban la pelota y atropellaba bufando. Se la tocaban a un costadito y pasaba de largo como un tren. Pero no era fácil sacárselo de encima. En el acto se recuperaba y volvía sobre la marca. Sabía muy poco, pero se hacía sentir. Su escasa técnica tenía como contrapartida una potencia física, una velocidad de traslación increíble para un físico tan pesado y un temperamento imbatible. Durante un tiempo seguimos escuchando la frase entre irritada e irónica: "¡Ese no puede jugar!" Incluso llegamos a repetirla alguna vez al verlo reventar la pelota y voltear a un contrario como si estuviera jugando al rugby. Un día se fracturó y lo extrañarnos todos. Aquel santiagueño rudo y perseverante, que tenía músculos hasta en las cejas, había llegado a convertirse en la columna fuerte de independiente. Y todavía son muchos los que piensan que con Rubén Marino Navarro en el fondo de la defensa Independiente no habría dejado escapar la Copa del Mundo frente al Inter de Helenio Herrera, como le sucedió en 1964...

 

En aquel partido Independiente-Boca, cuando consiguió en un pique Impresionante ganarle la pelota a Roma y servírsela hacia atrás a Mario Rodríguez para el gol, terminó zambullido en el foso. Durante mucho tiempo a Avallay se le hizo burla por esa acción. Ya nadie se burla de él...

En aquel partido Independiente-Boca, cuando consiguió en un pique Impresionante ganarle la pelota a Roma y servírsela hacia atrás a Mario Rodríguez para el gol, terminó zambullido en el foso. Durante mucho tiempo a Avallay se le hizo burla por esa acción. Ya nadie se burla de él...

 

¿Y ARTIME...?

Ese es el gran peligro y al mismo tiempo la gran injusticia que encierra esa frase canchera y negativa que escuchamos a cada paso en nuestro fútbol: "Ese no puede jugar..." Que "ése", a la vuelta de campeonatos y partidos, nos convenza a todos de que sí puede jugar y hasta convertirse en un jugador valioso para su equipo. ¿Cuántas veces escuchamos decir lo mismo de Luis Artime? No la tocaba nunca, apenas intervenía en el juego, hacía siempre lo simple, no llenaba los ojos, no mostraba ninguna virtud destacable, pero de pronto aparecía en el partido y… gol de Artime.

—Y, sí... Mete goles, pero no sabe hacer más que eso... Tiene resortes en los pies, la rebota siempre; para matarla tiene que pegarle un tiro... ¿Qué querés? Ese no puede jugar...

Eran las frases más corrientes hablando de Luis. Cuando estaba en Atlanta, cuando pasó a River, cuando fue a Independiente, cuando vino aquí con el Palmeiras, cuando fue campeón del mundo con Nacional de Montevideo... Más de diez años repitiendo que Artime "no puede jugar'', y en todos esos años Artime haciendo lo único que sabe: goles, goles, goles.

 

Cuando Curioni vino de Córdoba y tuvo que disputarle el puesto a Rojitas, en la comparación perdió lejos y muchos le pusieron la lápida. Parecía torpe, inseguro, cuando en realidad estaba sólo pagando el derecho de piso. Giúdice y Di Stéfano lo habían visto en Córdoba y no se equivocaron.

Cuando Curioni vino de Córdoba y tuvo que disputarle el puesto a Rojitas, en la comparación perdió lejos y muchos le pusieron la lápida. Parecía torpe, inseguro, cuando en realidad estaba sólo pagando el derecho de piso. Giúdice y Di Stéfano lo habían visto en Córdoba y no se equivocaron.

 

Cuando Artime fue ídolo de Nacional tuvo que ser el Pulpa Echamendi, su técnico en el equipo uruguayo, el encargado de hacer la gran reivindicación histórica del hombre que subestimamos por tanto tiempo en la Argentina: "A ustedes les deslumbran les exquisitos, pero a mí deme hombres para ganar partidos. Y de esos hombres, ninguna como el Viejo Artime... Dicen que sabe poco, pero lo poco que sabe es lo más difícil que tiene el fútbol, ¿qué le parece? Y es tan inteligente, tan vivo, que sabiendo algo tan importante, él mismo dice que no sabe nada, que su única virtud ha sido tener mucha suerte..." Hace poco, charlando con César Luis Menotti, futbolísticamente la contrafigura de Artime, el actual técnico de Huracán nos confesó: "Hace años, en una encuesta de EL GRAFICO, aparecí compartiendo con Luis Artime la distinción de ser el mejor número diez del fútbol argentino. Y entonces pensé: "¿Cómo puede ser que me comparen con este tipo que apenas sabe pegarle a la pelota? Al poco tiempo me tocó jugar en el seleccionado con él y Coco Rossi, y teniéndolo al lado me di cuenta de todo lo que valía. Éramos totalmente distintos. Pero en lo suyo, comprobé que era un fenómeno..."

AVALLAY: AYER Y HOY

El mismo Menotti nos confiaba su experiencia personal con Roque Avallay: "Lo observé mucho en Newell's, cuando yo estaba allí con el Gitano Juárez. Había venido de Independiente con el contrapeso de aquella anécdota del partido centra Boca, cuando casi se cayó al foso para hacer un pase atrás, y los hinchas le gritaban: "¿Por qué no te habrás ahogado en el foso...?" Lo veía jugar y a los diez minutos hacía una genialidad. Al rato, una burrada increíble. A los cincuenta minutos, otra jugada sensacional, no sólo en velocidad sino con manejo, con talento. A los cincuenta y cinco minutos perdía una pelota fácil y daban ganas de matarlo... Pero hacia cosas de tipo que sabe, no le salían por casualidad, las buscaba. Le faltaba esto que tiene ahora: estabilizarse, sentirse seguro, respaldado y con moral." Hoy nadie discute al centro delantero de Huracán. Electriza con sus piques y seduce con su variedad de recursos. Marca goles y prepara goles para los demás. Sin embargo, muchos de los que hoy se quedan roncos gritando "¡A Roque! ¡Dénsela a Roque!", ayer no más vociferaban: "¿Cómo pueden haber cambiado al Mono Obberti por este tronco? ¡Si éste no pueda jugar...!"

 

¿Quién fue más vapuleado por los exquisitos que Luisito Artime? Le pegaba con los tobillos, no tenía sensibilidad en el empeine y demás. . . Sus argumentos fueron más fuertes que los de sus detractores. ¡Qué jugador!

¿Quién fue más vapuleado por los exquisitos que Luisito Artime? Le pegaba con los tobillos, no tenía sensibilidad en el empeine y demás. . . Sus argumentos fueron más fuertes que los de sus detractores. ¡Qué jugador!

 

DI STEFANO: UNA DEFINICION

La última vez que nos vimos con Alfredo Di Stéfano, en Madrid, el alemán nos definió en rueda de argentinos que compartía también Enrique Omar Sívori:"¿Sabés por qué los equipos argentinos no consiguen sobresalir nunca en el terreno internacional, teniendo los mejores jugadores del mundo...? Porque allá estamos todos equivocados. Le damos valor a lo que no sirve y despreciamos lo que realmente vale... Allá somos todos tan vivos que nos reímos como locos de Avallay cuando se cayó al foso en Avellaneda... Y no era para reírse. Era para aplaudirlo, abrazarlo y mostrárselo a todos, porque ese tipo se había jugado el físico para servirle el gol a un compañero... En vez de valorar su espíritu de sacrificio en favor del equipo le buscamos el defecto: es tan ciego que se cayó al foso..."

Duele, como duelen todas las verdades que desnudan nuestra alma, pero hay que aceptarlo. Aquí tenemos el gran defecto de una suficiencia que nos lleva a despreciar virtudes de fondo para dedicarnos a examinar con la lupa defectos de forma. Y por eso solemos caer en la frase canchera y sobradora que algún día se vuelve contra nosotros como un bumerán: "Ese'? ¡Ese no puede jugar...!" El mismo Di Stéfano era uno de los que "no podía jugar" en sus comienzos riverplatenses. En la tercera no tenía puesto: era suplente de Joaquín Martínez, el padre del actual puntero derecho de River, cuando Joaquín aparecía como el reemplazante obligado de Adolfo Pedernera. Para "mojar" algún partido, Di Stéfano debía entrar como wing derecho. Eso era en 1944 y 1945. En 1946 fue revelación en el centro del ataque de Huracán, entre Tucho Méndez y Llamil Simes, En 1947, vuelto a River, se consagraba como La Saeta Rubia. En la década del 50 la crítica europea lo llamó "el mejor jugador del mundo"... Y en River, cuando arrancó, lo definían así:

"Es un pibe ligero pero sabe muy poco... No puede jugar..."

 

Todos llegamos a decir que no podía jugar. Rubén Marino Navarro volteaba contrarios como si jugara rugby. Pero cuando se fracturó todos lo extrañarnos. Era la columna fuerte de Independiente.

Todos llegamos a decir que no podía jugar. Rubén Marino Navarro volteaba contrarios como si jugara rugby. Pero cuando se fracturó todos lo extrañarnos. Era la columna fuerte de Independiente.

 

CURIONI TAMPOCO PODIA

El cordobés Hugo Curioni llegó a Boca cuando todavía vibraban en el aire de la ribera los ecos entusiastas que saludaban los quiebres de la cintura de Rojitas, la gambeta en velocidad del Muñeco Madurga y el fino toque del tano Noveno. Tula era lo otro. El andar desgarbado, la dureza de movimientos, el manejo rústico, la cabeza gacha y la fuerza para ir a chocar rectamente con el adversario que espera de frente. Confieso que yo también me equivoqué. Aquel Boca del 69, que tenía el fútbol de Madurga, Novello, Rojitas, Savoy, Ponce, Marzolini, estaba más en mis predilecciones estéticas que el vigor sin luces de este goleador cordobés que no encontraba la forma de encajar en el juego boquense. Lo veía torpe con la pelota y desubicado, sin desmarque, sin criterio, cuando no la tenía. Pensé —y lo escribí también— que para armar un buen equipo Boca debía prescindir de un hombre como Curioni, cuya única virtud (el hambre de gol) chocaba contra tantos defectos. Aceptaba que, como todo jugador provinciano que llega al fútbol de la capital, debía aclimatarse, entrar en ritmo, sentirse seguro del terreno que pisaba. Pero aun concediéndole ese crédito, no lo veía para entrar en la conversación que Boca necesitaba ahí adelante... Me equivoqué. Y me alegro. Porque cuando Curioni cubrió su período de adaptación pasó a convertirse en un jugador fundamental de Boca y en uno de los más serios argumentos ofensivos del fútbol argentino actual.

 

Elegante, fuerte, expeditivo. Pero se paraba muy mal cuando lo enfrentaban y regalaba demasiadas ventajas... Estaba en la selección. Y todos dijimos que Rezza no podía jugar...

Elegante, fuerte, expeditivo. Pero se paraba muy mal cuando lo enfrentaban y regalaba demasiadas ventajas... Estaba en la selección. Y todos dijimos que Rezza no podía jugar...

 

MAS CONFESIONES

Vivo permanentemente vacunado contra la frase negativa más común del fútbol argentino. Sin embargo, a pesar de la vacuna, la epidemia también me contagió y he llegado a sostener muy seriamente que alguien "no puede jugar..." Lo vi a Rezza en sus comienzos de San Lorenzo y en la selección nacional. Le advertí muy pocas a favor y vanas en contra. Era elegante, fuerte, expeditivo, pero se paraba muy mal cuando lo enfrentaban con pelota dominada, se descontrolaba fácil y regalaba muchos balones dentro y en las cercanías de su área penal. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, pero sólo los que tienen auténticas condiciones deben estar en la selección. Y Rezza en la selección me resultaba un permanente peligro para el arco argentino. Tal vez por eso, Porque estaba muy lejos del back centro que yo pretendía para el cuadro nacional, le bajé la caña en gran forma a través de varios comentarios correspondientes a partidos jugados por San Lorenzo. Visto a la luz de esas críticas, Rezza "no podía jugar". Y sin embargo Lorenzo le encontró la función. Rezza se adaptó a ella y a menos de un año de distancia de aquellas críticas debo confesar que Rezza es uno de los hombres que con más dedicación, responsabilidad y eficacia cumplen el libreto del astuto técnico de San-Lorenzo. Lógicamente, el suyo es un rol restringido y sin matices. Lo obliga a luchar más que a pensar.

 

En la década del 50 la crítica europea lo calificó como "el mejor jugador del mundo", Unos años antes no tenía puesto ni en la tercera de River. Decían que "sabía muy poco..."

En la década del 50 la crítica europea lo calificó como "el mejor jugador del mundo", Unos años antes no tenía puesto ni en la tercera de River. Decían que "sabía muy poco..."

 

Es simplemente destructivo. Pero está muy lejos de ser alguien que "no puede jugar". Entiéndase bien: no estoy afirmando que cuando lo critiqué había jugado bien. Si volviera a escribir el mismo comentario diría de Rezza lo mismo que dije entonces en lo que hace a concepto, porque sigo creyendo que mi crítica era justa EN AQUEL MOMENTO. Lo injusto fue dejar entrever entonces que esa opinión era definitiva e irreversible y decretar la muerte civil de Rezza como jugador de fútbol. El futuro dijo que Rezza podía jugar y ser útil a su equipo. Y vale la pena recordarlo ahora, porque recientemente he criticado a Baudilio Jauregui con la misma severidad que ayer critiqué a Rezza. Eso no quiere significar que el uruguayo "no puede jugar". Simplemente señala un hecho actual: así, corno está jugando, le falta mucho para aprobar su examen de back centro riverplatense. Pero no puedo ni debo ni quiero defenestrarlo para siempre, porque estaría incurriendo en el más grave de los errores: no tener memoria para tantos casos de futbolistas que "no podían jugar" y al final pudieron...

PEPE Y PERICO

El caso de Perico Pérez nos hace acordar al de Miguel Ángel Santoro. Cuando Pepe apareció en la primera de Independiente hizo todo lo que puede hacer un arquero para que lo manden de vuelta a tercera, como antesala de un posible pase en blanco. Pero una noche que los rojos se jugaban la Copa Libertadores en Montevideo, frente a Nacional, el joven Santoro volvió al equipo. Cuando por los altavoces del Centenario se anunció que la formación de Independiente empezaba con "Santoro, Zerrillo, Rolan...", los hinchas querían hacer un túnel directamente de la tribuna América a Avellaneda... Y esa noche, enfrentado al compromiso más bravo, Pepe Santoro consagró su capacidad de gran arquero y su moral de hombre para jugarse paradas difíciles. Con Perico Pérez pasaba lo mismo. La hinchada lo veía ocupando el mismo arco que prestigió durante veinte años la clase de Amadeo Raúl Carrizo y no podía aceptarlo. Para la gran mayoría, Perico "no podía jugar". Hoy nadie lo discute como dueño de la valla que antes era del maestro. Hasta le gritan "Amadeo..."

 

A Renato Cesarini le advirtieron que Daniel Onega era apodado "Provolone" porque es un "queso"... Y lo que Daniel aprendió en sus 7 años de primera es un espectacular caso de evolución.

A Renato Cesarini le advirtieron que Daniel Onega era apodado "Provolone" porque es un "queso"... Y lo que Daniel aprendió en sus 7 años de primera es un espectacular caso de evolución.

 

LOS EJEMPLOS SOBRAN...

Pancho Sá fue uno de los desembarcados por River en la primera operación de "limpieza" que se mandó Dídí en Núñez. En 1970 "no podía jugar". En 1971 fue figura de Independiente campeón metropolitano. En 1972 fue baluarte impasable de Independiente campeón de América. ¿Acaso alguno de los madrugadores plateítas de San Lorenzo alcanzó a vislumbrar todo lo que podía significar dentro de una cancha un delantero como el Lobo Fischer, cuando el misionero era un grandote tozudo y chocador en la tercera azulgrana? Renato Cesarini solía recordar que al asumir como técnico de River le advirtieron que a Daniel Onega lo llamaban "Provolone", porque "es un queso..." En estos siete años transcurridos desde entonces, lo que Daniel aprendió jugando en primera constituye uno de los casos de evolución más espectaculares de nuestras canchas. Es que mientras el fútbol se juegue con los pies y se razone con la cabeza, el jugador inteligente seguirá copando la banca, aunque algunos sostengan que "ése no puede jugar…”

 

JUVENAL

Imagen de Fórmula Uno: El triunfo más triste
Las Crónicas de El Gráfico

Fórmula Uno: El triunfo más triste

Se cumplen 39 años de la última vez que se vio a un argentino en el podio de la máxima categoría del automovilismo mundial. El 17 de mayo de 1981, a bordo de su Williams FW07C, Carlos Reutemann se impuso en Bélgica. Sin embargo, durante el fin de semana, había atropellado accidentalmente a un mecánico del equipo Osella, causándole la muerte poco tiempo después. Una tragedia que empañó su último festejo.

Imagen de 70 años de velocidad y pasión
Las Crónicas de El Gráfico

70 años de velocidad y pasión

En la ciudad británica de Silverstone se llevó a cabo el primer Gran Premio de la categoría. El periodista Ricardo Lorenzo fue el encargado de narrar la crónica de una carrera que tuvo a Juan Manuel Fangio como protagonista hasta tener que abandonar a 7 vueltas del final, mientras marchaba en segundo lugar.

Imagen de 1987. Independiente 3 – 3 Boca
Las Crónicas de El Gráfico

1987. Independiente 3 – 3 Boca

Los equipos regalaron un clásico para el recuerdo. Vimos goles de excepcional factura, actuaciones individuales de alto nivel y una emotividad que no cesó hasta que terminó el encuentro...

DEJÁ TU COMENTARIO