Las Crónicas de El Gráfico

1993. La obra maestra cumplió 25 años

Por Redacción EG · 25 de marzo de 2020

Fue en Tokio el 12 de diciembre de 1968: Nicolino Locche le dio una lección de boxeo a Paul Takeshi Fuji y logró la corona mundial de los Welters Juniors. CRÓNICA Y VIDEO.

Hace 25 años el mundo era otro -en la Argentina no existía la televisión color y Los Beatles todavía cantaban juntos, imagínese- y un altísimo porcentaje de nuestros lectores actuales aún no había nacido. Nada mejor, entonces, que un buen baño de nostalgia...

Hace 25 años -el 12 de diciembre de 1968 en Tokio-, Nicolino Locche le ganaba al hawaiano Paul Takeshi Fuji, quien no salió de su rincón cuando comenzaba el décimo round. De esta forma obtenía el título mundial de los welters juniors, uno de los triunfos más brillantes de toda nuestra historia pugilística...

Pongámonos en situación. Eran, aquéllos, años de ilusiones del boxeo argentino. Hasta ese momento, sólo dos hombres habían logrado una corona mundial: el gran Pascualito Pérez en 1954 y Horacio Accavallo en 1966, ambos de peso mosca, ambos en Tokio. Una rápida mirada al ranking argentino de 1968 sirve para corroborar que no faltaban figuras, sino que sobraban: Carlos Cañete, Ramón La Cruz, Avenamar Peralta y Carlos Monzón eran algunos de los campeones argentinos, mientras que Miguel Angel Campanino, Horacio Saldaño, Miguel Angel Castellini, Jorge Ahumada y Oscar Bonavena se conformaban con ser aspirantes...

 

El público japonés mira como Nicolino castiga a Fuji.

El público japonés mira como Nicolino castiga a Fuji.

 

Eran, aquéllos, los tiempos en que Alí no podía boxear por negarse a pelear en Vietnam y en el que reinaban figuras como Curtis Cokes, Nino Benvenuti o Bob Foster.

En Francia se lanza una frase: "La imaginación al poder".

En los Estados Unidos de América son asesinados Robert Kennedy y Martin Luther King. Estudiantes de La Plata logra la Copa Intercontinental de fútbol al empatar con el Manchester United. Jackeline Kennedy se casa con Aristóteles Onassis. Y Nicolino es campeón del mundo...

No era fácil, por entonces, acceder a una chance mundial. Nicolino realizó 122 peleas como aficionado con sólo 5 contrastes antes de pasar al profesionalismo. Ganó la corona mundial a los diez años y un día como rentado -debutó el 11 de diciembre de 1958-, tras una carrera impresionante de 107 encuentros con apenas 2 derrotas, un record en toda Sudamérica. Cuando llegó a la pelea con Fuji, Nicolíno -apodado "El Intocable" por Piri García, de EL GRÁFICO- tenía 29 años y había conquistado los títulos de campeón argentino y sudamericano de los livianos y los welters juniors. No era todo: lucía triunfos ante campeones o ex campeones mundiales como Joe Brown, Sandro Loppópolo y Eddie Perkins, sin contar dos empates con Ismael Laguna y Carlos Ortiz.

Pero quizás los datos no reflejen lo que era sobre el ring: un endiablado creador que le ponía cuotas de humor a un estilo único. Con la espalda contra las sogas, se encogía, se achicaba, desaparecía y terminaba humillando a sus rivales. Pegarle parecía casi imposible... Y tras el gesto desesperado del oponente de turno, Nicolino tenía tiempo de hacerle un guiño que se podía interpretar como un "mala suerte, hermano" o de mirarlo a Osvaldo Cafarelli y decirle algo... Tal era su magnetismo que podría asegurarse que, luego de su primera presentación grande en el Luna Park (ante Jaime Giné, en 1960) siempre llenó ese estadio, peleara con quien pelease. 

Los brazos en alto del mendocino que acaba de conseguir el título mundial.

Los brazos en alto del mendocino que acaba de conseguir el título mundial.

La pregunta era: ¿podría ganar un título mundial con ese estilo?

Locche dio la respuesta antes de subir al ring, cuando ya en Tokio encontró a Cacho Fontana -locutor comercial de la transmisión de radio Rivadavia- repasando sus papeles. Había uno escrito en el caso de que Nicolino ganara y otro por si perdía. Locche tomó el segundo y lo rompió en mil pedacitos, mientras le decía a Cacho:

-Quedate tranquilo. A éste no lo vas a necesitar...

Se durmió en el vestuario del Kuramae Sumo, tras el masaje de Francisco "Paco" Bermúdez, su no menos legendario entrenador.

¿Era posible? Fuji -hawaiano radicado en Japón- tenía 30 peleas y había ganado 24 por nocaut. Nunca tocó la lona por caídas y se sabía que se trataba de, un peleador feroz, aguerrido, corajudo, enérgico e incansable. Era campeón desde el 30 de abril de 1967 cuando, en ese mismo estadio, había derrotado por nocaut técnico en 2 vueltas al italiano Sandro Loppópolo.

Viéndolo ahora, a la distancia, se podría asegurar que Fuji tenía justamente la característica ideal para que Locche se luciera. Por entonces, en cambio, no parecía tan fácil. Excepto para Locche, quien -fiel a su estilo de vida- aprovechaba los descuidos de Bermúdez para robar naranjadas de las otras habitaciones o para fumarse algún cigarrillo a escondidas. Así era el boxeo para Nicolino: una diversión, amparada en su talento. Así solía divertirse con sus rivales en el ring... También fiel a su sistema, Fuji salió a buscar la pelea frontal, abierta, cruenta y decidida. Se encontró con un Locche más inspirado que nunca. Mientras con la izquierda torturaba permanentemente al campeón mundial, con cintura, amagues, visteos y palancas, no le permitió conectar un solo golpe neto. Los muros espirituales de Fuji comenzaron a caer uno tras uno mientras sentía el rigor de las fantasmagóricas manos de su retador: un ojo inflamado, en el quinto round; una hemorragia nasal en el octavo. Quebrado, impotente, resignado y desbordado, el campeón se quedó en su esquina cuando la campana sonaba para el décimo round, mientras su cabeza giraba de izquierda a derecha, como si no pudiese entender nada de lo que le estaba pasando...

- ¡No sale, no sale!

Fue el propio Nicolino quien percibió el gesto de Fuji y de inmediato empezó el festejo. Un minuto después el árbitro norteamericano Nick Pope le levantaba la mano, tal cual había hecho antes con Pascualito y Accavallo.

 

Locche festeja el triunfo con su rincón.

Locche festeja el triunfo con su rincón.

 

Sí, aquella noche quedaría registrada como una obra maestra irrepetible. Los pocos hombres que formaban su delegación -Paco Bermúez, el sparring Juancito Aguilar y Tito Lectoure- y la decena de enviados especiales invadieron el ring para celebrar la victoria.

No era para menos, puesto que habían asistido a una noche única, fantástica y genial, en la que nunca como antes se confirmó aquello de que el boxeo es el arte de pegar y no dejarse pegar...

"Sensai" (maestro) para los japoneses o "El Intocable" para nosotros. El genio de Nicolino, tras una verdadera exhibición de talento y habilidad, nos daba un título mundial que quedaría entre las joyas más preciadas del deporte argentino.

Resumen de la pelea

 

La noche de Locche - Fuji en colores

 

 

Por CARLOS IRUSTA (1993).

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