Las Crónicas de El Gráfico

1979. Aplaudan señores: ¡Esto es fútbol!

Por Redacción EG · 22 de marzo de 2020

River e Independiente, dos grandes protagonistas de fines de los 70 se enfrentaron en el Monumental y brindaron un verdadero partidazo, que quedó en manos del Millonario por 4 a 3.

Han pasado varias horas desde que el señor Teodoro Nitti dio las tres pitadas finales de un arbitraje sobresaliente y todavía estamos temblando de excitación ante las teclas de esta máquina de escribir que debería ser una cámara de videotape, para pasar una y otra vez ante nuestros ojos las imágenes de un partido sensacional.

Porque esto que nos brindaron River - Independiente en el estadio del Mundial fue una inolvidable lección de fútbol, el juego más hermoso del mundo. Todo lo que usted quiera pedirle al fútbol estuvo presente en Núñez. Fue una gran semifinal de campeonato, disputada con intensidad, con ritmo vibrante, con clase. No tuvo nada que ver con las habituales luchas decisivas de torneo o de copa que, en holocausto al resultado, terminan por derrotar al fútbol como espectáculo. Esto fue espléndido del principio al fin. Con un gol de entrada convertido por River de penal y con una situación de gol cada cuatro minutos de juego desde esos primeros 45 segundos del encuentro hasta el final del partido. Con jugadas electrizantes como el segundo gol de River (notable maniobra individual de Norberto Osvaldo Alonso, recordando un Bolazo que le vimos convertir de esa manera a Walter Gómez contra Huracán hace 26 años) o el segundo empate de Independiente (admirablemente bordado por Ricardo Bochini sobre la raya de fondo, con centro puesto en la cabeza de Alzamendi) o el tercer empate de River (carga de Pedro González sobre Trossero, quite, pelota al fondo, centro a la carrera y empalme de Alonso con la derecha, poniéndola en un ángulo del arco de Pogany). Con la definición espectacular y emotiva de un cuarto tanto marcado por Emilio Commisso con un cabezazo de pique al suelo sobre un comer, cuando River tenía un hombre menos (expulsión del uruguayo Carrasco) y casi no le quedaban piernas para luchar contra un adversario que aparecía más entero, física y numéricamente.

Treinta y seis minutos del primer tiempo. Gana River 2 a 1. Bochini recibe un comer ejecutado desde la punta izquierda. Amaga irse por adentro, pero la magia de su cintura lo lleva hacia el fondo de la cancha. Merlo queda desairado.

Treinta y seis minutos del primer tiempo. Gana River 2 a 1. Bochini recibe un comer ejecutado desde la punta izquierda. Amaga irse por adentro, pero la magia de su cintura lo lleva hacia el fondo de la cancha. Merlo queda desairado.

  
Viene el centro medido para que la cabeza de Alzamendi, saltando entre Comelles y Passarella, decrete el segundo empate.

Viene el centro medido para que la cabeza de Alzamendi, saltando entre Comelles y Passarella, decrete el segundo empate.

 

Lo que fue

El resultado final favoreció a River en cuanto lo declaró vencedor por 4 a 3 y en cuanto a lo difícil que se le presentó el encuentro pese a que a los 25 segundos de juego Insaurralde enganchó a Luque, el señor Nitti no dudó en cobrar el penal en el acto y a los 45 segundos sacudía la red el zurdazo de Passarella. Tras ese arranque tan favorable, aparecieron en escena los mediocampistas y delanteros rojos. Paralelamente, se cayó el medio juego de River y comenzaron a desnudar sus errores individuales y de sincronización los hombres de su defensa.

Las pocas veces que Norberto Alonso controló la pelota y se conectó con sus compañeros de ataque, renacieron las esperanzas millonarias. Sobre todo cuando Alonso concretó el segundo gol, cinco minutos después del empate logrado por Outes de penal. En esa conquista vimos todo lo que el fútbol puede ofrecer de hermoso, sutil, vibrante y espectacular. Tras la pared con Juan José López, Alonso gambeteó hacia la derecha, luego hacia la izquierda, lo engancharon y; cayéndose, cuando le salía el arquero, alcanzó a pegarle el latigazo con el empeine derecho para mandarla adentro.

Pero lo de Alonso no trascendía más allá de él mismo. Si bien su virtuosismo de jugado, dotado se exponía en plenitud, se le veía lento, falto de ritmo, casi sin piernas, como al resto de su equipo. Luque no se conectaba con su número diez, Jota Jota llegaba tarde en siete de 'cada diez balones y perdía inocentemente los tres restantes, y cuando partía el contraataque de Independiente, Merlo estaba siempre solo entre tres rivales. Y como uno de esos rivales era Bochini, también en la plenitud de su virtuosismo como Alonso, pero más veloz, más agresivo, con más piernas, comenzaban los padecimientos para la línea final de River. Se veía llegar el nuevo empate de los rojos y llegó a través de una brillante maniobra de Bochini. Y pudieron llegar más goles en el arco de Fillol, salvados casi todos por los reflejos y la enorme confianza en sí mismo que mostró el arquero de la selección. Sobre la hora del primer tiempo, presenciamos una situación se nos ocurre el símbolo de las ventajas que River te había otorgado a Independiente en esa primera etapa: se fueron los rojos al ataque con seis hombres, quedaron para enfrentarlos los cuatro del fondo local y su arquero; si no llegó el gol, fue porque Saporiti bajó a Bochini con un tackle alto, cambiando un posible contraste por un tiro libre.

En la segunda parte no varió el libreto. River siguió sin hacer sentir su condición de local, presionando a su adversario, ahogándolo en su propia mitad del campo, porque le faltaron piernas.

Minuto 17 del segundo tiempo. Tercer empate del partido. Alonso empalma con el empeine derecho un centro atrás de Pedro González y la mete en el ángulo superior izquierdo de Pogany.

Minuto 17 del segundo tiempo. Tercer empate del partido. Alonso empalma con el empeine derecho un centro atrás de Pedro González y la mete en el ángulo superior izquierdo de Pogany.

Commisso quedó adelantado al atropellar pero en el momento del remate de Alonso lo habilitaba Rigolino, antes de salir del campo.

Commisso quedó adelantado al atropellar pero en el momento del remate de Alonso lo habilitaba Rigolino, antes de salir del campo.

Independiente se sintió con más resto físico y Bochini disfrutó de la libertad de acción necesaria como para no sentirse visitante en ningún momento, como para mandarse siempre al ataque buscando el triunfo. Y con Carrasco en la cancha, reemplazando al reaparecido Luque, arrancaron ganando los rojos a través de una corazonada de Alzamendi, dejando en el camino a Comelles y Passarella para ponerla contra el palo más lejano de Fillol. Apenas habían pasado dos minutos de la etapa y ganaba Independiente 3 a 2. Con el correr de la etapa se fueron acumulando angustias y alegrías en la tienda riverplatense. Una gran jugada de Rigolino lanzado al ataque terminó en gol de Alzamendi, anulado por inexistente off-side. Otra de Alzamendi, dejando en el camino a Comelles y Fillol, terminó en rebote providencial. Llegó el empate de Alonso cuando cada avance visitante era una luz de peligro para el arco local. Vino la reacción antideportiva y antiprofesional de Juan Ramón Carrasco por un foul de Insaurralde y la perfecta sanción de Teodoro Nitti echándolo de la cancha. River se quedó con uno menos y, en la jugada siguiente, Outes se comió una pelota que debió abrir a Bochini o Alzamendi, solos, y se la dejó quitar. Estaba más entero Independiente, en tanto que River sólo podía apelar a dos ingredientes que siempre le han negado pero que, por lo visto, no le faltan: el amor propio y la garra. Así conquistó el triunfo, cuando faltaban menos de diez minutos para el final. Y así lo defendió, auxiliado por el oxígeno que agregó el ingreso del uruguayo De los Santos por Pedro González, quien había sido uno de los artífices fundamentales de la victoria.

Las piernas de Daniel Passarella van arriba, tratando de rechazar la pelota y la cara de Norberto Outes. El gesto del centro delantero rojo justifica la sanción del árbitro: tiro libre contra River. Dentro del juego también hubo lucha.

Las piernas de Daniel Passarella van arriba, tratando de rechazar la pelota y la cara de Norberto Outes. El gesto del centro delantero rojo justifica la sanción del árbitro: tiro libre contra River. Dentro del juego también hubo lucha.

 

Lo que vendrá

Visto lo que pasó en la cancha, fue un gran triunfo de River. Visto con sentido de futuro, fue un gran resultado para Independiente. Ya que con solo ganar por 1 a 0 en Avellaneda queda clasificado para las finales. Lo vimos más entero, con más vigor físico, con más facilidades para progresar en el terreno y llegar al área penal contraria, al vencido. Lo vimos moralmente fuerte, pero física y tácticamente deficitario al vencedor. River sigue teniendo excelentes jugadores. Independiente nos dejó mejor sensación de equipo. ¿Qué pasará en el partido de vuelta, dentro de cinco días? River lleva un triunfo de ventaja, pero no es equipo para ir a defender un 0 a 0. Deberá jugarse al ataque como lo hizo Independiente en Núñez. Porque Independiente aprendió la amarga lección que le dejó el partido de la Bombonera por la Copa cuando fue a refugiarse en una actitud defensiva que para equipos como el de Pastoriza o el de Labruna son directamente suicidas. La pregunta es: ¿admitirá Independiente un partido tan abierto, tan para el que juegue mejor de los dos, como lo hizo River este último domingo? Y surge inevitable el otro interrogante: ¿levantará River su estado atlético para estar en condiciones de luchar mano a mano en AveIlaneda? En tanto llega esa revancha, vaya un fuerte aplauso para los dos por el hermoso y vibrante espectáculo que nos regalaron en Núñez.

 

 

Por JUVENAL (1979).

Notas: ROBERTO DEFER y RUBEN KUPA

Fotos: FORTE, ABACA, RICARDO ALFIERI (padre e hijo), LEGARRETA, AGUIRRE, FIGUERAS, GRUBEN y OSCAR MOSTEIRIN.

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