Las Crónicas de El Gráfico

1964. Boca sufrió 45’ (y saboreó un campeonato). River saboreó 45’ (después de perder un año)

Por Redacción EG · 20 de marzo de 2020

A Boca le bastaba con no perder para saberse campeón. Para River era la chance de salvar todo un año de decepciones. La crónica de Juvenal y fotos excepcionales de un superclásico caliente.

Para Boca era un escalón más. Le bastaba con no perder para saberse dueño del título.

Para River era la chance de salvar todo un año de aflojadas y decepciones, ganándole al casi campeón. Además, arruinarle la fiesta a Boca. Lo que tiene casi tanta importancia como lo otro.

Boca no tenla que demostrar nada. El ideal hubiera sido un broche de oro en el momento de la consagración a costa del rival de toda la vida. Pero eso, sobre todo tratándose de este Boca tan utilitario, tan aferrado a la necesidad de fabricar resultados sin detenerse a meditar mucho sobre la mejor forma de conseguirlos o el modo más elegante de actor fabricarlos, era un hecho accesorio: lo fundamental para el dueño de la Bombonera era ASEGURARSE EL CAMPEONATO.

River, en cambio, tenía que demostrar algo. Que no estaba dispuesto a servir de "partenaire" para el festejo boquense. Que estaba en condiciones de hacer sentir su voz en la misma cancha de una barriada pintada de azul y amarillo para celebrar por anticipado la conquista. Que pese a su año en contra, River es siempre River.

Cada uno, a su manera y dentro de sus necesidades, logró su objetivo. Boca ganó un punto y —aunque la caída de Independiente demostró que no lo necesitaba— se aseguró el campeonato de 1964. River hizo su mejor primer tiempo del año, y aunque luego se vio apremiado por el empuje adversario dejó la neta sensación de que había hecho el fútbol más calificado y más limpio que pudo verse en la tarde.

Las dos hinchadas pudieron irse contentas. La de Boca, al grito "SI, SI, SEÑORES...", que ya es tradicional en el folklore de los campeones. Y la de River, recordando esos 45 minutos iniciales durante los cuales Boca no pudo pararse en la cancha y juntarse con la pelota, emprendió el regreso con aire sobrador Y una frase, también tradicional, a flor de labios: "¡Qué baile se comieron...!"

 

El gran dueto de habilidad. El gran empate. Luis Cubilla y Silvio Marzolini. En los primeros 45 minutos ganó el uruguayo. En los últimos, el rubio zaguero del campeón.

El gran dueto de habilidad. El gran empate. Luis Cubilla y Silvio Marzolini. En los primeros 45 minutos ganó el uruguayo. En los últimos, el rubio zaguero del campeón.

 

LAS DOS CARAS DEL CLÁSICO

El proceso del partido fue claro. De una diafanidad total.

Pero al mismo tiempo, contradictorio. Difícil de explicar.

Pocas veces hemos visto jugar tan mal a un equipo como lo hizo Boca en la primera etapa.

La Bombonera, ruidosa y explosiva de las horas previas al clásico, se cubrió con un manto de silencio. Sólo un bombo mantenía, con su voz monótona y machacona, la sensación de que el Jugador Número Doce estaba presente en el estadio. La bancada minoritaria, representada en unas pocas banderas riverplatenses y una tímida exhortación a la lucha antes del partido ("River, corazón..."), tenía la manija del debate y festejaba la exhibición de fútbol que estaba brindando allá abajo su equipo.

River había encontrado su formación y su forma de jugar ideal. La pelota salía limpia de atrás, cruzaba limpiamente la media cancha y se proyectaba con fluidez en el ataque.

Boca no encontraba la pelota y buscaba en vano hallar las piernas y el cuerpo de los contrarios. Consiguiéndolo a veces y haciéndose sentir por vía de Simeone, Grillo y Valentim (este último golpeando a Carrizo cuando éste ya hacía rato que era dueño de la pelota, en una lamentable demostración de impotencia). Pero quedando con frecuencia sus jugadores en la posición desairada del que tira un guadañazo al aire mientras el contrario se lleva la pelota.

River terminó ganando el período por un solo gol. Pudo haber sido por más. El juego realizado lo justificaba ampliamente. Los errores de la defensa de Boca, especialmente las elegantes "entregas" de su capitán Orlando a los pies de sus rivales, lo posibilitaba. Con el arranque de la segunda parte el panorama comenzó a cambiar. Boca seguía jugando mal. Entregando pelotas a cualquier parte. Avanzando a empujones. Pero River cada vez la tenía menos en su poder. Ya no podía "esconderla" como en el primer tiempo. Boca no armonizaba. Boca no llegaba a controlar el juego. Pero Boca se hacía "sentir" en la cancha cada vez más...

Así, llevándose a su rival por delante, forzando la disputa del balón, mordiendo corriendo, empujando, GOLPEANDO, el campeón le dio otra fisonomía al partido. Logró empatar y estuvo a punto de ganarlo.

River no se achicó ni se entregó. Siguió luchando. Siguió intentando su fútbol de circulación de hombres y de pelota. Pasaba que Boca ya no era el del primer tiempo. Era el mismo en la imperfección con que Orlando le pegaba al balón, en la rusticidad de movimientos y de recursos del Cholo Simeone, en los lentos reflejos de Silvero, en la falta de ductilidad de su línea ofensiva.

Pero siendo el mismo Boca en cuanto a capacidad de producción futbolística, era mucho más como "presencia" en la cancha. La personalidad de algunos de sus hombres vitales (Marzolini, Rattin, Grillo) influyó notoriamente en ese cambio. Sin embargo, el factor determinante de ese vuelco que sufrió la lucha debe buscarse en el temperamento especial con que Boca encara sus compromisos.

Paulo Valentim tratará de llegar antes al balón que Amadeo Carrizo, el impacto es inevitable.

Paulo Valentim tratará de llegar antes al balón que Amadeo Carrizo, el impacto es inevitable.

 

El abrazo de dos irreconciliables enemigos. Los dos fueron a la pelota y se encontraron "fraternalmente". La pelota se fue y al fin se la llevará Varacka.

El abrazo de dos irreconciliables enemigos. Los dos fueron a la pelota y se encontraron "fraternalmente". La pelota se fue y al fin se la llevará Varacka.

  

 

EL GRAN MËRITO DE BOCA

Sin que esto sea un juego de dialéctica, a partir de las críticas y hasta de los risibles comentarios que puede merecer la pobre impresión dejada por el cuadro de Rattin en la mitad inicial del encuentro, debe elaborarse el elogio de este conjunto que ha ganado el campeonato sin convencer, sin gustar, sin llenar los ojos del espectador, pero con toda legitimidad y merecimiento.

Otro equipo, superado como lo fue Boca ante River esos primeros 45 minutos, expuesto a pasar vergüenza, condenado al recurso primario y poco ortodoxo de tratar de frenar a golpes el mejor fútbol de su adversario, habría tirado le toalla.

Boca no bajó los brazos, no se desmoralizó, no se avergonzó. Siguió en lo suyo. Metiendo pierna. Luchando. Luchando siempre. Con tenacidad y con fe. Hasta en el error. Agrandándose a medida que pasaban los minutos.

Eso, que ya destacara en el comentario de su difícil compromiso con Gimnasia o como corolario de su triunfo en el partido clave del campeonato, contra Independiente, es lo que Boca pone sobre el campo en proporciones y con intensidad no igualadas por ningún otro equipo del torneo.

A Boca hay que aguantarlo los 90 minutos...

River lo superó y hasta se divirtió en los primeros 45. En los 45 restantes tuvo que aguantarlo... Y le costó bastante.

 

Cubilla culmina su gran maniobra personal (eludió a Orlando en tres oportunidades consecutivas), y cuando Marzolini se apresta a cerrarle el paso, El uruguayo va a desprenderse de la pelota. Artime "olfatea" el gol...

Cubilla culmina su gran maniobra personal (eludió a Orlando en tres oportunidades consecutivas), y cuando Marzolini se apresta a cerrarle el paso, El uruguayo va a desprenderse de la pelota. Artime "olfatea" el gol...

  
La pelota sobra el salto de Silvero. Cabezazo de Artime. Frenteando la pelota hacia abajo, al palo izquierdo de Roma. Gol de River.

La pelota sobra el salto de Silvero. Cabezazo de Artime. Frenteando la pelota hacia abajo, al palo izquierdo de Roma. Gol de River.

 

 

¿POR QUE TAN TARDE?

El equipo de Carrizo puede sentirse satisfecho de la performance cumplida en la propia casa del campeón. No consiguió escupirle el asado del campeonato, pero lo tuvo al borde del K.O. y le faltó muy poco para amargarle la tarde de su consagración.

Tuvo 45 minutos brillantísimos. De lo mejor que hayamos visto en el año como producción colectiva a cargo de jugadores individualmente capaces. Si Artime no se hubiera empecinado en jugar su propio partido, cortando muchos intentos en el instante decisivo por falta de toque o exceso de gula, River pudo dar el campanazo de llegar varias veces a la red tantas veces invicta del apolíneo Roma.

Aun con ese defecto —compensado en alguna medida por el excelente gol que obtuvo el mendocino, yendo muy bien al cabezazo y colocando el remate—, River dejó una sensación de prestancia y poderío que nada tenía que ver con ese conjunto inseguro, flojo, claudicante, que fue en la mayor parte del año.

Para quienes creyeron en River, este repunte expresado en la Bombonera puede ser motivo de satisfacción. Pero, en el fondo, es una nueva fuente de amargura.

¿Se necesitaba llegar a la penúltima fecha del torneo para comprender que dentro de los elementos con que cuenta el club no existía mejor formación que ésa que salió a la cancha contra Boca?

Ese medio campo que Enrique Fernández debió pelear siempre solo (y que antes de Enrique Fernández no consiguió cubrirlo nadie) necesitaba a un hombre como Cap. Sin virtudes técnicas, sin precisión, de toque, pero dotado de una garra para la lucha que no está en las convicciones ni en el temperamento de Matosas.

A su vez Matosas era el marcador de punta que los errores de Echegaray, la inseguridad de Bonczuk y la lenta recuperación de Ditro estaban pidiendo a gritos desde que empezó la temporada.

Con esos dos simples toques que pudieron hacerse mucho antes si no hubiera prevalecido en River el capricho (de alguna manera hay que llamarlo) de "fabricar" a Matosas como N° 5 se consiguieron estos tres importantes resultados: 1) mayor fortaleza defensiva, al hacer sentir su presencia delante de la última línea de 4 un hombre batallador y fuerte como Cap; 2) facilidad y seguridad de salida limpia por el sector izquierdo, ya que Matosas hizo valer su manejo y su limpio toque, sin que Carrizo se viera expuesto (como tantas otras veces) a la incógnita de lo que puede suceder cuando el N' 3 de River tiene la pelota; 3) posibilidad de que Enrique Fernández pudiera dedicarse a lo que mejor sabe y puede: armar, gestar, distribuir la pelota y administrar el ritmo del equipo.

Es lamentable que River no lo haya hecho antes. Posiblemente su hinchada no hubiera vivido otro año de frustración y el campeonato habría tenido otro sabor...

 

Amadeo a punto de retener un centro ante la entrada de Valentim. Ramos Delgado confía en el arquero de River y no interviene.

Amadeo a punto de retener un centro ante la entrada de Valentim. Ramos Delgado confía en el arquero de River y no interviene.

 


ACIERTOS DEL CLÁSICO

Fue un acierto pleno de River la integración de su sector defensivo y de su medio campo. Acertó también su dirección técnica en disponer sobre la cancha los punteros cambiados en relación al número de sus casacas.

Solari (N° 7) a la izquierda, hostigando a Rattin, pellizcando pelotas y yendo a la guerra con Simeone. Cubilla (N° 11) a la derecha, complicándole la vida a Marzolini, a Orlando y a todo Boca. Porque Marzolini no tenía comodidad para adelantarse y crear fútbol junto a González. Apenas si el recién casado N° 3 daba abasto marcando al burbujeante uruguayo, creador del gol de River con una maniobra sensacional...

El trabajo sincronizado de Ramos Delgado-Varacka en la última línea de River, iniciando juego desde el fondo, sin reventar la pelota y sin arriesgarla innecesariamente, fue otro sólido punto de apoyo del gran rendimiento colectivo que alcanzó River en el primer tiempo y de la relativa tranquilidad que vivió Carrizo cuando Boca se "mandó" al ataque con todo en el segundo.

A Boca hay que reconocerle el acierto de las contramedidas tomadas para el segundo tiempo: Grillo a la izquierda, mordiendo sobre Enrique Fernández y anulando el fácil arranque que el rosarino y Cubilla se habían asegurado en la primera etapa sobre González-Marzolini. Allí estuvo el punto de partida de la reacción. Cuando Menéndez se echó también sobre eso sector y el paraguayo Ferreira se les acercó más, Boca alcanzó a crear fútbol ofensivo.

 

Menéndez empalmó en un cuarto de vuelta un rechazo corto de la defensa riverplatense ante un tiro libre bombeado por Valentim y sacó el zurdazo. Carrizo alcanzará a tocar la pelota sin evitar el gol. Valentim en lugar de festejar con el autor del gol, se lo grita a Carrizo en la cara.

Menéndez empalmó en un cuarto de vuelta un rechazo corto de la defensa riverplatense ante un tiro libre bombeado por Valentim y sacó el zurdazo. Carrizo alcanzará a tocar la pelota sin evitar el gol. Valentim en lugar de festejar con el autor del gol, se lo grita a Carrizo en la cara.

 

 

LO EQUIVOCADO

La facilidad con que varios jugadores de Boca (Valentim, Grillo, Menéndez) se irritaron y fueron a un juego de violencia verbal y física contra sus rivales cuando la pelota pasaba al lado de ellos sin que pudieran tocarla. La blandura con que el juez Bosolino asistió a esas actitudes impropias de profesionales. La negativa contribución de Carmelo Simeone al juego de su equipo (ni vale la pena mencionar al espectáculo).

"El Cholo" debe haber batido varios de sus propios records: cada intervención suya fue un foul; pocas veces le he visto pegar tanto al rival que no tiene la pelota; tiró una pelota al sector de socios, cerca del final, y cuando la repusieron la tiró más arriba, a la tercera tribuna...

Acepto que, dentro de su rusticidad, Simeone es elemento útil. Para Boca y para cualquier equipo. Pero el domingo, decididamente, se pasó al otro lado...

En River: la tozudez de Artime por picar siempre y complicarle invariablemente la vida a Onega. Jugando así, cada día va a ser más fácil marcarlo y cada día le será más difícil llegar al gol, que es la razón de su existencia como futbolista.

 

 Nai Fioino le recrimina a Carrizo y Valentim al árbitro.

Nai Fioino le recrimina a Carrizo y Valentim al árbitro.

 

 

ANÁLISIS DE UN PUNTAJE

Conforme a la suma de la calificación a los 22 hombres del clásico, resulto triunfante  River Plato, que totaliza 69 puntos contra 61 de Boca.

Quizá pueda llegar a sorprender esta victoria numérica. Sin embargo, contabilizando todos los matices, todos los atributos que se analizan en el jugador para calificarlo, se nos ocurre que es ecuánime. RIVER MOSTRÓ MEJORES JUGADORES QUE BOCA.

RIVER JUGO UN GRAN PRIMER TIEMPO, COMO QUIZÁ NUNCA LO HABÍA HECHO EN TODO EL AÑO. CON VALORES INDIVIDUALES Y CON FUERZA COLECTIVA. NO MARCO MAS GOLES EN ESOS PRIMEROS 45 POR RAZONES AJENAS A SU MEJOR FÚTBOL. PERO PUDO DEFINIR EL PARTIDO.

 BOCA MEJORO EN LA SEGUNDA ETAPA, PERO SIN PODER EQUILIBRAR NI APROXIMARSE SIQUIERA A LO QUE HABÍA MOSTRADO RIVER EN LA PRIMERA. LO DE BOCA FUE OTRA COSA. FUE FUERZA. FUERON VALORES ESPIRITUALES. FUE SOLIDEZ MORAL, CAPACIDAD DE REACCIÓN ANTE LA IMPOTENCIA TÉCNICA DE MUCHOS DE SUS HOMBRES

 En el balance gana River. Tal como dicen los números. Y por paradoja resulta que Boca contó paro nosotros con el mejor jugador del campo. A despecho de su escasa riqueza técnica. Y a favor de su gran importancia en el resultado y en el cambio del trámite. No caemos en la trampa del "fulbito" ni del jugador con moños y túneles. Lo que mostró River en la primera etapa fue buen fútbol, con circulación, toque, desmarque, arranque y llegada. Superó a Boca con solvencia, con calidad. No fue esta vez el equipo temeroso ave no se anima a jugar lo que puede llegar a jugar de acuerdo con la capacidad técnica de varios de sus hombres.

A Boca le faltó el elemento principal. Le faltó fútbol. Por eso pierde en los números.

 

Valentim y Menéndez. Un modo especial de festejar el gol de Boca… dirigiéndose al arquero de River.

Valentim y Menéndez. Un modo especial de festejar el gol de Boca… dirigiéndose al arquero de River.

 

 

LAS SOMBRAS DE LA TARDE

La otra imagen de Boca. La cara mala de un justo campeón. Las sombras de una jornada triunfal que juntó dos soles en la fiesta sin horario- La defensa cumple. Las cifras —14 goles en contra en 29 partidos— dicen que allí se puede pasar balance sin que el pulso tiemble. Que en el bloque está la gran base del conjunto. El medio campo también gana en el recuento del torneo y la dupla Rattin-González está bien en sus funciones. Los grandes problemas de Boca nacen de la media cancha para adelante, cuando la claridad se nubla, cuando los caminos al gol se cierran. La fórmula uno se mantiene: pelota de Menéndez a Valentim, carrera y opción de remate. Poco más. Boca es un equipo sin punteros, sin gente que agrande la cancha. La inmensidad de Grillo sólo aflora cuando juega adentro, cuando las viejas piernas se rejuvenecen en el placer de la pelota trabada, en la demostración de una virilidad que nadie le negó. Y González es el ocho virtual, nunca el once que denuncia la espalda. No, este Boca necesita retoques. Y HABRÁ RETOQUES. Dirigentes y técnicos ya están de acuerdo. No se dan nombres. Se mantiene la unidad del plantel como corresponde, como lo impone la lógica. Pero habrá figuras (varias) que se irán de Boca- Y habrá otras que llegarán (cuatro) antes de la iniciación del campeonato 1965.

Simeone. Justificamos la vergüenza deportiva, el afán de no perder, el entusiasmo voleado en defensa de un club que paga muy bien y que exige en la misma medida. Estamos de acuerdo. Pero lo de Simeone en la tarde del domingo escapa a todo, rompe todas las posibilidades en materia de comprensión: veinte fouls; no jugar una sola vez, chocar siempre y hacer la hazaña de enviar la pelota a la tercera tribuna en un deliberado afán por ganar tiempo. Y otra más, bien lejos, allá a lo alto. Y el reloj corre... "Él juega para ganar... ¿qué va a hacer ?..." La explicación no alcanza. Y hasta se llega a comprender ese gesto de Cubilla, aplaudiéndola, con los brazos arriba; mientras el público que estaba más cerca del cielo trataba de devolver la pelota desde lo alto.

 

Ya pasó todo. Ramos Delgado congratula a Grillo. Telón.

Ya pasó todo. Ramos Delgado congratula a Grillo. Telón.

 

Valentim. Mal, redondamente mal. Las pullas recíprocas intercambiadas con Carrizo nunca llegaron a ese terreno. Valentim tiene la obligación de soportar las mismas bromas que él gastó al arquero de River en tantas tardes. Ese puntapié a Carrizo con pelota dominada está más allá de lo tolerable. Esa pelota que dejó junto a la raya (a treinta metros de Carrizo) cuando el arquero se la pidió para ejecutar la infracción con que habían sancionado al boquense tampoco la comprendemos. Como saldo quedó un Valentim apagado, sin brillo, en el instante final. Y el aplauso que la hinchada boquense tributó al arquero de River cuando fue a ocupar su puesto antes de empezar el partido...

Menéndez. El primer gran enojado. Agresivo, demasiado nervioso, inquieto. Buscó a Cap verbalmente, con frases que nadie se atreve a investigar. Le hizo un foul feo a Varacka (segundo tiempo) que afortunadamente no tuvo respuesta. Se sumó al grupo que hostigó a Carrizo después del gol. Y acto seguido se fue detrás del arco, frente al sector ocupado por la hinchada de River... y (no queremos dar otros detalles) estuvo peor que en todas las otras.

 

JUVENAL. Fotos: ALFIERI, GONZALEZ, LEGARRETA, PELLIZZERI, SPERANZA, AGUIRRE y ABACÁ.

2 DICIEMBRE, 1964

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