Las Crónicas de El Gráfico

1996. Holyfield derrota a Tyson

Por Redacción EG · 02 de marzo de 2020

En las apuestas, Iron Mike llevaba ventaja de 25 a 1, pero Evander Holyfield rompió contra todos los pronósticos y le ganó por K. O. Técnico en el undécimo round. Fiesta del boxeo en Las Vegas.

Quienes miraban sentados en las plateas ubicadas en el Gran Garden, del MGM Hotel de Las Vegas, se pararon como impulsados por una corriente eléctrica colectiva, se tiraron encima sus cervezas, se olvidaron de la elegancia de sus smokings.

Aquéllos que observaban desde sus camas, acostados frente al televisor, en miles de ciudades de diferentes países del mundo, se sentaron empujados por la incredulidad, exclamaron en vaya a saber cuántas lenguas y seguramente no pudieron dormir por un buen rato.

Un solo hombre, con una andanada de golpes, provocó que el mundo entero se sacudiera en el mismo instante.

A las diez menos cuarto de la noche de Las Vegas, Evander Holyfield culminó una inolvidable paliza sobre Mike Tyson, y obligó a que el árbitro Mitch Halpern detuviera la pelea a los 37 segundos del undécimo round: nocaut técnico.

Lo impensado, lo improbable, lo imposible para la mayoría, había sucedido. Evander Holyfteld acababa de vencer a Mike Tyson, el hombre más temido de la Tierra, le arrebataba el título de campeón de los pesados de la Asociación Mundial, daba forma así a una de las mayores sorpresas de la historia del boxeo y escribía su nombre a la altura de los últimos grandes: Rocky Marciano, Muhammad Alí, Joe Frazier, George Foreman, el propio Mike Tyson...

El público, desde la primera fila del ring—side hasta el último televisor en el rincón más escondido del planeta, lo observó con la boca abierta y lo registró para siempre en la memoria de las noches que hacen historia.

El 9 de noviembre en el MGM de Las Vegas, combatieron Mike Tyson y Evander Holyfield.

El 9 de noviembre en el MGM de Las Vegas, combatieron Mike Tyson y Evander Holyfield.

Pero la noche duró diez rounds y un poco más. Exactamente 40 minutos y 37 segundos le llevó a Evander Holyfield consumar una brillante lección de boxeo, imponerse sobre su rival en cada una de las facetas del combate y demostrar que, cuando a Mike Tyson le aguantan las primeras arremetidas, su escasa lucidez intelectual no le permite resolver los problemas posteriores.

Las especulaciones previas no eran demasiado variadas. Nadie dudaba de que "Iron Man", el campeón indiscutido, cuatro años más joven que su rival (30 contra 34), arrasaría con Holyfield. La fortaleza de Tyson, quien pesó 100,790 kilos —el mayor peso de su carrera— no dejaba espacio aparente para la duda.

Las apuestas —que son las encuestas de Las Vegas— demos-traban cuál era la idea predominante: Tyson era favorito por 25-1. Así arrancó la pelea. Con el campanazo inicial, Tyson salió con su estilo a demoler a su rival, y su primera derecha recta encontró la cara de Holyfield. Pareció que se escribiría la crónica anunciada, pero no. Holyfield aguantó firme, devolvió los primeros golpes y comenzó a desarrollar su plan: tirar el jab de izquierda para contener, combinar dos o tres golpes desde la larga distancia y trabar cuando se planteaba la pelea corta.

Al terminar el primer round, Holyfield volvió a su esquina y escuchó a su entrenador Don Turner decirle: "Ya viste lo que tenías que ver. Ahora todo lo que debes hacer es calmarte, y este hombre es tuyo..."

La idea medular del combate, la que definiría la suerte de ambos boxeadores, quedó planteada en esa frase sabia. Holyfield había aguantado bien los primeros golpes de Tyson. El campeón, por su parte, comenzaba a sufrir la estrategia de Holyfield.

Toda la potencia de Iron Mike en el rostro de Holyfield. Iron Mike era el favorito.

Toda la potencia de Iron Mike en el rostro de Holyfield. Iron Mike era el favorito.

A partir de ese instante, cada imagen de la pelea planteaba una nueva preocupación para Tyson. Los momentos son varios: el segundo round lo encontró defendiéndose contra las cuerdas, algo que no había hecho desde su regreso al boxeo. El comienzo del cuarto round significó el ingreso a su pelea más larga desde que dejara la prisión (a sus cuatro anteriores rivales —Mc Neeley, Mathis Jr., Seldon y Bruno—los había vencido en las tres primeras vueltas). Nada parecía favorecerlo, claro está. Apenas dos rounds más tarde llegaría otro minuto clave, la primera situación real de quiebre a favor de Holyfield.

Es que el sexto asalto pareció el comienzo del fin. Tyson sufrió un corte sobre su ceja izquierda —tal vez en un choque de cabezas— y, en un cruce de golpes cuando fue a buscar con furia a su rival, se encontró con el gancho ascendente de Holyfield, que pegó seco en su mandíbula para mandarlo por segunda vez a la lona en toda su carrera.

Habían pasado 45 segundos de esa vuelta. A esa altura, el aliento para Holyfield, natural de Georgia, era tan sostenido como la sorpresa general. Y, claro, ya nadie apostaba a Tyson... pero el combate, que el histriónico —e histórico— Don King presentó como "Finally" (Finalmente), tiene intimidad propia y protagonistas con algún pasado en común. El enfrentamiento original había sido previsto para el 8 de noviembre de 1991. Por aquellos días, Tyson intentaba olvidar su derrota con Buster Douglas, había cambiado de entrenador y soportaba las primeras acusaciones judiciales que terminarían con él en la cárcel. Holyfield, en tanto, tenía 29 años, estaba invicto en su carrera y venía de defender con éxito su corona de campeón del mundo de los pesados ante George Foreman.

Para aquel combate, Tyson cobraría "sólo" 15.000.000 de dólares, mientras que Holyfield tenía asegurados 30.000.000.

 

Tyson a punto de caer, una situación que no era habitual.

Tyson a punto de caer, una situación que no era habitual.

 

 

La caída fue en el sexto round, Tyson no la pasó bien.

La caída fue en el sexto round, Tyson no la pasó bien.

 

Pero Tyson apareció de traje y esposado rumbo a la cárcel de Indiana, convicto por violación, y todo quedó en la, nada. Por lo menos hasta cinco años después, cuando en este noviembre de 1996 la chance volvió a presentarse, pero con actualidades muy distintas. Tyson, ganador y campeón indiscutido. Holyfield, cuestionado luego de su derrota con Riddick Bowe y por los problemas en su corazón que lo obligaron a abandonar el ring por 13 meses.

Por eso, esta vez Tyson se aseguró 30.000.000 de dólares, mientras que Holyfield "apenas" 11.000.000. Por este pasado inconcluso, también, los medios periodísticos norteamericanos se cansaron de titular: "The wait is over" (La espera ha terminado) y anunciaron el combate como el más importante de los últimos tiempos... (la frase preferida de Don King desde los tiempos de Muhammad Alí hasta estos días).

Ambos boxeadores, en tanto, tienen cierto pasado compartido. Holyfield y Tyson se conocían desde hace 12 años, cuando compartieron campos de entrenamiento en Texas para el torneo "Guantes de Oro", que era clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Los Angeles '84. Llegaron inclusive a enfrentarse durante un round de entrenamiento. "Pero no me permitieron golpearlo fuerte porque él estaba lesionado...", confesaría Tyson. En aquel ya lejano 1984, Tyson y Holyfield llegaron a convertirse en amigos, tal cual lo admitiera el propio Evander en su libro autobiográfico "The humble warrior" (El humilde guerrero):

"Tyson y yo estábamos siempre juntos. Conversábamos. En algún sentido, todos los demás marginaban a Tyson, pero no yo. Siempre supe que él sólo necesitaba un amigo. Él no era alguien con mucha confianza en sí mismo. Tengo un montón de amigos de los 'projects' (viviendas construidas por el Estado) iguales a él..."

Mike Tyson también lo asintió con una sonrisa: ¨Nos divertimos y salimos con algunas chicas en la Villa un par de veces…¨

De esos días, sólo queda el testimonio de una foto en la que Holyfield aparece sonriente y abrazando cariñosamente a Tyson, ambos con caras juveniles...

 

El árbitro Halpern va a empezar el conteo.

El árbitro Halpern va a empezar el conteo.

 

Pero la amistad, que no aparecía como un elemento importante en el combate, resultó decisiva para el grupo que acompañaba al campeón. En el Tyson Team —tal cual se autodenominan— la preocupación era clara: Mike no odiaba a Holyfield como a la mayoría de sus rivales anteriores. Y en una persona de reacciones y razonamientos primitivos como él, podía ser un factor en contra, pues le quitaría su agresividad natural...

Fue por eso que John Horne y Rory Halloway, manager y comanager de Tyson, inventaron una frase y la pusieron en boca de Holyfield: "Nunca voy a defender mi título contra un violador", dicen que habría dicho Evander. La frase pareció provocar el efecto buscado, y Tyson salió a responder de inmediato: "El señor Holyfield dijo cosas muy feas. Dijo una palabra (violador) que para alguien que estuvo en la cárcel, como yo lo pasé, es como ponerle una pistola en la cabeza y apretar el gatillo..."

Holyfield negó haberlo dicho —cosa que parece cierta—, pero el campeón ya estaba montado en la agresividad verbal que habían desatado sus managers. "¿Holyfield? No creo que esté en mi Liga, y no creo que tampoco lo estuviera cinco años atrás cuando casi peleamos por primera vez", agregó con ironía.

Holyfield prefirió mantener su tono amistoso, pero demostrando seguridad en sí mismo: "Sé que no le caigo mal a Tyson. Todo esto es una guerra inventada por su gente Para engañarlo...", advirtió. Y luego afirmó: "¿Cuántos juicios boxísticos ha tenido Tyson en su carrera? Urjo solo: Buster Douglas. Este hombre fue probado sólo una vez, y perdió. Nunca volvió para redimirse a sí mismo. Entonces, ¿cómo se puede saber si soportará otro juicio como ése?"

Holyfield exhibía de esta manera su confianza, mientras mostraba también su fe religiosa hablando de Dios, del Espíritu Santo y de su amor por el prójimo. Tyson, quizás de verdad cansado de todo eso, sólo confesó con tina mueca de disgusto: "Sí, él es el buen chico de la iglesia y yo soy el malo, el villano, el negro musulmán..."

 

Mike Tyson en la lona.

Mike Tyson en la lona.

 

Los fuegos verbales —generados también para la promoción— estaban en su lugar. Tyson y Holyfield se olvidaban por un momento del pasado que los tuvo como amigos y de la pelea que no pudo ser cinco años atrás, y se disponían a enfrentar la gran noche.

"Finally", como anunció Don King con los pelos de punta.

A partir del dramático sexto round, de la caída de Tyson y de la seguridad de Holyfield, quedó definitivamente planteada la pelea que, con inteligencia, habían imaginado en el rincón del retador.

"No he visto todavía al Tyson de antes que fuera encarcelado", había dicho Don Turner, entrenador de Holyfield, y agregó: "El tira golpes muy abiertos, con su quijada descubierta al aire". Emanuel Steward, director técnico anterior de Holyfield, también anticipó: "No sé si Mike se encuentra preparado para una pelea larga. Evander está mejor dispuesto a enfrentar varios rounds. Y también sé que Holyfield es un peleador que aparece en las grandes ocasiones. Se despierta para los grandes combates. Siempre fue así..."

Así, Holyfield se impuso en el séptimo, octavo y noveno rounds con claridad. Confundiendo a Tyson y manejando con inteligencia la pelea, de acuerdo con el plan que más le convenía. En el décimo, el campeón recibió un directo de derecha en pleno rostro y quedó paralizado en el ring. La seguidilla de golpes cruzados de Holyfield fue tremenda, demoledora...

El público, en estado de histeria, sólo esperaba que un Tyson bamboleante se cayera. Pero éste, aún sin respuestas, se mantuvo de pie, contra las cuerdas, hasta que sonó la campana del final del round. Confundido y agotado, se fue hasta su rincón. En su interior, seguramente, sabía que ya había perdido la segunda pelea de su carrera profesional, y con ella el título de campeón mundial de todos los pesos.

Tyson luce como pocas veces se lo vio en un ring. Es el round número 11 y el árbitro está por finalizar el combate.

Tyson luce como pocas veces se lo vio en un ring. Es el round número 11 y el árbitro está por finalizar el combate.

El round 11 sólo sirvió para definir lo que ya era irreversible. Tyson recibió dos, tres golpes de Holyfield, y el árbitro Mitch Halpern marcó el final: nocaut técnico.

¿Qué había pasado? Las claves primordiales ya están enunciadas: la inteligencia de Holyfield, el perfecto plan de su entrenador, su conocimiento real de cómo pelearle y vulnerar a Tyson...

Pero hay otros dos elementos que surgieron luego de observar al propio Tyson. El primero es que su rincón no le brindó las respuestas que él no podía encontrar en el ring. El segundo, y para agravar la situación, hay quienes aseguran que su equipo le eligió sparrings de bajo nivel, a quienes Tyson castigaba con facilidad, lo cual le dio una falsa sensación de potencia...

Tyson, luego de la pelea y mostrando su evidente confusión, sólo murmuró: "No sé bien qué pasó. Él es un gran peleador e hizo una gran pelea. ¿La caída? Fue un muy buen golpe de Holyfield..."

Festeja Holyfield, pese a todos los pronósticos, ganó el tituli mundial de los pesados (AMB). La revancha sería un año más tarde, sería la pelea recordada porque Tyson mordió la oreja de Holyfield y fue descalificado.

Festeja Holyfield, pese a todos los pronósticos, ganó el tituli mundial de los pesados (AMB). La revancha sería un año más tarde, sería la pelea recordada porque Tyson mordió la oreja de Holyfield y fue descalificado.

Como fuere, lo cierto es que este domingo 10 de noviembre amanece con el mundo todavía preguntándose qué pasó. Tyson, el hombre más temido de la Tierra, anduvo por la lona, recibió una paliza memorable y se quedó sin su título de campeón del mundo y con muchos interrogantes mirando hacia el futuro.

Evander Holyfield, en tanto, el humilde guerrero de Atlanta, escribió su nombre entre los grandes. Como sólo Muhammad Alí lo había hecho, se coronó por tercera vez (1990, 1993 y 1996) campeón mundial de todos los pesos.

Rocky Marciano, Muhammad Alí, Joe Frazier, George Foreman y el propio. Mike Tyson, los grandes del último medio siglo, tienen nueva compañía. Evander Holyfield, desde ahora y para siempre, está junto a ellos.

 

 

Por GONZALO ABASCAL (1996).

Fotos: THE ASSOCIATED PRESS / JEFE SCHEIO Y LENNOX MC LENDON y REUTERS.

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