Las Crónicas de El Gráfico

1940. San Lorenzo dio vuelta el clásico de Boedo

Por Redacción EG · 18 de febrero de 2020

Comenzó ganando Huracán, pero finalmente el clásico de barrio quedó en manos de San Lorenzo que terminó triunfando por 4 a 2. El encuentro correspondía a la primera fecha del campeonato.

Medio minuto se había jugado cuando Rodríguez dió la alegría del primer gol a los hinchas de Huracán. Y diez minutos cuando el mismo jugador venció de nuevo a Guaico, dando entonces algo más que alegría: la tranquilidad de un match, definido de entrada, de esos en los que uno se dedica a disfrutar la exhibición del team favorito, sin muchas exigencias y sin angustia alguna.

Si en esos diez minutos San Lorenzo no se había hecho presente más que en una tentativa de los forwards centrales, terminantemente destruida por la zaga local, y si los delanteros de Huracán — aunque ausente el mejor — entraban sin grandes dificultades en el sector visitante, ¿qué duda podía existir sobre el resultado del partido?

El desarrollo del juego en el transcurso del período no hizo más que afirmar esa sensación de cosa concluida apenas empezada. No había quien parara a los ágiles locales. La línea media de San Lorenzo fallaba en su punto esencial, el eje, y los backs titubeaban, procedían sin energía, sin decisión. Solamente Guaico mantuvo su notable nivel habitual. Sin apoyo ninguno, demasiado hacían los forwards sanlorencistas, transmitiendo una impresión de optimismo, de espíritu de lucha — "no está muerto quien pelea" — en completa oposición con el achatamiento resignado de la defensa.

Bongiovanni y Núñez en la zona peligrosa de los locales. El puntero de San Lorenzo ha conseguido cabecear la pelota.

Bongiovanni y Núñez en la zona peligrosa de los locales. El puntero de San Lorenzo ha conseguido cabecear la pelota.

San Lorenzo estaba perdido, irremediablemente. Podíamos dedicarnos a contemplar el juego de los "ganadores". No conformaba con amplitud. Faltaba envergadura en la acción de conjunto. Carecía de orden el ataque. Dos situaciones propicias bien aprovechadas los habían colocado en ventaja y el adversario venía actuando mal, pero no era el caso de regalarle elogios a Huracán. Era notoria una falla doble: la de los insiders. Guerra nos resultó — por uno de esos fenómenos que provoca el contraste — un continuo motivo de recordación para Baldonedo. Lento, descolocado, individualista, el provinciano andaba con la pachorra del que ya tiene todos los problemas resueltos y respira por el gusto de respirar... Barros... Bueno, de Barros preferimos hablar más adelante con detención.

Como el match iba  formándose sobre la base de contrastes superpuestos, teníamos otro más: en Huracán, al revés de lo que pasaba en San Lorenzo, lo mejor era la defensa y los dos wingers; lo peor, el terceto central del ataque. Pero se advertía también falta de armonía en el conjunto y, por añadidura, no era muy bueno el estado físico.

En tales condiciones, con semejante panorama, demás está decir que el "clásico" decepcionaba al espectador imparcial. El interés mayor radicaba en el empeño de Lángara, Waldemar y Fabrini; en la lucha de los tres contra otro trío bravo: Barrionuevo, Marinelli y Alberti.

Refleja con elocuencia el peligro de la jugada y la intensidad de la acción esta notable fotografía, en la que se ve a Lángara caído luego de haber provocado una situación que se supuso habría de terminar en gol. Dicho jugador disputó la pelota con Barrionuevo, se la llevó con un "taquito" y perdió el equilibrio. Aquella saldrá del field sin que Bongiovanni ni Núñez alcancen a tocarla.

Refleja con elocuencia el peligro de la jugada y la intensidad de la acción esta notable fotografía, en la que se ve a Lángara caído luego de haber provocado una situación que se supuso habría de terminar en gol. Dicho jugador disputó la pelota con Barrionuevo, se la llevó con un "taquito" y perdió el equilibrio. Aquella saldrá del field sin que Bongiovanni ni Núñez alcancen a tocarla.

 

CAE HURACAN

Aquella tranquilidad brindada por los jugadores del globito a sus hinchas, en el comienzo del match, gracias a dos oportunas intervenciones de su mejor delantero, Rodríguez, había disminuido mucho cuando se inició el segundo período, con la sola diferencia de un gol. (Lángara estaba ya presente en la temporada de 1940). Cuando un team se coloca en ventaja tan prematuramente, después de obtener los goles tiene que demostrar valores para merecerlos. Es lo que faltó en Huracán. Recibió el premio por anticipado y luego le faltaron recursos para conservarlo. En San Lorenzo sucedió todo lo contrario. Fue ascendiendo a medida que transcurrían los minutos.

La segunda etapa constituyó un motivo de frecuentes satisfacciones para la hinchada que llevó la peor parte en el half time inicial. Bastó que mejoraran su actuación algunos hombres de la defensa y que no cejaran en su afán los tres centrales. Así superó San Lorenzo la actuación en el segundo tiempo. Por parte de Huracán, fácil fue advertir el fracaso de los insiders, acentuado por el cansancio.

Huracán, que iba ganando y perdió. Parados: Giudice. Bongiovanni, Marinelli, Barrionuevo, Titoneil y Perdomo. Agachados: Alberti. Barros, Masantonio, Guerra y Rodríguez.

Huracán, que iba ganando y perdió. Parados: Giudice. Bongiovanni, Marinelli, Barrionuevo, Titoneil y Perdomo. Agachados: Alberti. Barros, Masantonio, Guerra y Rodríguez.

El empeño de todo el cuadro de San Lorenzo para lograr el empate dió como resultado que el match adquiriera verdadero interés. Fue ese el mejor momento del partido. Se jugó entonces con energía, a veces con violencia, y pudo disfrutarse del espectáculo que brindaban Lángara y Alberti, porque los dos corrían juntos de un lado para otro y se perseguían mutuamente, saltando al mismo tiempo, uno en la tarea ofensiva, el otro en la de contención; lucha varonil, franca, y al mismo tiempo ejemplar por la limpieza y la corrección, hasta por la simpatía — puede decirse — que fluía de los dos.

Se produjo el hand penal de Marinelli, convirtió Lángara, y entonces sí que se terminó el partido. Como si aquel nuevo winger demostró que hubiera sido el desastre, como si hubieran estado peleando para evitar que eso sucediera, como si hasta ahí no más hubiera llegado el ánimo, la vitalidad, el aliento, cayó a pique el cuadro de Huracán. Y el "ciclón" hizo cambiar de rumbo el clamor de las tribunas.

Equipo de San Lorenzo, ganador del primer clásico del año. De izquierda a derecha, de ole: González, Giuliano (masajista), Farías, Guaico, Colombia, Terzolo, Morales y Stábile (entrenador). Agachados: Vidal, Fabrini, Lángara, Waldemar y Núñez.

Equipo de San Lorenzo, ganador del primer clásico del año. De izquierda a derecha, de ole: González, Giuliano (masajista), Farías, Guaico, Colombia, Terzolo, Morales y Stábile (entrenador). Agachados: Vidal, Fabrini, Lángara, Waldemar y Núñez.

San Lorenzo entero creció, avivado por la perspectiva del triunfo y por el desaliento de los rivales. Para remachar la obra, Waldemar señaló un gol estupendo, rúbrica magnífica para su labor intensa y productiva de toda la tarde. Y luego cerró la cuenta el puntero izquierdo, Núñez, con una de esas jugadas de lujo que perfilan a un crack. En la acción previa al primer tanto y en esta personal del último, el hay en él inteligencia, serenidad y visión.

 

NO LLEGO A SER UN BUEN MATCH

El clásico no conformó plenamente como espectáculo. A Huracán le faltó la garra, la firmeza y el estado físico que lo exaltaron a los primeros puestos el año pasado. Se notó muchísimo la ausencia de Baldonedo. El centre hall corrió mucho, pero sin provecho y en el segundo tiempo se cansó. De Barros quería decir que debe preocuparse más en jugar para su equipo que en andar buscando al contrario para hacer foul tras foul y provocar cuestiones personales.Además de hacerse antipático resulta perjudicial para sus compañeros.

El segundo gol de Huracán, señalado por el puntero izquierdo Rodríguez, autor de los dos tantos del bando local. Un centro de Perdono fue desviado por Masantonio hacia la izquierda y Rodríguez dirigió al arco un shot cruzado de gran precisión. En el primer tiempo la defensa visitante actuó algo desorientada.

El segundo gol de Huracán, señalado por el puntero izquierdo Rodríguez, autor de los dos tantos del bando local. Un centro de Perdono fue desviado por Masantonio hacia la izquierda y Rodríguez dirigió al arco un shot cruzado de gran precisión. En el primer tiempo la defensa visitante actuó algo desorientada.

Cuando la exigieron, la defensa de San Lorenzo no respondió bien, excepto Guaico, Colombo y por momentos González. El winger derecho Vidal mejoró en el segundo período. Núñez actuó siempre bien. La atracción y la efectividad de Lángara estuvieron auxiliadas por el trabajo notable de Fabrini y Waidemar, verdaderos gestores del triunfo.

Digno de elogio, por encima de toda mención personal, fue el espíritu deportivo que reinó en el conjunto de San Lorenzo. Aunque el ejemplo partió de los forwards, hubo en la defensa quienes mantuvieron el entusiasmo y no se dieron por vencidos. Luego, el excelente estado físico les permitió derrochar energías cuando se trató de buscar el triunfo que en el primer período parecía imposible. Como táctica resultó un acierto el juego de los punteros, que muy rara vez centrearon desde el extremo, sino que tendieron siempre a cerrarse sobre el arco para hacer el pase hacia atrás.

Con el primer gol de Lángara, reproducido en esta escena, se inició la reacción de San Lorenzo. Esa aparente mancha es el brazo del winger Núñez, quien luego de una acción inteligente hizo el pase hacia atrás, que el vasco aprovechó con su habitual oportunismo.

Con el primer gol de Lángara, reproducido en esta escena, se inició la reacción de San Lorenzo. Esa aparente mancha es el brazo del winger Núñez, quien luego de una acción inteligente hizo el pase hacia atrás, que el vasco aprovechó con su habitual oportunismo.

La labor de Farias no trascendió al espectador, pero cabe destacar esta circunstancia: Masantonio no estuvo nunca descuidado y no pudo ejecutar ningún shot al arco. Con todo, la verdad es que no conforma esa defensa. Habrá que verla frente a un ataque más peligroso de lo que fue esta vez el de Huracán, a pesar de lo cual le señaló dos goles.

 

 

Por Sobrepique (1940).

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