Las Crónicas de El Gráfico

1959. Suárez, patrón de la San Silvestre

Por Redacción EG · 31 de enero de 2020

En San Pablo se corría la maratón de San Silvestre N° 35 y en esta oportunidad el argentino Osvaldo Suárez sería el ganador, tuvo como principales competidores a Hyman de Inglaterra y a Faria de Portugal.

Cuesta trabajo situar al lector en lo que es San Pablo durante los últimos días del año. Es toda una ciudad que vibra ante la realización de su San Silvestre. Porque desde hace ya tiempo tan sensacional prueba ha dejado de pertenecer pura y exclusivamente a "A Gazeta Esportiva" para convertirse en un patrimonio de la ciudad misma.

Ese es posiblemente el gran secreto de la San Silvestre y una de las razones fundamentales de su éxito sin par.

Todo el mundo siente la necesidad de colaborar en la realización de la carrera, y así desde la gran cantidad de premios que donan los particulares y las casas comerciales hasta el total apoyo de las autoridades municipales Y Policiales, San Pablo íntegro pone el hombre para darle brillo a esta singular competencia.

Se hace difícil llevar al papel la extraña sensación de deslumbramiento que se siente a medida que se va acercando la hora de la largada.

 

La previa de la maratón de San Silvestre.

La previa de la maratón de San Silvestre.

 

El público que se va acomodando atrás de los cordones que bordean todas las calles del recorrido, el despliegue de las emisoras de radio y televisión, los reflectores hiriendo el cielo con sus chorros de luz, la llegada de los efectivos policiales (infantes y motociclistas) y la banda de música que comienza a arrojar al aire los primeros sones marciales van templando el ánimo para lo que será el máximo de lo emocional en momentos de la puesta en marcha.

 A las 23.40 se oyeron los acordes del himno nacional brasileño, y apenas finalizado éste un tiro y el comienzo del ulular de la sirena de "A Gaseta Esportiva" indicaron que se había largado la carrera.

Bajo una lluvia de confetti Y alentados por la ensordecedora grita del público Presente los 217 hombres partieron hacia la victoria.

 

 Largada de San Silvestre 1959.

Largada de San Silvestre 1959.

 

Estábamos en 1959 y despedíamos el año asombrados por un espectáculo realmente maravilloso. Minutos después nacía 1960 y nosotros lo recibíamos presenciando el triunfo brillante de un argentino en la difícil carrera. Osvaldo Suárez hizo que apenas nacido el nuevo año oyéramos emocionados el Himno Nacional argentino... ¡y en el extranjero!

Osvaldo Suárez era el favorito de la carrera, siendo en los papeles su más peligroso adversario el inglés Martin. Hyman, a quien el 19 de agosto de 1959 le había ganado por escasos dos metros en Linz (Austria) una carrera de 5.000 metros, donde el argentino hizo 14'11"06, logrando con ese tiempo el triunfo y un nuevo record sudamericano en la distancia.

Pero las posibilidades de Hyman quedaron bastante reducidas ante las dificultades que experimentó en su viaje.

En efecto, después de mis de treinta horas de avión llegó a San Pablo seis horas antes de largarse la prueba, de manera que apenas tuvo tiempo de comer alguna cosa, dormir un rato, hacer el recorrido en auto y presentarse en la línea de largada.

Difícil se hacía que un hombre que corriera en tales condiciones pudiera tener éxito. Los demás competidores podían ser rivales de cuidado,  pero al que Suárez más respetaba era al inglés. Por supuesto que ante lo ya relatado le perdió un poco de respeto.

Oportunísima instantánea del momento en que el canadiense Kyle y el argentino Suárez dan alcance al inglés Hyman, que había mantenido la punta e impuesto el tren de marcha durante casi toda la prueba.

 

El canadiense Kyle y Suarez Osvaldo alcanzan al ingles Hyman.

El canadiense Kyle y Suarez Osvaldo alcanzan al ingles Hyman.

Apenas largada la carrera tomó resueltamente el comando del lote el belga Gaston Roelants, quien a la altura del primer kilómetro de carrera se había despegado unos cincuenta metros. Lo seguían a esa distancia y  formando un compacto lote: Suárez, el portugués Manoel Faria, el inglés Hyman, el canadiense Kyle, el argentino Luis Sandoval, el enviado de El Gráfico, Alberto Ríos, y otros.

Poco duró la intentona del belga. Unos quinientos metros  más adelante fue alcanzado por sus perseguidores y entonces allí se establecieron diferencias qué se mantendrían durante la mayor parte de la carrera.

El inglés Hyman pasó a comandar resueltamente el lote. Se despegó unos setenta metros que lo perseguían y de paso que se nos violentó se encaminó la calle Gabriel Dos Santos.

Segundo marchaba el canadiense Kyle y apareado a él lo hacía Osvaldo Suárez. Más atrás debían marchar Faria, Roelants, Sandoval y otros, pero nosotros desde el coche en que íbamos acompañando a los punteros no alcanzábamos a divisarlos.

Con las posiciones en la forma que acabamos de enumerar entraron los atletas en la calle Gabriel Dos Santos, que se caracteriza por correr en una cuesta de unos setecientos metros aproximadamente.

Nosotros pensamos que el inglés no aguantaría semejante ritmo hasta el final de la subida y que su resistencia —que no podía ser mucha— quedaría terminada a esa altura. Sin embargo, no sólo aguantó la subida de setecientos metros sino que también siguió puntero en la corta bajada que le sigue, en la otra breve subida que continúa y en el suave descenso en que transcurre la avenida Angelica. Recién comenzaron a acortarse las distancias entre el puntero Hyman y sus perseguidores Kyle (canadiense) y Suárez (argentino) después de los cinco kilómetros, a la altura de la calle Sebastián Pereira.

 

Suárez superando al ingles Hyman va tras el canadiense Kyle.

Suárez superando al ingles Hyman va tras el canadiense Kyle.

 

En los seis kilómetros ya los tres hombres corrían apareados, mientras el inglés daba señales inequívocas de cansancio el canadiense parecía hallarse bien y Suárez como el que mejor estaba de los tres. Cuando ya vislumbrábamos el triunfo de Suárez, sorpresivamente al llegar a la Plaza de la República y doblar por la avenida Ipiranga, el canadiense Kyle apuró su paso y consiguió despegarse rápidamente unos cuarenta metros de Suárez, que a su vez ya le había sacado unos veinte a Hyman.

Pero Kyle no tuvo fuerzas para aguantar el kilómetro que faltaba hasta el final del recorrido, y cuatrocientos metros más adelante el vertiginoso ritmo que había impuesto a su paso fue cediendo y en cambio surgió la figura de Suárez —que Parecía entero—, que inició un rush final de unes seiscientos metros, en los cuales acortó la ventaja que le llevaba Kyle, lo pasó y llegó triunfante a la meta por unos treinta metros.

Segundo, completamente agotado, arribó el canadiense Kyle, y tercero, el inglés Martin Hyman, gran animador de la carrera.

El tiempo de 21'55"08 no puede considerarse bueno, pero ésta es una Prueba donde no se puede salir a buscar tiempo sino a ganarla, y eso fue lo que hizo Osvaldo Suárez. Su estado al llegar —muy bueno— nos hace pensar que quizá apuran; do un poco el paso en la última parte de recorrido pudo haber hecho unos segundas menos, pero era peligroso arriesgar seguridad por marca, cuando él, probablemente, ya se había dado cuenta de que tenía el éxito en sus manos. Y además recordaría su experiencia de 1957/58 con Kuts y Faria...

  

Osvaldo Suárez, el vencedor.

Osvaldo Suárez, el vencedor.

  

La gran virtud de Suárez estuvo en pe haber salido a pelear la punta, sino en esperar confiado en que quien así lo hizo no podía tener —Martin BYtrian— reservas para aguantar semejante ritmo hasta el final.

El supuso que tarde o temprano el inglés tenía que "pinchar", como ocurrió.

En cuanto a la levantada del canadiense, el hecho de haber corrido la mayor parte de la prueba apareado a él le debe de haber permitido a Suárez apreciar sus reservas, y así, cuando faltando un kilómetro Kyle quiso irse, Suárez se dio cuenta de que era un manotón de ahogado.

De los demás atletas argentinos, Luis Sandoval llegó séptimo, manifestando al final de la carrera haber errado los cálculos, ya que apuró el paso muy sobre el final, cuando él creía hallarse todavía lejos de la meta; Alberto Ríos arribó 11°, ocupando un lugar previsto dentro de los antecedentes que tenía. El ritmo impuesto a la carrera fue demasiado violento para que lo aguantara con éxito su reducida contextura física; Domingo Amaizon fue 159; Gilberto Miori 289 y Antonio Grasso 1249.

Osvaldo Suárez igualó así, entre bombas, sirenas, confetti y serpentinas, la hazaña de Manoel Faria de ganar dos veces consecutivas la Corrida de San Silvestre.

de la Vega, Amaizon, Rios y Sandoval. San Pablo, corrida de San Silvestre.

de la Vega, Amaizon, Rios y Sandoval. San Pablo, corrida de San Silvestre.

La gente de estos lugares cita como ejemplo de lo importante que es la San Silvestre el hecho de que es la única oportunidad en que las tres emisoras de televisión que hay en San Pablo se ponen de acuerdo y coordinadamente —una parte del recorrido cada una— trasmiten toda la prueba.

Si a ello le agregamos una emisora de Río de Janeiro que retrasmite la carrera en la capital de Brasil (por un tiempo más...) tendremos que a los miles de personas que se vuelcan en las calles se suman millones que la presencian en las pantallas de TV.

"A Gazeta Esportiva" tiene la gran satisfacción de organizar una prueba pedestre que da para eso.

 

 

Por Cecilio de la Vega (1960).

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