Las Crónicas de El Gráfico

1964. Héctor Guidi: ¨El día más grande de mi vida¨

Por Redacción EG · 14 de enero de 2020

Un 28 de noviembre de 1964, Lanús concretó su vuelta a la máxima categoría y Héctor Guidi, un referente absoluto del Granate prometió robarle ese día al calendario. La emoción a flor de piel.

Un dirigente se secaba los lentes y seguía comentando el gol de Paz: "Esquivó hasta a los policías... ¡qué golazo!". Otro dirigente, más joven, miraba el bolsillo derecho de su pantalón con gesto de desconsuelo. "Y eso que lo tenía cerrado con un botón", explicaba. ¿Qué había sucedido? En medio de la euforia, una mano desconocida se había alzado con 4.000 pesos. Un grupo juvenil saltaba con resorte sobre las baldosas. Curia, el puntero de Vélez, en el centro. Camisa afuera del pantalón, más despeinado que lo habitual, transpirando como si él hubiera jugado y dirigiendo el coro: "¡Vamos!... ¡Daaale granaaa!... Dale!" También estaba Alela, dispuesto a abrazarse con todos, a revolcarse con todos. ¿Quién ha dicho que los jugadores no sienten?... ¿Quién puede dudar de las lágrimas de Curia y Alela?... ¿Quién puede atreverse a poner hielo en medio de aquella ola cálida, apretada, sollozante? Paz era paseado en hombros. Irusta se tiró en un rincón. Al fondo, lejos de todo, quedó un hombre rezando frente a un cuadro de la Virgen de Luján. Las manos entrecruzadas, los labios temblorosos, y el rostro bañado en llanto. Parenti es una trémula representación de la hora que vive Lanús.

El llanto de Guidi en el vestuario, luego del partido entre Lanús y Deportivo Español. El 28 de noviembre, quedará guardado en su memoria de por vida.

El llanto de Guidi en el vestuario, luego del partido entre Lanús y Deportivo Español. El 28 de noviembre, quedará guardado en su memoria de por vida.

El zaguero Avalos quita el cuadro de su lugar y lo abraza. Lo lleva a su banco y lo guarda. Es suyo. Lo llevó a la concentración de San Vicente y lo trajo a la cancha de Huracán. A las 14.30 todo Lanús estuvo en la Iglesia del Sagrado Corazón para hacer la promesa: "Iremos a Luján caminando". Luján siempre encierra un partido aparte, el que todos los campeones juegan más allá del fixture. Y Lanús no escapa a la regla. Lanús irá a Luján. Fue el último en llegar. La tribuna lo reclamó diez veces para que se detuviera frente a ella, para que levantara los brazos... para que los viejos y los nuevos se miraran en ese símbolo y pudieran hacer brotar otro grito de las gargantas laceradas por cuatro goles. No entró al vestuario. Lo entraron. La inmensa anatomía de Héctor Guidi fue sostenida por treinta brazos que querían tocado, estrujarlo, y dejar sus lágrimas sobre este hombre de 34 años al que siempre imaginamos, de día o de noche, en la cancha o en la calle, vistiendo la camiseta granate que se ha identificado con su niñez, con su adolescencia y con esta madurez aflojada de golpe por la fuerza del impacto.

—"¿Qué fecha es hoy?"...

—28 de noviembre.

—Bueno, diga que hoy es el día más grande de mi vida. Yo quiero ver siempre grande a Lanús. Bajamos en el 60 y ahora lo devolvemos a donde siempre debe estar, arriba..., en la posición que le corresponde". Su rostro no es un rostro de triunfador. No. El rostro de Guidi tiene más que llanto, más que esa alegría inmensa que se deshace en la paradoja de las lágrimas. Hay drama. Hay una conmoción medular que supera todo el alborozo del vestuario. La blusa internacional, un fugaz pasaje por Independiente (1962), y siempre en Lanús, oyendo mil ofertas, pero quedándose... sin irse nunca. Por eso tiene algo de patriarca, de bandera, tal vez porque Lanús es él.

"No creía en esto... Al empezar dudaba. Veía muchos pibes nuevos y sé que el campeonato es muy duro. Cuando nos clasificamos vislumbré algo, vi que había confianza; ganas de mojar la camiseta. Esto es grandioso. Lanús tiene 600.000 habitantes y debe llegar a grande. Todo el barrio tiene que comprenderlo... Todos". La ducha lo devuelve sereno. Está en el centro de la rueda. Zalcman ("El Siglo") y nosotros. Ya se fueron las lágrimas. Ya comienza a esbozarse la sonrisa franca, sin otros agregados. Surge el hombre: humilde, sencillo, con un hálito de bondad que le revienta en la mirada.

Zalcman pregunta: —¿Por qué ganó lanús?

—Porque juego yo... (sonrisa).

El hombre símbolo de Lanús todavía tiene fuerzas para levantar los brazos en la cancha de Huracán y saludar a su gente. Había descendido en 1961, y en 1965 volverá a jugar los domingos.

El hombre símbolo de Lanús todavía tiene fuerzas para levantar los brazos en la cancha de Huracán y saludar a su gente. Había descendido en 1961, y en 1965 volverá a jugar los domingos.

Y en seguida le toma el rostro con las dos manos al colega y le deja un beso en la mejilla. Hay besos para todos. Hay abrazos para todos los periodistas...

—¿Se dan cuenta lo que esto significa para mí?...

Otra vez la rueda se pone seria. No hay respuestas verbales. Sólo gestos que Guidi comprende. Gestos mudos que Guidi agradece con el mismo mutismo.

No busca promoción. No busca nada. No la necesita.

Sus 34 años son demasiado frescos, auténticos, como para pensar en una intención publicitaria.

Es el último en marchar hasta el micro.

Por el pasillo, casi desierto, se aleja con su paso de vaquero.

"28 de noviembre... El día más grande de mi vida".

Es suyo. Se lo robó al mundo. Se lo arrancó al almanaque.

 

 

El Gráfico (1964).

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