Las Crónicas de El Gráfico

1991. El capo es Newell´s

Por Redacción EG · 05 de noviembre de 2019

Histórica goleada de Newell´s en el clásico frente a Rosario Central por 4 a 0, en una tarde que quedará para el recuerdo. Pochetino, Cozzoni por duplicado y Garfagnoli los autores de los goles.

Señores. Ahora no se discute nada. A llorar, a reír. A discutir, si se quiere, total ahí los goles no se cuentan. Pero en la cancha hubo una sola historia. Esta de Newell's goleador y humillante, esta de Central conmovido y cacheteado por cuatro bofetadas a su presente crítico y a un futuro que —a esta altura— poco les importa a sus hinchas, groggy de tanto grito rival, que no para de saltar, ni de gritar, ni de...

Cabezazo de Pochettino, gol. Centro de Ruffini, aparición de Cozzoni, gol. Dos a cero en el primer tiempo, inapelable para Central, que sólo llegó a Scoponi con un tiro libre de Galloni que pegó en el travesaño. Después, el derrumbe. Central salió a matar o morir. Y murió sin contemplaciones, porque Newell's lo esperó agazapado y metió dos zarpazos más para asestarle —en este ciclo del Loco Bielsa como técnico— otra vez cuatro goles, como aquel 4-3 del Campeonato Apertura. El pibe Garfagnoli metió una diagonal impresionante y fue 3-0, la Chancha Cozzoni dijo: "Yo no me olvidé del gol", y cerró la cuenta. Y entre la euforia y la desazón, los cantos y los silencios, la historia de una ciudad y dos equipos que, en la semana previa al clásico, hicieron del partido la razón de su vida.

Mauricio Pochettino acaba de convertir el primer gol. Se le suma Berizzo a su festejo. Lo sufren Falaschi, Cornaglia, Cuffaro Russo y Uliambre.

Mauricio Pochettino acaba de convertir el primer gol. Se le suma Berizzo a su festejo. Lo sufren Falaschi, Cornaglia, Cuffaro Russo y Uliambre.

 

Rosario es el parque

Rosario es el Parque

[Independencia

un silencio que huele a poesía

[sobre el Rosedal

es el gris del cemento que

[arrulla un río soñoliento

que despierta al llegar un

[domingo de Newell's y Central.

Así canta Lalo de Los Santos, en su recordado "Tema de Rosario", quizás una de las obras que mejor pinta esta ciudad nacida casi mágicamente. Una ciudad que, como cuenta el Negro Rafael lelpi, "ni siquiera recuerda el nombre de su fundador" y que quedó irremediablemente partida en dos, desde aquellos lejanos días de la influencia inglesa en forma de colegios y ferrocarriles.

Unos nacieron un poco antes, en los fenomenales picados que se armaban entre los obreros de los talleres de los ferrocarriles británicos. Los otros, en cambio, vieron la luz en el distinguido colegio del profesor británico don Isaac Newell's, en la calle Entre Ríos al 100, actual sede del Normal N° 2. Así, a pesar de una misma cuna británica, ambos marcaron diferencias desde el primer día, entre el origen orillero y barrial de los trabajadores nativos que fueron poblando rápidamente el ferrocarril y los selectos jóvenes de las clases más pudientes que acudían al Colegio Angloargentino.

Y mientras Central conoció el mundo desde un arrabalero cafetín de la Avenida Alberdi, en medio de los talleres ferroviarios, Newell's dio sus primeros pasos entre los ex alumnos del Colegio, que se bautizaron Los viejos muchachos de Newell.

 

De canallas y leprosos

Los viejos memoriosos del clásico rosarino cuentan que el sobrenombre de los centralistas nació una lejana tarde de 1925, en la antigua cancha de Belgrano, de Italia y Rueda. Al cabo del primero tiempo, Central goleaba por cuatro a cero al local y su hinchada festejaba a cuenta. Sin embargo, Belgrano ganó finalmente por cinco a cuatro, en medio de las bromas de su gente a los visitantes. La hinchada auriazul, fuera de sí, no tuvo mejor idea que encenderle fuego al cerco de bolsas de arpillera que por entonces circundaba la cancha y casi incendia todo el estadio. Ese día, un vespertino local desaparecido tituló: "¡Canallas! Casi queman la cancha de Belgrano" y los bautizó para siempre. Sobre el apelativo de los ñulistas, en cambio, la mayoría de los estudiosos, coincide en señalar la organización de un partido a beneficio del Patronato de Leprosos como el verdadero motivo del mismo. Estos mismos señalan que la negativa auriazul a participar del encuentro originó simultáneamente ambos apodos. Finalmente, otros investigadores recuerdan que el colegio de don Isaac Newell tenía un cierto aspecto de leprosario, sobre todo para los canallas de los ferroviarios que se trepaban a sus muros a intercambiar insultos, saludos y recordatorios familiares con los alumnos. Desde entonces, y casi como si el tiempo no existiera, leprosos y canallas se insultan cada día más.

 

Los unos y los otros

Estratégicamente ubicada en el centro de El Cairo, infaltablemente presidida por el Negro Fontanarrosa, la mesa de los galanes rige los destinos de la aldea. Diariamente, entre las 19 y las 21, desfilan,discuten, pelean, ríen, sufren, callan y a veces hasta dialogan infinidad de personajes del ambiente artístico rosarino.

El Negro mira sobre las mesas que a veces preguntan y responde de sobrepique: "Newell's es una minoría étnica en vías de extinción. Para nosotros son una especie de kurdos en Irak y te puedo asegurar que los tratamos bastante peor que Saddam...".

El Ruso Soboliosky recoge el guante y recuerda que "los canallas viven en el pasado; se quedaron en la década del '70, en la palomita de Poy y en la historia. El otro domingo fui a la cancha a verlos con Boca y, la verdad, no aprendí nada. Así que voy a ir más tranquilo que nunca."

"Mirá, el arte es una de las expresiones que mejor muestran la idiosincrasia de un pueblo y fijate hasta dónde llega Central que Adrián Abonizio está escribiendo una «Oda a la bandera» y que Fito Páez compuso un bolero que se titula «Pecho frío»", contragolpea el Negro en alusión a la bandera gigante de la hinchada centralista y el nuevo apodo de la parcialidad rojinegra desde las épocas del Indio Solari.

"¡¿Pero de qué bandera me hablas si con eso de que solamente la abren cuando hacen un gol, el otro día cuando le empataron a Boca casi se la lleva una nube de polillas?! ¡Y claro, después de 389 minutos sin embocada...'", castiga Chiquito Martorell.

"¿Saben qué son ustedes? —refuerza el doctor Martínez—. Un circo tragicómico formado por un montón de negros de cuarta. Date cuenta, si Fito está componiendo un bolero para nosotros es porque Central es tan amargo como un tango. Y sí, Central es un tango."

"Pará un cachito. Vamos a hacer una lista de canallas y leprosos ilustres que hable por sí sola de los abismos que nos separan —sentencia el Pochi Mir—. Anotá el nuestro, como decía Cayetano Lico: el Negro Olmedo, Lito Nebbia, el Flaco Menotti, Fito Páez, y Baglietto; Adrián Abonizio, Lato de Los Santos, Quique Llopis, Quique Pezoa, Rafael lelpi y el Negro Fontanarrosa. Y además, como dupla técnica, como se dice ahora, tenemos a los internacionales Serrat y el Che Guevara. Y si no, lean el libro de Gambini."

Y Chiquito Martorell pontifica que "nosotros, en cambio, estamos pensando en nacionalizar nuestro nombre y por eso Newell´s ahora se va a llamar la fábrica, porque ya no sabemos qué hacer con la producción de jugadores. Y a los canallones les recomiendo que se queden en el laguito, que ni se molesten en llegarse a sufrir con una humillación más."

Boggio, Cornaglia y Falaschi no pueden hacer nada. Garfagnoli define con clase. A los 78 minutos, tres a cero.

Boggio, Cornaglia y Falaschi no pueden hacer nada. Garfagnoli define con clase. A los 78 minutos, tres a cero.

 

Antes, durante y después

La eterna discusión de la mesa de los galanes se pro-paga por la ciudad y recorre sus calles, su gente y sus gestos. Los chicos de la secundaria cantan los estribillos domingueros a la salida de la escuela, los gorros de los albañiles publicitan ad honorem su equipo y las apuestas corren como las cábalas. Con premios que van desde millones de australes y litros de vino hasta asados para todos y placeres non sanctos.

Porque Rosario, una ciudad esencialmente futbolera, acuna una rivalidad histórica, que no deja lugar para los tibios. Entonces la camiseta amada es Dios, el primer amor, y la vieja, en una única mezcla de devoción casi religiosa, pasión descontrolada y amor incondicional. Por eso, el domingo al mediodía, la ciudad detendrá su corazón pero para dejarlo latir más rápido que nunca. Después, exultante de emoción o atravesado de dolor, volverá a la rutina, hasta el próximo clásico.

 

 

Por MIGUEL PISANO (1991) .

Fotos: RODOLFO SOLARI y ENRIQUE y MARCELO BOERI.

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