Las Crónicas de El Gráfico

1959. San Lorenzo lo sabido, Huracán lo visto. ¡Y 9 goles!

Por Redacción EG · 21 de mayo de 2019

Por Panzeri. Fecha 27 del Campeonato de Primera División. El Ciclón se dio el gusto de golear por 6 a 3 al a su eterno rival y dar la vuelta olímpica, en lo que fue un partidazo bajo una lluvia copiosa.

Estuvimos muchas fechas sin verlo a Huracán. Lo encontramos tal como lo viéramos en aquel momento inicial del campeonato en que su buen fútbol hizo esperar mucho de él, como capaz de hacer eso, buen fútbol, y, además, ganar goleando. O jugar buen fútbol perdiendo, como entonces, o ganando con angustia donde podía ganar con suficiencia.

Volvió a jugar muy lindo fútbol, volvió a salir goleado.

 

Campeonato, carteles, coros, cabriolas... obligación de todas las hinchadas "campeonas".

Campeonato, carteles, coros, cabriolas... obligación de todas las hinchadas "campeonas".

  
Primer gol del partido. Lo hace Diz con hermoso gancho de zurda al que llega tarde Cancino.

Primer gol del partido. Lo hace Diz con hermoso gancho de zurda al que llega tarde Cancino.

  
Empate de San Lorenzo. Lo convirtió Boggio, prácticamente regalado por la defensa de Huracán.

Empate de San Lorenzo. Lo convirtió Boggio, prácticamente regalado por la defensa de Huracán.

 

 

Veníamos de verlo a San Lorenzo en una derrota. Lo vimos retornando al triunfo sin ninguna variante de cuando lo vimos perder o ganar. Volvió a demostrarnos un agudo desorden defensivo auxiliado por un gran vigor ofensivo que no tiene nada que ver con lo que la gente llama "garra" ni "fútbol ciclón" sino que es fuerza llevada a la velocidad del contraataque, virtud ésta con la que pudo hacer seis goles y llevar las consecuencias de aquel su defecto a nada más que tres en contra. Que pudieron ser más de seis y más de tres. Lo ya sabido de uno y lo ya visto del otro. Una de las mejores exhibiciones de buen fútbol de este año, una de las pocas, la brindó Huracán en este mismo partido de la primera rueda hasta el momento en que un diluvio anunció que en el Parque de los Patricios había terminado un juego y se había iniciado una lucha recíproca de la pelota contra todos los jugadores, de los equipos contra la cancha y de la cancha contra la pelota.

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En la revancha del domingo, en la avenida La Plata el pesado barrial de varios chaparrones violentos caídos durante el match de reserva hizo que no hubiera fútbol sobre seco sino exclusivamente sobre barro. Aunque no, por suerte, sobre agua, como en aquella primera rueda. Con lo que ganaron los dos equipos en menores dificultades a vencer dentro de la manera de jugar de cada uno, pero en lo que también  perdieron los dos, puesto que debió hacerse el fútbol que seguramente ninguno quiere, que San Lorenzo habrá lamentado tanto como Huracán (porque a ninguno le conviene), pero que en trance de padecerlo lo padecería mucho más Huracán que San Lorenzo, porque su ventaja en recursos para jugar tocando la pelota, a ritmo lento y finteando, se descuenta anulada en ese caso por las muchas dificultades que encuentra su defensa Para retomar posiciones ante el contraataque adversario, máxime cuando ese adversario tiene, como San Lorenzo, la virtud de ganar treinta metros hacia la ofensiva en dos pases y a veces en uno solo (García Y Ruiz). Allí, en esa carrera sin la pelota, Huracán vería destruida toda la conquista del terreno que lograba en posesión del balón por su mayor habilidad para llevarlo a toquecitos entre varios hombres en un círculo de pocos metros.

 

Martina. Trece años en el club. El decano de los campeones. Le dispensaron dos honores: izamiento de la bandera y una bolsa exclusiva de "confetti".

Martina. Trece años en el club. El decano de los campeones. Le dispensaron dos honores: izamiento de la bandera y una bolsa exclusiva de "confetti".

  
Paraguas en las tribunas. Todos abiertos en el aguacero.

Paraguas en las tribunas. Todos abiertos en el aguacero.

  
La vuelta olímpica.

La vuelta olímpica.

 

Así sucedió.

"Lo ya sabido de uno y lo ya visto del otro".

Lo ya sabido de San Lorenzo: que a su defensa se la llevan y la arrinconan muy fácilmente; que su ataque es capaz de ganar dos metros donde encuentre uno de ventaja, llegar a la pelota, hallarse luego en otra jugada y en seguida sobre el gol. Condición esta última que respalda la rapidez no sólo pedestre sino de captación del lugar y tiempo para buscar el demarque que tienen sus gestores, los hombres realmente productivos de ese ataque (García fue en ese sentido el punto sobresaliente del domingo): condición aquélla que robustece, en trance de concretar, la velocidad para el remate que aun quienes lo negamos como onceava unidad de equipo le tenemos reconocida a Sanfilippo para explotar las pelotas que llegan por aquel conducto de transmisión relámpago.

 

San Lorenzo en ventaja. Pase de Ruiz a Sanfilippo. Pérez intenta inútilmente salvar agarrando lo que no pudo remediar jugando. Sanfilippo se va. También llega tarde Vidal y Taibo nada puede hacer.

San Lorenzo en ventaja. Pase de Ruiz a Sanfilippo. Pérez intenta inútilmente salvar agarrando lo que no pudo remediar jugando. Sanfilippo se va. También llega tarde Vidal y Taibo nada puede hacer.

  
El tercero de San Lorenzo. Muy buena jugada de Sanfilippo. La terminó en cruce a Boggio, que rebasó a Arredondo y llegó mucho antes que Vidal.

El tercero de San Lorenzo. Muy buena jugada de Sanfilippo. La terminó en cruce a Boggio, que rebasó a Arredondo y llegó mucho antes que Vidal.

 

Eso fue y sabemos de San Lorenzo a través del año y fue otra vez este domingo con Huracán. Lo ya visto de Huracán: once hombres que desde el arque ro al wing izquierdo juegan, algunos magistralmente y otros nada más que bien, pero bien, la pelota en los pies (incluido Taibo). Once hombres que se proponen dar espectáculo y lo dan (lo han dado, mejor dicho), aun en las tardes de más rotundas derrotas, porque se proponen jugar la pelota desde el fondo de su área hasta el extremo del área adversaria y realmente la van jugando de hombre en hombre, tocándola, haciéndola correr, buscando el vacío tanto para el balón como para el receptor. Once hombres todos muy bien educados en la ESENCIA del fútbol ASOCIADO, pero tremendamente lentos para el retorno y no tan tremendamente, pero lentos también, para salir físicamente de las jugadas de ataque con la misma rapidez con que intelectualmente llegan hasta ellas, explicación ésta que tanto vale para justificar que le hagan muchos goles como que no haga lo que otros, con menos recursos, harían acaso por partida doble con la mitad de las oportunidades que crea la habilidad de Oscar Rossi, el sentido de filtración de Crosta, la esporádica ubicuidad de Michelli, la facilidad de Diz para enganchar de zurda... que malogra frecuentemente el empeño de Soria en pasar por donde no se puede.

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Eso fue el partido. Eso tenemos la convicción que serían muchos partidos entre estos equipos de San Lorenzo y Huracán CON BARRO O SIN BARRO.

De un córner se hizo de la pelota Soria. Su derechazo terminó en la red, y de ella la saca Iñigo como si shoteara para convertir otro gol.

De un córner se hizo de la pelota Soria. Su derechazo terminó en la red, y de ella la saca Iñigo como si shoteara para convertir otro gol.

  
Tiro libre de Soria. Mano de Carrillo, travesaño, córner.

Tiro libre de Soria. Mano de Carrillo, travesaño, córner.

 

 

La variante donde se jugara en campo seco podría estar en el score, para el que en ese caso tal vez se hallaría Huracán menos expuesto a soportar tantos goles en contra por las menos veces que pagarían sus defensores (la excepción es Arredondo) las consecuencias de volver siempre tarde al metro conquistado porque su coraje de creación ofensiva carece del respaldo que le quita la infantil torpeza de Pérez para esperar parado, en punto muerto, al adversario que viene en velocidad. Razón de tres de los seis goles de San Lorenzo.

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A San Lorenzo se le presentó la oportunidad de explotar tanta calidad, y la explotó con buenas artes y toda la contundencia de un score como ambiciona cualquier equipo. Como ambicionaría, sin duda, el propio Huracán, pese a todo lo que pueda decir en contrario su brillante pero no ambiciosa manera de jugar un fútbol que, provisto de la virtud señalada al campeón del año, conformaría algo muy próximo a la perfección, ya que efectivamente perdiendo por seis goles y pudiendo perder por muchos más el gran espectáculo, a pesar del barro, lo dio Huracán y la gran demostración de juego en profundidad, sin exclusión de bonitas individualidades, la hizo San Lorenzo.

 

Ruiz, poste y Taibo. Esa fue la trayectoria de esa pelota. En cambio en la siguiente el proceso fue: Rossi, finta, claro, Rossi...

Ruiz, poste y Taibo. Esa fue la trayectoria de esa pelota. En cambio en la siguiente el proceso fue: Rossi, finta, claro, Rossi...

  
Empata Huracán 3-3. Otra vez Diz. Rossi terminará la jugada con el gol ya convertido.

Empata Huracán 3-3. Otra vez Diz. Rossi terminará la jugada con el gol ya convertido.

  
Tuvo tiempo de acomodarse y todo. La defensa de Huracán le permitía cualquier cosa. Así hizo Sanfilippo el cuarto.

Tuvo tiempo de acomodarse y todo. La defensa de Huracán le permitía cualquier cosa. Así hizo Sanfilippo el cuarto.

 

 

¿Bajo qué ley estamos?

Otra vez el domingo, ahora en San Lorenzo como el anterior en Ferro Carril Oeste, se dio el caso de que el partido no pudiera concluir por la invasión, afortunadamente pacífica, festiva, jubilosa, de un público que deseaba exteriorizar su justificada alegría del grito "campeón".

Faltando cinco minutos para cumplirse el tiempo reglamentario, la impaciencia de los adictos a San Lorenzo de Almagro por festejar su conquista del campeonato desbordó en una simultánea invasión del campo de juego por todos los costados y todos los boquetes abiertos a sus afanes.

Ese público pareció irresistible a la necesidad de esperar cinco minutos más, para iniciar el consabido ataque a las camisetas, botines, medias y en algunos casos hasta pantalones de sus ídolos. E imponiendo "su" ley, ese público dispuso que el partido terminara prácticamente allí. La policía ubicada en el interior del campo consideró injustificada —por el riesgo de inhumanizar una reacción en cierto modo muy humana de la alegría— la contención de esa avalancha ciertamente no fácil de contener por otros medios que no linden en la violencia. Y la hinchada impuso "su" ley. Una ley, por suerte, sana y bien humorizada en este caso. Pero una ley que también puede, de la misma forma que aquí se la aplicara para festejar, destinarse a la exteriorización del desagrado. Y el desagrado o la alegría de las hinchadas no puede seguir contando como única barrera de intercepción —vistos otros efectos menos pacíficos que los de estos dos últimos domingos— con estos débiles alambrados que ni la más fuerte policía puede fortalecer de otra manera que con la violencia de sus facultades represivas, recurso asimismo negativo para la imposición del orden dentro del desorden.

 

Y aquí va el quinto. Otra vez el scorer del campeonato, también de zurda, ante la que llega tarde Taibo.

Y aquí va el quinto. Otra vez el scorer del campeonato, también de zurda, ante la que llega tarde Taibo.

  
Y para rematar el 3-3 Boggio-Sanfilippo. Además 6° de San Lorenzo.

Y para rematar el 3-3 Boggio-Sanfilippo. Además 6° de San Lorenzo.

 

Nadie puede estar fuera de la realidad que señala ese tremendo riesgo, o esta triste realidad, de que en el fútbol sigue imperando, toda vez que se lo propone, la ley de la antiley. Pero lo cierto es que en esa situación seguimos estando, al paso de cada año, en medio de una permanente duda del camino a elegirse: si el del conformismo con "lo popular" o el del entendimiento con los reglamentos, que en estas condiciones no pueden lógicamente cumplirse o tienen que cumplirse en farsas como la que el domingo debió llenar el propio equipo campeón, retornando presurosamente al campo con precarias prendas de emergencia para no perder en tal caso, en la casilla, el partido que legítimamente había ganado en la cancha.

 

Los festejos del Campeón.

Los festejos del Campeón.

 

Saludemos a los campeones, pero saludémoslos con otra dignidad, la que corresponde al título logrado, o la importancia de ese título, a la seriedad del campeonato. ¿O en qué ley estamos?

 

 

 

 

 

 

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