Las Crónicas de El Gráfico

1959. Ferro golea al campeón

Por Redacción EG · 14 de mayo de 2019

Dante Panzeri analiza porque Ferrocarril Oeste le hizo tres goles a San Lorenzo y le pospuso su fiesta de campeón (que lo fue aun perdiendo). Además denuncia porque no se tenía que haber jugado.

FESTEJO POSTERGADO

Ferrocarril Oeste no es un gran equipo. Puede que sea un buen equipo. Un buen equipo en este momento de mayoría de malos equipos de fútbol. No le queremos restar mérito ni a su victoria del domingo ni a las quince fechas que lleva en seguidilla sin derrotas, ni a su posición en la tabla, ni a nada que encuadre en lo sentimental para con esa camiseta verde. Queremos ser realistas, necesitamos ser realistas para no engañarnos ni nosotros ni el lector. Y con ese realismo nos trasladamos al análisis técnico —no sentimental— del equipo que, además de todo eso, le señaló tres goles al campeón de 1959.

Ferrocarril Oeste le hizo tres goles a San Lorenzo y le postergó su fiesta de campeón (que paradójicamente lo fue aun perdiendo) por dos motivos, no sabemos cuál de ellos más importante:

 

Primer gol de Ferro. Lo cobró Juárez. Lo pagó Migo.

Primer gol de Ferro. Lo cobró Juárez. Lo pagó Migo.

 

1°: Porque le fabricó una zona de cuatro jugadores hábiles en el toque, vivos (mentalmente) para quedar solos y más vivos (físicamente )para llegar a la obstrucción y a la tapada sobre toda pelota que pudiera caer en poder de los tres hombres claves en que San Lorenzo funda su fuerza ofensiva (Ruiz, García y Facundo, en ese orden de importancia en ese partido). O del que es su fuerza para concretar (Sanfilippo).

2° Porque aquellos tres hombres claves de San Lorenzo, no sabemos si por su escasa fluidez mental de esa tarde o por no haber mediado la instrucción técnica de su director, no supieron ir a buscar, en zonas ajenas a aquel sector donde Ferro controlaba la pelota, la oportunidad de recibirla desmarcados, con campo para jugar y con panorama para ver la posible jugada siguiente.

Buen jugador anulado por otro buen jugador: García con De Vita.

Buen jugador anulado por otro buen jugador: García con De Vita.

Quien haya visto el partido estará muy en lo cierto si nos corrige diciéndonos que más importante que todo aquello resultó en el trámite y en el score la muy particular condición de la defensa de San Lorenzo de no marcar nada ni tampoco marcar a nadie, como que en efecto esa defensa, amén de no apoyar sino arrojar pelotas hacia adelante, nos ofrece en cada oportunidad que se le ha presentado un partido difícil la muy trágica situación para un equipo de que ella no espere ni en la zona ni en el hombre. La defensa de San Lorenzo va a la pelota y ésa es la razón por la que casi siempre que quiere ir a la zona no tiene tiempo de llegar o cada vez que quiere ir al hombre llega, sí, claro que llega, pero llega cuando ese hombre ya viene armado de la pelota, pisado con la pelota, pisado para el pase y pisado para el shot (damos un solo punto de referencia: los tres goles de Ferro vieron entrar la pelota en el arco como el presidente de Ferro al estadio). Hay entre ellos un mutuo recelo, justificado por cierto, de que Fulano no va salir muy bien del encuentro del adversario y por eso Zutano sale a respaldar su acción con recursos que por no ser mayores que los de Fulano hacen que, frecuentemente, si uno queda pagando, el otro también quede lo mismo. De allí viene la frecuencia con que, por ejemplo, Iñigo, poco menos lo tira al suelo a Schiro, o Schiro tiene que ir a la jugada que sería de Reynoso, o Reynoso aparece en una zona en la que Martina no se tuvo fe para esperar la pelota en el momento en que su deducción le hace intuir que ella habrá de llegar allí. Lo mismo sucede con Cancino, a quien parecen haberle dicho que el buen zaguero no es el que rechaza fuerte, alto y lejos, pero que, pobrecito, ¿qué otro remedio le queda cuando ve en el medio un hueco grande que Reynoso tuvo que dejar por aquellas causas y al que él tiene que llegar forzosamente de apuro con casi todas las posibilidades en su contra, no ya en cuanto a hacerse del balón, sino de volver a tiempo para tapar a un 9, un 10 ó un 11 que se le metieron en el área y están levantando el brazo anunciando su deseada soledad?

Desorden defensivo de San Lorenzo que termina en zurdazo de Berón y tercer gol de Ferro.

Desorden defensivo de San Lorenzo que termina en zurdazo de Berón y tercer gol de Ferro.

Sí, ya sabemos que ese es el mayor drama de San Lorenzo. Ya sabemos que Carrillo es un arquero físicamente preparado para ser apto en la contención de una pelota, pero deficientemente instruido en principios de geometría que rigen la llegada del esférico hacia los siete metros con treinta y uno de ancho de una valla según el ángulo, la pierna y el tipo de impacto (puntazo, chanfle, o peinada) con que aquélla ha ya sido despedida. Carrillo tiene muy pocas nociones de todo eso. Tiene menos nociones de lo que puede pasar cuando su defensa ha pagado y el forward adversario llega solo y de frente, razón por la que, en dos de los tres goles del domingo, la pelota penetró con su valla totalmente despejada. Además de todo eso, el arquero del campeón argentino de 1959 (valga la metáfora) es todavía de los que impone la intervención de dos compañeros a continuación de sus lanzamientos de meta, para que recién un tercero haga del balón una propiedad real del bando que conforman los cuatro. Tira la pelota como en los tiempos de Laforia; como ella viene muy difícil, Reynoso, Pongamos por caso, salta a su encuentro con un adversario y la proyecta de alto hacia Schiro, que atorado a su vez por un número 8, encuentra muchas dificultades para jugarla; si con mucha suerte consigue hacerlo, recién San Lorenzo es dueño de ese balón cuando lo recibe y avanza Ruiz. Caso muy opuesto al de Roma, que no sólo ha terminado con el riesgo de que los forwards lo carguen y le hagan perder la pelota, sino que de primer lanzamiento se la pone con la mano y quietita a veces en los pies de alguien que no tiene mucho que bajar porque esos, sus verdaderos pases, rebasan entre diez y quince metros la línea central del campo. (Me dicen que Roma se acostumbró a esto por una lesión en los meniscos que lo hizo remiso al shot. Pienso que de lunes a sábado todas las semanas son suficientemente largas como para que todo arquero de primera división se dedique a aprender lo que tiene la obligación de saber, porque para eso le pagan).

 

Segundo gol de Ferro. Perfecto frentazo de Lugo.

Segundo gol de Ferro. Perfecto frentazo de Lugo.

 

A pesar de todo esto no incluimos entre las razones capitales de este triunfo de Ferrocarril Oeste o derrota de San Lorenzo a todo este deficiente panorama técnico de la defensa del campeón, porque entendemos que su labor del domingo no implica un fracaso sino el exponente normal de su capacidad aún en partidos que San Lorenzo ganó por abultado atore y con aparente comodidad. Decimos en cambio que el resultado se gestó en aquella zona "fabricada" por Ferrocarril Oeste y en lo encerrados que quedaron dentro de ella los hombres claves del campeón (los que realmente juegan al fútbol) y ahora explicaremos qué consecuencia trajo todo eso.

Aquella zona que en forma de cuadrado informe, pero de cuatro ángulos le hizo Ferrocarril Oeste a San Lorenzo arrancaba en ese modelo de jugador de fútbol que es Marzolini (¡17 años!), se prolongaba a De Vita, se abría hacia el medio hasta Lugo y retrocedía hasta Berón contando con que la gran calidad de Marzolini daba a un mismo tiempo para que las pisadas de Facundo no se perdieran y también para cruzarse al medio a sacar partido de su pierna derecha y el consiguiente cruce largo hacia un extremo en el que a ciegas podía descontarse que la pelota sería de Acosta o Juárez. La variante de esta jugada tanto estaba en el pase del mismo Marzolini para la escapada de Garabal o en el derechazo de Berón al mismo puntero izquierdo, que lamentablemente no las devuelve a todas.

Zurda de Sanfilippo. Cruce perfecto de Marzolini. La defensa de Ferro jugó así, como en la foto: tapando todo.

Zurda de Sanfilippo. Cruce perfecto de Marzolini. La defensa de Ferro jugó así, como en la foto: tapando todo.

Con esto Ferro sacrificó, sin duda, mucho juego de traslación por el medio del campo en son de ataque, pero lo vio compensado con creces por la facilidad que Juárez, Acosta Y Garabal encontraban para entrar en velocidad en medio de una defensa cuya descripción precedente puede también imaginar lo que en tales casos sucedía. Queremos hacer la salvedad de que no nos hemos olvidado de Balay dentro de este trazado de la planificación gestora-ofensiva de Ferrocarril Oeste. Balay no estuvo para nosotros en ella. Balay estuvo en una función defensiva en posición adelantada siempre próxima al cuerpo a cuerpo, a la obstrucción, al rechazo que algunas veces la gente confundo con apoyo, pero que para nosotros no es tal porque desviar el curso de una pelota llegando a ella antes que el adversario no siempre es darla, sino, mucho más que eso, arrojarla hacia una nueva disputa. Eso hizo Balay. Defendió. Estuvo encima del hombre respetando una zona, jamás siguiendo a ningún hombre en particular (nadie lo hizo en Ferro). Por cierto que en esa misión, Balay cumplió y muy bien su cometido.

 

Marzolini se divierte. Nada menos que entre García y Facundo.

Marzolini se divierte. Nada menos que entre García y Facundo.

 

Ríos tuvo la suerte de que, según veremos en seguida, San Lorenzo no trabajó ofensivamente sobre su sector como pretendió hacerlo por el otro sin hacer nada. Mogaburu tuvo una suerte parecida en cuanto a no haberse enfrentado mayormente con más de un adversario (dos o tres) que la vinieran tocando por el medio, en paredes). Tuvo esa suerte, decimos, porque sus recursos, lo mismo que los de Ríos, no  guardan relación con la gran calidad de Marzolini y la buena calidad de Berón, De Vita, Lugo y Acosta. Mogaburu destruye, no construye. De Roma, nada más que esto: ¿puede estar fuera del seleccionado semejante arquero? (y los números 3 que están, ¿justifican que Marzolini no esté?)

Lugo congela. Nada le importa el rodeo. Es lo que está buscando.

Lugo congela. Nada le importa el rodeo. Es lo que está buscando.

Al gran acierto de Ferrocarril Oeste de jugar con toda su gente en sectores —y no sobre hombres— pensando en hacerse de la pelota más que en disputarla (es verdad que con mucho despliegue físico). San Lorenzo no supo cambiar la fórmula con que entró al partido. Lo que nuevamente actualiza el drama para nos-otros cumbre del fútbol argentino de la actualidad: sabemos una y no tenemos otra con que cambiarla. Ruiz, García y Facundo se quedaron casi ingenuamente sobre esa zona sobre la que precisamente había montado  Ferrocarril Oeste el basamento de su mucha mayor tenencia del balón. Eso, sumado a que Reynoso es un centro medio que a la manera de Balay disputa mucho, Pero juega y para poco la pelota, configuró un panorama de tres hombres superados por otros cuatro. Aclaremos:

Va dicho porque García, Ruiz o Facundo no tenían la tranquilidad de poder permanecer en las posiciones más avanzadas sino en el brevísimo tiempo de sus fugaces incursiones personales, ya que a pesar de haber creado más peligros de meta (Sanfilippo clavó dos tiros en los palos), San Lorenzo jugó mucho menos tiempo que Ferro en el área adversaria. Eso quiere decir que aquella gente tenía que pagar a muy alto precio la audacia de irse adelante, porque atrás no tenían ni por asomos el respaldo de Ferro y adelante Sanfilippo y Boggio eran pique, shot y pelotazo que rebota, pero de ninguna manera agentes de retención y búsqueda de claros como Juárez y Acosta.

 

Justificada alegría. El buen fútbol también da triunfos.

Justificada alegría. El buen fútbol también da triunfos.

 

Corresponde, sin duda, hacerse cargo del descargo que parcialmente puede hacerse de esos tres hombres que aparentemente no supieron salir de una zona para buscar otras donde pudieron acaso haberse encontrado jugando la pelota. Son las líneas medias las que en esos casos deben resolver el problema de los forwards amurados. Y la línea media de San Lorenzo es una línea defensiva más, que, defendiendo, defiende poco, porque sus recursos son precarios y mal puede entonces ser atacante de emergencia como en este caso se imponía. No le eche la culpa el hincha de San Lorenzo a la tarde negra que Sanfilippo tuvo para el arco, porque no fueron sus fallidos remates los que le postergaron los festejos, sino la imposibilidad que los otros tuvieron de servirle las oportunidades que normalmente le brindan. Lo que demuestra una vez más que la productividad no está representada por quien hace los goles sino por tantas partes como las que integran un equipo de once.

SINTESIS
FERROCARRIL OESTE 3 (Beron -2- y Lugo) - SAN LORENZO 0
Cancha: Ferrocarril Oeste
FERRO: Roma; Mogaburu y Marzolini; Rios, Balay y Devita; Juarez, Berón, Acosta, Lugo y Garabal.

SAN LORENZO: Carrillo; Cancino e Iñigo; Martina, Reynoso y Schiro; Facundo, MA.Ruiz, OH.Garcia, Sanfilippo y Boggio. DT: Barreiro

Goles: PT: 28m. Beron (FCO)
          ST: 21m. Lugo (FCO); 28m. Beron (FCO)
Incidencias: el partido se suspendió a los 36 del segundo tiewmpo por invasión de público.
Juez: Praddaude 

 

NO DEBIO JUGARSE

 
Los hinchas invadieron el campo de juego.

Los hinchas invadieron el campo de juego.

 
El reglamento es terminante: ningún partido puede comenzar ni desarrollarse con presencia de extraños dentro de los límites del terreno comprendido por el campo de juego y sus prolongaciones del contorno. Es más: ni siquiera los fotógrafos (a pesar de la frecuencia con que lo hacen) pueden penetrar al sector de juego propiamente dicho aún para registrar un tiro penal, pues en tal caso el juez no debe permitir su ejecución. Todavía más: la simple presencia de un inocente animalito (un can, por ejemplo), es suficiente motivo de interrupción del juego por razones de seguridad.
Por todo esto y por considerarlo uno de los que más respetan la ley y hacen cumplir el reglamento entre los pocos jueces estrictamente fíeles a ella y a él, es que presenciamos este partido bajo la permanente sorpresa de que el señor Praddaude permitiera la presencia dentro del campo de centenares de personas que en un primer momento intentó desalojar, pero que en ningún momento lo desalojaron totalmente.
Esas mismas personas a las que se sumaron todas las que desbordaban de unos cercos de resistencia semejante a la de un molinete de subterráneo que ha "ingerido" una moneda de un peso, fueron causa de las frecuentes interrupciones de este partido por invasión que aquéllas hacían del campo en trance de llevarles "tranquilidad" a sus ídolos de San Lorenzo, recordarles que ya eran campeones a pesar de ir perdiendo y por el estilo una serie de cosas de "hinchadas".
Las razones por las que el señor Praddaude dejó de respetar la ley que representa y a la que está sometido antes que nadie no escapan a ninguna de las consideraciones de orden sentimental o personales para con el público, que seguramente el señor Praddaude habrá sopesado en medio de un cálculo íntimo de consecuencias entre el jugar "así" y el decir "aquí no se juega". Lo comprendemos todo, pero quisiéramos que nos explique el juez Praddaude y los responsables de vender más entradas que las toleradas por el cupo de un precario estadio... ¡cuándo va a empezar a regir en el fútbol esta ley desprovista de la suficiente valentía de los hombres para aplicarla!

 

Por DANTE PANZERI  (1959)

Fotos: Pellizzeri y Fumarola

Imagen de 1997. La mordida
Las Crónicas de El Gráfico

1997. La mordida

Las Vegas se vistió de gala para lo que sería la pelea del año. La revancha entre Evander Holyfield y Mike Tyson. Finalmente la decepción fue quien venció, aquella noche, Tyson le arrancó parte de la oreja de Holyfield.

Imagen de 1939. Justo fue el triunfo de Gimnasia sobre Estudiantes
Las Crónicas de El Gráfico

1939. Justo fue el triunfo de Gimnasia sobre Estudiantes

Gran crónica de Sobrepique –Frascara– sobre el apasionante clásico platense de 1939, donde Gimnasia resultó vencedor por 2 a 0 a Estudiantes, el fútbol no fue lo más destacado, sino la pasión de ambas hinchadas.

Imagen de 1949. El Clásico rosarino
Las Crónicas de El Gráfico

1949. El Clásico rosarino

Iniciaba el campeonato de Primera División con uno de los clásicos más apasionantes del fútbol argentino: Rosario Central, en condición del local, cayó ante Newell's Old Boys por 3 a 2. Crónica de Juan Pascual.

DEJÁ TU COMENTARIO