Las Crónicas de El Gráfico

1934. El triunfo de Independiente en el Clásico de Avellaneda

Por Redacción EG · 23 de febrero de 2019

Chantecler y una detallada crónica sobre el Clásico de Avellaneda de 1934 donde Independiente venció a Racing por 1 a 0. La victoria fue a domicilio y el único gol del partido lo marcó Alvarez.

La valla de Racing, pasa por un duro trance ante un centro de Ortiz que apenas alcanza Alvarez; pero éste no puede rematar con éxito, apremiado por la intervención de Garraffa y Rodríguez.

La valla de Racing, pasa por un duro trance ante un centro de Ortiz que apenas alcanza Alvarez; pero éste no puede rematar con éxito, apremiado por la intervención de Garraffa y Rodríguez.

Obtuvo la victoria por un goal a cero; pero el desarrollo de la lucha lo favoreció con amplitud, en un lance de técnica discreta, regular interés y emoción en que, una vez más, el presunto ganador resultó el perdidoso. — Racing estuvo en un mal día, o aniquiló su eficacia la notable actuación de la defensa roja. — Una revelación: el novel ataque de Independiente. Comentarios diversos e impresiones.

Hoy me siento inclinado más a conversar con mis lectores que a hacerles un juicio crítico sobre el clásico y legendario match entre los dos grandes rivales de Avellaneda, Conversación monologada por supuesto, que puede servir de idea ilustrativa para los que no vieron el partido.

Mi impresión previa sobre el match no era muy definida ni, a mí entender, encontraba a los dos teams suficientemente preparados y afiatados como para cumplir un compromiso tan grande como significa una competencia entre dos candidatos de la vanguardia y que definen una rivalidad de barrio.

El goal que definió la lucha. Alvarez recibe un pase de Ortiz, y luego de adelantarse impulsando la pelota con el pecho, la envía de

El goal que definió la lucha. Alvarez recibe un pase de Ortiz, y luego de adelantarse impulsando la pelota con el pecho, la envía de

En efecto; sabíamos todos que el ruso González no actuaría y que se ensayaría otra vez la capacidad de Devincenzi como director de línea en Racing y que, en Independiente, era dudoso que integraran el team Rojas .y Sastre, y que Lecea estuviera en condiciones de hacerlo, porque se hallaba fuera de forma. A estas posibles deserciones, se agregó, a último momento, la de Zito. De cualquier modo, cuando se anunció por altoparlante al público la composición de uno y otro, yo, usted y todos los demás, estuviésemos en la cancha o escuchando tranquilamente por la radio, nos hicimos una composición de lugar: las dos defensas estaban bien, porque la ausencia de González y Lecea estaría bien disimulada por Rodríguez y Renganeschi, pero donde la cosa no caminaría era en el quinteto rolo; decididamente, no jugaban Sastre y Rojas, y ni siquiera Zorrilla. Con esa línea de ilustres desconocidos, como Alvarez, Castillo, Martínez y Ortiz, acompañados por un Ravaschino en plena decadencia, Independiente no podía tener aspiraciones de triunfo y, a lo más, se concretaría a defenderse, para que el contraste no fuese de proporciones. Por su parte, Racing iba en la aliviada. Es verdad que adelante le faltaba Zito, pero estaba del Giudice, y en lugar de éste, Leoncio. Entre un quinteto y otro había la diferencia en prestigios y antecedentes en la proporción de 10 a 1 o el diverso tamaño que va entre una colina cualquiera de Córdoba y el Aconcagua.

Conidares protesta por la mala forma en que se le ha hecho el pase, permitiendo la fácil intervención de Fazio.

Conidares protesta por la mala forma en que se le ha hecho el pase, permitiendo la fácil intervención de Fazio.

Así lo vimos todas en la cancha o desde la radio, mientras los chicos de cuarta estaban definiendo posiciones en la preliminar. ¿No es verdad, lector amigo? Y si no, bastaba con ver las caras: la de los racinguistas, luminosas y optimistas, y malhumoradas, la de los rojos.

— ¡Qué tal, amigo! ¿Qué le parece el match? — le preguntan a uno de Independiente.

— ¡Qué mala suerte! Ni Sastre, ni Rojas, ni Lecea. Esto no es partido. Nos van a golear — contesta el rojo, no muy convencido, pero parando el golpe anticipadamente. Y el de Racing asentía, como si estuviera de acuerdo con esa terminante opinión.

El match

Pero como ocurre muchas veces, y con mayor frecuencia entre Racing e Independiente, no se puede decir que se tiene el pájaro hasta que esté en la jaula; salieron al field los blanquicelestes, con esa confianza sobredora que se transforma en batata cuando las cosas no salen como se esperaban, y los rojos, por su parte, acudieron con ese temor de inminente derrota, que se vuelve coraje, apenas se advierte que el león no es tan malo como lo pintan.

Martínez y Castillo inician un ataque perseguidos inútilmente por Garraffa, a quien procura apoyar Bonelli.

Martínez y Castillo inician un ataque perseguidos inútilmente por Garraffa, a quien procura apoyar Bonelli.

Y empezó el match. En los cinco primeros minutos no hubo nada de particular, como no fuese el afán de los rojos de portarse lo mejor posible y de los rivales de jugar con holgura y fe, que no tenía urgencias de goal. Cuando a raíz de un ajustado centro de Ortiz, Alvarez, casi sobre el goal, impidió que Bottaso llegase a tiempo, enviando la pelota como cucharita al fondo de la red, nadie pensó, y mucho menos los de Racing, que ese goal iba a ser el decisivo del encuentro.

No necesito abundar mucho en relatar las jugadas que más o menos fielmente habrán leído en todos los diarios, para establecer que, durante todo el primer tiempo, los dos teams tuvieron una labor bien distinta. Uno, de capacidad individual, sin medida ni orientación, que fué Racing, y otro, todo cálculo colectivo, sin jugadas aparatosas, que fué Independiente,

Voy a decir algo más para explicarme. Los de Racing, sabedores que tarde o temprano iban a aniquilar a los rivales, ensayaban avances personales sin intuir combinaciones, demorando con la pelota en arabescos inútiles, hasta que un defensor contrario se la quitaba. Hicieron esto al principio, por creer que sobraban; después, por capricho, y al último, por desorientación.

Devicenzi carga violentamente con el propósito de recoger un centro de Conidares; pero Bello se le anticipa devolviendo la pelota con un fuerte shot. Aparece de espalda el back Fazio, que hizo un gran match, lo mismo que Ferrou y Corazzo.

Devicenzi carga violentamente con el propósito de recoger un centro de Conidares; pero Bello se le anticipa devolviendo la pelota con un fuerte shot. Aparece de espalda el back Fazio, que hizo un gran match, lo mismo que Ferrou y Corazzo.

Mientras esto ocurría en los dueños de casa, en la visita la cosa era muy diferente: la defensa se multiplicaba, sabiendo que en ella estaba radicada toda la esperanza roja, y así, bien colocada y apoyando sabiamente, cumplía impecablemente su deber. Adelante, Ravaschino se compenetró que si él no dirigía la línea, no habría quien lo hiciera, y en vez de realizar piruetas, dió en hacer pases excelentes al mejor colocado, mientras que Alvarez, para ganarse la plaza de titular, se estimulaba en el ejemplo del veterano y rivalizaba con él en aciertos. Martínez y Ortiz, dos muchachos nuevitos y sin cartel, comprendieron que si no querían arriesgar mucho, no podían jugar para las tribunas, sino para el team, y que la mejor forma de salvar su situación era colocarse para recibir la ball y desprenderse de ella lo más exacto y rápidamente posible. Así, sin exhibiciones espectaculares ni demostración de recursos personales, el quinteto rojo dió una admirable impresión de justeza y sobriedad, que hubiese sido rendidor, a poco que Castillo no se hubiera empeñado tontamente en hacerse el Beraabé Ferreyra, pretendiendo batir a Bottaso desde 30 o 40 metros, tirando sin ton ni son, y que los demás hubiesen ensayado con más puntería y potencia.

SEGUNDO TIEMPO

El score de uno a cero no había reflejado la superioridad de Independiente en el primer período, pero la diferencia era tan magra, que Racing estaba todavía a tiempo de reaccionar y hacer suya la victoria. Sin embargo, lo que se piensa, no siempre se realiza, y así fué que los rojos dieron en seguir jugando con el mismo acierto del período anterior, y Racing tan desconcertado como entonces. El nivel técnico era discreto, sobre todo por la armónica acción conjunta de Independiente, y tenía como estimable una movilidad de juego muy remarcada. También era gratísimo observar que la lucha se desenvolvía ausente de jugadas bruscas e incorrectas, pero faltaba ese algo grande de las acciones magistrales y la reciprocidad de méritos, que hizo notables algunos matches entre los mismos adversarios, y que todavía se recuerdan con la frescura de las cosas memorables.

Un shot de Conidares pega en el travesaño, salvándose la valla de los rojos milagrosamente.

Un shot de Conidares pega en el travesaño, salvándose la valla de los rojos milagrosamente.

En los últimos 20 minutos la contienda se hizo más vigorosa, emotiva e interesante, por esto: hasta ese momento Independiente accionaba con mucho más orden y táctica, pero sus arrestos carecían de peligrosa efectividad, y Racing parecía resignado a admitir esa incomprensible superioridad del rival. Pero cuando salió del field Rodríguez a reponerse de un recio pelotazo al estómago y quedó con 10 hombres, se acordó de que tenía que hacer algo más de lo que había hecho hasta entonces y, jugándose el todo por el todo, mediante el enérgico apoyo de Bonelli y Scarcella desde atrás y el de Serramía desplazando prácticamente a esa figura decorativa que se llamó Devincenzi, el juego se fué acercando más al campo chico de los rojos, Y su valla corrió peligro, en forma que hizo vislumbrar la posibilidad de un empate.

Así, sin mejorar en táctica, pero con más energía, con inyecciones de vigor desordenado, pero impulsivo, Racing llevó la mejor parte por 10 minutos, durante los cuales, a no mediar la serenidad y eficiencia de la extrema defensa roja, y la falta de método albiceleste, el empate, aunque injusto, habría sobrevenido, Es más, sólo falto, en una oportunidad que el remate de "Barrilito" Cenidares hubiese sido 10 centímetros más bajo, para que la hall besara la red, en lugar de frustrar esperanzas rebotando en el travesaño. Pasados esos momentos de reacción racinguista y reintegrado Rodríguez al team, el resto, hasta terminar la lucha, fué una competencia mano a mane, de movilidad, entusiasmo decidido y eficacia ausente. Y sonó la pitada final, decretando el triunfo de los rojos, más que justo, en virtud de sus mayores merecimientos.

¿QUÉ LES VOY A DECIR?

Hasta ahora he hablado solo, olvidándome que los había invitado a conversar, pero veo que ustedes no están dispuestos a hablar, y esperan que les diga mi juicio final. ¿Qué les voy a decir? Que opino igualmente que ustedes.

El cuadro de Independiente que, integrado por varios elementos nuevos, superó en forma neta al de Racing.

El cuadro de Independiente que, integrado por varios elementos nuevos, superó en forma neta al de Racing.

Yo, sinceramente, no creía que con esa composición Independiente podía ganar y ni siquiera empatar. Está bien que la defensa es de muchos quilates, pero no es menos cierto que una defensa responde hasta un límite dado y llega un momento en que se agota y termina por entregarse a la acción hábil del quinteto que la ha estado acosando. Podía admitir, a lo sumo, que Independiente ganase defendiéndose con suerte y metiendo algún goal de chiripa; pero que ganara por sus cabales, porque demostró ser más team en la cancha que su rival, que el triunfo resultara trasunto poco generoso de lo que hizo en el field, eso sí que no estaba en mis papeles ni en los de ustedes, si es que están dispuestos a contestarme con sinceridad.

Alvarez, autor del tanto que dió el triunfo a los rojos.

Alvarez, autor del tanto que dió el triunfo a los rojos.

En mi opinión, durante todo el match, Independiente fué más team que Racing. ¡Qué digo! Solamente Independiente fué team, porque jugó con una trabazón de línea ponderable, con extraordinaria riqueza de recursos defensivos y una admirable armonía en el quinteto, tanto más admirable, cuanto que era producto de una amalgama de escasos valores personales. Si analizáramos los méritos individuales de ambas defensas, el saldo sería favorable a los visitantes, pero en la ofensiva había tanta diferencia en favor de Racing, que no habría posibilidad de dudas. Aquí la oración se volvió por pasiva: en vez de ser el ataque la mejor defensa, fué la defensa el mejor ataque. Porque la de los rojos se bastó para aniquilar al quinteto contrario y servir con tanta inteligencia y eficacia al suyo, que realizó el milagro de hacer buena una cosa que estaba cantando su mediocridad. Puede que me equivoque, pero soy un convencido que la línea de forwards de Independiente, con otra línea media, hubiese ido al fracaso. Y de aquí se deduce y no se necesita azuzar mucho el ingenio para definirlo, que el secreto del sorpresivo triunfo de los rojos estuvo en que, en la balanza de merecimientos, su terceto de halves pesó muchísimo más que el adversario, y bastó que los demás secundaran con acierto para que se lograra lo que al principio parecía Poco menos que imposible.

CORAZZO, FERROU, RAVASCHINO Y FAZIO

He ahí nombrado el cuarteto sobresaliente de los rojos. Corazzo cuya ciencia futbolística he sido de los primeros, si no el primero, en destacar, volvió a dictarnos una cátedra viviente de lo que es y puede ser un centre-half, que juega con el cerebro y sabe administrar sus energías con sabiduría matemática. Sin desplazamientos mutiles, sin esfuerzos visibles, él cubre todo el centro de la cancha Para cortar avances o entorpecer al que lleva la ball, y cuando la obtiene, sin apresuramientos, ahí está el pase cantado y justo al compañero que está en mejores condiciones de producir rendimiento. Pero no sería equitativo elogiar a esta cátedra viviente, sin citar a su complemento, a quien, lejos de hacerle sombra, le presta su apoyo para que le sirva de aureola: he nombrado a Ferrou. El nunca bien reconocido half de ala rojo es el dinamismo personificado, el que cubre las posiciones que necesariamente deja un compañero, el que se ubica detrás o delante de Corazzo para facilitarle o completar su jugada. El que pasa a Corazzo, cae en Ferrou o, a la inversa, el que esquiva a Ferrou, se estrella con Corazzo. Es el hombre rendidor y de sacrificio, aquel que va no donde lo llama su misión, sino la incidencia del juego. Va de la defensa al ataque para volver a aquélla, y de su ala al centro y regreso, en una continua movilidad, con un don extraordinario de ubicuidad, con una intuición admirable del auxilio preciso que debe prestar.

Buguyero y Devincenzi se han aproximado al arco contrario obligando a intervenir a Fazio, Corazzo y Bello, quien ha salido audazmente de su valla. La jugada no tuvo consecuencias.

Buguyero y Devincenzi se han aproximado al arco contrario obligando a intervenir a Fazio, Corazzo y Bello, quien ha salido audazmente de su valla. La jugada no tuvo consecuencias.

En grado inferior de estimación, fué excelente la labor de Rayas-chino adelante y Fazio atrás. El primero reverdeció laureles un tanto marchitados, produciendo una labor de primer orden, por voluntad que puso en el juego, como por la inteligencia de su realización. Fué el hombre que supe orientar y sacar provecho de un núcleo de compañeros noveles, y su triunfo está en que extrajo de ellos mucho más de lo que esperó el más optimista. Gambeteó con sobriedad y distribuyó juego a conciencia, siendo el verdadero de rector del quinteto.

Bello debe arrojarse al suelo para detener un tiro de Del Giúdice.

Bello debe arrojarse al suelo para detener un tiro de Del Giúdice.

Fazio no había jugado bien últimamente; flaqueaba en forma sorprendente por mala colocación y titubeo en sus intervenciones. El domingo fué otro; se colocó irreprochablemente y dió evidentes muestras de una energía correcta y seguridad y aplomo notables.

Los demás Rojos

Bello no tuvo muchas oportunidades de demostrar sus grandes cualidades, pero sí evidenció su gran colocación, serenidad y acción segura, toda vez que fué llamado a intervenir, y gracias a ello Independiente está saboreando el gusto de la victoria, porque, pese a todos los merecimientos, el empate hubiese venido casi al final, ante un tiro peligroso y de cerca de Bonelli, a no haber estado allí Bello, para impedir milagrosamente el goal inminente. Renganeschi y De Jonge jugaron muy bien, y lo que habrá sido de buena la defensa roja, cuando estos dos hombres fueron los inferiores de ella. Ambos se complementaron con eficacia y lucieron recursos sobrios y seguros. Dicen que son suplentes, pero, para mí, son tanto como los titulares.

Santamaria. Por Tabernig

Santamaria. Por Tabernig

Martínez, jugando a la derecha, exhibió las mismas discretas condiciones que cuando actuó a la izquierda. Es un jugador del que se puede sacar provecho, lo mismo que de Ortiz, elemento discretísimo, que hizo bastante con debutar en un match de campanillas sin desentonar. En cuanto a Alvarez, creo que es un acierto de Independiente el haberlo contratado. Es un poco cachaciento y no es temible por su shot, pero en cambio, es sumamente inteligente y certero en el pase. Su colocación y don de oportunismo lo tiene demostrado, con elocuencia, en este match y el amistoso con Boca, en que marcó tres goals: es de los que tiran con cálculo y de los que saben a fondo dónde está el talón de Aquiles de loa guardavallas. Creo que será titular y bien útil para Independiente. En cuanto a Castillo, es discreto. Jugó con poco acierto en el primer tiempo, para mejorar mucho en el segundo. No será de los que inventó la pólvora, pero es un candidato que no hay que descartar por completo.

Los de Racing

Lamento que al expresarme sobre los de  Racing no pueda hacerlo en el mismo tono que con los de Independiente; sostengo que, mientras sus rivales triunfaron colectivamente, ahí fué donde ellos fracasaron. No tuvieron noción del juego asociado; del esfuerzo de colaboración. Cada cual tiró para su lado, y si alguna excepción cabe hacer, debe ser para Bonelli, que resultó el mejor, sin ser una gran figura. En cuanto a Serramía, fué voluntarioso, y acaso no hubiera pasado tan inadvertido si su labor no tuviese que confrontarla con la de Corazzo; hubo un abismo de diferencia; el de Racing derrochó energía, pero no supo sacar producto de sus intervenciones. Garraffa estuvo alocado; mucho dinamismo también, pero nada provechoso, ni para servir juego a sus forwards ni para impedir el avance de los rivales. Los dos zagueros, regulares; mejor Rodríguez en el primer tiempo y Scarcella en el segundo. Bottaso, bien. El goal era imposible impedirlo y a él no podrá achacársele ninguna culpa.

Del Giúdice y Garraffa. Por Tabernig.

Del Giúdice y Garraffa. Por Tabernig.

Pero donde apareció visible la desorientación de Racing fué en el ataque; ese quinteto resultó poca cosa para la defensa roja. Devincenzi, ya lo dije, fué una figura decorativa que se gastó con mucha voluntad, pero con notable desacierto. Leoncio se empeñó en la gambeta improductiva y malogró muchos avances; del Giudice estuvo inferior a otras veces netamente. Sin tanto defecto, se asemejó a Leoncio, y como aquél, no dió juego a los wingers. Estos fueron los mejores, no porque dieran más, sino porque estuvieron menos en el juego. Olvidados por sus compañeros, intervinieron espaciadamente y lo hicieron con frialdad, sin hacer nada que llamara la atención. Sólo al final y en chispazos, se mostraron peligrosos, en particular Conidares.

El referee

Eduardo Forte es un referee enérgico y bien intencionado. No tuvo un match de difícil dirección, pero es justo reconocer que puso mucha voluntad para que fuese correcto y lo consiguió. Sus mayores yerros estuvieron, si se puede llamarles así, en que fué muy severo en intervenciones un poco fuertes, que interpretó por fouls sin serlo. Además, se equivocó en algunos, cobrándolos a la inversa. Con todo, sacó bien el match y confirmó que se Puede confiar en él.

 

 

Por CHANTECLER

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