Las Crónicas de El Gráfico

1991. De la mano del Loco...

Por Redacción EG · 05 de febrero de 2019

Si bien en el comienzo de la era de Marcelo Bielsa al mando de Newell´s, se hablaba de descenso, el ¨Loco¨ revirtió eso y en 1991 fue campeón, después de ese logro EL GRAFICO lo entrevistó.

La locura del final en la Bombonera. El Loco Bielsa, emocionado, busca las manos de Juan Manuel Llop, figura en los dos partidos. Los rodean Fullana y Saldaña.

La locura del final en la Bombonera. El Loco Bielsa, emocionado, busca las manos de Juan Manuel Llop, figura en los dos partidos. Los rodean Fullana y Saldaña.



Marcelo, no voy a iniciar la nota con una pregunta. Empiece usted por dónde quiera...

—Estaba pensando en que ya llevamos un año juntos con los futbolistas de Newell's. Cuando se obtiene un logro de la magnitud del que conseguimos, todos se preguntan por los secretos. Acá no los hubo. Le digo más, para mí la razón fundamental del éxito no estuvo en la cancha, sino fuera de ella. En Newell's no hay malos tipos, hay lealtad y una sana competencia por conseguir un lugar en el equipo. Ojo, que el comienzo fue muy duro. En Rosario se hablaba de descenso y no de campeonato. Estos muchachos absorbieron esa sensación que les venía del entorno y se dispusieron a demostrar que no era justa.

—Más allá de las bondades humanas, esto es fútbol. ¿Un crack mala persona no hubiera jugado entonces?

—No, seguro que no. El fútbol es técnica, táctica, estrategia, todo lo que usted quiera; pero, sobre todo, al menos para mí, es una cuestión de actitud. La actitud tiene que ver con la conducta y la conducta tiene que ver con la buena gente. Igualmente, no me engaño, con eso solo hoy no estaríamos festejando el campeonato. Acá hubo una suma de factores. Material humano, horas de trabajo, un preparador físico excelente como el profesor Jorge Castelli, la necesaria cuota de suerte, dirigentes que apoyaron, un público fuera de serie.

— ¿Dónde se dio cuenta de que esta euforia era posible?

—Después de perder 1-0 contra Boca, en La Bombonera. Era un partido irrelevante para nosotros, pero la derrota transformó nuestro vestuario en un verdadero velorio. La mitad de los futbolistas lloraba, la otra mitad sufría intensamente. Ese partido fue clave porque el equipo volvió a funcionar como en los mejores lapsos del Apertura. Una cuestión de actitud, perdóneme la insistencia sobre ella. Se las inculco a mis jugadores porque así lo vivo yo. ¿Usted sabe que yo me "muero" después de cada derrota? La semana siguiente es un infierno. No puedo jugar con mi hija, no puedo ir a comer con mis amigos. Es como si no me mereciera esas alegrías cotidianas. Me siento inhabilitado para la felicidad por siete días.

— ¿Para salir campeones hay que sufrir?

—El sufrimiento es un rasgo que permite llegar a las proe-zas. Aparte, están los jugadores... Pero bajemos un poco al llano, ¿no? Estamos hablando de fútbol, al fin y al cabo. Humanicemos la hazaña de Newell's. Empecemos por Martino, el líder natural del grupo. Al Tata le pedimos lo que más le cuesta y lo dio. Se tiró a los pies, se sacrificó, es un ejemplo bárbaro para los más jóvenes. Gamboa, un tipo de coraje, porque se requiere de él para imponer como lo hizo su desenfadada manera de jugar; Franco, conmovedor en su despliegue; Berizzo, el jugador más inteligente del fútbol argentino; Ruffini, un muchacho que puede jugar en la Primera División de cualquier país del mundo; Boldrini, un delantero de Selección; Pochettino, un pibe de 18 años que anuló a los delanteros más importantes de nuestro medio; Saldaña, ¿usted conoce a algún lateral que sea mejor que Saldaña? Y los tipos experimentados, no me olvido de ellos. Scoponi, un gran arquero; el Negro Zamora, que es el fútbol argentino sintetiza-do en una persona; Cozzoni, sinónimo indiscutible de gol; Llop, un tipo solidario, que siempre privilegia los intereses del conjunto a los propios. Un grupo extraordinario, como verá.

La lepra en la Casa Rosada, Berizzo, Gamboa, Pochettino, Llop, Martino, Saldaña y Zamora fueron algunas de las figuras de Newell´s campeón.

La lepra en la Casa Rosada, Berizzo, Gamboa, Pochettino, Llop, Martino, Saldaña y Zamora fueron algunas de las figuras de Newell´s campeón.



—Veo, pero dudo de que los dirigentes le hayan pedido el título y de que usted se lo haya imaginado allá por agosto del '90...

—Acertó en las dos cosas. Yo no me puse grandes metas. Ni Liguilla ni Campeonato. Siempre les pedí a los futbolistas que nos concentráramos en el próximo partido. También es cierto que los directivos no me pidieron nada. En el fútbol no se puede pedir porque es imposible garantizar algo. Ningún proyecto puede ir más lejos de una semana ya que nos espera un rival que quiere bajarnos. Lo demás es puro sueño, créame...

Y usted, ¿con qué soñaba?

—Con algo que por suerte logré: hacerle jugar a Newell's un fútbol diferente, donde el principal rasgo sea el movimiento y donde cualquiera juegue de cualquier cosa. Una de las grandes satisfacciones que recogí esta temporada es el reconocimiento de los colegas. Dos de ellos, Miguel Angel Russo y Fernando Areán, me dijeron que el nuestro era el mejor equipo de la Argentina mucho antes de nuestra definitiva consagración.

— ¿Cuál fue el mejor momento de la temporada?

—Uno no demasiado exitoso, miró qué curioso, 4-0 a Central, 1-3 con Vélez, 3-0 a Ferro y 0-1 con Lanús. Tuvimos pasajes hermosos también en el Apertura, desde la derrota con River en Rosario hasta la vuelta olímpica con San Lorenzo. Me quedaron fijas algunas imágenes. El Tata Martino con la pelota en los pies y la cabeza levantada pudiendo elegir entre cinco opciones de habilitación. Saldaña que sube, Ruffini que se cierra, Boldrini que va a una punta, Berizzo que se desprende, Zamora que se tira atrás. Fútbol de movimiento, ¿no le dije?

— ¿De dónde lo sacó? No tiene nada que ver con el tradicional juego de Newell's Old Boys.

—Mire, yo debo haber sido uno de los primeros argentinos que tuvo acceso a videos de fútbol europeo. Le hablo de quince años atrás, cuando me los enviaba desde Madrid mi amigo Roberto Di Nóbile. Todos los meses recibía los compactos del mejor fútbol, allí nacieron mis ideas. Siempre quise sintetizar la habilidad nuestra con la mecanización y la disciplina europeas.

—Un concepto demasiado elaborado para un hincha pasional de Newell's como usted.

—Nunca lo negué, lo asumo y estoy orgulloso de pertenecer al mejor club argentino. Pero ese hinchismo nunca me nubló las ideas. Puedo estar ansioso o acelerado, pero nunca pierdo la capacidad de pensar, la única a la que jamás puede renunciar un entrenador.

Newell´s venció por penales a Boca en la Bombonera y se consagró campeón del Campeonato de Primera División 1990/1991.

Newell´s venció por penales a Boca en la Bombonera y se consagró campeón del Campeonato de Primera División 1990/1991.



Qué rivales le metieron más miedo?

—River de la primera rueda, Boca y Mandiyú de la segunda, Vélez de toda la temporada. Aunque con nosotros se produjo un fenómeno muy particular que acaso terminó beneficiándonos. No estábamos "avisados" de que teníamos que ganar un título, como por ejemplo lo estaban los jugadores de Boca. Lo nuestro se dio por generación espontánea, sin asimilación consciente de lo que sucedía.

— ¿En las finales tampoco se dieron cuenta de lo que estaban por conseguir?

—A esa altura, sí, las presiones eran las mismas para los dos conjuntos. Allí encaré un trabajo de mentalización. Les hice ver a los muchachos que la no llegada de refuerzos no era una cuestión de austeridad institucional sino una decisión consciente mía. Me la jugué con ellos porque creía profundamente en sus condiciones.

— ¿Fue la única forma de motivación?

—También les expliqué que las finales definen tajantemente a sus actores. Si ganan son de una manera y si pierden son de otra, antagónica. El efecto del resultado es aplastante. Si triunfamos somos 10, si caemos somos O. Les dije claramente que no me importaban los trámites, que el que gana es el mejor y el que pierde es malo. Que no se dejaran engañar por eso de las derrotas dignas o de las victorias morales. Era la vida o la muerte. Así se los expresé, así lo interpretaron. Por eso hoy podemos gritar este campeonato. Por suerte, fue la vida...

 

ALFREDO ALEGRE
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