Las Crónicas de El Gráfico

1980. Leonard destruyó al boxeador y al hombre

Por Redacción EG · 14 de enero de 2019

Luego de un primer enorme combate entre Duran y Leonard, en el que el Panameño triunfa y gana título wélter, se dio esta revancha inmediata con el abandono extraño del latino, recordado como “no más”. VIDEO

 

Defensa: Leonard con los ojos bien abiertos espera un nuevo envío de Durán después de haber esquivado la izquierda. Su propia derecha funcionará luego en contragolpe.

Defensa: Leonard con los ojos bien abiertos espera un nuevo envío de Durán después de haber esquivado la izquierda. Su propia derecha funcionará luego en contragolpe.



Todo estaba preparado para el gran festejo. "Esta pelea es puramente simbólica", vaticinó Luis Henríquez, amigo, traductor y confidente de Durán poco antes de entrar al Superdome. El "Top of the Dome¨, restaurante-terraza del Hyatt Hotel, en el piso 32, había sido alquilado en 35 mil dólares para reconsagrar a Durán campeón del mundo. La orquesta salsera "Fiebre" dirigida por el hondureño Miguel Balladares, tocaría arriba y abajo, en el Superdome, el famoso tema ¨Duran, Mano de Piedra", compuesto especialmente para el campeón por el compositor panameño Agustín Argüello, seguido por "Nacido varón", de Cuco Valloy, y el merengue "Palomita" para rematar con "Cómo cambian los tiempos¨, de la típica dominicana.

Pero el símbolo se convirtió en desastre y los tiempos cambiaron realmente para Durán: al entrar al estadio la multitud lo abucheó en vez de vivario como en Montreal. Los gritos taparon la salsa. Durán palideció. La típica sonrisa maliciosa y de sobrador se convirtió en una mueca de desagrado. Cuarenta minutos después, sus manos estarían acalambradas, nadie lo consideraría muy varón y el apelativo de "Palomita" adquiriría implicancias de cobardía.

"¡Arreglo!... ¡Coima!... ¡Arreglo!", gritaba la multitud al salir, dejando entrever que Durán había orquestado el retiro para arreglar un tercer combate frente a Leonard por motivos exclusivamente económicos. Lo que los manifestantes no sabían era que jamás se podría armar una nueva revancha en esas condiciones: sólo se habían vendido 31.245 entradas de las 80.000 disponibles, recaudándose menos de 3 millones de dólares en boletería. Muy por debajo de los necesarios 40 mil tickets para redondear 5 millones y salir hechos, o sea sin ganar ni perder. Del circuito cerrado se esperaban 30 millones de dólares y apenas se recaudaron 18, con asistencia masiva en Nueva York, Los Ángeles y Chicago, pero muy floja en el resto del país. Motivo: entradas caras; época de "Thanksgiving", festejo tradicional casi tan respetado como la Navidad: compras prenavideñas: y el apogeo de la temporada oficial de fútbol americano. "Este negocio nos hizo perder más de 10 millones de dólares —reconoció ante EL GRAFICO Denzell Skinner, presidente de la Hyatl Management Corporation—. No es que no supiéramos que Don King nos había vendido un paquete sobrevaluado, sino que no teníamos más remedio que aceptarlo para que el negocio no cayera en manos del Caesar's Palace, nuestro competidor. Fue una decisión muy cara pero a sabiendas".

La de Roberto Durán también. Pero con varias facetas que se arrojan luz mutuamente. Un rompecabezas imposible de armar sin aventurar hipótesis.

Espectáculo: al mejor estilo de Locche. En el centro del ring, con los brazos caídos, la cara ofrecida al rival y la expresión de desafío. Duran, confundido, enfrenta a Leonard y no sabe con qué mano disparar.

Espectáculo: al mejor estilo de Locche. En el centro del ring, con los brazos caídos, la cara ofrecida al rival y la expresión de desafío. Duran, confundido, enfrenta a Leonard y no sabe con qué mano disparar.



Hipótesis 1: falta de concentración mental

La diferencia entre el Durán de Montreal y el de Nueva Orleáns es abismal. "Eran dos Robertos diferentes", reconoció Freddie Brown. Al terminar el segundo round, viendo que era Leonard quien imponía el ritmo de la pelea, bailoteando alrededor de Durán sin darle blanco jamás y retrocediendo siempre en distintos ángulos, a través de un magnífico juego de piernas, Freddie sintió que algo andaba mal en Durán, porque no lo veía reaccionar. Entonces le puso la mano en la espalda y le dijo al oído: "Vamos, baby, bang-bang, entras, bang-bang, sales". Es el idioma casi chiquilín entre los dos pero que siempre funcionó. Sin embargo, Durán no terminó diciendo "bang-bang", como en Montreal. Sólo asentía en silencio, con la mirada fija en el vacío. En el cuarto round, después de una interminable cacería de Ray que éste remató con un jab de izquierda, Durán ni siquiera le replicó el golpe: "¿Dónde está tu vieja maldad, baby? Roberto sin crueldad no es Duran...", le insistió Arcel al oído. Durán tampoco contestó: se limitó a señalar su vientre y le pidió que le aplicaran la bolsa con hielo. Arcel reconocería luego que "era como si Roberto estuviera desatento o un poco fuera de sí".

Al quitarle el blanco, Ray no hacía más que enfatizar el borroneo en la conciencia de Durán, quien estaba como flotando sin dirección. Esa falta de confianza y la sensación de estar en otro lado alentaron a Leonard a desplegar su mejor arsenal boxístico durante la séptima vuelta: amagar con un ''bolo punch¨, retenerlo y pegarle con una izquierda a un rostro sin custodia; ofrecer su cara desguarnecida a una distancia exacta para que la mano de Durán no lo alcanzara; invitándolo a pegar con la guardia baja, al mejor estilo de Alí. En Montreal eso hubiera bastado para que Durán arrollara con el estadio. En Nueva Orleáns, alcanzó para que le diera la espalda a Leonard.

Un gesto que no sólo tomó por sorpresa a su rincón, sino que motivó que Arcel le gritara en la cara. "¡Yo no merezco esa traición, baby! ¿Por qué? ¿Por qué? No estás herido, Leonard te lleva poca ventaja, tienes toda la pelea por remontar..." El barullo no dejó oír las últimas palabras: el hermano de Sugar Ray se abalanzó sobre Durán en el ring sin que éste atinara a hacer nada. El propio Leonard le pegó la trompada quizás más fuerte de la pelea en pleno estómago y Durán no se inmutó. Estaba como obsesionado y mirando al referí le dijo: "No más, no más, basta de boxeo...", mientras que Leonard se subía a las sogas y se proclamaba campeón. Pero Durán no dijo de entrada que tenía calambres, sino que se retiraba, que no es lo mismo. Lo de los calambres vino después. Es otra historia.

Elegancia: como Ali, con los brazos bajos, las piernas en constante movilidad y el cuello girando para anular los golpes. Un despliegue de talento y habilidad.

Elegancia: como Ali, con los brazos bajos, las piernas en constante movilidad y el cuello girando para anular los golpes. Un despliegue de talento y habilidad.



Hipótesis 2: calambres, comida o humillación

Hyatt Hotel. Cafetería "Royal Inn" del tercer piso. Doce menos cuarto de la noche del día del combate. Angelo Dundee se encuentra con Luis Henríquez, íntimo amigo de Durán, y le pregunta el porqué del abandono de Roberto. "El menú", responde Luis. Se refería al almuerzo que Durán consumió el martes 25 a la una de la tarde en el restaurante “Charly's Place", situado en el 234 de la calle Bonville, en el barrio francés. Durán estaba allí con Carlos Eleta, varios hombres de negocios panameños y el cocinero amigo suyo. Víctor Argueyo, dueño del Victor's Cafe de Nueva York, quien le preparó un plato preferido: bife al ajillo. Pero Durán come dos bifes de 16 onzas cada uno, dos naranjas, un consomé, casi un litro de agua y té. Nadie se atreve a contradecirlo. Nadie parece recordar que una semana atrás Freddie Brown había despedido a cuatro personas del equipo por alcanzarle comida a deshoras al campeón, quien es un gran ansioso oral con tendencia a engordar. Nadie recuerda que Durán aumentó diez kilos después de una semana de farra en Nueva York tras la pelea de Montreal.

Pero el exceso se recuerda esa noche como causante de los calambres estomacales de Durán. "Para peor —diría su médico personal, Orlando Núñez—, a la tarde se tomó un jugo de tomate sin mi autorización y faltaban ya pocas horas para la pelea, lo que es muy desaconsejable... Fue ese almuerzo el que derroto a Durán, no Sugar Ray Leonard". Pero los expertos no comparten ese argumento. Fredie Pacheco, el ex médico de Ali, al ser consultado me dijo: "Si tuviera calambres estaría doblado del dolor... Nunca he sabido de una inconsciencia tan grande".

Orlando Núñez llevó a Durán al hospital Baptist, en el 380 de la Napoleón Avenue de Nueva Orleáns, a las dos de la mañana del miércoles 26. Antes de hacerlo, Núñez y Eleta llamaron por teléfono a Emite Bruneau, presidente de la Comisión Atlética Estatal de Lousiana, y le ofrecieron incorporar a uno de los siete miembros de la misma para que presenciara el examen y limaran los obstáculos que estaban surgiendo para el pago de la bolsa a Durán. Bruneau se niega: "Tiene que ser mi propio equipo médico el que haga este examen". Núñez decide ir de todas formas. Un  equipo de tres médicos a las órdenes de Javier Salguero, compatriota de Núñez, establece que Durán está bien de salud pero que no hay sistema medico válido para probar la existencia de un calambre, salvo que ocurra en momentos en que el cuerpo está conectado al monitor. Bruneau insiste en investigar y en realizar un chequeo médico.

El equipo de Durán no se enteró de los calambres durante la pelea. "Yo le ponía bolsas de hielo en el estómago en los intervalos para endurecerle los músculos, para desinflamarle los tejidos, como siempre... Pero nunca porque se quejara de los calambres'', alegó Arcel. Es más que sintomático que esos calambres hayan comenzado en el sexto y séptimo round, cuando Sugar Ray humilló públicamente al campeón con su despliegue boxístico y con un ensañamiento y ansias de venganza desconocidos en el retador. "Fue de circo, una lección de boxeo... Quizá es la humillación que Duran necesitaba para conocer mejor sus límites", rezó el Post del miércoles 26.

Octavo round. Leonard domina con su boxeo exquisito. Durán ofrece su espalda ante la sorpresa de todos, mientras recibe un golpe al estómago. Es el abandono oficial del campeón.

Octavo round. Leonard domina con su boxeo exquisito. Durán ofrece su espalda ante la sorpresa de todos, mientras recibe un golpe al estómago. Es el abandono oficial del campeón.



Hipótesis 3: conspiración

“¿Por qué Freddie, por qué?" El que implora r una respuesta es Emile Bruneau, presidente de la Comisión Atlética Estatal de Lousiana. Es la una de la mañana del miércoles 26. Carlos Eleta, Freddie Brown y Ray Arcel fueron citados al segundo piso del Superdome, oficina 2027, para explicar la inexplicable e inesperada actitud de Durán. Bruneau tiene 84 años, es amigo desde chico de Freddie Brown, quien tiene 76, y con Ray Arcel, que tiene 81. "A mí no me mientan", ruega. "Entre viejos amigos y a esta altura de la vida quiero y merezco la verdad", insiste. La historia de Durán es increíble y contradictoria y nadie la cree. Bruneau ha convocado a esta reunión casi íntima sin haber notificado oficialmente a la Comisión que preside sobre la actitud a tomar con respecto a Durán. El que se defiende primero es Freddie Brown: "Quiero contarte una anécdota para disipar tus dudas de alianza o conspiración en la decisión de Durán. La primera persona en saber que se retira es el juez Octavio Meirán, después yo, y luego Henríquez casi juntamente con Arcel. A todos nos cayó como un balde de agua fría. Hennquez casi le pega a Roberto sobre el ring. Esta es una decisión de él, absolutamente personal... Cuando llega al rincón me dice: "Old man, no más. . . Y desaparece, creo que en parte por la vergüenza que sentía ante mi opinión. Luego se dio vuelta, le dijo algo en español a Quiñones, algo como ¨Me duele aquí", tocándose el estómago. Cuando entré al camarín lo sorprendí murmurando con Eleta. "No más, no más", gritaba Durán a su manager. Pero estaba de buen humor, sin penas ni congojas y eso es lo que desconcertó.

¿Cómo puede mi baby, cruel, violento, agresivo —me pregunté—, admitir pasivamente que Leonard se convirtiera en un payaso en el séptimo round, dar cobardemente la espalda a un rival y encima estar de buen humor? Es que para Roberto hay dos formas de desafío ante lo desconocido o incontrolable: una es ir de frente y la otra es no presentar lucha. Igualmente es un gran campeón. Lo suyo no es cobardía. Tampoco es búsqueda de acomodo para próxima pelea. Una persona que se juega la vida en un ring durante veinte años y que siempre da la cara no puede de un día para otro cambiar la actitud. Lo de Roberto es confusión, inseguridad incrementada por la humillación a que lo sometió Leonard".

—igual recomiendo investigación, chequeo médico y posible bloqueo del cobro de la bolsa.

—Emile ¿cómo suspender a un boxeador retirado? ¿Cómo bloquear el cobro de una carta de crédito que cualquier banco aceptara? Sabemos que ésta es una medida política y de imagen.

—Freddie, sólo porque eres tú y te respeto como amigo y profesional voy a imaginar que no te oí. Esta investigación se hará hasta sus últimas consecuencias. Obviamente, Bruneau no les podía mencionar que su Comisión estaba siendo investigada por el FBI en conexión con ilegalidades en el negocio boxístico. Pero comprendió que en el grupo había más desacuerdo en cuanto a la actitud de Durán que interés para que él cobrara su dinero. La teoría es débil.

El fallo ya es oficial. El árbitro Octavio Meyrah ordena la reanudación de la pelea. Durán se niega y no quiere combatir. Leonard comienza a festejar: ha recuperado el título mundial.

El fallo ya es oficial. El árbitro Octavio Meyrah ordena la reanudación de la pelea. Durán se niega y no quiere combatir. Leonard comienza a festejar: ha recuperado el título mundial.



Hipótesis 4: estrategia

En la conferencia de prensa el campeón Sugar Ray aventuró quizás la respuesta más acertada al por qué de la actitud de Durán: "Está enojado consigo mismo porque se dio cuenta de que él no puede cambiar y yo sí... Su fuerza no le permite ser fuerte", valga la paradoja.

O sea que según Ray su fuerza está en elegir una estrategia adecuada a las circunstancias. Mientras que pegadores más brutales como Durán, deben seguir las mismas líneas. Lo que demuestra que este nuevo combate es una versión moderna del viejo enfrentamiento entre la inteligencia y la fuerza bruta. De más está decir quién pierde.

Leonard el lo más alto. Ha recuperado el Título de Campeón en peso wélter

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Una imagen final. Miércoles 26 de octubre, 12 del mediodía. Habitación 1835 del Hyatt Regency Hotel de Nueva Orleáns. El teléfono despierta a Durán. Es Omar Torrijos desde Panamá. La conversación dura un minuto. Durán corta, cierra todas las puertas y se pone a llorar. En la habitación contigua están Carlos Eleta, Ray Arcel y Freddy Brown. Los tres se miran con gran pena. Como dice Eieta: "Duran solamente lloró dos veces en su vida. La primera, cuando nació su primera hija. Ahora es el mismo llanto. Pero éste es de tristeza".

Por ALBERTO OLIVA (Enviado especial a Nueva Orleans)

Fotos: JACKSON HILL de THE ASSOCIATED PRESS


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