Las Crónicas de El Gráfico

Estimado chorro

Por Redacción EG · 13 de diciembre de 2018

Por Borocotó. "Vos no sabés lo que hiciste al alzarte con la bicicleta del viejo Innocenti. Es probable que no supieras de quién era la máquina, ni que sepas quién es ese viejo que tanto queremos…."

…¡Si lo conocieras! ¡Si supieras de las veces que gritó “cien metros atrás"! Es una figura sagrada dentro del ciclismo. Derecho, franco, trabajador incansable. Y la bicicleta... no sabrás nunca lo que para él significa ese cuadro antiguo asentado sobre dos ruedas.

Más que una hija suya, más que su propia señora, algo así como una novia de los veinte abriles, cuyo afecto perduraba a lo largo de 27 años y miles de kilómetros de rodar y rodar. No has robado una bicicleta, mi estimado chorro.

Has arrancado de raíz un cariño y para dejar en el corazón del viejo ciclista una herida abierta y que, no cerrará nunca. No se arregla ese dolor con dinero ni con otra máquina. Pregúntale a una madre que acaba de perder un hijo si puede reemplazarle. Imposible. Vendrán otros hijos tan buenos y tan cariñosos como el que se fue, pero la madre seguirá llorando aquella pérdida a través de los años y de las distancias.

No; no se arregla con otra bicicleta. Es preciso que sea aquella, la Prinetti Stuchi que sobrevivió al propio Prinetti, la compañera de 27 años, la que supo de largadas en Liniers a las dos de la mañana, la que conoció el camino al Tigre antes de abacanarse, la que vivió jornadas memorables en Morón, en Palermo, en todo lugar donde hubo ciclismo.

No valía nada. No te habrán dado más de diez pesos, porque los recuerdos y los afectos no se traducen en dinero, sino que en sentimientos. Y vos, si tuvieras un poco de eso, darías marcha atrás. No se me va a ocurrir ingenuamente pedir que le devuelvas la bicicleta. Respeto todos los oficios, inclusivo el tuyo. Conozco otros peores con menos riesgo y que hacen más daño. Vos sos una consecuencia de la sociedad. Pero tu gran error consiste en robar en pequeña escala y carecer de patente o título que justifique la profesión.

No te pido la bicicleta, pero, por lo menos, vendémela. Si reconozco que sos un "comerciante apurado", respondé al concepto que me merecés y vendeme la bicicleta o decime en dónde la has reducido. ¿Qué te cuesta? Me hablás por teléfono ahora que los automáticos no delatan, me escribís unas líneas con la mano zurda y yo voy a buscar aquella Prinetti Stuchi que rodó con mi viajo amigo a lo largo de 27 años. Te vas a creer que todo esto es cachada. No lo imagines siquiera. Querido chorro: haceme esa gauchada. Dame la oportunidad de devolverle a Innocenti la novia de su juventud... y el sueño. Sí; porque desde que vos te alzaste con la bicicleta, ya no duerme. Apenas cierra los párpados húmedos de llorar a la ausente, sufre pesadillas. Entonces, con los ojos abiertos, abre en la obscuridad una brecha a punta de recuerdos y se ve por Rivadavia rumbo a Liniers, en plena madrugada, arrastrando sus cinco con cinco de multiplica y llevando bajo el brazo la bandera que se agitó en todas las llegadas.

Haceme una gauchada. Sé criollo.

Borocotó 1934


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