Las Crónicas de El Gráfico

El después, más que mil palabras sobre la desgracia aérea en Colombia

Por Martín Mazur · 17 de marzo de 2017

La tragedia aérea de Chapecoense obligó a refundar el club para un año repleto de competencias... y de homenajes.

Rosangela es la mujer de Cleber Santana, uno de los jugadores que perdió la vida en el accidente aéreo del Chapecoense. Varias de las amigas de Rosangela, hoy también viudas, se habían hecho el mismo diseño. Se trataba de una causalidad: planeaban hacer un viaje grupal en pareja a Punta Cana. 

Era difícil imaginarse al Chapecoense después del 28 de noviembre. Era difícil, porque el club, como tal, parecía haber dejado de existir. En aquel viaje se habían disuelto las vidas de sus jugadores, su staff técnico, sus dirigentes, utileros, masajistas, allegados. Había unos pocos sobrevivientes, cuyos nombres fueron mutando en el transcurso de una cobertura frenética de madrugada, entre el fango, la lluvia, la oscuridad, el frío y las informaciones cruzadas que llegaban desde Medellín. Pero como si esa noche todavía no hubiera terminado, los 71 muertos de esa tragedia aérea evitable aún hoy son difíciles de procesar, de mensurar. 

Las lágrimas acompañan a Chapecoense desde aquel 28 de noviembre. Se hicieron presentes en la oración en el estadio por las almas de los caídos; en el responso el día en que se debió haber jugado la primera final, trunca, de la Sudamericana; en el día a día de viudas, hijos y familiares de los guerreros del Chape, que tratan, a tientas, de ver algo de luz entre tanta oscuridad.




La Nueva Chape, como presenta el perfil de twitter @ChapecoenseReal, se puso en marcha con una fuerza inusitada y el convencimiento de que no necesitaba de favores reglamentarios (como la propuesta de que no se le permitiera descender), sino de mucho afecto para sobrellevar esta etapa de luto. 




“Con mucha paciencia, pero haré de todo para poder volver a jugar, para honrar a todos los familiares de los amigos que se fueron y que hoy viven con Dios”, dijo emocionado Ruschel en una conferencia de prensa. Su recuperación pasará por fisioterapia hasta que logre calcificar la columna, lesión por la que al principio se temió que pudiera quedar cuadripléjico. Durante el vuelo, el arquero Jackson Follmann lo invitó a cambiar de lugar y sentarse a su lado. Los dos sobrevivieron, aunque las heridas de Follmann obligaron a la amputación de una de sus piernas y le dejaron comprometido el otro pie.

En muletas, y todavía con muchos menos kilos que los deseados, Neto fue uno de los que estuvo presente en el reinicio de los entrenamientos del club, para darles ánimo a los nuevos jugadores. 

En el primer partido contra el Palmeiras, jugado el sábado 21 de enero, Follmann, Ruschel y Neto levantaron la Copa Sudamericana. Las viudas de sus compañeros también recibieron las medallas de campeón. Entre los muchos periodistas acreditados, el más emocionado era Rafael Henzel, el otro sobreviviente de la tragedia. Chapecoense ganaba 2-1 hasta que llegó el empate del Palmeiras. El estadio fue verdiblanco de verdad: los hinchas estuvieron entremezclados y el silencio en el minuto 71, dedicado a homenajear a las víctimas, fue conmovedor. Había banderas y camisetas de los ídolos que ya no están. Pasará algo de tiempo para que en las tribunas aparezcan los nombres de los jugadores actuales, que serán los que se vean obligados a continuar la fábula del Chapecoense luego de ese cruel hachazo del destino. En cada partido de visitante habrá un homenaje de algún tipo: es el viaje emocional que les espera a los nuevos jugadores del Chape, con una larga lista de clubes preparando de antemano un recibimiento especial, y con un respetuoso recuerdo cada vez que embarquen en un vuelo.

 

Por Martín Mazur

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Nota publicada en la edición de febrero de 2017 de El Gráfico
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