Las Entrevistas de El Gráfico

1937. El Negro Pratto. Entrevista de Borocotó.

Por Redacción EG · 21 de abril de 2020

El defensor que supo hacerse de armas en el fútbol argentino jugando por Huracán, cruzó el charco para vestir la camiseta del Génova de Italia por seis temporadas. Y ahora, su regreso lleno de aprendizaje.

—Negro!!!

—¿Cómo te va?...

—No apretés, che: no apretés...

Cuando nos encontramos dos tipos café con leche cargado, hay que ver cómo relinchamos. Y más si hace un montón de tiempo desde el último abrazo.

—Seis años estuve allá, en Génova.

—¿Y qué trajiste de vuelta?

—Un montón de hermosos recuerdos y algo que está en la cumbre de todo eso: una hija.

Se sacó el chamberguito de ala corta y me mostró una plumita con los colores azul y rolo, símbolos del Génova. Suavemente pasaba los dedos sobre la plumita, como si acariciara el rostro morocho de su hijita que parla italiano y que tiene en sus pupilas la nostalgia de los paisajes genoveses.

—¿Y por qué te viniste?

—Se me enganchó la cola del barrilete en Buenos Aires y me vine tirando del hilo. Mi señora se había venido tiempo atrás con la nenita porque temía a la guerra, y yo aguanté un poco de tiempo, pero al final vine detrás de esos dos seres que me son tan queridos. Además, se pueden ver muy lindos paisajes, pero siempre, se piensa en volver. Eso sí: quiero que tú digas en El Gráfico que me han tratado muy bien, que pasé allá seis años muy felices y que guardo para todos los amigos (me dejé en Génova un recuerdo muy amable. Antes de embarcarme dieron una cena de despedida y me regalaron una medalla de, oro. De esa noche no me olvidaré más.

Y volvió a acariciar la Plumita.

 

En el viejo Parque Patricios, junto a un árbol en el cual Pratto jugó de niño, juega ahora con su hijita, la que nació en Génova y que es lo más hermoso, entre otras cosas, que el futboler trajo de allá.

En el viejo Parque Patricios, junto a un árbol en el cual Pratto jugó de niño, juega ahora con su hijita, la que nació en Génova y que es lo más hermoso, entre otras cosas, que el futboler trajo de allá.

 

"Allá — prosiguió, — en el bar Grifone, en donde solía parar en compañía de algunos jugadores e hinchas, tenía mi barrita. Por intermedio de El Gráfico conocíamos todo el movimiento deportivo de La Argentina. Algunos camareros de los barcos que vienen a América ya saben muchas palabras de este lenguaje criollo y tenías que verlos en el café, rodeados de hinchas, leyendo El Gráfico en voz alta y comentando. Ferraris, un puntero izquierdo del Génova, se había enamorado tanto de Buenos Aires a través de esos relatos, que cuando me vine me dijo: "Moro: buscame un puesto allá que me voy". Tenías que verlo decir palabras en lunfardo. Es un reo lindo. “

—¿Moro, te decían?

—Sí...; con este color no me podía es capar. Algún apodo tenían que ponerme. Pero muy cariñoso. El genovés es un ser algo tosco, medio esquivo, pero cuando se hace amigo lo es de verdad, abierto, franco, macanudo. Lo digo porque lo he sentido y porque desde aquí estay imaginando el momento en que El Gráfico llegue al bar Griffone y algún camarero lo lea en voz alta rodeado de esos amigos que quién sabe si volveré a ver...

 

Toda la familia. La señora, la nena y el papá. Pratto volvió de Italia pulido, refinado, y siempre evoca los seis años en que actuó en los fields de la península.

Toda la familia. La señora, la nena y el papá. Pratto volvió de Italia pulido, refinado, y siempre evoca los seis años en que actuó en los fields de la península.

 

TRANSFORMADO

¡Qué transformación, compañero! El Negro vino más joven y con unos kilos que le hacían falta. Llegó también más pulido como si allá le hubieran dado una esmerilada.

—Siempre se aprende mucho viajando —me contestó a esa observación mía. — Y yo conocí toda la Italia, fui a Francia, etc. Como el Génova descendió un año y los partidos por el torneo de la intermedia, algunos de ellos, se hacen muy lejos, recorrí mucho por allá. Date cuenta que a veces, para jugar un match, hay que hacerse varias horas de tren, tomar un barco y viajar otras horas más de ferrocarril. Los viajes, el trato que a uno le dan, todo contribuye a mejorarse. Y una de las cocas que chocan aquí, cuando se regresa, es el ambiente de nuestras canchas. Ya tenía eso un poco olvidado, y bien sabés que nunca fui de los muy correctos. Allá se alienta a un team sin insultar al otro; tampoco se insulta al árbitro. Todo eso está penado. Nosotros entrábamos a la cancha y jugábamos bajo el grito repetido de "¡Génova! ... ¡Génoval... ¡Génoval..." En cancha contraria se alentaba al adversario. Pero nada más. Así uno se va olvidando del ambiente de Buenos Aires, y cuando se vuelve se siente la diferencia. No es, te repito, que me sienta fifí de golpe y porrazo; es que, me gustaría mejoraran aquí un poco las cosas. ¿No te parece? Con buena voluntad, con una campaña periodística y lo que pudieran hacer los dirigentes y la policía en ese sentido, se podría llegar a ese cambio tan favorable. Total: siempre son los menos los que arman los líos. Te aseguro que me chocó el ambiente, y si eso me acontece a mí, date cuenta qué efecto le producirá a un forastero que viene del fútbol europeo. Habría que hacer algo. Habría que hacer algo; tendríamos que realizar una campaña depurativa juntando todos los elementos Que pueden contribuir a ella, y tengo la impresión de que, una vez logrado eso, la satisfacción sería general.

 

El popular Negro Pratto luciendo la camiseta de Huracán, que durante tanto tiempo defendió, formando con Nóbile una excelente pareja.

El popular Negro Pratto luciendo la camiseta de Huracán, que durante tanto tiempo defendió, formando con Nóbile una excelente pareja.

 

DEBUT CRIOLLO

—Me acuerdo cuando debuté — cuenta Pratto. — Resultó un debut criollo. Fue en un amistoso contra el Ferencvaros. Nos tenían locos en el primer tiempo. Nos estaban dando un baile a dos orquestas. Yo la veía pasar, nada más que pasar. A veces, esperando una pelota de alto, sentía que el centre forward contrario un golpe con la cabeza y me desplazaba. Una vez me pareció casual, pero cuando llegó a la tercera y vi que era intencional, se me vino el criollismo en patota, apareció todo Parque Patricios y... ¡púfate!: meta piñas con el forward. ¡Qué macana! Menos mal que se trataba de un match amistoso y de un debut, porque de lo contrario, vaya a saber uno la suspensión que me habría tocado. Allá las cosas son muy serias.

—¿Y cómo jugaste en ese debut?

—En el primer tiempo no la agarrábamos. Cuando yo pescaba una, daba dos o tres pasos y se la entregaba al half. En eso vino el entrenador y me dijo: "Non faccia cosí. Tiri lungo. Al público gli piace" ¿Ah, sí? — me dije yo. — Ahora verás. Vino una linda, la caché de voleo y la mandé contra la otra valla. ¡Purrrrr!... los aplausos. Agarré otra más y, en lugar de dársela al half, ¡púmbate!; adelante. Tiri lungo...; tiri lungo... Y así pude salvar un poco la situación. El match lo ganamos por cuatro a dos, lo que te demuestra que los húngaros juegan muy bien al fútbol, pero carecen de remate. En cambio, el juego italiano es, antes que nada, positivo. La vistosidad está en segundo término; lo fundamental es el score. Se juega para eso; para el score.

—¿Y comparado con nuestro fútbol?

—Mirá: en Italia se está jugando muy. bien. Un poco más lento el fútbol de allá, más pesado, pero con una tendencia manifiesta a los goles. Todo sobriedad, nada de más, Quizás las defensas de allá sean mejores, es decir, más defensivas porque se cuida el arco sin arriesgar. También hay una mayor reciedumbre aunque sin mala intención. Cuando se va afuera, lo importante es no perder. Se actúa con la línea de ataque en W y los insiders están colaborando con la defensa. Ese trabajo de ir atrás y adelante obliga a los insiders a un gran esfuerzo y es preciso estar bien entrenado para ello. Luego, al ser locales, entonces se varía la táctica y el rival el que actúa más bien en la defensa.

 

Otra vez en su viejo y querido Parque Patricios, escenario de sus correrías infantiles, que lo ha visto regresar convertido en hombre serio y en padre de una morocha italianita...

Otra vez en su viejo y querido Parque Patricios, escenario de sus correrías infantiles, que lo ha visto regresar convertido en hombre serio y en padre de una morocha italianita...

 

EL ENTRENAMIENTO

—¿Es riguroso el entrenamiento?

—Mucho, pero con gran beneficio para el jugador. Lo primero que procuran los entrenadores es que sus hombres puedan soportar los 90 minutos de juego sin desfallecimiento, jugando al mismo ritmo todo el match y quedándoles ciertas reservas. Se cumplen los entrenamientos religiosamente y quien no lo haga así tiene la multa. Llegada la multa, no hay manera de salvársela sea quien sea y la tendrá que pagar. También los entrenadores castigan sobre el defecto que uno tenga. Por ejemplo: yo poco o nada pateaba con la derecha. Bueno, pues me tuvieron sesiones de dos horas tirando con esa pierna. Al final, salí jugando con la derecha. Ya ves que es beneficioso el entrenamiento y se hace sobre una base muy científica. vigilan el peso, hay que acostarse temprano, cuidarse mucho. Ello trae, como consecuencia, que el jugador rinda el máximo y que su vida futbolística se prolongue.

—¿De qué nacionalidad son los entrenadores?

— Ahora se va procurando el darle esos puestos a los italianos, a los ases ya retirados, pero los maestros han sido casi siempre los húngaros, austríacos, checoeslovacos. Es que en esos países se juega muy lindo fútbol, muy técnico. No he tenido oportunidad de ver a los ingleses. De los demás, te puedo decir que los austríacos encantan. No harán goles, pero en lo que respecta a dar espectáculos brillantes, a hacer verdaderas exhibiciones, son una maravilla, unos consumados artistas.

—¿Se compara con nuestro fútbol?

—No, no es así. Aquí la brillantez suele surgir por acciones individuales o por un ala. Pocas veces en nuestra historia han existido líneas de juego brillante como la de Estudiantes de La Plata. Esa daba exhibiciones y hacía goles. Los austríacos, los húngaros y otros parecidos, hacen juego colectivo, espectáculo de conjunto, pero, como ya te dije, sin el remate que cristalice en goles esa acción estupenda. En cambio, los italianos, más positivos, no quieren saber de esas bordadas y sólo interesa el gol. Es otro espectáculo, de emoción también porque las luchas son recias, dinámicas, varoniles. A propósito: en Génova hay un muchacho uruguayo, Figliola, poco conocido aquí porque era de Racing, de Montevideo, y que es un half izquierdo fuerte, valiente, formidable. Ese muchacho se ajustó de inmediato al juego italiano y comenzó a descollar, al punto de que es un fenómeno. Ya sabemos todos que los ríoplatenses tienen habilidad natural, pero hay quienes se ajustan primero a aquel fútbol y quienes tardan más. Sabemos que Orsi fue el hombre que llegó a ser ídolo absoluto. Su velocidad, su shot, sus entradas violentas en el área, le dieron una fama bien merecida. Después de Orsi, la otra constituirse en astro máximo, fue Guaita. Gozó de una popularidad extraordinaria. Spósito, que actuó conmigo, jugó siempre bien y fue un magnífico preparador de jugadas. Claro que, para nombrar a los argentinos que allí actuaban y actúan, tengo que valerme de lo que uno ha podido captar en el ambiente, ya que pocas veces nos encontrábamos. El campeonato de allá es diferente al de aquí. No está concentrado en una ciudad, sino que Turín, Milán, Roma y Génova, por ejemplo, tienen dos equipos cada ciudad y cuando uno juega como local el otro lo hace como visitante. Acaso sería conveniente que aquí se llegara a lo mismo interviniendo en el certamen teams de las más importantes ciudades. No cabe duda que de allá se extrae mucho que podría aplicar-se aquí con éxito. El jugador que le pegue a un árbitro queda descalificado para toda la vida; si a un jugador le deben dinero tiene el derecho de reclamar ante la Liga y se encomienda al árbitro que dirigirá el encuentro en el cual intervenga el team de ese club para que retire el importe de la deuda en la boletería; si el público falta el respeto a un referee, de inmediato le llega la multa al club al cual pertenece ese público. Todo el fútbol está asentado sobre bases muy serias que aquí debieran adaptarse. Cuando yo me enteraba de esas cosas, recordaba lo de aquí y me hacía reír. Recordaba que al regreso de un match en Tigre en 1928 llegué a mi casa y la nariz no me cabía en una palangana...

 

Con la esposa, la nena y la cuñada, Pratto forma un conjunto familiar, cuadro con sabor a otros tiempos, que ha de figurar en la galería del humilde fotógrafo ambulante.

Con la esposa, la nena y la cuñada, Pratto forma un conjunto familiar, cuadro con sabor a otros tiempos, que ha de figurar en la galería del humilde fotógrafo ambulante.

 

HAY QUE ARREGLAR

Estas cosas que dice Pratto fueron ya dichas por otros argentinos que llegaron antes al país luego de una actuación en Italia. Hemos observado que todos volvieron más respetuosos. De manera que es el ambiente el que debe corregirse para que nos sean más amables los espectáculos futbolísticos. Se impone una renovación total en los procedimientos para encauzar a nuestro profesionalismo por una senda que tendrá que dar, seguro estoy, resultados mejores de los que hasta ahora arroja el fútbol. Dichos resultados serían de enorme beneficio para los jugadores, los clubs, los espectadores y el mismo fútbol que así ganaría reconquistando a una apreciable cantidad de espectadores que se alejó de las canchas por desacuerdo con el ambiente. Mejorar todo ello implicaría, de hecho, hacer una obra positivamente patriótica, y tal cosa es posible. Costará, pero se halla dentro de lo perfectamente factible, y cuanto más se dilate la aplicación de las soluciones será tanto más difícil realizarla.

 

PERFORMANCES

—¿Recordás algunos matches buenos?

—Una vez ganamos en Milán por uno a cero actuando como visitantes. Los comentarios periodísticos decían: "Pratto le ganó al Milano". Fue una de mis buenas tardes. No olvidaré, tampoco, cuando derrotamos al Nápoles en su propia cancha. A poco de comenzado el match recibí un golpe por el que me dieron ocho puntadas en la cabeza. Entré de nuevo al field y cumplí una performance que mereció los más altos elogios. En fin: he tenido mis tardes.

—¿Y ahora?

—Todavía estoy dispuesto a jugar. Mi estado físico es excelente y tengo la impresión de que puedo ser muy útil. Cuento con la ventaja de jugar en un puesto en el cual se dura más que en otros. Luego, la vida sana que llevé, el entrenamiento periódico, todo eso es un factor que se une a mis posibilidades. Me entreno siempre para no aumentar más de peso y me hallo en muy buenas condiciones.

—¡Lindo fuego..., si no se apaga!...

—Che, canalla: a ver si te doy otro abrazo y te ahogo.

—No ha nacido el hombre...; y si nació..., le va a venir la parálisis... Los negros sernos así hasta cuando nos encrespamos de puro espamentosos. Pero a la risa le suele suceder esa nostalgia de lo abandonado.

—A 50 metros el mar, a mil la montaña ...; ¿vos sabes lo que es eso?

Y acaricia otra vez la plumita. Los paisajes recorridos son postales que el recuerdo ilumina y se van pasando en tropel porque el álbum es grande y ahora está embarullado.

—Contame alguna anécdota.

—Hay una linda que le pasó a un muchacho Pisano que es de la otra orilla y jugaba en el San Pierdarena, que también es de Génova. Este no sabía hablar ni una palabra en italiano, y escuchó de pronto una discusión entre jugadores. Cuando se encontró con nosotros, nos dijo un poco apenado: "Allá no se llevan bien los jugadores. Hubo una bronca y el centre forward le dijo "bombacha" al centre half. Nosotros nos quedamos asombrados. ¿Qué quería decir "bombacha"?, le respondimos: ¿vos estás seguro que le dijo "bombacha". Al final vinimos a saber: lo había tratado de mascalzone, que quería decir sinvergüenza, y Pisano, al oír mascalzone, se hizo el cálculo de que mascalzone era bombacha...

—Bueno, contate otra ya que agarraste la onda.

—Allá, al subir al tranvía, tenés que llamar al guarda para pagar el boleto. El guarda no va a cobrar si no lo llaman. Luego, cuando llega el revisador, si uno no tiene boleto, debe pagar la multa más el boleto. Resulta que un crack argentino se sentó en el tranvía y se puso a leer el diario. Entretenido o por ganarse el viaje, la verdad es que cuando llegó el contralor y le quiso cobrar la multa, armó un lío grande. Allí le pidieron el nombre, la dirección, etcétera, y lo dejaron. bajar. Cuando ese jugador me vio, me dijo: "Ahora, cuando en la compañía vean mi nombre, rompen el papelito". Y pareció que tal cosa había sucedido porque pasaba el tiempo. ¡A los seis meses llegó la citación y el crack menos que 250 liras romper el papelito!

—Está bien, pero no me contaste una tuya.

—Yo quería escaparle... Como no hay más remedio, aflojo. Cuando llegué a Génova, aquí se usaban los pantalones más bien angostos. Al verme, me cacharon. Entonces, de rabia, me mandé hacer otros más estrechos. Y la cachada fue peor. Estaba en el bar, en cualquier lado, y me preguntaban: "¿Son los que allá usabas para montar?..." "¿Es cierto que los gauchos usan esos pantalones? ..." "¿Le ponés grasa para que entren ?..." Y tuve que colgar esos pantalones.

 

LA PIBA

Llegó la nenita, la nacida en Génova. Es morocha como el padre y habla poco en castellano. Sus padres le parlan en italiano procurando así que no olvide ese idioma que fue el primero en aprender.

—Vení cuá...

La chica movió la cabeza negativamente.

—Me escapa un poco — dijo Pratto. —Es que pasé dos años sin verla y ahora hace apenas unas semanas que estoy con ella. Nos tenemos algo así como un poco de vergüenza al vernos.

Y como la nenita escapó, el Negro, ese muchacho que pasó la garlopa por nuestras canchas, que tenía su barra de golilla y voz ronca, ese que volvió pulido, sonrió con un dejo de pena y tornó a resbalar los dedos por la plumita del chambergo venido de allá...

 

 

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