Las Entrevistas de El Gráfico

1997. Cordone lleva a Vélez en la piel

Por Redacción EG · 28 de marzo de 2020

Pertenece a la misma camada de Posse, Cavallero, Claudio Husain, Méndez y Armentano, lo que da cuenta de la gran cantera velezana. El Lobo se entrevista con El Gráfico.

“No sé por qué se me cruzó por la cabeza en ese momento, pero cuando hacíamos el calentamiento, antes de jugar con Gimnasia, de pronto empecé a mirar a los costados. Allí estaban Posse, Méndez, Domínguez, los hermanos Husain, Armentano, Cavallero... Y sentí una satisfacción muy grande, porque me di cuenta de que con esos chicos yo había compartido muchos años en las inferiores del club y ahora estábamos por jugar un partido con la Primera. Fueron apenas unos segundos, qué sé yo, pero sirvieron para que me diera cuenta de algo importante: que todos habíamos logrado lo que nos propusimos, y que esto es Vélez...”

Carlos Daniel Cordone habla bajito, casi que susurra, pero da en la tecla. Esto es Vélez Sarsfield, un club donde nadie se asombra si aparece un delantero al que sus compañeros llaman “El Lobo” –apodo que le puso Carlos Ischia–, y anota un gol que sirve para ilusionarse otra vez y meterle miedo al puntero. Así ha ocurrido en los últimos cinco años, y este pibe no es la excepción. Viene de abajo y lleva a Vélez en la piel, como todos.

“Dos de mis tatuajes me los hice en honor a mi familia”, confiesa este pibe nacido en General Rodríguez que admira al Turu Flores.

“Dos de mis tatuajes me los hice en honor a mi familia”, confiesa este pibe nacido en General Rodríguez que admira al Turu Flores.

Por eso es más entendible la sonrisa de orgullo que dibuja el pueblo de Liniers. Están allí, a cuatro puntos de River Plate, y los causantes de esta semilocura son sus chicos, los que ven crecer en las inferiores y comienzan a abrirse paso en el fútbol grande.

Nacido el 6 de noviembre de 1974 en General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, Cordone también tiene su historia, por ahora pequeña. Un currículum que habla de un inicio en el baby del club 25 de Mayo de aquella ciudad cuando tenía 6 años, su continuidad en Villa Luro Norte y el salto inmediato a Ferro Carril Oeste, aunque por muy poco tiempo: “Estuve tres temporadas y cuando llegué a la novena no jugué más, ya que preferían a los chicos que traían de afuera, que eran todos más grandes físicamente que yo. A fin de año me dejaron libre y me agarró un bajón terrible...”

Al pibe de 14 años le costó tres meses digerir aquel trago amargo, pero junto a su familia tomó fuerzas y se puso a buscar club. La elección fue Vélez por un motivo práctico –el tren permitía un viaje relativamente cómodo y rápido de “tan sólo” una hora y media– y por pura casualidad: “No sé por qué me presenté en Liniers. Lo único que me acuerdo es que golpeé la puerta, pregunté quién era el técnico de inferiores, me tomaron una prueba y quedé...”

En 1990 fichó en séptima y de ahí en más comenzó a escalar divisiones formando parte de una camada espectacular: la de la clase ’74. Aquellos nombres de su pensamiento en el calentamiento previo al partido con los jujeños, y otros como el Rifle Pandolfi, Galeano y Banegas... Como era de esperar, varios alcanzaron la Primera y a Cordone el sueño se le cumplió en la pretemporada que, en 1994, Vélez realizó en Necochea, al mando de Carlos Bianchi.

Así suben, llegan y se hacen protagonistas. Daniel tiene seis goles en la Primera División –cuatro en este Apertura ’97– y “el sueño de afianzarme como titular primero y salir campeón después porque, pese a que estuve en los planteles que ganaron títulos, jugué muy poco y no me siento partícipe”.

Daniel Cordone quiere pasar, pero Agustín Díaz lo traba. Fue en el triunfo por 2–1 de Vélez sobre los jujeños.

Daniel Cordone quiere pasar, pero Agustín Díaz lo traba. Fue en el triunfo por 2–1 de Vélez sobre los jujeños.

Impresiona con sus tatuajes, tres en total, que le costaron 390 pesos y cubren sus brazos. El que tiene en el izquierdo muestra las iniciales de su mamá, su papá, su novia, sus dos abuelos, sus dos abuelas y un tío, formando un anillo que rodea la figura de un lobo (por su apodo). Asombra dentro de la cancha por su potencia y por la frialdad que mostró ante Gimnasia para capitalizar un rebote en el área grande y definir abajo, a la derecha del arquero Castellano.

Ese disparo fue el 1–0 y abrió el camino para llegar a la sufrida victoria por 2–1 ante los jujeños e instalar a Liniers cerca de la cúspide. Y sirvió para destacar algunos aspectos pensando en el futuro: el equipo no se siente cómodo con el nuevo sistema defensivo con tres hombres haciendo marca personal que propone Marcelo Bielsa (“estamos seguros que le vamos a agarrar la mano, pero fueron varios años defendiendo de otra manera”), provoca muchas situaciones de gol y convierte poco (“es una racha, en otra época llegábamos cuatro veces y hacíamos tres”) y ahora viene River (“¿por qué tenerle miedo? Es nuestra gran chance de acercarnos más, vamos a saber quién es el mejor”).

Y en medio de todo, el soporte que son los pibes de las inferiores, como este Carlos Daniel Cordone. No es una sorpresa, ya se ha dicho. ¡Esto es Vélez!

 

 

Por GUILLERMO GORROÑO (1997).

Foto de producción: FABIAN MAURI.

Escena: ALBERTO RAGGIO.

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