Las Entrevistas de El Gráfico

1972. ¡Qué lindo es hablar con Artime!

Por Redacción EG · 16 de marzo de 2020

Robinson entrevistó en Montevideo a Luis Artime, figura de Nacional. El ex jugador de River e Independiente habla de lo que le queda de carrera y dice que no tendría problema con jugar en Boca.

Una vez cada tanto todos los periodistas tendríamos que hablar con Artime. El reivindica al hombre que juega al fútbol profesionalmente. Y de su mensaje sencillo pero firme redescubriríamos al personaje que ha superado todo lo que conforma el mundo del futbolista: triunfo, frustración, derrota, euforia, egoísmo, idolatría, vanidad, generosidad, estímulo, compañerismo, celos, amistad, rencor. En ese "mundo" íntimo a veces y público casi siempre, Luis es una de las pocas excepciones. Él, como pocos, sabe que al fútbol le debe todo lo que es y por eso le ha dado y le seguirá dando todo lo que tiene. Para darse cuenta hay que verlo entrenar, hay que verlo jugar y —sobre todo— hay que escucharlo. Después conseguiremos la "desintoxicación" auditiva y espiritual; ese "himno" al agradecimiento que hace más grande su sonrisa grande y más fresca su cara fresca.

Esto lo vimos en Montevideo hace menos de una semana. El entrenamiento de Nacional va a comenzar a las 9 en "Los Céspedes", un lugar magnífico para trabajo y concentración. ¿Quién es uno de los primeros en llegar?: Artime. Nos ubicamos en una pequeña tribuna para ver el entrenamiento ordenado por el técnico Washington "Pulpa" Etchamendi. Hay 30 jugadores, 30 campeones de Uruguay, América e Interclubes. Todos cumplen con disciplina los ejercicios indica, dos por el profesor Moreira. ¿Cuál es el más entusiasta?: Artime. Después de 40 minutos se organiza un partido de casados contra solteros. Ya están los dos bandos formados. Para todos es una diversión que cumple con el principal precepto del "Pulpa": "el jugador debe entrenar con la pelota y jugar todos los días". Y los jugadores de Nacional deben estar muy conformes porque hace tiempo que no vemos trabajar a un plantel tan a gusto. Y eso que todavía ninguna había firmado contrato... Para la mayoría es un partido de práctica —como lo que es— pero hay un jugador que grita, exige, corre como si fuera la final de la Copa del Mundo y hasta protesta si alguien falla. ¿Quién es?: Artime. Que además esa mañana hizo los tres goles y de cabeza. ¡Ah..., si "supiera" cabecear! Cuando estaban empatados, Etchamendi da por terminada la práctica. Artime quena jugar un poco más para desempatar.

Al día siguiente, sábado, el director técnico le da descanso: "hoy no haga nada Luis", le dice. Pero Artime no puede estar sin hacer nada: "Bueno —responde— me hago 150 abdominales y me voy. Y se mandó 150 abdominales para irse tranquilo. Etchamendi —que nos enseñó un poco a todos a valorar a Luisito— nos comenta: "Es un caso único: se fue 20 días de licencia a Argentina después de casi 80 partidos en un año y volvió can 400 gramos de más; hace tres años que pesa siempre lo mismo, 75 kilos".

Ahí va para Montero Castillo. Salto y cabezazo. Un trabajo que forma parte del ritual de cada día.

Ahí va para Montero Castillo. Salto y cabezazo. Un trabajo que forma parte del ritual de cada día.

Regresamos con Artime a Pocitos. Allí tiene su departamento. Allí lo esperan todos los días su esposa, sus tres hijos y la felicidad de un hogar del que sólo sale para cumplir con sus obligaciones profesionales. En el interior de su Fiat 1600 —con chapa de Buenos Aires y más específicamente de Moreno— lo miramos. El almanaque es una mentira. Las hojas se fueron expulsando, pero Luis es el mismo de siempre. Aquel pibe que don León Kolbowsky le vendió a River sabiendo que sus lágrimas despedían las tardes gloriosas de Atlanta que cambiaba goles por cemento. Es el mismo que River despreció por un informe médico que según Luis "jamás existió". "River dijo que el doctor Covaro aconsejó mi salida del club por una lesión y es al revés: yo le debo al doctor Covaro seguir jugando". Sólo la melena más larga cambia la fisonomía del goleador de Independiente que tuvo que irse a Brasil para darle oxígeno a una tesorería exhausta. Y el goleador de Atlanta, de River, de Independiente, de Palmeiras, es este ídolo de la inteligente afición uruguaya que se ríe del "balde en la cabeza", de la "falta de dominio", de la "imperfección para el cabezazo", de la "ineptitud para tratar la pelota" y de tantas exquisiteces sin paladar. Hace tres años que Artime es goleador. Hace tres años que es campeón con el Nacional del Pulpa Etchamendi y el año pasado llegó a lo que le faltaba: campeón de la Libertadores y campeón de la Intercontinental. Además, goleador de las últimas tres temporadas; "dictador" de aplausos y campeón del compañerismo.

 

LA SITUACION CON NACIONAL

Ese jugador al que vimos entrenarse con el entusiasmo de un novato y cumplir con la disciplina de un veterano, tiene un conflicto con el club: Nacional le debe dinero.

—¿Cuánto le deben, Luis?

—Eso no importa. Es una cuestión entre el club y yo.

—De acuerdo, pero mire que nosotros podemos averiguar por otro lado.

—No lo van averiguar porque ni mis padres nunca supieron cuánto gané en el fútbol.

—Está bien, le deben y mucho: ¿qué piensa hacer?

—Lo que entiendo que es correcto: atender a los dirigentes de Nacional y comprender sus razones. Yo entiendo que el club no me paga porque no puede y no porque no quiere. Y además estoy seguro de que ellos sufren el problema tanto corno yo.

—¿Y cuánto piensa que habrá un corte al asunto?

—Tiene que definirse en estos días. Eso está hablado. Yo tengo el problema del colegio de los chicos y quiero saber qué hago, ¿me entiende?

—¿Y qué es lo que íntimamente más le gustaría?

—Primero quedarme en Uruguay. Aquí, coma en Brasil, me han tratado muy bien. La gente es fenómena y yo estoy muy cómodo en Nacional Mi deseo sería arreglar para quedarme. Si eso no puede ser porque se agotan las posibilidades y no hay acuerdo, entonces sólo me gustaría volver a mi país, Tuve posibilidades de ir a Europa y apareció por allí algún interesado de otro país de Sudamérica, pero no creo. Yo quiero jugar aquí en Montevideo o en mi país.

—¿Y de qué manera usted facilitaría el arreglo con Nacional?

—Un hombre debe ser agradecido, eso es lo primero. Para mí los dirigentes no son enemigos. Ellos están en una cosa y yo en otra. Nunca me acerqué justamente porque tenemos funciones distintas. Pero a la hora de una situación así uno no puede olvidarse de todo lo que le han dado. Y al final tiene que hacer con ellos lo que usted reclama de ellos. O sea: usted pide comprensión, bueno, sepa comprender cuando le toque; usted pide tolerancia cuando algo anda mal y bueno, sea tolerante; usted pide que le reconozcan tal o cual cosa y bueno, aprenda a reconocerla, Yo no quiero de ninguna manera enfrentamientos, ni pleitos, ni peleas. Quiero lo mío, lo que me corresponde. Y eso nadie lo niega. Sólo es cuestión de ver cómo podemos hacer para arreglarlo.

—Supongamos que no se arregle, ¿qué pasa?

—Y seguramente me venderán o llegaremos a un acuerdo por el pase.

—¿Y si lo venden a Perú, por ejemplo...?

—Llegado el Caso se hablaría. Mi deseo íntimo es no alejarme de aquí o de Buenos Aires. Soy profesional, ¡qué sé yo!... Pero difícil, muy difícil que vaya a Perú.

 

¡VIVA LA VETERANIA!

En el club Nacional cada jugador tiene una ficha, como en la mayoría de las instituciones argentinas. En esa ficha queda registrado el chequeo diario de diferentes tests y el funcionamiento orgánico y físico de cada jugador. Además, las condiciones pre y pospartido. El "Pulpa" Etchamendi nos decía que el rendimiento de Artime —32 años— es increíble. Pero lo más importante no es lo que ha dado, sino lo que aún puede dar teniendo en cuenta su cuidado físico, su vida ejemplar y su predicación para entrenarse. —¿Cuánto tiempo más quisiera jugar?

—Me siento bien. No hago esto porque gano plata sblamente. Tengo ansiedad de jugar y 90 minutos me parecen pocos. Yo dejaría de jugar cuando me dé cuenta que sólo lo hago para ganarme la vida, cuando pierda las ganas de entrar a una cancha, de gritar un gol, de vivir un resultado, de dar una vuelta olímpica. Todo lo que hago no lo hago pensando en mí: tengo tres hijos y quisiera que cuando ellos sean grandes vayan a Brasil o a Uruguay y les hablen bien del padre, ¿se da cuenta? Por eso esta situación con Nacional la vamos a arreglar de la forma más beneficiosa posible. Ya sea quedándome o yéndome, pero siempre con cordialidad. Yo quiero venir a Montevideo algún día y tener más amigos que cuando me fui.

—Y de la crítica que aún lo discute, ¿qué opina?

—Los periodistas que no gustan de mi juego están en todo su derecho a criticarme. Es el trabajo de cada uno y lo respeto. Fíjese que usted lee cuatro comentarios de un mismo partido y a veces no coinciden entre los propios periodistas, no voy a pretender que todos opinen igual sobre mí. Lo único que no me gusta es que se metan con mis cosas privadas. Realmente me da bronca cuando se inventan cifras, conflictos o entredichos. De lo que yo hago en la cancha que digan lo que quieran; ahora de lo que pasa conmigo fuera del campo es una cosa mía y únicamente mía.

Luisito y el Pulpa Etchamendi, el director técnico de Nacional que nos enseñó a todos a valorarlo un poco más.

Luisito y el Pulpa Etchamendi, el director técnico de Nacional que nos enseñó a todos a valorarlo un poco más.

—Pero, ¿tiene alguna respuesta para sus críticos?

—Vea, la respuesta está en la cancha. Yo salgo a jugar y corro los 90 minutos. Cuando puedo soy útil para el equipo. Cuando no puedo soy el primero en criticarme. Pero no tenga ninguna duda que dejo todo allí adentro, eh. , Y debo tener suerte porque algunos goles hago..., ¿no? Lo demás es trabajo, cuidado y disciplina. Esa es la única verdad del fútbol.

 

¿EN QUE CLUB ARGENTINO JUGARÍA?

 Nuestro viaje hasta Rambla Wilson al 500 había terminado. Luis puso el coche en el garaje del edificio y nos acomodamos en el ascensor hasta el tercer piso. Una ventana da al río, donde los barquitos descansan. A la izquierda los turistas son una alfombra que cubre la arena blanca y fina. Arriba, un cielo tan diáfano como la personalidad de Luis. Enfrente, Buenos Aires: la ciudad que no se ve, pero se "mira".

—¿Iría allí enfrente, Luis?

—Sí, claro. Si no arreglo iría con unas ganas bárbaras.

—A Boca, ¿quizás?

—Cómo no. Me gustaría de alma.

—¿Y alguien le habló?

—Oficialmente no. Hay empresarios, intermediarios que me llaman y me preguntan. Yo siempre digo que si las condiciones son buenas con mucho gusto.

—¿Y también le hablaron de algún otro club?

—Me hablaron, pero hay que tener cuidado. Una cosa es una oferta y otra una simple conversación. Fíjese que soy amigo de Rattín y sé que está con Boca aquí, pero no le hablo, y mucho menos lo voy a ver porque en seguida se puede suponer que estoy "en tratativas" con Boca. Y en realidad no sería más que el saludo que siempre le hago llegar a los amigos cuando se acercan. Esta noche voy a ir al Centenario y saludaré a los compañeros de Boca, espero que esto no se tome como "gestiones". Lo mismo que hace poco cuando estuvo don Luis Seijo... Lo saludé, hablamos y en seguida me preguntaron si había algo con Huracán.

—A propósito, ya que hablamos del fútbol argentino, ¿qué opina de lo que está ocurriendo en River?

—Que ni River, ni el fútbol argentino se pueden dar el lujo de dejar afuera jugadores como Pinino Mas y Tito Onega. Y no creo que la culpa sea del técnico. El técnico dirige al equipo y los dirigentes "dirigen" a todo lo que es el patrimonio de un club. Lo que pasa en River es culpa directa de sus directivos.

La esposa de Luis, como todos los días, ya tiene todo listo para ir a la playa. Detrás de la despedida nos quedan las conjeturas y las versiones: Nacional está dispuesto a desprenderse de Artime si hay una buena oferta. Hace tres años el club uruguayo lo pagó 200.000 dólares. Hoy lo vendería por la cuarta parte: alrededor de 50 millones de pesos argentinos. Lo que no haría —como en el caso de Peñarol con Onega— es darle la libertad a cambio de la deuda. De todos los rumores, la oferta más firme sería la del club peruano José Gálvez, una modesta institución de Chimbote, a 450 kilómetros de Lima, apadrinada por dos poderosos magnates de la industria pesquera que pagarían más de 50 millones por su transferencia. Pero el problema sería la voluntad de Luis, que no quiere alejarse de ninguna de las orillas del río de la Plata.

A Nacional llegó en 1969 desde Palmeiras. En Argentina había jugado en Atlanta, River e Independiente.

A Nacional llegó en 1969 desde Palmeiras. En Argentina había jugado en Atlanta, River e Independiente.

Mientras tanto, antes que nadie, Luis estará mañana por la mañana en Los Céspedes para entrenarse. Correrá como ninguno. Transpirará más que todos. Sentirá como nadie el "picado" de práctica. Gritará, exigirá y hasta luchará por hacer goles.

¡Qué saludable es hablar cada tan con Luisito! Chau, Artime, hasta la próxima charla...

 

 

Por ROBINSON (1972).

Fotos: Alfieri.

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