Las Entrevistas de El Gráfico

2003. Genio y figura

Por Redacción EG · 16 de marzo de 2020

Carlitos Tévez la rompió en el Apertura 2003, en esta entrevista con El Gráfico habla de su presente en Boca, sus orígenes, el vínculo con Riquelme, sus ídolos y sus maestros. Imperdible.

El ru­bio al­to se lla­ma Ste­fan y tie­ne unas ber­mu­das gra­cio­sas, en­tre gas­ta­das y mal cor­ta­das, que des­nu­dan unas pa­tas de ci­güe­ña blan­quí­si­mas co­mo el azú­car. La chi­ca que lo acom­pa­ña, pla­ti­na­da co­mo el sol y con una son­ri­sa ad­he­ri­da al ros­tro co­mo si fue­ra un se­llo, se lla­ma Maia y pa­re­ce ser su mu­jer, su ami­go­via, su me­dia na­ran­ja o su va­ya a sa­ber qué, por­que Ste­fan y Maia son sue­cos. Y us­ted ya sa­be lo que se fan­ta­sea con los sue­cos en es­ta par­te del glo­bo…

Pe­ro Se­te­fan y Maia es­tán en la tri­bu­na del com­ple­jo de Ca­sa Ama­ri­lla, mo­chi­la al hom­bro, los pó­mu­los en­ro­je­ci­dos de tan­to la­ti­ga­zo del sol, la len­gua con­trac­tu­ra­da de tan­to es­fuer­zo ex­tra­ño por pro­nun­ciar pa­la­bras en cas­te­lla­no y co­mu­ni­car­se con otros po­bla­do­res de esos es­ca­lo­nes de ce­men­to, en su ma­yo­ría cro­nis­tas ano­tan­do has­ta los mí­ni­mos de­ta­lles del en­tre­na­mien­to ma­tu­ti­no de Bo­ca.

-¿Te­véz? ¿Ca­li­tos Te­véz?,- pre­gun­ta Ste­fan acen­tuan­do la se­gun­da “e” y omi­tien­do la “r” de Car­li­tos co­mo si fue­ra más ja­po­nés que sue­co.

Se tra­ta de dos tro­ta­mun­dos que de­li­ran por el fút­bol, ate­rri­za­dos en la Ar­gen­ti­na por el ben­di­to cam­bio fa­vo­ra­ble y an­sio­sos por ver a ese chi­co que les pa­re­ce muy “pe­que­no”, sin “ñ”, pa­ra lo tan­to y bue­no que han es­cu­cha­do ha­blar de él. “Pe­que­ño –les de­ci­mos ha­cién­do­nos cóm­pli­ces- tam­bién era Ma­ra­do­na. Y Die­go ju­ga­ba bas­tan­te bien…”

Pa­ra nues­tro asom­bro, sa­ben ca­si to­do de “Ca­li­tos”. Co­no­cen sus ha­za­ñas inol­vi­da­bles en la Co­pa Li­ber­ta­do­res, sa­ben de sus go­les épi­cos e in­creí­bles, ma­ne­jan el da­to de la le­sión que lo de­jó fue­ra del cam­peo­na­to y son cons­cien­tes del con­flic­to que se de­sen­ca­de­nó por la su­per­po­si­ción del Mun­dial Sub 20 y la Co­pa In­ter­con­ti­nen­tal. Y tam­bién co­no­cen de sus orí­ge­nes en “Fuer­te Apia­che”, de su hu­mil­dad a prue­ba del éxi­to y de los ru­mo­res que lo dan por co­lo­ca­do en el fút­bol eu­ro­peo pa­ra la tem­po­ra­da pró­xi­ma, aun­que el pre­si­den­te Mau­ri­cio Ma­cri in­sis­te en que Bo­ca lo re­ten­drá por lo me­nos “dos años más”.

Cara de gol, cara de felicidad. Tevez fue el toque de distinción de la gran campaña.

Cara de gol, cara de felicidad. Tevez fue el toque de distinción de la gran campaña.

Pe­ro Ste­fan y Maia no sa­ben de­ma­sia­do del pen­sa­mien­to de la apa­ri­ción más ex­plo­si­va del fút­bol ar­gen­ti­no des­pués de Die­go Ar­man­do Ma­ra­do­na. Quie­ren sa­ber, es­tán an­sio­sos. Y mien­tras “Ca­li­tos” co­rre en­va­sa­do en una re­me­ra ama­ri­lla sin man­gas, les trans­mi­ti­mos lo que el chi­co ha di­cho de un tiem­po a es­ta par­te, an­tes de lla­mar­se a si­len­cio por el con­flic­to en­tre Bo­ca y la AFA.

Se lo con­ta­mos pun­to por pun­to, te­ma por te­ma, mien­tras “Ca­li­tos” co­rre y co­rre a las ór­de­nes del pro­fe San­te­lla…

 

BO­CA

“Ju­gar en es­te club fue el sue­ño de to­da mi vi­da. Soy hin­cha des­de chi­qui­ti­to, des­de que na­cí, por­que en mi fa­mi­lia o sos de Bo­ca o no sos de nin­gu­no. Me hi­ce hom­bre en las in­fe­rio­res del club, cre­cí ima­gi­nan­do el día en que me to­ca­ra ju­gar en la Bom­bo­ne­ra. Y cuan­do em­pe­cé a to­mar­le ese gus­ti­to, me hi­ce más hin­cha y más fa­ná­ti­co to­da­vía. Bo­ca es una par­te muy im­por­tan­te de mi vi­da. Por eso no se pa­ga con na­da las co­sas lin­das que me to­ca­ron vi­vir es­te año. Yo ya es­ta­ba he­cho con ha­ber de­bu­ta­do en Pri­me­ra y ha­ber sa­li­do cam­peón de la Co­pa Li­ber­ta­do­res, así que es­te tí­tu­lo y to­dos los que pue­dan ver­nir, que oja­lá sean mu­chos, son una ya­pa.”

 

LA PO­BRE­ZA

“Yo sé lo que es. Lo vi­ví de cer­ca cuan­do era más pi­be, aun­que a mí nun­ca me fal­tó na­da por­que mis vie­jos se des­vi­vían pa­ra que mis her­ma­ni­tos y yo es­tu­vié­ra­mos bien, allá en el Fuer­te. Pe­ro es muy di­fí­cil ser po­bre. Due­le en el al­ma, due­le en el es­tó­ma­go. Es muy in­jus­to que unos ten­gan tan­to y otros tan po­co. Y más in­jus­to to­da­vía, que quie­nes tie­nen no se preo­cu­pen por aque­llos a los que les fal­ta.”

El trago amargo. Carlitos lesionado tras una falta de Félix Benito, de Independiente.

El trago amargo. Carlitos lesionado tras una falta de Félix Benito, de Independiente.

 

SU PUES­TO

“Pa­ra mí es­tá cla­ri­to: soy cen­tro­de­lan­te­ro. Ju­gué de nue­ve en to­das las in­fe­rio­res. Pe­ro no ten­go pro­ble­mas en mo­ver­me co­mo en­gan­che si el equi­po me ne­ce­si­ta, co­mo hi­ce con Ta­bá­rez en Bo­ca y con To­ca­lli en el Ju­ve­nil. Pe­ro yo soy nue­ve. Por eso siem­pre me fi­ja­ba en Ba­tis­tu­ta y en Ro­nal­do pa­ra co­piar­les al­go, fue­ron mis re­fe­ren­tes. Ba­ti, por la po­ten­cia y por el ol­fa­to. Y Ro­nal­do por la ca­te­go­ría con que de­fi­ne.”

 

RI­QUEL­ME

“Con él ten­go una re­la­ción muy lin­da. Em­pe­zó sien­do el ído­lo inal­can­za­ble, el ge­nio que yo mi­ra­ba des­de afue­ra cuan­do era al­can­za­pe­lo­tas. Y aho­ra te­ne­mos una amis­tad que me po­ne muy fe­liz. Ro­mán fue co­mo mi con­se­je­ro cuan­do lle­gué a Pri­me­ra. Tu­vi­mos có­di­gos en­se­gui­da, tal vez por nues­tros orí­ge­nes hu­mil­des, y me mar­có co­sas que des­pués me sir­vie­ron de mu­cho. Cuan­do usé la ca­mi­se­ta diez, sen­tí que era un prés­ta­mo, que ese nú­me­ro es de él y de Ma­ra­do­na pa­ra siem­pre. Por eso la lu­cí con or­gu­llo. Y tam­bién me emo­cio­nó con al­gu­nos ges­tos, co­mo re­ga­lar­me sus me­jo­res bo­ti­nes cuan­do yo no era na­die. Ro­mán es una per­so­na muy no­ble, un ti­po bár­ba­ro. Y lo quie­ro mu­cho.”

 

EL PO­TRE­RO

“Es lo más gran­de que hay. Ahí te ha­cés ju­ga­dor, te ha­cés hom­bre. No hay ár­bi­tro que te pro­te­ja, sos vos y tus com­pa­ñe­ros con­tra to­dos los que ven­gan. Y pa­ra ha­cer­te va­ler te­nés que pe­lar lo que sea… Si hay que ti­rar un ca­ño, lo ti­rás; si hay que me­ter sue­la, me­tés… Eso sí, te te­nés que ban­car la que ven­ga sin chis­tar. Yo apren­dí a ser ju­ga­dor en el po­tre­ro. Y en Bo­ca tra­to de ju­gar igual que ahí, más allá de cum­plir con las res­pon­sa­bi­li­da­des que me pi­de el téc­ni­co.”

 

Carlitos debutó en Boca en 2001.

Carlitos debutó en Boca en 2001.

 

 

SUS IDO­LOS

“Ad­mi­ro a mu­cha gen­te, a mu­chos ju­ga­do­res. Ro­nal­do, Ba­tis­tu­ta, Ma­ra­do­na, Ri­quel­me, D’A­les­san­dro… Cuan­do era al­can­za­pe­lo­tas, era un lo­co con los au­tó­gra­fos. Les man­ga­ba a to­dos los mu­cha­chos del Bo­ca que ga­nó to­do, co­mo Pa­ler­mo, el Gui­lle, Ber­mú­dez, Ro­mán… Y me sa­qué mi­llo­nes de fo­tos. Por eso me pa­re­ció in­creí­ble que, de un día pa­ra el otro, yo fue­ra uno más de ellos. Y por eso siem­pre le fir­mo au­tó­gra­fos a to­dos los hin­chas que nos es­pe­ran a la sa­li­da del en­tre­na­mien­to. No quie­ro que na­die se sien­ta de­frau­da­do.”

 

FUER­TE APA­CHE

“Un lu­gar que ja­más voy a ol­vi­dar y que siem­pre lle­va­ré en mi co­ra­zón. Un lu­gar don­de apren­dí va­lo­res fun­da­men­ta­les co­mo el res­pe­to, el sa­cri­fi­cio, la hu­mil­dad. Un lu­gar don­de apren­dí has­ta de los ma­los ejem­plos. Siem­pre re­cuer­do aque­lla vez que iba con mi vie­jo por los pa­si­llos del Fuer­te y vi­mos a tres o cua­tro bo­rra­chos ti­ra­dos en el pi­so. Es­ta­ban fu­si­la­dos, no da­ban más. Mi pa­pá me los se­ña­ló y me di­jo: ‘¿Vos que­rés ter­mi­nar co­mo ellos?’. Ob­via­men­te, yo le res­pon­dí que no. ‘Bue­no, en­ton­ces te­nés que por­tar­te bien, es­tu­diar pa­ra te­ner un buen tra­ba­jo y no de­jar­te lle­var por co­sas ra­ras’. Eso me que­dó mar­ca­do, me sir­vió de mu­cho.”

 

Tuve tres ciclos por el Xeneize.

Tuve tres ciclos por el Xeneize.

 

 

SUS MAES­TROS

“Uh… Tu­ve la suer­te de co­no­cer a gen­te muy bue­na, que me acon­se­jó bár­ba­ro. En pri­mer lu­gar, Ra­món Mad­do­ni, que es co­mo mi se­gun­do pa­dre. El me co­no­ció de ne­ni­to y me lle­vó de la ma­no has­ta la Pri­me­ra, me acer­có a Bo­ca, cre­yó en mí an­tes que nin­gu­no. Des­pués, to­dos los téc­ni­cos que tu­ve en Bo­ca, de Grif­fa pa­ra aba­jo. Tam­bién ten­go mu­cho que agra­de­cer­le a To­ca­lli y to­do el cuer­po téc­ni­co del Ju­ve­nil, gen­te de pri­me­ra. Y des­de que soy pro­fe­sio­nal es­tu­ve con dos gran­des téc­ni­cos. ¿Qué pue­do de­cir de Bian­chi? Me hi­zo de­bu­tar en Pri­me­ra, me acon­se­jó siem­pre, me hi­zo ga­nar dos tí­tu­los… Y del Maes­tro Ta­bá­rez me que­da­ron los me­jo­res re­cuer­dos. El y su gru­po son gen­te diez pun­tos. Nun­ca me voy a ol­vi­dar del res­pal­do que me dio en mo­men­tos don­de las co­sas tal vez no me sa­lían, cuan­do es­ta­ba adap­tán­do­me a to­do lo que sig­ni­fi­ca Bo­ca y la Pri­me­ra Di­vi­sión…”

 

VIR­TU­DES, DE­FEC­TOS

“Me pa­re­ce que lo me­jor es cuan­do en­ca­ro con la pe­lo­ta do­mi­na­da. No sé, me ten­go con­fian­za pa­ra arran­car y pa­sar. Tam­bién me doy ma­ña pa­ra cu­brir la pe­lo­ta, me doy cuen­ta que eso les mo­les­ta bas­tan­te a los de­fen­so­res. Pe­ro creo que lo me­jor es cuan­do en­ca­ro. Me­jo­rar, ten­go que me­jo­rar va­rias co­sas. Una es el ca­be­za­zo. Qué le voy a ha­cer, tan al­to no soy… Y aho­ra es­toy em­pe­ci­na­do en pe­gar­le me­jor en los ti­ros li­bres. Es­toy prac­ti­can­do mu­cho y ya voy no­tan­do una me­jo­ría, pe­ro to­da­vía me fal­ta pa­ra dar­le co­mo Ro­mán o el Che­lo…”

 

LOS AR­BI­TROS, LAS PA­TA­DAS

“Nun­ca fui ni se­ré llo­rón. Sé có­mo son las co­sas y me la ban­co. Pe­ro eso no qui­ta que a ve­ces los ár­bi­tros se pa­sen de ros­ca y no pro­te­jan a los ha­bi­li­do­sos, que no cas­ti­guen a quie­nes no les in­te­re­sa ju­gar. Yo lo di­je an­tes de que me le­sio­na­ran: te­nía mie­do de que una de esas pa­ta­das me sa­ca­ra de la can­cha o no vol­ve a ca­mi­nar con nor­ma­li­dad. Qué sé yo, me la veía ve­nir… Pe­ro so­lu­cio­nar eso no de­pen­de de mí. Yo me de­di­co a ju­gar.”

 

EL EQUI­PO

“Des­de la Co­pa Li­ber­ta­do­res pa­ra acá al­can­za­mos un ni­vel bár­ba­ro. Es­ta­mos bien en to­das las lí­neas, so­mos muy só­li­dos y a to­dos se les ha­ce di­fí­cil so­por­tar­nos. Bo­ca tie­ne una iden­ti­dad y la res­pe­ta en to­das las can­chas, jue­ga igual de lo­cal y de vi­si­tan­te, al­go que no es muy co­mún. Le da lo mis­mo la Bom­bo­ne­ra o el Mo­rum­bí, la can­cha de Ra­cing o el Mo­nu­men­tal. Y eso ha­bla de la per­so­na­li­dad, de la men­ta­li­dad ga­na­do­ra del equi­po. Ade­más, to­dos es­ta­mos muy mo­ti­va­dos. Jue­gues o no, que­rés es­tar afi­la­di­to, al pie del ca­ñón. Y eso ayu­da a la so­li­dez del equi­po.”

 

Sonríe Carlitos, el hincha de Boca se identifica con el Apache.

Sonríe Carlitos, el hincha de Boca se identifica con el Apache.

 

 

LA IN­TER­CON­TI­NEN­TAL

“Me ima­gi­no un par­ti­da­zo. Ellos son un gran equi­po, con ju­ga­do­res te­rri­bles. Pe­ro Bo­ca tie­ne lo su­yo y nun­ca se achi­ca. Oja­lá que se dé igual que con­tra el Real Ma­drid, se­ría es­pec­ta­cu­lar. De al­go es­toy se­gu­ro: ese día, Bo­ca va a de­jar el al­ma en la can­cha.”

 

SUE­ÑOS POR CUM­PLIR

“Nin­gu­no. En se­rio, nin­gu­no… Ya co­no­cí a Ma­ra­do­na, me dí el gus­to de ju­gar con Ri­quel­me, sen­tí lo que es me­ter un gol pa­ra Bo­ca en la Bom­bo­ne­ra re­ple­ta, sa­lí cam­peón de Amé­ri­ca con el equi­po del que soy hin­cha, ¿qué más pue­do pe­dir?

 

EL FU­TU­RO

“¿Quién pue­de sa­ber­lo? Yo es­toy bár­ba­ro en Bo­ca, que es don­de siem­pre qui­se es­tar. Dis­fru­to ca­da mi­nu­to con es­ta ca­mi­se­ta y qui­sie­ra que­dar­me to­da la vi­da, ga­nar más tí­tu­los y ha­cer fe­liz a la gen­te. Más allá de lo eco­nó­mi­co, yo jue­go pa­ra ser fe­liz y pa­ra que la gen­te me quie­ra. Cuan­do voy por la ca­lle y un ne­ni­to me sa­lu­da, se me re­vien­ta el pe­cho de or­gu­llo, es bár­ba­ro. Pe­ro sé que al­gún día ten­dré que ir­me pa­ra ase­gu­rar el fu­tu­ro de mi fa­mi­lia, co­sa que só­lo se con­si­gue en Eu­ro­pa. En su mo­men­to se ve­rá y de­ci­di­ré. To­da­vía soy chi­co, pue­do dis­fru­tar más en Bo­ca an­tes de ir­me. Cuan­do lle­gue ese día, me iré co­mo ju­ga­dor, pe­ro el co­ra­zón y el sen­ti­mien­to van a que­dar en Bo­ca. Y sé que me voy a ir con la idea de vol­ver, por­que lo que se vi­ve en Bo­ca no se vi­ve en nin­gún club del mun­do. Es lo más gran­de que hay.”

 

Señas particulares

A Car­li­tos le gus­tan la cum­bia y el cuar­te­to. Su ído­lo mu­si­cal es la Mo­na Ji­mé­nez, con quien com­par­tió un es­ce­na­rio en Cór­do­ba. Su hobby es co­lec­cio­nar go­rros de to­do ti­po. Y tam­bién usar­los: “Es que no me gus­ta el pe­lo que ten­go, fie­ra…” No tie­ne una co­mi­da pre­fe­ri­da, le en­can­tan to­das. De a po­co le es­tá pi­can­do el bi­chi­to de la com­pu­ta­ción. Co­mo quien no quie­re la co­sa, en su ca­sa es­tá ar­man­do un mi­ni­mu­seo con ca­mi­se­tas de ju­ga­do­res muy im­por­tan­tes: en­tre otras, ya tie­ne al­gu­nas de Ro­mán, la de Beck­ham en el Man­ches­ter. Du­ran­te el tiem­po li­bre apro­ve­cha pa­ra ju­gar con sus her­ma­ni­tos. Y le da cuer­da a otra pa­sión: to­mar ma­te con sus ami­gos, al tiem­po que cuen­tan chis­tes y se ba­jan al­gu­nas do­ce­nas de fac­tu­ras. En las prác­ti­cas, tam­bién tie­ne un pa­sa­tie­mo fa­vo­ri­to: car­gar al Pa­to Ab­bon­dan­zie­ri por lo que sea…

 

 

 

Por Elías Perugino (2003).

Foto: Axel Laveglia.

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