Las Entrevistas de El Gráfico

1935. Don Pedro Omar

Por Redacción EG · 09 de marzo de 2020

Por Borocotó. El defensor que supo ser baluarte de San Lorenzo y tuvo un paso fugaz por River, se proponía volver al fútbol vistiendo la casaca de Peñarol en Uruguay.

Don Pedro Omar volverá a vestir de corto. Hace tres meses que se entrena. Piano, piano el hombre busca su antigua forma y, de hallarla, vestirá la casaca de Peñarol de Montevideo. ¿Extraña? Sí; lo comprendo. La vida tiene esos vaivenes. Se le cree más a Omar en Montevideo que en su casa. La gente de aquí supone que dejó el fútbol bajo la imposición de la decadencia. Y no fue así. Ocurrieron muchas cosas de esas que se pueden explicar en una tertulia íntima, pero no en las columnas de El Gráfico.

—La gente no me cree —dice don Pedro. — Tendré que luchar contra ella. No me he retirado del fútbol por decadencia. De San Lorenzo me fui para no volver nunca más; y en River... más vale no hablar. Ahora procuro tornar al fútbol jugando por Peñarol de Montevideo, y, si tengo la suerte de hacerlo a satisfacción de la entidad que cito, me sentiré contento de vestir la camiseta del decano rioplatense. No dejaré de ser argentino por esa circunstancia; pero... se me ha tratado tan bien allá, que tengo una deuda de gratitud.

El 8 de octubre de 1898 nació Pedro Omar en Zárate. De niño lo llevaron a Campana en donde se crio. Al llegar a grandecito ya actuaba de back derecho. Era su puesto por vocación. La estatura luchaba contra ella, pero la clase acudió en ayuda y Pedro Omar logró ser back derecho y uno de los mejores que existieron dentro de nuestro fútbol. Sin embargo, sus grandes actuaciones cayeron en el olvido. Escuchen:

 

Don Pedro Omar, la respetada figura de nuestras canchas, que anuncia su reaparición en fields uruguayos.

Don Pedro Omar, la respetada figura de nuestras canchas, que anuncia su reaparición en fields uruguayos.

 

—Mi cartel vino en momentos en que había ya establecido las mejores performances. Al ausentarse los futbolers titulares para intervenir en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, aparecieron por estos pagos algunos teams extranjeros a quienes había que ofrecerles contrarios. Fui elegido para constituir pareja con Recanatini en aquel famoso match contra Motherwell, encuentro éste cuya trascendencia hizo que se me conociera. No cabe duda que el team argentino tuvo una extraordinaria actuación. Aquellos británicos venían precedidos de una gran fama, y la verdad es que jugaban. Nosotros les hemos ganado, pero tanto en el partido contra Capital como contra Provincia, Motherwell fue derrotado por la mínima diferencia Y sin ser superado. Bien pudo haberse impuesto el once británico.

“En ese Primer match entramos impresionados. Bartolucci y yo debíamos cuidar aquella ala del Motherwell que había costado no sé cuántas libras. No te apures — le dije yo a Bartolucci—; pegate al winger y no te dejes engañar. Donde vaya el puntero vas vos, aunque sea para mirarle la cara. Vos dejá al insider por mi cuenta. Me pasará una vez, dos, tres, pero en alguna quedará. Lo esencial es que el winger no pueda tirar centros.”

"Y así fue. Sabido es que el buen insider busca de quitarle el half al winger para hacerle el pase. Si el half no se preocupa en absoluto del insider y se queda junto al puntero, puede, por lo menos, anular a un hombre. En el caso del Mothervell no debía tener el half la pre-tensión de cuidar al ala completa porque eso hubiera sido fatal para nuestro equipo. Lo que nos interesaba era el evitar a toda costa que el winger centreara, aunque para ello el insider me tuviera a mí de un lado para otro. Pasados los primeros minutos de desconfianza nos fuimos agrandando todos y llegó un momento en que equilibramos las acciones, haciendo con ello una proeza que no suponíamos. Terminado el match con una gran ovación y el saludo aquel de los pañuelos que se agitaron en las tribunas de River Plate, tuve dos comprobaciones importantes: que la citada Pareja británica no era ni lo habrá sido nunca tan peligrosa como la constituida por Seoane y Orsi, y que ese match me había valido lo que no pudieron proporcionarme otras actuaciones mejores. Por eso te digo que comencé a tener cartel cuando no jugaba tanto. Me pasó lo que suele ocurrir con ustedes. Antes de conquistar prestigio escriben artículos y más artículos que no merecen el visto bueno de los directores. Un día, luego de mucho luchar, llegan a la fama y, entonces trabajos inferiores a aquellos que fueron rechazados, son publicados en lugar preferencia y con grandes títulos. Yo tengo en mis recuerdos una gran actuación y la mejor jugada, cosas que el público ignora. Ocurrió en 1920 en un match entre San Lorenzo de  Almagro y Racing en la cancha de River Plate. En ese año ganamos los dos partidos a Racing y a Independiente, favoreciendo con ello a River, que obtuvo el campeonato. Tomé esa vez la pelota y salí para adelante. Vino un adversario y se me ocurrió sortearlo; llegó un según y realicé lo mismo, así me fui acercando al arco defendido por Croce, avance que efectuaba yo sin ninguna colaboración y eludiendo a todos los rivales que me salían al paso. Al back Reyes fue al último que gambetié, pero en lugar de hacerlo para un lado, lo hice para el otro, por lo que me encontré con el arco muy sesgado y mi tiro final, aunque bien dirigido, permitió a Croce el cerrar bien la valla. Si se me ocurre realizar la gambeta para el otro lado me hubiera encontrado con el arco de frente y me habría sido casi fácil el rubricar aquella jugada que nunca olvidé... y han pasado trece años. ”

 

En la cabecera de la cama colgó un banderín de Peñarol que le fue obsequiado en la visita que realizó hace poco a Montevideo a fin de entrar en negociaciones con los dirigentes del decano rioplatense.

En la cabecera de la cama colgó un banderín de Peñarol que le fue obsequiado en la visita que realizó hace poco a Montevideo a fin de entrar en negociaciones con los dirigentes del decano rioplatense.

 

Nos quedamos callados, La enunciación de esos trece años transcurridos imponen cierto silencio respetuoso. Uno más estuvo Omar en San Lorenzo de Almagro Fueron catorce años de luchas continuas, incesantes, sin mayores recompensas, y cuando la cotización venía, Omar quedaba fuera del equipo. De eso se habló mucho, pero nunca la verdad. Y la verdad es que Omar dijo una palabra y la cumplió contra todos los inconvenientes, aun en perjuicio de sus intereses. Allá en sus pagos gauchos le habían enseñado esa escuela, y a medida que llegó a hombre se fue haciendo carne en él. Inflexible, honesto para consigo mismo, a  través de los años y de los golpes fue conservando los amigos, no los transitorios, los que se dan por entregas, los exitistas, sino los otros, los que, como él, sostienen una palabra y cuando dan la mano la estrechan fuerte.

 

No está viejo pese a los 35 abriles. La presente fotografía es una comprobación de su estado atlético en este hombre de calidad futbolística y que siempre se adusta a una vida sana.

No está viejo pese a los 35 abriles. La presente fotografía es una comprobación de su estado atlético en este hombre de calidad futbolística y que siempre se adusta a una vida sana.

 

Esos catorce años han dejado recuerdos que pesan mucho y por lo cuales Omar divide a San Lorenzo en dos: el suyo, aquel a quien quiso como a un hijo, y el otro, él pudo   evidenciar el afecto al club, y llegado un momento en que era preciso demostrarlos, Omar  propuso renunciar a los viáticos. No sé si en esa emergencia lo habrá acompañado algún otro jugador; sólo me consta que Omar fue el de la propuesta.

Enlazado a los recuerdos de aquel San Lorenzo tengo la figura de don Pedro Bidegain, recientemente fallecido — dice. —

Deseo que no se entienda esto por el lado de la política, sipo que por el otro, por el del afecto al no me olvido de aquellas situaciones en que íbamos perdiendo y aparecía Pedro en la casilla a alentarnos: "No es nada, muchachos. San Lorenzo es un team que no se entrega. Perderá el partido cuando haya sonado la pitada final. Antes, nunca. A. ver, ¡ánimo!... Venga una botella de cognac. Vamos a entonar el espíritu. Yo primero, para dar el ejemplo..."

Y nosotros salíamos en el segundo tiempo dispuestos a vencer. ¡Y cuántos partidos ganó San Lorenzo así! al punto de que se convirtió en una característica suya y todos los adversarios supieron que no perdía nunca en mitad de la jornada, sino, que cuando el silbato final lo sorprendía con desventaja en el score.

Fueron catorce años de buenas actuaciones y de cátedra de honestidad deportiva. Por algo Omar se constituyó en la figura más respetada de nuestros fields, al punto de llamársele don Pedro sin necesidad de acompañarlo con el apellido. Esa conducta suya solía ser perjudicial para el club, es decir, se la entendía así. No puedo precisar en qué match, de cuya resultado dependía mucho la situación de San Lorenzo, Omar cometió un hands dentro del área penal y que valió la sanción del árbitro. Los compañeros se apresuraron a negar, pero cuando el árbitro consultó a Omar, éste no pudo mentir. En un partido en Montevideo en que terminó con un empate de dos tantos por 'bando, jugado en 1928, el árbitro Tejera cobró un penal contra los argentinos ante una jugada desgraciada de Omar.

 

La pelota buscó la mano del jugador y se produjo el hands en momentos en que para la valla visitante no existía ningún peligro. El referee consideró que aquello merecía la aplicación de la pena máxima y el penal se pateó, bajo la protesta de todos los argentinos, menos Omar. Y conste que cabía el derecho a la protesta. Por eso, cuando se originaba alguna jugada dudosa dentro del área, sabiendo los árbitros que Omar no mentía, recurrían a él para informarse, y como los citados informes perjudicaban a su equipo, don Pedro optó al final por escapar. En cuanto veía que se originaba algún lío en el área por la difícil apreciación de una jugada, corría para el centro de la cancha a fin de que no se le consultara.

 

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A más de eso, todos saben que nunca golpeó a nadie. ¿No es cierto? Sin embargo, la verdad es que la cultura de Omar fue la consecuencia de una mala actitud suya que le valió el remordimiento determinante de un cambio fundamental. Oigámoslo:

—Soy impulsivo, pero no en la cancha. He aprendido a dominarme. Por eso se me hizo un monumento que no merezco. Al constituirse en mi manera de ser, cabe admitir que me es más fácil la conducta que adopto que otra cualquiera. Y de mejores resultados. Pero antes de expresar lo que podríamos denominar mi teoría, quiero que sepan su origen. Hace muchos años, tantos, que yo estaba haciendo la conscripción, San Lorenzo jugó un match contra Racing. Ya en otras oportunidades había actuado yo contra Marcovecchio cuando éste integraba el team del Ministerio de Agricultura y yo el de Talleres de Marina. En todos me había ocurrido lo mismo: cuando me apareaba a Marcovio, este me pegaba codazos dejándome atrás y dolorido. En ese match que cito se repetía la escena. Al apareármele me pegaba con los codos dejándome atrás y sin respiración. Tanto me indignó que perdí los estribos y; en una de esas, con toda la mala intención de mi parte, le di un golpe a Marcovecchio que le valió el hospital y varios meses sin jugar. Viendo eso, Olazar me amenazó, y yo me coloqué en el plan del que no rehúsa ningún envite. Olazar me tiró un golpe y pude esquivarlo al tiempo que le rozaba las piernas y lo lastimaba algo. Por suerte, él también esquivó un golpe mío que le hubiera conducido a hacerle compañía a Marcovecchio. También más adelante tuve la mala suerte de lastimar a Pellizari, pero declaro honestamente que éste golpe fue sin ninguna mala intención. "Como consecuencia de aquel incidente con Marcovecchio comencé a experimentar una verdadera pesadilla. No me olvidaba nunca de la mala acción y me propuse rehabilitarme. No se lo dije a nadie porque se hubieran reído de mí. Íntimamente estaba amargado y procuré hacer experiencia de aquel suceso y no reincidir. Así fue que desde entonces nunca más tiré un golpe. Habré lastimado, pero sin el propósito de hacerlo, y en jugadas peligrosas preferí perder la pelota antes de lesionar a un adversario. No obstante, puedo asegurar que muchas veces recibí golpes en los cuales pude ver la mala intención de quienes me los aplicaron. En esos casos, lejos de enojarme, me apresuré a decir: "No es nada... Yo vi que fue sin querer... Usted hubiera sido el primero en evitarlo de haber podido... Juegue tranquilo que no me voy a tomar ninguna revancha..." Y esas palabras bastaban. El hombre que las escuchaba ya no podía repetir la acción. Quedaba inhibido. Y así fue pasando el tiempo hasta que me convertí en una figura respetada. A nadie golpeaba y nadie lo hacía conmigo. Pero debo advertir que fui muy perseverante y que me impuse esa cultura sofrenando al indio que todos llevamos dentro; porque cuesta bastante eso de sonreírle a quien acaba de dar un golpe ensañándose. Poco a poco me acostumbré a esa modalidad de ser hasta que fue mi manera. Desde entonces no me costó ningún esfuerzo el ser correcto. Por el contrario, me resultó más fácil y de más beneficiosos resultados, al punto de que juzgo equivocados los elogios que se me tributaron por esa conducta; cuando de ella yo fui el que más ventajas obtuvo. Volvemos a la actualidad y se mencionan los 35 años.

—Mi estado físico es muy bueno y hace tres meses que me entreno despacito. Me encuentro bien y animado. Por lo demás, en el puesto de back derecho en Peñarol jugó un hombre que llegó a hacerlo bien hasta los 40 años. Puedo yo emparejar la performance de José Benincasa, quien es un poquito más alto, pero de menos físico. Tampoco pierdo de vista a Recanatini, que tiene mi misma edad y que aún suele cumplir performances tan buenas como las que le dieron fama. Me contaron en Montevideo que cuando fue con Gimnasia y Esgrima La Plata hizo un partidón.

—A propósito de Reca  ¿fue con él que formaste la mejor pareja?

—Comienzo por decirte que no le quito a Recanatini nada de sus buenas condiciones y que con él he formado una buena pareja; pero puesto a decir con quién constituí la mejor, tengo que declarar que fue con Luis Gaddi, aquel back de San Lorenzo que se prodigó tanto por su club, al punto de acabarse pronto. Su juego a base de estiradas por el suelo le afectó los riñones y Gaddi debió dejar el fútbol cuando aún tenía juventud y condiciones técnicas como para seguir unos años más. Y ya que cito esto, me permito la libertad de recordárselo a González, el buen y pródigo back de Racing. Debiera ir modificando su característica hasta llegar a tirarse al suelo la menor cantidad de veces. Siempre es bueno pre-venir a tiempo, aunque lo ocurrido con Gaddi bien puede no su-cederle a González. Se lo cito cordialmente a manera de ejemplo.

 

Pedro Omar en la intimidad de su hogar y luego de una de las sesiones de entrenamiento que realiza por las marianas antes de marchar al empleo.

Pedro Omar en la intimidad de su hogar y luego de una de las sesiones de entrenamiento que realiza por las marianas antes de marchar al empleo.

 

— ¿Cuál ha de ser el juego del back?

—Dicho sintéticamente, es evitar que le marquen tantos a su bando; pero yendo al terreno de la técnica, la explicación se hace larga. El back y el half deben estar perfectamente de acuerdo para marcar el ala, por lo que el Primero se verá en la obligación, muchas veces, de abandonar su perímetro y salir un poco afuera. El antes de centre half es el que vigila al centre forward adversario y no es conveniente que se desplace mucho hacia los costados, porque es el hombre que, cerrándose entre los backs en un momento de apremio, completa la barrera que ofrece resistencia a la ofensiva rival. Quien tiene clase, consigue más accionando menos. Intuir, advertir el pase que se va a efectuar, adivinar el pensamiento del contrario que avanza con la pelota, conocerle el juego y descubrirle las intenciones, todo eso que sabe un buen back sin podérselo explicar y sin saber quién le dio esa facultad que está entre la intuición y la adivinanza, todo eso es lo que hace falta. En la historia de nuestro fútbol tenemos grandes backs de distintas características, pero siempre han primado en el recuerdo aquellos de clase, tales como Bidoglio.

Deseo yo que Omar vuelva a alumbrar, y si no es posible con la intensidad de antes, por lo menos con un reflejo que: le permita actuar dentro de un buen nivel durante, siquiera, un par de añitos.  Si no le ha sido posible hacerlo dentro su casa, por lo menos que lo haga afuera.

No perderá por eso nada de su argentinidad. Don Pedro Omar es argentino, Y lo han sido todos los antepasados que llegó a conocer.  Un abuelo suyo fue oficial de Rosas, y su abuela paterna cuenta más de 100 años y vive. No tiene referencias que hayan habido ascendientes de otra nacionalidad que la argentina, y si el destino determina que vista la aurinegra, será un buen embajador de su tierra.

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