Las Entrevistas de El Gráfico

1996. Juegos de Guerra

Por Redacción EG · 26 de febrero de 2020

Hugo Romeo Guerra había llegado hacía poco a Boca desde Huracán, el uruguayo cuenta su historia, habla del Superclásico y del recordado nucazo que le dio el triunfo sobre River.

Hugo Romeo Guerra acomoda su metro ochenta y nueve centímetros y juega como el mejor. Agarra un soldadito de plomo y lo estrella contra otro. "Pum, pum...", dice, mientras suelta una sonrisa que busca complicidad.

Allí, sentado frente a las luces del estudio fotográfico, el uruguayo se siente en el mejor de los mundos. Aunque, obviamente, no tan excitado como después del superclásico que lo catapultó a los primeros planos. Es que hacer un gol sobre la hora y, encima, el definitorio, no se da todos los domingos.

—Yo ya había jugado otros clásicos. En Uruguay, con la camiseta de Nacional, frente a Peñarol. En La Plata, para Gimnasia, contra Estudiantes. En Huracán, contra San Lorenzo. Pero son de menor dimensión, no se pueden comparar. Como un Boca—River no hay ninguno igual en el mundo. Después de los festejos me convencí: debe ser el partido más importante del mundo.

Agarra un tanque y le apunta a los cinco soldados que están parados delante suyo. "Puj, puj, puj..." Hugo juega sin pensar en la trascendencia de su gol. Ni se le ocurre reparar en que millones de personas estarán alegres —y otros millones tristes— por su agónico tanto en La Bombonera. Por un instante, él vuelve a la infancia. Como cuando tenía seis años y el único juguete que lo deslumbraba era una pelota de fútbol.

—Yo me desvivía cuando agarraba un fobal —(lo dice así, bien a la uruguaya)—. A los 6 años, mi tío Euclides Guerra me dijo: "Venga, botija, vamos a ver qué puede hacer en el equipo de baby de Canelones". De ahí en más supe que iba ser futbolista profesional, igual que mi papá Hugo Romeo —se llama igual que yo—, que también fue delantero. Además, como pegué el estirón antes que los otros chicos, metía miles de goles de cabeza. Me fui a probar a Nacional y quedé. Debuté en la primera en el '86 y allí quedé hasta el '88. Después jugué un año en Colón de Montevideo y, por fin, pude cumplir con uno de mis mayores sueños: jugar en la Argentina.

—Te trajo Garisto a Gimnasia y Esgrima La Plata...

—Sí, me conocía bastante, aunque no lo había tenido como técnico. Llegué a Gimnasia en el '91, metí muchos goles y me fue muy bien. Tanto que, cuando me vendieron en el '94 al Toluca de México, los platenses me rogaban por la calle para que no me fuera.

—¿Y en México?

—Las cosas no me salieron tan bien como esperaba.

—¿No te adaptaste?

—La cosa pasó por otro lado. Fue una experiencia nefasta porque jugué un solo partido en todo un año. Fue la desilusión más grande de mi carrera. Roberto Silva, el técnico que me pidió, hizo una cosa insólita: insistió para que me compraran a cualquier precio, pero no me ponía. Perdí mucho tiempo, en un país lejano, sin jugar. Conmigo estaban Claudio Spontón y Blas Giunta, que se portaron bárbaro y que también se volvieron porque el equipo no andaba. Y volví a Huracán, perdiendo plata, pero elegí el bienestar de mi señora Silvia y el de mis hijas Jamila Luciana (6) y Julisa Daiana (un año y medio). Acá, en la Argentina, estamos muy cómodos.

 

Hugo Guerra con su familia.

Hugo Guerra con su familia.

 

De un día para el otro, Hugo pasó de ser reconocido sólo en el ambiente del fútbol a una figura popular. Boca todo lo puede. Hasta el milagro de hacer gritar como loco a un muchacho que muy rara vez levanta la voz, aun en el festejo de los goles. Contra Huracán de Corrientes, ya afinó sus cuerdas vocales. Y contra River, ni hablar. Si hasta debió tomar un té para templar su garganta después del partido.

—La verdad es que nunca pensé que fuera para tanto esto de Boca. Supera todo lo que me imaginé. Uno de los grandes cambios es la presencia del periodismo. Es terrible, siempre hay millones. En Huracán venían tres o cuatro, pero en Boca son como cuatrocientos por día.

—¿Y el cambio en la gente?

—Soy mucho más conocido. Y no por lo que demostré hasta ahora en la cancha, sino por ser jugador de Boca. La gente no dice: "Ahí va Guerra, el que le metió el gol a Huracán de Corrientes", sino que dice: "Ahí va Guerra, el que juega en Boca". Para mí es muy lindo ese reconocimiento, aunque a veces trae un montón de problemas. A veces quiero estar tranquilo, cenando en un restaurante con mi señora y no puedo. Pero no es para quejarse.

—¿Y Bilardo? ¿Te sorprendió su obsesión por los videos, la vida privada de ustedes, todos los detalles que remarca?

—Es un excelente técnico, un tipo que vive por y para el fútbol, estudia todo, está continuamente analizando el fútbol en cada momento.

—Habrás visto como quince horas de video...

—Jé... Sí, bastante. Mucha gente se imagina que es fastidioso con los videos, pero no se dan cuenta de que a nosotros nos ayuda a no repetir errores. Bilardo es muy apasionado. ¿Sabés cuándo me sorprendió? La tarde que firmamos con Mauricio Pineda para Boca. Fuimos a Ezeiza y llegamos de noche. No se veía nada. Pero él agarró y nos sacó a entrenar una hora y media. Yo no entendía nada. Pero tenía razón, hacía dos días que no me movía.

 

Producción fotográfica para El Gráfico con soldaditos de plomo.

Producción fotográfica para El Gráfico con soldaditos de plomo.

 

La alegría por el clásico ganado no le tapa todos sus objetivos. Todavía tiene otra cuenta pendiente: la Selección Uruguaya. Estuvo en épocas pasadas, allá por la Copa América de 1993, y también estuvo en el grupo que afrontó las Eliminatorias para el Mundial de 1994. Jugó poco, era un abonado al banco.

—Me tocó vivir una parada muy complicada con el Seleccionado mayor. La pelea de Cubilla con los extranjeros complicó todo y no permitió la clasificación. Pero vestir la Celeste fue una emoción grandísima y compartir el equipo con figuras como Francescoli, es un recuerdo imborrable...

—Ahora lo esperan como el salvador.

—Sí, la gente lo quiere mucho en Uruguay, sabe lo que significa Enzo dentro de una cancha y lo esperan con esperanza.

—¿Y vos?

—¿Yo qué...?

—¡Si tenés esperanza de que Héctor Núñez te convoque?

—Ojalá, pero lo dudo. He tenido muy buenas actuaciones en Huracán y el técnico nunca me llamó. Hice muchos goles y no sé si me estudió. Yo voy a seguir de la misma manera para ver si algún día se "equivoca" y se fija en mí.

Pum, puj, fiuuu..." Hugo Romeo Guerra, el héroe de la noche en La Bombonera, sigue jugando. No hay soldaditos ni tanques de plomo que puedan bombardearle semejante alegría. "Es el gol de mi vida", repite sin dudar. Seguro. Boca ya ganó una batalla en el superclásico por un cabezazo suyo. El, mientras tanto, seguirá divirtiéndose con estos juegos de Guerra. Los que hoy lo encuentran en ganador.

 

 

Por MIGUEL ANGEL RUBIO y MATIAS ALDAO (1996).

Producción: ALBERTO CANTORE.

Fotos: FABIAN MAURI.

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