Las Entrevistas de El Gráfico

1972. El gol que más gritó el Chango...

Por Redacción EG · 26 de febrero de 2020

Por Ardizzone. El santiagueño Roberto Artemio Gramajo, figura del Rosario Central Campeón del Nacional de 1971, en una charla íntima. En La Banda, los Gramajo están de fiesta...

Al día siguiente de eso. De todo eso de Central... El departamento del Chango, allí, en el séptimo piso de la calle San Luis. Las cuatro de la tarde. La mujer, la novia de La Banda. La madre de los dos changos que recién despiertan de la siesta. Veinte años donde se mezclan la belleza agreste del origen y el confort de la vida nueva... ¿Cuándo conoció al Chango? Allá en el pueblo. Se casaron cuando ella cumplía los dieciséis años y él los veinte. Y ella viajó a Rosario. Cuando ya Roberto era jugador de Central. Pero ella ya conocía Buenos Aires, porque vivió un tiempo con unos tíos en Haedo...  Le gustaba el baile. Allá en La Banda, el folklore, pero ahora había comenzado un curso de español en el Círculo. De español clásico, se entiende... Y se advierten en el andar y en los movimientos esos atributos peculiares en les bailarinas...

 

Gramajo festeja a pura emoción el tanto del transitorio empate en la Final del Nacional frente a San Lorenzo. Colman convertiría el tanto para el 2 a 1 definitivo para que Central sea Campeón.

Gramajo festeja a pura emoción el tanto del transitorio empate en la Final del Nacional frente a San Lorenzo. Colman convertiría el tanto para el 2 a 1 definitivo para que Central sea Campeón.

 

Allí podía ver las castañuelas que faltaban empacar para el viaje... A las seis partían para Santiago, para La Banda... Y allí estaba el testimonio de esa media docena de maletas... Y estaba la pelota campeona que el Chango quería llevar para su casa. Dos docenas de banderines autografiados para los amigos. Regalos para la familia. Revistas que hablan del Chango. Fotos. Posters. Partían todos a las seis de la tarde. Con los dos autos. Roberto con el Peugeot. Ella con el Fiat seiscientos... Y mientras la señora me ilustra con simpático parloteo el Chango sigue con su frugal y postergado almuerzo... Porque la noche fue larga. Porque los brindis fueron copiosos. Porque después del festejo con los muchachos siguió la reunión en casa...

***  

Y uno imagina el regreso del Chango a La Banda... Aquella partida casi anónima, oscura, de hace casi cinco años... Aquella aventura del fútbol grande, cuando abandonó la casa paterna, hace ya casi cinco años... Y ahora esta vuelta próspera, con ese título de campeón en las maletas, con ese convoy de automóviles, con su mujer, con los dos changos, con los regalos, los banderines autografiados... Y volverán a repiquetear los bombos legüeros. Y la mesa grande. Y todos los amigos. Y las copas. Y las empanadas maternas. La noticia correrá por las casas... "Ha vuelto el Chango, ha regresado el chango de los Gramajo..."

Y serán diez, quince días de agasajos, diez, quince días de chacareras interminables, diez, quince días en que el Chango volverá a familiarizarse con la fonética de "ese" santiagueño que apenas si lo pudo desarraigar la ciudad... Y estará obligado a contar historias, a recordar aquel gol de aquel partido, a relatar una y cien veces esa gran noche del campeón, cuando aquel gol del empate, cuando el público lo llevó en andas por toda la cancha. Es el ídolo que vuelve. El triunfador del pueblo, Así lo escuchará la platea atenta, bebiéndole las palabras en esa rueda que se repetirá muchas noches... seguramente todas las noches de estas vacaciones... "¿Sabe qué era mi padre allá? Intendente de la escuela... Y yo el portero de la nocturna, donde me ganaba unos pesos... Pero, a pesar de eso, no estudié... Me gustaba más el fútbol, y andar por ahí... Meterme en los montes y cazar... ¿No ve? Allí me llevo un par de escopetas... Allá es selva pura, ¿vio? Y toda clase de animales... Salimos por la mañana y le pegamos hasta la noche..."

Y sorprende ese apego del Chango a las cosas de su tierra... Ese sentido folklórico por todo lo que tiene que ver con su Santiago, como si la ciudad apenas lo hubiese contaminado, como si toda "la civilización" apenas si se le queda en la epidermis... Sin tocarle los sentimientos. Sin borrarle las nostalgias... "El viejo también fabricaba bombos legüeros y yo le pego más o menos, como todos los changos allá... Pero, ya le dije, mi entusiasmo mayor era el fútbol... El club Central Argentino, donde siempre fui goleador... y bastante conocido..." Y aquí se desnuda el perfil más destacado del Chango. Su amor propio, su orgullo... Esa vanidad que trasciende en sus juicios, en sus opiniones, en el placer que le provocan los halagos, en el menoscabo que le causa la postergación... Es la vanidad del triunfador que nunca podrá admitir la derrota... La sensualidad de sentirse admirado, de ser notorio, de despertar la atención de los demás... Así, como aquella noche en el estadio de Independiente, cuando los cuatro goles... "Hasta escuché los gritos de unos paisanos míos que estaban en la tribuna" - me dice orgullosamente -. Como que tarde del clásico, allá en La cancha de Newell's, cuando le ofrendó la casaca a su tribuna...

 

"Este fue, tal vez, mi año más flojo en Central... Hasta en una oportunidad tuve que pedirle yo mismo a Labruna salir del equipo. . Por eso viví un poco amargado. Pero ese gol del empate en la final y el título de campeón me devolvieron el afecto de la gente..." Y el afecto de la gente es lo que más pesa en el amor propio del Chango...

"Este fue, tal vez, mi año más flojo en Central... Hasta en una oportunidad tuve que pedirle yo mismo a Labruna salir del equipo. . Por eso viví un poco amargado. Pero ese gol del empate en la final y el título de campeón me devolvieron el afecto de la gente..." Y el afecto de la gente es lo que más pesa en el amor propio del Chango...

 

Como el último año, después del triunfo frente a Boca, allá en Rosario, cuando lo vi en lo alto de la torre humana que lo paseaba por todo el centro de la ciudad... "Este Año no anduve muy bien... porque a todos los jugadores nos pasa eso... A veces bajamos un Poco. Y sé que la gente no me quería como el año pasado... Mi mejor año en Central..., ¿se acuerda?... Por eso anoche grité el empate con tantas ganas... Y pude marcar un par de goles más, ¿no cree? Pero lo más grande es que salimos campeones... Volver a La Banda campeón, ¿se da cuenta qué satisfacción para mí? Salimos ahora, a las seis de la tarde y, en una de ésas, mañana a mediodía estamos en casa... ¿No conoce usted La Banda? No hay mejor lugar para mí... En este departamento no me siento cómodo... Por eso lo alquilo no más... Voy a ver sí compro una casa más lejos de la ciudad... Pero estoy construyendo allá, en mi tierra… Ahora llevo unos cuantos pesos para seguir edificando... Una casa grande, con todas las comodidades... Con pileta, con parque... Porque, cuando abandone todo, sé que voy a terminar allá mi vida... ¿Sabe qué prometí cuando me llevó Central? Que iba a triunfar en primera, que iba a jugar en la selección y que un día volvería campeón... Y todo se cumplió... En este año alcancé lo que me faltaba... Ahora ya está todo realizado..."

***  

En el muro del living se ve la figura del Chango en un poster gigante. Es la reproducción de una escena frente a Boca, el partido del setenta, el de los tres a cero... Se advierte toda la potencia física del Chango y el gesto vigoroso frente a Roma y a Suñé, ya en los umbrales del gol inminente...

 

La casa del Chango en Rosario. Su mujer y el mayor de los hijos, Roberto Carlos. Que usa la casaca de Central con el número once paterno todas las horas del día. Allí está el poster con la figura del dueño de casa, regalo de su mujer.

La casa del Chango en Rosario. Su mujer y el mayor de los hijos, Roberto Carlos. Que usa la casaca de Central con el número once paterno todas las horas del día. Allí está el poster con la figura del dueño de casa, regalo de su mujer.

 

"Es un regalo de mi mujer para mi cumpleaños -me dice como un cumplido-. El año que mejor anduve... En cambio, en éste hasta tuve que pedir al técnico que me diera descanso... ¿Se acuerda? Salimos Landucci y yo, después del partido frente a Los Andes... ¡Mire si habré andado mal para que yo mismo pida salir!... Y yo pienso que en el Nacional del año pasado pudimos salir también campeones... Porque el equipo tenía más fútbol, creaba más situaciones de gol... Pero ahora Labruna consiguió darle más fuerza, más marca, más peso en la mitad del campo y nos defendemos mejor...  Esa es la diferencia... Antes arriesgábamos más... Ahora estamos más equilibrados... E incluso podemos jugar al fútbol como en el primer tiempo de anoche, en que a mí me salían todas las diagonales, ¿vio? Y estuve para marcar dos o tres goles más... Que me hacían mucha falta... ¡Y cómo anduvieron el Pato y Poy! Son dos jugadores bárbaros Como le dije una vez... el Pato la lleva atada y Aldo es un volante más para arrancar desde los tres cuartos de cancha, porque ahora está más obligado a tirarse atrás. El año pasado, en cambio, podía quedarse más adelante porque Hijitus hacía de tercer volante. Por eso, como le decía, teníamos más llegada, pero defendíamos menos en el medio... Y ésa fue la preocupación de Labruna, que, al final, trajo este gran resultado..."

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Ya falta poco para la partida... Unos minutos más y la familia Gramajo iniciará el largo viaje. El Peugeot del Chango y el Fiat de la señora... El título de campeón. Los banderines autografiados, la pelota de la final, las escopetas, las castañuelas, las revistas, las fotos, los posters... Dentro de doce horas La Banda… El pueblo natal… Los abuelos... Los amigos... Volverán a repiquetear los bombos legüeros... Se tenderá la mesa grande. Se llenarán las copas... Las empanadas maternas... El Chango, lleno de orgullo distribuyendo los regalos… Y la rueda de amigos, atenta, bebiéndole las palabras al Chango que vuelve ídolo. Que cuente la fiesta, que vuelva a recordar ese gol del empate, cuando lo pasearon en andas... Y el Chango, ya con la "ese" metida otra vez en su fonética santiagueña, echado, instalado cómodamente en un sillón, desnudará todo su orgullo, todo su amor propio en el relato... Su éxito, su prosperidad, su fama... Así, como les había dicho una vez cuando el día de aquella lejana partida... ¿No les había prometido regresar campeón? Pues allí estaba el trofeo de la pelota, allí estaba el número once de la casaca ganadora, la misma que usa el Roberto Carlos, su hijo... Y que traigan el bombo, aquel que quedó esperando porque andaba queriendo golpear una chacarera... Como antes, como en los tiempos viejos, cuando los años en que era portento de la escuela nocturna... ¿Hasta cuándo chacarera? Hasta que amanezca... Hasta que el sueño cierre los ojos... Que ésta es chacarera campeona. ¿No es cierto, Chango? Después, para cuando se vaya el cansancio, ya se juntaría con todos los recuerdos, con todos los lugares que conoció de chango, aunque los milicos de la campaña ya ni lo conozcan al volante de ese coche de acaudalado turista... Una mañana de éstas cuando se meta otra vez en el monte, a sentir el per-fume agreste de la antigua magia.

Fotos: Alvarado (Enviado a Rosario)

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