Las Entrevistas de El Gráfico

1993. El mítico Kareem en Buenos Aires

Por Redacción EG · 04 de febrero de 2020

Kareem Abdul-Jabbar, el máximo anotador en la historia de la NBA con 38.387 puntos visitó Buenos Aires y se entrevistó con El Gráfico. Habló de su gloriosa carrera y cuenta cómo nació su ¨gancho al cielo¨.

De su mirada emana un mensaje inequívoco e intransferible: este hombre conoce de veras la soledad, incansable compañera de tres décadas de gloria y records. Es por eso que se le dibuja una sonrisa al hablar de Adam (2 años), el menor de sus cinco hijos, y afirma, como lo haría el más rutinario de los padres del mundo, que "se parece a mí". Pero eso lo dijo más tarde, cuando concluía el almuerzo con Reebok Argentina -la empresa que lo trajo a Buenos Aires- y EL GRAFICO, y se acercaba el tiempo de tomar el avión que lo llevaría a San Pablo para continuar su gira sudamericana de marketing que empezó en Santiago de Chile. Lo confesó un poco antes de levantarse de la mesa y firmar el libro de ilustres visitantes de El Mangrullo, sin darse cuenta de que, justamente en la hoja de al lado, figura la de uno de los personajes que respeta y admira: Pelé.

Curiosamente ha llegado el tiempo del fútbol para Kareem Abdul-Jabbar: su hijo Amir (13) es arquero y por eso ambos ya tienen reservado un abono completo para el Mundial '94... "Aunque el fútbol no me gusta mucho, porque es un juego con un tanteador que se mueve de vez en cuando, muy diferente al básquetbol...". Vi un solo partido en mi vida entre equipos grandes. Recuerdo que fue en el Yankee Stadium de New Jersey y estuve allí atraído por la fama del Santos de Brasil y la magia de Pelé. Yo lo seguí todo el tiempo a él, pero terminé aplaudiendo a Edú..."

Su exibición en Ferro Carril Oeste. La gente le pidió más, pero Kareem tenía 46 años en ese momento y hacía 4 años que había dejado la actividad profesional.

Su exibición en Ferro Carril Oeste. La gente le pidió más, pero Kareem tenía 46 años en ese momento y hacía 4 años que había dejado la actividad profesional.

Este hombre que admite estar cansado de no poder comer tranquilo porque sabe que todos los ojos están posados en él, es hoy, a los 46 años, un empresario múltiple: trabaja en la promoción de Reebok, produce películas y posee el 7 % del restaurante Georgia de Los Angeles -donde vive- y que resume parte de sus tendencias: vende platos del Sur de los Estados Unidos de América y también del África Occidental, comida negra.

Han pasado los años radicalizados de los '60, que luego lo harían musulmán, cuando llamarlo Lewis Ferdinand Alcindor -su nombre original- era un insulto para él. Hoy habla del racismo, pero al revés -el que protagonizan los hombres de su raza- y admite haber perdido parte de aquella furia. Quizás porque es una figura mítica y los mitos están más allá de todo. Sí, un mito del basquetbol... ¿El prócer más grande de la NBA?

- ¿Qué es la NBA?

- Es un entretenimiento fabuloso para la gente y para todo americano que quiera jugar al basquetbol significa el máximo objetivo, porque termina siendo su carrera, el lugar donde sobresalir y el medio de vida.

- ¿Qué se debe tener para llegar a la NBA?

- Talento para jugar.

- ¿Nada más?

- Sí, con el correr de las temporadas hay que saber manejarse muy bien con los viajes, organizarse fuera de la cancha para poder afrontar una competencia que realmente es exigente y extenuante, porque hay partidos muy seguidos.

Abdul-Jabbar ante El Gráfico (Orcasitas e Irusta) en El Mangrullo.

Abdul-Jabbar ante El Gráfico (Orcasitas e Irusta) en El Mangrullo.

- ¿Cómo pudo jugar hasta los 42 años?

- Logré mantener mi físico en buen estado y lo principal fue mi corazón: seguía queriendo ganar... Tuve la suerte también de que en esos últimos años integraba un equipo como los Lakers, que siempre peleaba por el título de campeón. El deseo de ganar es la base de todo, porque si no existe ese espíritu el atleta se vuelve aburrido y no sirve para nada. En la NBA, la plata que es necesaria siempre está. Pero si no hay deseo de ganar no se alcanza la cumbre...

- ¿Usted se hizo basquetbolista por vocación?

- No, de muy chico yo quería jugar al béisbol, ser como Jackie Robinson, de Brooklyn Dodgers. Después, como crecí más de lo normal, me transformé en jugador de básquetbol. Y me gustó, ¡claro que me gustó!

- ¿Cómo nació su famoso "gancho del cielo"?

 - Cuando tenía 9 años y estaba en cuarto grado de la escuela primaria. Tomé un rebote en ataque, pero me encontraba muy marcado. Espontáneamente me salió el gancho, porque de otra manera me hubieran bloqueado el lanzamiento. Fue doble... y desde entonces seguí así. ¡Para qué cambiar, ¿no?!

- ¿Quiénes son sus jugadores preferidos?

- Dos, los que fueron mis inspiradores. Bill Russell como centro y Oscar Robertson como play-maker. Dominaron los años '60 en la NBA, cuando yo soñaba con llegar...

- ¿Y Magic Johnson, tan ligado a usted?

- Fue un par mío y no me gusta hablar de mis pares. Pero lo de Magic es muy simple: sin él los Lakers no hubiéramos sido campeones. ¿Se entiende?

- Siempre se dijo que Wilt Chamberlain personificaba al ataque y Bill Russell a la defensa...

- No -interrumpe-, Bill Russell era algo más: era el equipo. Y yo me identifico con esa filosofía. El básquetbol fue, es y será un juego de equipo.

La única producción fotográfica que Kareem Abdul-Jabbar aceptó en su visita: una alegoría al básquetbol, camino a Ezeiza.

La única producción fotográfica que Kareem Abdul-Jabbar aceptó en su visita: una alegoría al básquetbol, camino a Ezeiza.

- ¿Por qué no siguió ligado a la NBA? Tal vez como entrenador, quizás como "general manager"...

- Porque recién, cuando dejé de jugar, pude disfrutar de mis cinco hijos... Y ya no estoy para soportar un medio tan competitivo. Basta. Ya viví el básquetbol; ahora quiero vivir otras cosas, como a mis hijos...

Admite que la presión puede desbordar al deportista profesional y pone como ejemplo el caso Maradona (sí, sabe quién es). Confiesa que producir cine lo apasiona: está trabajando para realizar la vida de Vernon Johns, hombre de la línea de Martin Luther King. Piensa que todo parte de la humildad: "Cuando Holyfield perdió la corona, se recluyó a trabajar en serio. ¿Resultado? Hoy es campeón de nuevo". Dos cosas lo hicieron feliz en su breve estadía en Buenos Aires: comer y dormir... (le gustan mucho las mollejas, por ejemplo, y las conocía de antes). Reservado, poco amigo de las relaciones públicas, alejado de la sonrisa, en realidad como fue siempre, reconoce que le cuestan los reportajes: "Si en este momento no me hicieran más preguntas, me harían feliz". Lo dijo mientras se iba, en el saludo final, cuando el grueso par de anteojos oscuros impedían notar en su mirada una intransferible sensación de soledad...

 

 

Por O. R. O. y CARLOS IRUSTA (1993).

Fotos: MARCELO FIGUERAS.

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