Las Entrevistas de El Gráfico

Honestidad brutal

Por Redacción EG · 22 de enero de 2020

En el 2000 Guillermo Vilas se enfrentaba a todos los temas: la elección de Maradona como deportista del siglo, el tenis argentino, sus padres, la política. Un reportaje a fondo.

A Guillermo Vilas le gusta decir interviú.

 

La verdad es que hace un mes sentía que tenía cosas para decir, pero salvo el interviú de Mirtha, que fue excelente, ya no tengo ganas de hablar.  
–En aquel momento parecías molesto por algo.

–Estaba un poco molesto. Lo que pasa es que en la Argentina es complicado. Yo los entiendo a los jugadores de tenis, entiendo por qué la gente se cuida tanto, por qué necesitan agentes de prensa. No está facil la realidad. Hay periodistas que son superestrellas que determinan al entrevistado. Yo le dije a Diógenes (De Urquiza, el hombre de Topper que coordina sus actividades) que hago todos los interviús que quieran, pero en realidad yo ya no quiero hacer ninguno. Hubo una época en la que a mí me gustaba hacer interviús, sentía que me confesaba; pero eso lo cortaron los propios periodistas.

–No entiendo bien cuál es el planteo. ¿Sentís malestar por algo o contra alguien?

–No, lo que pasa es que uno de los errores que cometí en mi vida es que yo me abría en los interviús, pero después veo que están armados, muchos comprados. Yo siempre fui real y se aprovecharon de eso. Hubo una generación de periodistas de la que yo era amigo y podía estar tranquilo...

–Sigo sin entender. ¿Alguien te traicionó?

–No, no se trata de eso. Lo que pasa es que tengo que confiar. A mí lo que me mata es “el equipo”. Es la forma de cagar el interviú. Por radio uno te hace las preguntas pero siempre aparece otro del equipo que siempre está en desacuerdo. Y comienzan las charlas. A mí por eso me gustan Pacho O’Donnell, Federico Klemm y algunos más. El resto no existe. Por ahí te preguntan cuál es el orden de los mejores en la historia. Y yo dije: Borg, Laver y Sampras. En ese orden. Pero otro salta y dice: “Pero yo creo que...” ¿Y a mí qué me importa?

–¿Pero todo esto tiene que ver con un enojo más general o sólo con el periodismo?

–Yo sólo hablo de los interviús. Porque el sistema de trabajo argentino es de controversia. Yo las preguntas que quieras te las respondo, pero debo protegerme. Yo no quiero exponerme. Todos los buenos interviús son aquellos en los que te preguntan para ver qué opinás. En vez de querer saber y aprender tienen ganas de plantearte cosas raras... “Pero tal periodista dijo...” ¿Quién? Tienen cero autoridad.

Vilas en una de sus clínicas de tenis para chicos en la costa. Un show atractivo.

Vilas en una de sus clínicas de tenis para chicos en la costa. Un show atractivo.

–Me cuesta pensar en una entrevista en la que el periodista pretenda “aprender”. Yo no quiero cotejar tus ideas con las de nadie, sino conocerlas.

–Hacé lo que quieras. Lo que pasa es que todo genera polémicas. Por ejemplo, si me preguntás por el tenis de hoy no puedo dejar de hablarte de Agassi, pero el tipo que ganó los eventos más importantes del año pasado fue Sampras, lo que supone un gran duelo para este año. Yo no soy un tipo de estar hablando siempre del pasado. Pero los periodistas son de ahora... Mucha gente se impresiona cuando yo digo que el mejor de todas las épocas es Borg. Pero el otro día leía una votación internacional sobre los mejores del siglo y salió exactamente como dije yo. (Aclaración: Tennis Magazine, la publicación más prestigiosa del mundo dedicada a este deporte publicó en su edición de fin de siglo una encuesta con 108 periodistas de todo el mundo que ubicó en este orden a los mejores de la historia: 1º Sampras; 2º Agassi; 3º Laver; 4º Borg; 5º McEnroe.)

–Decís que los periodistas son de ahora como algo peyorativo. ¿Vos sos de antes?

–Yo soy un tipo muy futurista. Soy actual. El otro día vos me dijiste que fue un error mío el darle tanto valor al coach...

–...No dije eso. Lo que planteé, sin decir si estaba bien o mal, es que vos introdujiste la idea del coach en el tenis argentino...

–...en el mundo. Fijate el valor de un entrenador. (José) Higueras tomó a Chang y lo hizo campeón de Roland Garros. Chang lo echó, vino Courier, lo contrató y llegó a ser número uno del mundo. O (Larry) Stefanski, que le organizó todo a Ríos para ser número uno y ahora lo hace con Kafelnikov. Es cierto también que son ránkings de plástico.

–¿No te gusta el nuevo sistema del ránking masculino?

–Cualquier deporte que necesita una computadora para saber cuál es el número uno está pifiado. Lo que pasa es que la ATP tiene un problema básico: el ránking real no lo podés hacer. Los jugadores nos reímos de la computadora. Es algo que se inventó para la gente. Fijate que cuando los periodistas del mundo realizan la clasificación hacen la correcta. Yo no coincido con el 99 por ciento de los deportistas de acá. Ayer me preguntaban si estaba de acuerdo con el premio a Maradona como deportista del siglo. Y yo decía que no tengo que estar de acuerdo. Es como si me decís: “El Oscar lo ganó tal”. Y listo.

–Pero mucha gente opina sobre las entregas de los Oscar.

–Es que no tiene sentido. Es como cuando eligen al presidente. No pasa por estar o no de acuerdo. El que fue elegido, es.

–¿Y nadie tiene derecho a opinar?

–Hace poco vi un interviú a Macri, que él opinaba no sé de qué.... Y Macri no tiene que opinar de nada. No tiene nada que decir. El tiene que callarse la boca. Todo el mundo opina, opina, opina. Al mejor deportista pudo haberlo nombrado el Comité Olímpico, pude haberlo nombrado yo, cualquiera. Tiene el valor de quien lo otorga.

–¿Vos a quién hubieras nombrado?

–No importa. Los Olimpia representan la manera de pensar de la industria del periodismo deportivo en la Argentina. Nada otorgado es la verdad. “Titanic” ganó el Oscar y yo ni la vi. Esa polémica me tiene sin cuidado. El otro día estaba comentando entre amigos que la fiesta fue muy particular, era realmente muy interesante. Yo esperaba encontrarme con tantos tipos de los que he leído de chico... Pero no había muchos a los que yo quería saludar. Bueno, no se dio. Yo lo que quería era divertirme.

–¿Y no lo lograste?

–No digo que no fue divertida. Pero después me preguntaban: “¿Estaba Fulano?”. “No, no estaba”. “¿Y el otro?” “Tampoco”.

–Pero si no creés en el periodismo argentino, ¿para qué fuiste a la fiesta?

–Yo no fui por el premio. Todos nosotros, los seleccionados, hemos ganado. Nos han enseñado a ganar cosas, no a que alguien venga a reconocernos. Me emocionó mucho cuando me nombraron entre los cinco. Y yo pensé que no iban a elegir a uno, porque no tiene nada que ver el tenis con el fútbol. Además no entendía por qué fueron a buscarlo a Maradona si no había querido ir. ¿Para qué lo obligaron? Lo importante para mí es que por primera vez mi madre me iba a entregar un premio. Ella estaba emocionada. Y yo también.

–¿Reconstruiste la relación con tu madre?

–Yo vivía con mi madre. Mi padre después se enfermó y ellos no se llevaban bien. Por eso, cuando tuve que cuidar a mi padre, me alejé de mi madre. Y ella lo entendió. Yo me tenía que alejar porque ellos no se llevaban bien, pero después de la operación hubo un acercamiento entre ellos. Mi padre quería verla y mi madre quería verlo. Se vieron pero mi madre le removía muchas cosas a mi padre y papá no estaba fuerte para soportar eso. Se veían cada dos semanas y era muy lindo. La vida me llevó a estar más cerca de mi papá y eso me hizo conocerlo bien. Y aparte que él me haya elegido para cuidarlo... eso no lo hace cualquier padre. El podía preferir contar con el mejor equipo de médicos del mundo, pero me eligió. Y con mi madre nos vemos siempre. Tengo una relación estrecha con ella.

–Estás cerca de los cincuenta. ¿Le tenés miedo a la vejez?

–No. Lo que pasa es que parece como que la gente naciera y después se ve vieja. Pero la vejez es paulatina, la vivís todos los días. Las cosas que hago ahora me gustan y las que dejé de hacer es un poco porque me cansé. Me acuerdo de cuando empecé a escribir. Escribía todo el día, todo el día. Y por ahí ahora no tengo tanto para escribir.

–¿No tenés tantas experiencias para contar?

–No, no es por eso. De repente se me ocurre una idea, y la empiezo a armar. Y más ahora que tengo una computadora. Antes viajaba con un millón de papeles y era terrible. Envejecés cuando ves cosas que vas dejando de lado. Y como a mí me gusta lo de ayer y también lo de hoy, me mantengo siempre vivo y actual. Es terrible cuando te vienen con Corrientes angosta o River sin la bandeja del río.

–Antes de las elecciones tu nombre sonó como candidato a ocupar un eventual ministerio de deportes si ganaba Duhalde. ¿La política está entre las cosas que querés hacer ahora?

–La verdad es que propuestas concretas nunca me hicieron. Siempre están jugando. “Y acá no se decide el muchacho”, dicen medio en broma para tantearme. Pero yo pregunto: “Bueno, ¿cuál es el proyecto? ¿Cuáles son los hombres?”. Y desaparecen. Es divertido. “No te animarías...”, me tiran. Juegan para ver si estoy. Y yo no le hago asco a nada. Pasa algo parecido con la música. Cuando cantaba, me decían que no cantara más. Una vez en un programa ridículo me pasó algo increíble.

Vilas sobre la Harley Davidson que tiene en su museo, en Mar del Plata. Un refugio de la memoria de un hombre que no quiere vivir de recuerdos.

Vilas sobre la Harley Davidson que tiene en su museo, en Mar del Plata. Un refugio de la memoria de un hombre que no quiere vivir de recuerdos.

–¿Qué programa?

–No importa. Lo que pasa es que soy muy accesible y hablo con todos. Pero después de algunas preguntas salió ese ego que tiene ahora el periodismo y me dicen: “No nos gusta tu música”. “Y a mí no me gusta tu programa. Yo estoy acostumbrado a ir a programas muy grandes pero cada tanto le doy una oportunidad a un programa chiquito para que tenga la posibilidad de mejorar”, les contesté. El año pasado llamamos a un par de lugares para ir con la banda y nos dijeron que no. Y este año llaman ellos. ¿Estamos todos locos o qué? Pero esta es la filosofía de este país. Cuando vos quieras hacer algo, van a ver de qué manera te hacen preguntas incisivas. Y si no hacés nada, te piden que aparezcas. Están mal las dos opciones. Creo que debería ser simple: si toco, es porque tengo ganas de tocar. Y cuando no, no. Por eso, yo respeto la decisión de los periodistas sobre el deportista del siglo. Y si la comparto o no es mi problema.

–Volviste solo al tema del Olimpia. ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, con que hagas o no política?

–Es que cuando algo es otorgado como un premio, ya está. No es si estás de acuerdo o no. Lo importante es que cada uno aprenda a aceptar las cosas como son. Y en esto aparece lo de la política. En la Argentina todos dicen que me ofrecieron cargos, pero cuando dije que sí no me volvieron a llamar.

–¿Tampoco te volvieron a llamar para hacer nada por el tenis argentino o vos no querés?

–Para el tenis argentino yo ya trabajé, me dieron las gracias y listo. Pensá que McEnroe ahora está trabajando para el tenis norteamericano; pero el día que termine, no vuelve más. Todos los grandes actúan igual. Me dicen: “¿Te molesta que los tenistas argentinos no hablen bien de vos?”. A mí me molestaría que Connors hable mal de mí. Este es un problema de cabotaje. Además, yo me llevo bien con los chicos de ahora. Si alguien tiene envidia, mala suerte; pero la envidia, para mí, es un gran halago. No me siento mal porque me envidia un tenista que es menos que yo. Me encanta saber que me tiene siempre presente y que cada vez que me ve le agarra un dolor de estómago. Me causa mucha gracia. Es como si yo le tuviera envidia a Borg. Me hubiera encantado ocupar su lugar, por supuesto, pero tengo lo mío. Lo terrible es la envidia que siente aquel que le duele su propia vida. Y le tengo lástima por eso. Nada más.

 

 

Por JULIÁN MANSILLA (2000).

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