Las Entrevistas de El Gráfico

Guillermo Nimo: nunca habrá un réferi como yo

Por Redacción EG · 10 de octubre de 2019

Cultor de la autoestima y convertido en un personaje que mezcla lo histrionico con lo disparatado, El ex arbitro habla de sus tiempos como juez y de las diferencias entre aquellos años y los que dirigían en el 2000.

–Dígame señor Nimo, ¿cómo puede ser que en el año ’67, según la AFA, usted era él arbitro número uno del país y muy poco tiempo después lo echaron por cuestiones de soborno?

–Se lo voy a explicar: todo es el resultado de la envidia que yo desato. El gran drama de mi vida fueron los celos que provoqué en el famoso Sindicato de Arbitros. Me hicieron la vida imposible. Un tipo número uno como yo –a quien EL GRÁFICO premió con una plaqueta como el Mejor árbitro del año ’67, en una fiesta en Maipú y Córdoba– decidió un día que no iba a dirigir más Primera B. Entonces le mandé una carta a la AFA en la que explicaba que si me designaban para ese sorteo yo no iba a ir. A partir de eso, el sindicato me hizo la vida imposible. Un día me agarró una de esas locuras que me agarran a mí de vez en cuando y dije: “Total yo ya estoy hecho”, y renuncié.

–No, no, de ninguna manera. De acuerdo a todas la informaciones periodísticas, a usted... ¡lo e-cha-ron!

–Echar, no me echaron, porque yo tengo un documento donde dice: “Señor Guillermo Nimo. Renunció y mereció el calificativo de sobresaliente”. Firma: Raúl Donofrio, interventor de la AFA en ese momento.

–¡¿Así redactado, como si fuera un recibo?! ¡¿Recibí la renuncia de un sobresaliente?! Señor Guillermo, ¿no es mucho?, ¿no se le traspapeló algo?

–Mire, querida, ¡ojalá me hubieran echado porque me habrían tenido que pagar una indemnización de locos! El verso de mi despido lo hicieron correr los envidiosos de siempre.

 

Nimo en sus años de árbitro.

Nimo en sus años de árbitro.

 

 

“Hoy los árbitros argentinos son todos malos y mediocres”

–¿Cómo era su relación con los dirigentes de la AFA, con los presidentes de los clubes, con los políticos? En realidad, ¿cómo era su relación con el poder de turno?

–A mí nadie me presionó; ni un presidente de un club, ni un político, nadie. Como dice (sic) Napoleón: todo hombre tiene su precio. Debe ser que el mío era muy alto, porque nadie me vino a proponer nada. La única presión en contra que siempre tuve fue la de la Asociación Argentina de Arbitros. Si usted me cree, me cree, y si no...

–En su época, ¿cómo era la actitud de la Policía Federal? ¿La represión  se sentía en las canchas?

–Para nada, yo siempre salía de la cancha con tres policías porque era obligatorio. La reglamentación decía que había que aceptar la custodia. En aquella época no existía la violencia de hoy.

–¿Usted cree que a los barrabravas los bancan los dirigentes de fútbol?

–Sin lugar a dudas. Los bancan algunos dirigentes, porque les sirven para las elecciones. Pero ojo, eh, no todos. Me consta que ni Davicce ni Pintado ni Macri las bancan.

–¿Heller y Alegre?

–No me consta. Pero la verdad es que los citó la Justicia.

–¿Y qué piensa de Luis Barrionuevo, presidente de Chacarita, que se enorgullece de no conocer Europa y en cambio manda a sus muchachos a Francia a ver el Mundial? ¿No es gracioso becar a los barrabravas?

–Sí, es divertido. Fíjese qué interesante es lo de Barrionuevo: antes de que fuera presidente, ir a la cancha de Chacarita, era para los audaces, no para los hinchas de fútbol. El agarró y dominó a las barras y premió el buen comportamiento. Y si mandó a algunos muchachos a Europa... cada uno con su dinero hace lo que quiere. Si a él le redituó mandarlos a Europa, a mí me parece bien.

–En su época los árbitros estaban mucho menos protegidos que ahora. Es más, me viene a la memoria el caso de un referí que fue violado por un grupo de barrabravas.

–¿Quiere que le diga la verdad? En mi época no pasaba nada raro, porque en la historia del referato argentino nunca hubo una camada como la mía. Ahí no había un referí malo, éramos uno mejor que el otro. Le tiro nombres: Roberto Goicochea, Luis Pestarino, Angel Coerezza, Miguel Comesaña, Jorge Alvarez. Y algún otro que se me escapa.

–¿Recuerda situaciones de violencia, de peligro de muerte?

–Lo que pasa es que los partidos eran mucho más tranquilos que ahora porque se dirigía bien. Este es el peor momento del arbitraje en Argentina. ¡El peor! Son todos mediocres y malos. Y que me perdone Juan Carlos Loustau, que es el presidente de la Escuela de Arbitros. Honestos, no los pongo en duda, pero en calidad, malos.

–¿Qué diferencia hay en cuanto a arbitraje entre usted, Bava y Marconi?

–La verdad, es que Bava era un buen árbitro, con personalidad. En cambio, Marconi era un sacador de partidos. Pero entre los dos no hacen un Nimo.

 

“Nimo era un genio al lado de Castrilli”

–¿Dirigir un Boca-River le ponía los pelos de punta?

–Nada que ver, querida. Yo dirigí el clásico seis veces y a mí siempre me gustaba, por mi personalidad, por la cancha llena.

–¿Pero se ponía o no se ponía nervioso? ¿Qué se creía revoleando el pito?

–Yo me ponía nervioso antes de entrar al campo. Una vez que pisaba el césped, mientras los jugadores peloteaban, daba tres pasos, revoleaba el pito, miraba a las tribuna y me decía: “Estos tipos me vienen a ver a mí”. Era una forma de darme ánimo.

–Sin embargo usted criticó muchísimo a Javier Castrilli porque se sentía la vedette del espectáculo. ¿En qué quedamos? ¿Vedettismo para todos o vedettismo para usted solo?

–Un momentito: Castrilli hizo cosas que yo nunca hice. Una vez en la cancha de Racing, casi a punto de empezar el segundo tiempo, le dicen que en la red hay un bicho colorado. Perdió 45 minutos para sacar el bicho. Tenía que haber mandado al juez de línea. Javier Castrilli lo hizo para que la cámara de tevé lo siguiera. Pero vamos a ser claritos, Nimo era un genio al lado de Castrilli. Nunca habrá un referí como yo. Con 50 partidos arbitrados por año, tengo un promedio de 3 expulsiones por temporada. Un año sólo le mostré la roja a Roberto Perfumo, que en esa época era como Maradona. En cambio, Castrilli suspendía partidos y tenía el récord de expulsados.

–Y de Lamolina, ¿qué me dice?

–Era un sacapartidos. Corría de un área a otra; y de los penales, ni hablemos. Para que Lamolina cobrara un penal tenía que salir el arcoiris en la cancha.

Hombre de boquilla y joyas ostentosas, después del fútbol supo codearse con el mundo de la revista porteña.

Hombre de boquilla y joyas ostentosas, después del fútbol supo codearse con el mundo de la revista porteña.

 

El show de Nimo

–¿Usted no es un poco la Silvia Süller del fútbol?

–Nooo, le tengo mucho respeto a Silvia. Una vez tuve la oportunidad de cenar con ella y la pasamos bien. Es una chica muy divertida, ella hace su show.

–Si bien usted no muestra las lolas ni habla de Silvio Soldán, con tanto anillo, más la boquilla, la pilcha y algunos comentarios, le diría –con todo respeto– que a veces parece que le faltan un par de jugadores. ¡Por lo menos, así lo veo yo!

–Mire, querida, yo estoy en otro show. Yo soy Guillermo Nimo, hago un show para informar y para divertir, porque finalmente esa es la televisión.

–¿Por qué es tan descalificador cuando habla de algún jugador que no le gusta?

–Tiene razón, pero es el show, es parte del show.

–¿Pero no es un poquito fascista creerse tan dueño de la verdad? Ese tipo después tiene que ir a la cancha y se puede quedar sin laburo.

–Esa palabra no me la puede poner. Vamos a aclarar: la perla negra y la perla blanca es una tradición del periodismo. Lo vengo haciendo desde hace 15 años. La perla blanca es para elogiar y la negra es para destacar los errores que cometió un jugador en un partido. Ese mismo jugador, 15 días después, puede obtener la perla blanca. No es para criticar o matar a alguien. Y, como lo hago con humor, no es ofensivo.

–¿Usted se considera un periodista?

–Yo me considero un crítico más que un periodista. El periodista generalmente informa. Yo abro la boca y digo lo que está bien o lo que está mal; y después analizo.

–¿Con sus predicciones no se parece más a un horoscopero que a un periodista?

–La verdad es que con la última predicción hice hablar al país. Cuando dije que River no le ganaba a Argentinos, que Boca no les ganaba a los jujeños y que Chacarita ganaba uno a cero, todo el mundo se mató de risa. Y finalmente acerté.

–Si a los 44 minutos del segundo tiempo de un Boca-River, en la cancha de Boca, Bermúdez lo tiene agarrado de un brazo a Angel para no dejarlo saltar en un corner, ¿usted qué hace?: 1) ¿Se hace el distraído como Lamolina? 2) ¿Cobra como haría Javier Castrilli? 3) ¿No lo ve como hizo con la mano Gallo en la final del ’68 entre Vélez-River?

–Penal, querida. Mire qué fácil. Si lo tiene agarrado como usted dice en un corner, cobro penal. Lo importante es que yo lo vea. Los corners son un show, habría que filmarlos, no se puede creer. Uno empuja al otro, se agarran del pelo, de todo. ¡Y sería tan fácil de eliminar! ¡Si los referís cobrasen penal, penal, penal, se terminó el drama!

–Lamolina se podía hacer el distraído, Castrilli lo cobraría...

–Es así como usted dice. Y los de hoy todos se harían los distraídos.

–Falta una explicación, entonces, de la famosa mano de Gallo en aquel Vélez y River. La única persona que no  vio el penal fue usted.

–No lo veo porque fue una especie de corner corto y tenía 18 jugadores adelante. Yo lo llamo un accidente de trabajo. A eso no lo llamo error. Error es cuando usted ve una cosa y cobra otra. Cuando uno no ve nada, ¿de qué error me están hablando?

–Bien, señor Nimo, se dice que por ese accidente de trabajo cobró como indemnización un super Torino cupé azul, carrozado por Pininfarina, con dos carburadores, con vista al mar, que sería como una Ferrari Testa Rossa de ahora.

–Esto anótelo bien, por favor. Seis meses antes del partido River-Vélez yo le compré el Torino a Máximo Dayán, un concesionario de la calle Caseros. Yo tenía el coche del momento, un Peugeot 404, que dejé en parte de pago y que compró Néstor Ibarra que era periodista deportivo. Haga las averiguaciones pertinentes.

–¿Entonces...?

–Perdóneme, querida, pero voy a ser fanfarrón. La debilidad de mi vida son los autos. Ahora tengo un Mercedes-Benz último modelo y fíjese que en estos días no dirigí ningún partido.

 

CRITICO DE PERIODISTAS

–Dante Panzeri.

–Era un hombre muy personal, que veía todo mal. Yo no estaba de acuerdo con ese estilo.

–Juvenal (Julio César Pasquato).

–No quiero opinar.

–José María Muñoz.

–Fue un relator con un estilo muy propio. Pionero en lo suyo. Un maestro.

–Víctor Hugo Morales.

–Es el mejor relator de fútbol que hay. Pero, para mí, la revelación es Mariano Closs.

 

UN SHOWMAN TODO TERRENO

Después de la mano histórica, Nimo construyó su personaje. Empezó a arbitrar partidos de actores y a escribir una columna en el diario Crónica, llamada “El silbato de Nimo”. De ahí pasó a la televisión con “Tangolerías”, junto a Roberto Galán. Luego en 1981 se inició en la revista porteña con Hugo Sofovich, en Polémica en el teatro. Siguió con “Las perlas de Nimo”, con Gerardo Sofovich. Tiene registradas “La perla negra”, “La perla blanca” y la frase “Por lo menos, así lo veo yo”. Es uno de los integrantes históricos de Polémica en el fútbol. Tuvo una participación en Esa maldita costilla, película protagonizada por Susana Giménez; otra en un videoclip de los Auténticos Decadentes; y hoy conduce Nimo no perdona, en La Red, de 0 a 2 de la mañana.

 

 

Un reportaje de Any Ventura (2000).

Fotos: Archivo El Gráfico.

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Silvio Carrario jugó en innumerable cantidad de equipos, dice que volvería a todos, cuenta sus pasos por los grandes como Boca y Racing y también por el resto de los clubes.

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