Las Entrevistas de El Gráfico

1985. ¡Qué maravilla! Un sordo frente a la multitud

Por Redacción EG · 16 de septiembre de 2019

Héctor Casse, era el arquero de Temperley. Una historia de amor y de vida, un ejemplo que con tesón y constancia venció al destino. Un mundo para conocer.

Voy a tratar de ser lo más escéptico posible. Renunciar a los calificativos y adjetivos inútiles y tomar por el camino del objetivo real, verdadero. de donde se irá desprendiendo sólo ese canto a la vida, esa historia de amor de unos padres que a fuerza de tozudez y cariño lograron el milagro de que su hijo sordo hablara, se integrara normalmente a la sociedad y llegara a competir profesionalmente en un fútbol de elite mundial, como lo es el argentino.

Esta es la historia de Héctor Jorge Cassé, 25 años, soltero, arquero de la primera división de Temperley.

Hace un esfuerzo tremendo para hablar, pero lo logra, aunque se agite. Con atención se le entiende claro. Cada palabra es un gesto: de sus ojos, de su frente, de sus manos. Aunque —vale aclararlo— desprecia el lenguaje manual y no acepta a quien lo emplea. Entiende absolutamente todo, porque lee los labios en forma perfecta. Hay momentos en que repite las palabras para remarcar lo que desea y otros en los que le impone una pausa con igual fin. Es nervioso, inquieto, y la palabra sordera hace muchos años que pasó a ser para él más dificultad que drama. Se ríe incluso cuando le recuerdo algunos insultos de la tribuna. Me dice en su lenguaje elemental, pero directo.

 

Héctor Casse junto a su hermana Erica Silvia.

Héctor Casse junto a su hermana Erica Silvia.

 

—Sordo... sí, sordo, pero no me hace problemas. Yo los escucho.

—¿Escuchas las tribunas?

—Sí... mucho... a la de Boca, a la de Temperley. Me quieren mucho y yo los quiero a ellos. Algunos insultan... mudo dicen... yo me río (y hace el gesto característico de pasarse la mano por abajo de su mentón como afirmando "no me importa")

—¿Pero a veces te enojas?

—(Se ríe. Es que Héctor Jorge Cassé se ríe siempre). Sí... soy temperamental, temperamental... quiero ganar siempre... Yo quiero, quiero la camiseta de Temperley... soy temperamental, temperamental...

—¿Qué esperas de la vida Héctor?

—Un buen contrato... ganar dinero para el futuro. Yo quiero ser empresario futbolístico cuando termine de jugar. Comprar y vender jugadores... Quiero un buen contrato... yo quiero tener mi casa... Es el futuro...

 

Defendiendo los colores de Temperley frente a Boca en 1985.

Defendiendo los colores de Temperley frente a Boca en 1985.

 

Aquí surgió la personalidad clásica de los sordos: Su amor por el dinero. Por eso vale una aclaración: "El mundo de los sordos es el mundo del silencio. Es la soledad sin ideas. La pobreza del lenguaje, en algunos casos, los hace semianalfabetos y entonces todo se reduce a lo que ven, a lo que tocan. Están un poco alejados de la vida espiritual e intelectual. No creo que sea el caso de Cassé, que está muy bien reeducado, pero así y todo tendrá importancia primero el dinero, es su seguridad, su futuro. Es el poder que no tiene por su falta de audición" (Lucía Beatriz Fernández, profesora de Ortofonía y Sordos de la escuela Albert Schweitzer).

Se llama Raquel Redondo. Y es la mamá por excelencia. La "madraza" en el buen sentido de la palabra. Un día en su pueblo de Salliqueló se enamoró de Héctor Cassé y se casó con él para tener una familia de muchos hijos. Pero el destino propuso otra cosa: Héctor Jorge, el mayor, nació sordo; Gustavo Alfredo —el segundo, que era normal—murió a los cinco años de leucemia; Erice Silvia, una rubia hermosa, coqueta y traviesa, de sólo quince años, la última hija del matrimonio, también es sorda. Pero Raquel Redondo y su esposo Héctor no se entregaron. Lucharon, pelearon contra la vida, y aunque a veces el dinero no sobró, hoy saben que salieron adelante. Que le devolvieron a la sociedad, normales y sin trauma, a los dos seres que más aman en la vida. No hace falta ser muy observador para advertir ese idilio entre madre e hijo.

 

Casse junto a su madre. Doña Raquel.

Casse junto a su madre. Doña Raquel.

 

Doña Raquel se desvive por él y no afloja un segundo para que su reeducación sea total. Y aquí vale otra aclaración: "Los sordos es como si estuvieran dentro de un bloque, sin salida. Porque sin estímulos auditivos no pueden desarrollar el pensamiento y hace falta mucho amor y mucha constancia para reeducarlos. Algunos padres dejan a sus hijos en las escuelas y creen que ya está y no es así. Un cincuenta por ciento es la escuela, pero el otro cincuenta por ciento está en la casa. Es en su hogar donde deben recibir todo el apoyo, porque de lo contrario lo que se hace en la escuela puede desperdiciarse" (María Evangelina Zapparigli, directora de la Escuela de Sordos No 503). Doña Raquel mira a su hijo, lo acaricia a veces, le habla suavemente, vocalizando cada palabra. Lo reta incluso cuando Héctor Jorge equivoca por ejemplo la pronunciación de la "i" por la "e". Lo hace repetir hasta que logra su objetivo.

—Creo que fue a los nueve meses cuando nos dimos cuenta de que Héctor Jorge tenía un problema. Fue uno de sus abuelos el que nos dijo: "Creo que este chico no oye bien". Fuimos al médico y descubrimos su sordera. Inmediatamente nos propusimos reeducarlo. A los tres años lo internamos en el Instituto Oral Modelo. Mi marido tuvo que trabajar duro para pagar los estudios. Veníamos dos veces por mes solamente a visitarlo. Él tenía los fines de semana libre, estuvo hasta los trece años internado. Después le pusimos profesores particulares y nosotros seguimos con la reeducación en casa. Hay veces que me ve triste y se acerca para decirme: "No te hagas problemas mamá". Y yo no me hago problemas, es cariñoso, muy cariñoso. Y muy celoso, de su hermana sobretodo. Ahora quiere arreglar un buen contrato para comprarle un órgano. Creo que podría hablar mejor si practicara más.

Héctor Jorge sigue la conversación atentamente. Sabe exactamente todo lo que hablamos. Se ríe, cuando lee en los labios de su hermana que es celoso. Interrumpe.

 

La expulsión de Casse frente a Boca en el Nacional de 1985.

La expulsión de Casse frente a Boca en el Nacional de 1985.

 

—Muy celoso... muy celoso... De todas.

—¿De tu novia también?

—Sí, claro... Escribí que se llama Marisa Inoccenti y que nunca más otra mujer...

—¿Y qué hiciste con las demás? —le pregunta su mamá—; los otros días tuve que aguantar a una admiradora como cinco horas.

—No... nunca más... Antes de Marisa sí, pero ahora no... Marisa me dice que hable más bajo... yo le hago caso. El papá de Marisa sabe de fútbol, es entrenador de un equipo de Seguros. Él también me ayuda... buenos, muy buenos.... Estoy enamorado.

—Hablemos de fútbol.

—Los domingos cuando salía del Instituto me llevaban a la cancha. Soy hincha de River, de Alonso, de Fillol. Fillol gran amigo (se para frente a un poster del Pato), me regaló su camiseta. Yo miré siempre a los arqueros... a Amadeo, fue el primero, después Gatti y Fillol. River y Temperley... Los quiero.

—¿Y Boca?

—(Hace gesto de ni fu ni fa) Aclaro que yo lo escupí a Graciani porque él me pisó. Lo escupí... y el árbitro me echó bien, lo saludé... pero hice gestos, gestos a la hinchada que no entrara, que estaba bien... Yo soy temperamental... Ahora espero...

En 1983 le atajó un penal a Ricardo Gareca, quein jugaba en Boca en aquel momento.

En 1983 le atajó un penal a Ricardo Gareca, quein jugaba en Boca en aquel momento.

—Sí —dice doña Raquel —, es muy nervioso y yo le dije que estuvo mal. No debe hacer eso. Se tiene que tranquilizar, algunos rivales lo tratan de hacer poner nervioso. El padre también lo retó. Pero yo creo que no incitó a la violencia, el que dijo eso no lo conoce a Héctor Jorge. Es buenísimo, hay periodistas que hacen doler: le dicen "mudo", "sordomudo con seis fechas de suspensión" o algo así. No saben que no hay ¨sordomudos¨ o ¨mudos¨, que son simplemente "sordos" y que si no hablan es porque no pueden escuchar.

Cuenta doña Raquel que su casa es una fiesta. Aquí se reúnen todos los sordos compañeros y hablan y se divierten. Que Erica Silvia quiere un órgano y que su hermano será quien se lo compre. Que hay días que Héctor Jorge le pide a su hermana, y si ella no le contesta, le dice: "Che sorda, pasame eso" y que Erica le contesta sin inhibiciones "Mas sordo sos vos". Que Héctor Jorge prende la televisión y no deja a nadie en el living, ya que observa atentamente los movimientos de todos los arqueros cuando hay un partido. Que los truenos y los bombos le molestan a sus dos hijos. Que cuando llueve tiene miedo que Héctor Jorge regrese a casa con "seis goles adentro". Otra vez Héctor Jorge interviene.

—Me molestan... me molestan... Pero yo tranquilo en la cancha. Tranquilo... En mi casa me molestan... En la cancha tranquilo.

—¿Y sentís el silbato?

—Sí... además lo veo. Observo todo de frente. Veo hasta las instrucciones de los contrarios... pero yo tranquilo, tranquilo. Me gusta Nitti, buen árbitro... Reinoso... Reinoso y Gorosito... Filio, el mejor del mundo. Islas, Islas de Estudiantes, es bueno.

 

En 1984, frente a Estudiantes.

En 1984, frente a Estudiantes.

 

—¿También leés?

—Sí leo. Leo EL GRÁFICO... lo leo desde que tenía cinco años... "Gente" también. Todos los diarios... Yo leo... libros pero me aburren... Yo leo todo de fútbol, fútbol, fútbol...

Aquí hay que detenerse en otra aclaración o en otra pregunta que le surgirá al lector. El sordo de por si es retraído, receloso, desconfiado, no es de darse, pero sin embargo es de destacarse en el deporte. Y ello se debe a su concentración. Al no tener audición debe estar permanentemente concentrado en lo que pasa en la cancha, en el juego. Al no oír, nada lo distrae, los sordos —reeducados— pueden ser brillantes en el deporte" (Lucía Beatriz Fernández).

—¿Pero en la charla técnica cómo hacés?

—No problema... Lo miro al técnico... nunca me pongo de espaldas... Yo sé lo que dice. José Varacka, buen técnico... Puchero, buen técnico. También Silvero, Silvero me quiere... Me dijo usted, usted es arquero de primera división... no de primera "B" cuando me pidió Rosario... Silvero me quiere, me pide siempre... tranquilo Cassé, tranquilo... Zucarelli también... Todos, bien...

—Contanos tus comienzos…

—Normales... bien... Gimnasia... Temperley...

Doña Raquel es la que ahora dice que fue en un torneo de chicos que lo vieron a Héctor Jorge y se lo llevaron a Gimnasia, a Estancia Chica y allá se quedó.

—Recién ahora estoy gozando de mi hijo. Primero fue a la escuela hasta los trece años, después Gimnasia. En La Plata hizo toda su carrera de inferiores, y sin ningún problema. Como uno más. Sólo los chistes y bromas de los chicos, pero sin problemas. Varacka lo puso en la primera y después se hizo el canje: Mercuri fue a Gimnasia y Héctor a Temperley. En aquellos años se hizo muy amigo de la familia de Marcelo Armendáriz, que ahora juega en Ramón Santamarina y que es contador. Es un hijo más para ellos. Con Marcelo siempre va a arreglar sus contratos, aunque este año tuvo que ir solo...

—Duros los dirigentes, duros... No me ayudaron... no me ayudan... Pagan... pero no todo junto. Cincuenta por ciento, cincuenta por ciento antes, cincuenta por ciento después...

—Y así nunca alcanza —aclara la madre—, siempre cuando recibe el dinero tiene que devolver porque ya lo pidió prestado. El quisiera sacar ahora un buen contrato...

Reflexivo y familiero, Héctor Casse pudo superar la adversidad y ser jugador profesional de fútbol.

Reflexivo y familiero, Héctor Casse pudo superar la adversidad y ser jugador profesional de fútbol.

—O firmar por el veinte por ciento... (ríe) Y es esa frase la que nos golpea muy adentro. Héctor Jorge Cassé es un caso. Sin duda ha vencido todas las barreras de su sordera y de su no integración a la sociedad. Es capaz de una acción dentro del campo como cualquiera, incluso de discutir y ampararse en la ley por sus contratos como un oyente de dar la vuelta olímpica, de hacerle bromas a sus compañeros ("ellos se tapan la boca para que yo no lea lo que dicen, pero cuando se duermen les echo agua por las noches.), de aguantar sus bromas (yo duermo mucho... entonces, hay noches que no los siento y me atan a la cama... para que no los moje... y no puedo no puedo levantarme"). Juega a las cartas en la concentración y es capaz de reírse cuando le gritan "mudo" o "arquero de metegol", como lo bautizó la hinchada de San Lorenzo. Por eso la última aclaración: "Es una maravilla, todo aquel que conozca el mundo de los sordos no puede dejar de asombrarse con Cassé la escuela cumplió al ciento por ciento su cometido y tuvo la ayuda invalorable de un hogar lleno de cariño y constancia" (María Evangelina Zapparigli).

Héctor Jorge Cassé, un sordo frente a la multitud, sí, una verdadera maravilla.

 

 

Por ENRIQUE ROMERO (1985).

Fotos: ALDO ABACA y ARCHIVO ¨EL GRAFICO¨

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2006. Carrario 100x100

Silvio Carrario jugó en innumerable cantidad de equipos, dice que volvería a todos, cuenta sus pasos por los grandes como Boca y Racing y también por el resto de los clubes.

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