Las Entrevistas de El Gráfico

2003. Pichot 100x100

Por Redacción EG · 12 de septiembre de 2019

Referente del rugby nacional de los últimos tiempo, líder de una generación que marcó al deporte. Agustín Pichot responde las cien preguntas de El Gráfico.

1 Ju­gás al rugby por pla­ta, te­nés un pro­gra­ma de te­le y sos la ca­ra del plan­tel más me­diá­ti­co de la his­to­ria de Los Pu­mas... ¿Te odian los fun­da­men­ta­lis­tas del ama­teu­ris­mo? No creo que me odien, sue­na me­dio fuer­te. Sí les de­ben caer mal al­gu­nas co­sas, pe­ro lo im­por­tan­te es que to­do pa­sa y, mien­tras tan­to, hay que tra­tar de es­tar lo me­jor po­si­ble. En de­fi­ni­ti­va, yo no jo­do a na­die por sa­lir en Su­per XV o en un dia­rio. Me en­can­ta que la gen­te co­noz­ca el rugby, que lo en­tien­da y, que por ahí, lo jue­gue al­gu­na vez. Por­que la ver­dad es que, pa­ra vi­vir­lo con ami­gos, es el me­jor de­por­te que hay.

2 ¿Con el fí­si­co de Mar­tín Scel­zo tam­bién te in­vi­ta­rían a tan­tos pro­gra­mas? ¡Oja­lá tu­vie­ra el fí­si­co del Gor­do! Si sien­do así me in­vi­tan, ima­gi­na­te lo que se­ría si fue­ra un ani­mal co­mo Chel­chi…

3 ¿Qué pa­sa en In­gla­te­rra cuan­do ca­mi­nás por la ca­lle? Na­da, ten­go frío y ca­si siem­pre llue­ve… Acá la gen­te es mu­cho más tran­qui­la que en la Ar­gen­ti­na. Le da mu­cha ver­güen­za fre­nar­te en la ca­lle. Lo má­xi­mo que pue­de pa­sar es que te pi­dan un au­tó­gra­fo o una fo­to. Pe­ro es tran­qui­lo.

4 ¿Allá tam­bién te aco­san las mu­je­res? No, por suer­te… por­que en In­gla­te­rra no son muy lin­das.

5 De pi­be, ¿le pin­ta­bas la ca­ra en la to­ca­ta a tu her­ma­no Qui­que o era al re­vés? No, me bai­la­ba él, y me ha­cía que­dar has­ta que ya no po­día­mos más. Yo tra­ta­ba al má­xi­mo de ga­nar­le.

6 ¿Có­mo eran los par­ti­dos de rugby que ju­ga­bas de ro­di­llas con­tra él, en su cuar­to? A mo­rir. Las re­glas las po­nía él y, has­ta que no ter­mi­ná­ba­mos muer­tos, no pa­rá­ba­mos. Eran es­pec­ta­cu­la­res.

7 ¿Se­guís ju­gan­do a los vi­deos con la fre­cuen­cia de cuan­do te pu­sie­ron “Fi­chín” por tu adic­ción al Kung-Fu Mas­ter y al Dou­ble-Dra­gon? Son ca­da vez más com­pli­ca­dos. Pa­ra ju­gar a los que hay aho­ra en 3D te­nés que apre­tar dos mil bo­to­nes, ade­más de leer los li­bros pa­ra las prue­bas… ¡Y pen­sar que con dos bo­ton­ci­tos era tan fá­cil!

8 Pro­fe­sio­nal y a nue­ve años de tu de­but en Pri­me­ra, ¿te se­guís di­vir­tien­do? No creo que nun­ca me va­ya a di­ver­tir co­mo en el 94 y 95 en mi club. Aho­ra to­do es dis­tin­to. Ojo, no di­go que sea abu­rri­do, pe­ro sí dis­tin­to.

9 ¿Por qué se dio con vos esa ido­la­tría in­fre­cuen­te en el rugby ar­gen­ti­no? ¿Te pa­re­ce pa­ra tan­to? Creo que mu­cha gen­te se in­vo­lu­cró con un gru­po de ju­ga­do­res des­de el Mun­dial pa­sa­do y yo, sim­ple­men­te, tu­ve la suer­te de ser uno de ellos.

10 ¿En el rugby hay en­vi­dia? En to­dos la­dos hay en­vi­dia y el rugby no se sal­va. Es que hay mu­chas co­sas nue­vas que ha­ce un tiem­po no exis­tían. 

11 En el 92, di­jis­te en una no­ta a La Pren­sa que ibas a se­guir cien­cias po­lí­ti­cas… ¿qué pa­só? Siem­pre me pre­gun­ta­ban y, en ese mo­men­to, a mí me gus­ta­ban las cien­cias po­lí­ti­cas. Em­pe­cé De­re­cho. Pe­ro, a los dos años, me de­ja­ron li­bre por­que em­pe­za­ba a ju­gar en Los Pu­mas y via­ja­ba mu­cho.

12 ¿Por qué des­pués te in­cli­nas­te por el mar­ke­ting y, más tar­de, por la ad­mi­nis­tra­ción de em­pre­sas? Mis vie­jos no me de­ja­ron aban­do­nar el es­tu­dio. En­ton­ces me to­mé 6 me­ses y ahí me aga­rra­ron ga­nas de es­tu­diar mar­ke­ting. Des­pués me fui a In­gla­te­rra y, co­mo no ha­bía co­mer­cia­li­za­ción en la uni­ver­si­dad, me in­cli­né por ad­mi­nis­tra­ción de em­pre­sas... Y, al fi­nal, co­mo les ha­bía pro­me­ti­do a mis vie­jos, ¡ter­mi­né!

13 ¿An­tes no ha­bía la ca­li­dad de rug­biers que hay aho­ra o los ta­len­tos cho­ca­ban con el te­cho del ama­teu­ris­mo? No lo sé. Siem­pre pien­so qué ha­bría pa­sa­do si me hu­bie­se que­da­do en la Ar­gen­ti­na. Pe­ro cuan­do veo a Ta­ti Phe­lan, que siem­pre fue ama­teur, du­do de que sea in­dis­pen­sa­ble ser pro­fe­sio­nal. Aun­que Ta­ti Phe­lan hay uno so­lo.

14 El abra­zo del ter­cer tiem­po con el ti­po que te ma­tas­te a pi­ñas, ¿es un ges­to no­ble o, co­mo di­jo Por­ta, un ac­to hi­pó­cri­ta? Uno se pue­de ma­tar a pi­ñas y, si son co­sas del par­ti­do, sin ma­la in­ten­ción, en el ter­cer tiem­po va a es­tar to­do bien. Pe­ro si hu­bo vo­lun­tad de las­ti­mar o rom­per es dis­tin­to... ¡Ahí no va a ha­ber abra­zo!

 

El más grande del rugby: Porta y su heredero.

El más grande del rugby: Porta y su heredero.

 

15 Agus­tín, ado­les­cen­te y sol­te­ro, ¿có­mo era con las mu­je­res? Abu­rri­dí­si­mo, por­que no sa­lía ca­si nun­ca. Ju­gá­ba­mos los sá­ba­dos y los do­min­gos  ha­cía­mos co­mi­da en la ca­sa de al­gu­no des­pués de ver a la Pri­me­ra. Y más ade­lan­te, cuan­do ya es­tá­ba­mos en el plan­tel su­pe­rior, nos que­dá­ba­mos en los ter­ce­ros tiem­pos, pe­ro siem­pre con el Co­lo Fu­se­lli, por­que no ha­bía ni una so­la mu­jer.

16 ¿Y có­mo es Agus­tín Pi­chot pa­pá? Pre­gun­ta­le a Va­len. Lo úni­co que te voy a de­cir es que amo a mi hi­ja con to­da mi al­ma.

17 ¿A tu mu­jer le mo­les­ta tu ima­gen de sex-sym­bol? ¿Quién es sex-sym­bol? Co­mo di­jo el Tur­co Gar­cía: “Si yo no hu­bie­ra si­do ju­ga­dor...”. Da­le, ¿de qué sex-sym­bol me ha­blás?

18 ¿Por qué ha­blás tan po­co de tu fa­mi­lia y no la ex­po­nés pú­bli­ca­men­te? Por­que creo que es al­go muy per­so­nal.

19 ¿Ima­gi­nás có­mo hu­bie­ra si­do tu vi­da sin el rugby? Nun­ca lo pen­sé. Lo que sé es que el rugby es par­te im­por­tan­te de mi vi­da, pe­ro no la úni­ca.

20 A los 19 años, di­jis­te que “mi de­fec­to en la can­cha es mi ca­rác­ter”. ¿Hoy cuál es? Na­da cam­bia, to­do per­ma­ne­ce...

21 Fue­ra de la can­cha, ¿qué odias de vos? Ese mis­mo ca­rác­ter a ve­ces me ha­ce ha­cer o de­cir co­sas que tal vez no va­len la pe­na.

22 ¿Los que en al­gún mo­men­to te cri­ti­ca­ban por “fal­ta de or­den tác­ti­co” te­nían ra­zón o no en­ten­dían na­da de rugby? A las crí­ti­cas hay que acep­tar­las, pe­ro de las per­so­nas que las ha­cen pa­ra que uno me­jo­re. Hay al­gu­nos que de­cían eso y me ayu­da­ron a cre­cer, co­mo Ale­jan­dro y Ga­briel Tra­va­gli­ni, el Po­pe Mo­rel, Ca­cho Va­ro­ne y otras per­so­nas que me en­tre­na­ban o ju­ga­ban con­mi­go. El te­ma es es­cu­char a quie­nes te de­sean lo me­jor.

23 ¿Qué te di­jo Mar­ce­lo La­rru­bia que te fuis­te llo­ran­do de una prác­ti­ca a los 16 años? Me aga­rró en­fren­te de to­dos y me di­jo que era un mal­cria­do y que ha­bía de­ja­do al equi­po sin un ju­ga­dor por­que era un egoís­ta. Ahí no­más se me vi­no el mun­do aba­jo y me fui llo­ran­do. Ese día me di cuen­ta de lo im­por­tan­te que era pen­sar en el equi­po y, has­ta hoy, ca­da vez que me ha­bla Mar­ce­lo me sien­to a es­cu­char­lo por­que su­po en­ca­mi­nar­me co­mo lo hu­bie­ra he­cho mi vie­jo.

24 ¿Tu pri­me­ra frus­tra­ción en el rugby fue que­dar­te afue­ra del Mun­dial ju­ve­nil FI­RA 93? No lo to­mé co­mo una frus­tra­ción. En su mo­men­to me do­lió, pe­ro me ayu­dó a cre­cer co­mo ju­ga­dor. Son  co­sas que te mues­tran que to­do no era tan fá­cil.

25 En sep­tiem­bre del 96, cuan­do te ope­ra­ron de los li­ga­men­tos cru­za­dos y to­da­vía eras ama­teur, ¿no pen­sas­te en lar­gar y de­di­car­te a otra co­sa? No, nun­ca. Fue otra co­sa que me hi­zo es­for­zar pa­ra se­guir ju­gan­do y po­der vol­ver a la Pri­me­ra del club y a Los Pu­mas. Nun­ca pa­ré.

26 ¿Por qué no hay me­cá­ni­cos, ni al­ba­ñi­les, ni pin­to­res ju­gan­do en la Se­lec­ción de rugby? Por­que, por ahí, an­tes, el rugby era un de­por­te eli­tis­ta y mu­cha gen­te creía que era inac­ce­si­ble... pe­ro es­toy se­gu­ro de que ca­da vez hay más gen­te que jue­ga, y eso es lo que siem­pre qui­se.

27 El per­fil ti­po del rug­bier da­ría más con el hin­cha de Ri­ver que con el de Bo­ca. ¿Por qué sos bos­te­ro? No lo sé exac­ta­men­te, pe­ro un día fui a la Bom­bo­ne­ra y me que­dé du­ro.

28 ¿So­lías ir a la can­cha? Sí, me lle­va­ban a la can­cha dos ami­gos de mi vie­jo del CA­SI: el Fran­cés Me­re­lle y Emi­lio Re­vi­rie­go. Por­que mi pa­pá y Qui­que eran del Ro­jo, y yo no.  

29 ¿El rugby en­tor­pe­ció tus ha­bi­li­da­des fut­bo­le­ras? Sí, aho­ra le pe­go con la ca­ni­lla ca­si to­das las ve­ces que pa­teo... ¡Soy ma­lí­si­mo!

30 Del fút­bol te com­pa­ras­te con Pa­ler­mo y Gui­ller­mo Ba­rros Sche­lot­to, ¿qué te­nés de ca­da uno? Y… yo ju­ga­ba de de­lan­te­ro: me gus­ta­ban los go­les de Mar­tín y los hue­vos de Gui­ller­mo.

31 A los 22 años, el Rich­mond te fi­chó con uno de los diez me­jo­res con­tra­tos del mun­do. ¿Qué los des­lum­bró de vos? El mar­ke­ting que te­nía en la Ar­gen­ti­na... ja. No, en se­rio, me pa­re­ce que les gus­tó có­mo ha­bía ju­ga­do los par­ti­dos del 95, pre­vios al Mun­dial. En es­pe­cial un Pa­na­me­ri­ca­no que ju­ga­mos con Ar­gen­ti­na A, en Fe­rro. Ha­bía gen­te de In­gla­te­rra y, des­de en­ton­ces, em­pe­za­ron a se­guir­me. Me pa­re­ce que un po­co se la ju­ga­ron. Es más, unos me­ses des­pués de mi lle­ga­da no me re­cu­pe­ra­ba de un des­ga­rro y en­ci­ma me iba a ju­gar con Los Pu­mas ca­da vez que po­día. En­ton­ces el due­ño del club me aga­rró y me di­jo: “Agus­tín, que­re­mos que seas el me­jor, pe­ro te­nés que ju­gar”. Fue­ron seis me­ses du­ros de adap­ta­ción y, por suer­te, al fi­nal ter­mi­nó to­do bien.

32 Si los téc­ni­cos de Los Pu­mas fue­ran Pi­po Mén­dez y Ti­to Fer­nán­dez, ¿el me­dio scrum se­ría Ni­co­lás Fer­nán­dez Mi­ran­da? Muy bue­na pre­gun­ta. En un mo­men­to me preo­cu­pa­ba, por­que me po­día que­dar afue­ra del Mun­dial 99, ya que ellos eran los téc­ni­cos. Pe­ro hoy me da lo mis­mo.

 

Tito Fernández, uno que no elegiría a Pichot para su equipo.

Tito Fernández, uno que no elegiría a Pichot para su equipo.

 

33 ¿Es cier­to que nun­ca, pe­ro nun­ca, te em­bo­rra­chas­te? No, lo que yo di­je en rea­li­dad es que me ha­bía em­bo­rra­cha­do muy po­cas ve­ces; y sí, fue­ron muy po­cas, no más de cin­co.

34 ¿Una de esas cin­co ve­ces que te em­bo­rra­chas­te fue cuan­do di­jis­te que Ve­rón ha­bía si­do la fi­gu­ra del Mun­dial 2002? No, lo di­je por­que sien­to un gran apre­cio por Se­bas­tián y, más allá de lo que nos do­lió a to­dos ha­ber que­da­do afue­ra del Mun­dial, me pa­re­ció muy in­jus­to que le pe­ga­ran tan­to. Hay có­di­gos. Es más, aguan­to lo que di­je: Ve­rón fue la fi­gu­ra del Mun­dial de Ja­pón.

35 Al lle­gar al Rich­mond te pe­leas­te con Ben Clar­ke por­que le de­cías lo que te­nía que ha­cer y has­ta te ti­ró un par de ma­nos. ¿Ahí no pen­sas­te “me que­mé pa­ra to­da la vi­da”? En el mo­men­to pen­sé que me ma­ta­ba. Por suer­te es­ta­ba el Yan­qui Mar­tin... ¡que me de­fen­día! In­clu­so es­tu­ve un par de par­ti­dos sin ju­gar. Des­pués, hu­bo pro­ble­mas, aun­que con el tiem­po se so­lu­cio­na­ron.

36 Al mar­gen de tu ca­ris­ma, ¿có­mo to­man los in­gle­ses hin­chas del Bris­tol te­ner un ca­pi­tán ar­gen­ti­no? Es in­creí­ble, pe­ro siem­pre la gen­te se por­tó muy bien con­mi­go, tan­to en Rich­mond, cuan­do era ca­pi­tán, co­mo acá, en Bris­tol. Nun­ca na­die me in­sul­tó y ja­más me sen­tí dis­cri­mi­na­do.

37 ¿Có­mo te ves­tías cuan­do ibas a ver a Las Pe­lo­tas, Los Re­don­dos o a Vie­jas Lo­cas? Ja, pre­gun­ta­les a los que me veían sa­lir de ca­sa con mis ami­gos, con la re­me­ra ne­gra y ra­pa­do pa­ra ir a los re­ci­ta­les… pa­re­cía­mos skin­heads suel­tos, pe­ro éra­mos muy tran­qui­los.

38 Al mar­gen de tu épo­ca de “skin­head tru­cho”, ¿en el bo­li­che eras el clá­si­co rug­bier de ca­mi­sa ro­sa, jean y sué­ter Le­gacy que des­pa­rra­ma por to­da la pis­ta su con­di­ción de Pu­mi­ta o te­nías per­fil ba­jo? Ja, ja, no, nun­ca fui de ha­cer eso. Ade­más du­ran­te una bue­na épo­ca de mi vi­da fui disc­joc­key, así que, en el bo­li­che, la­bu­ra­ba.

39 ¿Qué te de­jó la po­si­bi­li­dad de vi­si­tar a los in­dios to­bas? Fue una ex­pe­rien­cia úni­ca, que aún hoy si­gue es­tan­do en pie.

40 Cuan­do en­tras­te en la can­cha del CA­SI con la ca­mi­se­ta del Bris­tol, en ju­lio de 2001, ¿no te que­ma­ron la ca­be­za to­dos los años que vi­vis­te es­cu­chan­do los pe­ca­dos del pro­fe­sio­na­lis­mo? No, pa­ra na­da. Siem­pre pen­sé un po­co dis­tin­to so­bre el rugby. A mí en­ten­der hay que sa­ber las co­sas bue­nas y las ma­las de ca­da mo­da­li­dad. El pro­ble­ma es que en la Ar­gen­ti­na to­dos nos cree­mos los due­ños de la ver­dad y, en vez de ha­blar e in­ter­cam­biar ideas, ata­ca­mos y cri­ti­ca­mos a los per­so­na­jes. Siem­pre, por una co­sa u otra, te cri­ti­can. Si sos pro­fe­sio­nal, por es­to; si sa­lís mu­cho en los dia­rios, por es­to otro... Yo tu­ve la suer­te de acos­tum­brar­me a eso des­de que em­pe­cé y es tam­bién por eso que de­ci­dí ir­me. Igual, des­pués te das cuen­ta de que aque­llos que ayer te cri­ti­ca­ban son los mis­mos que hoy te abra­zan, te dan un be­so y te adu­lan. Lo más gra­cio­so es que siem­pre sa­bés quié­nes son.

 

En el CASI, pero de visitante, con el Bristol. Lo criticaron.

En el CASI, pero de visitante, con el Bristol. Lo criticaron.

 

41 Si tu abue­lo ju­ga­ba en Obras, ¿por qué tu pa­pá se fue al CA­SI? Por­que en Obras no ha­bía di­vi­sio­nes in­fan­ti­les. Y mi abue­lo era muy ami­go de mu­cha gen­te del CA­SI, co­mo, por ejem­plo, de Co­co­cho Basch. En­ton­ces mi vie­jo y mi tío Ho­ra­cio se fue­ron al CA­SI.

42 Cuan­do fa­lle­ció tu vie­jo, en el 99, ¿el Mun­dial se con­vir­tió en una so­ga pa­ra aga­rrar­te fuer­te y no de­jar­te caer? El Mun­dial fue al­go muy im­por­tan­te. Pe­ro bas­tan­te du­ro sin mi vie­jo.

43 ¿Al­gu­na vez sen­tis­te que ya no po­días le­van­tar­te? Sí, des­pués del Mun­dial. Jus­to dos días des­pués de ter­mi­nar. Sen­tía que se me ve­nía el mun­do aba­jo. Pe­ro de nue­vo apa­re­ció el mo­tor de la fa­mi­lia y el sen­ti­mien­to de mis ami­gos y de to­da la gen­te que in­creí­ble­men­te me da­ba afec­to…

44 An­tes de Ga­les 99, le pro­me­tis­te a tu vie­jo que la ibas a rom­per y cum­plis­te. ¿Qué le pro­me­tis­te pa­ra el Mun­dial que vie­ne? Te lo cuen­to más ade­lan­te.

45 ¿El rugby es una ma­ne­ra de se­guir co­mu­ni­cán­do­te con él? El rugby fue, por ahí, la gran co­mu­ni­ca­ción que tu­ve con mi vie­jo. Dis­fru­tá­ba­mos de la mis­ma pa­sión. Hoy, que no es­tá, sien­to que en la can­cha sí lo ten­go con­mi­go.

46 ¿Por qué o por quién no ju­gas­te ni un mi­nu­to en el Mun­dial 95? Jaaaaa, qué di­fí­cil. ¿Por qué? Por in­ter­nas, po­lí­ti­ca, qué sé yo... Pe­ro, a la lar­ga, me hi­zo muy bien.

47 En el 99 su­pe­ra­ron las ex­pec­ta­ti­vas de la gen­te, que eran muy po­cas. En cam­bio, en es­te Mun­dial, se es­pe­ra más o al me­nos lo mis­mo. ¿Eso pre­sio­na o mo­ti­va? Las dos co­sas, pe­ro esa pre­sión es bue­na. El úni­co pro­ble­ma pue­de ser que nos su­ce­da lo que pa­só con la Se­lec­ción de fút­bol en el úl­ti­mo Mun­dial: que la pre­sión no se pue­da con­tro­lar y nos ter­mi­ne ma­tan­do.

48 Si la UAR no hu­bie­ra per­mi­ti­do que, tras ha­cer­te pro­fe­sio­nal, vol­vie­ras a Los Pu­mas, ¿ha­brías ju­ga­do pa­ra otro se­lec­cio­na­do? No.

49 Jo­sé Luis Im­hoff, ex en­tre­na­dor de Los Pu­mas, de­cía que vos ibas a 100 y el res­to de Los Pu­mas a 70. ¿Hoy a cuán­to via­jás vos y a cuán­to el res­to? Jo­sé Luis siem­pre de­cía co­sas que te de­ja­ban pen­san­do, y creo que eso lo di­jo por­que en un mo­men­to me tra­ta­ron de cri­ti­car los per­so­na­jes de siem­pre, esos que siem­pre es­tán. Y el pe­la­do me qui­so de­fen­der. Es un gran­de. Pe­ro, en cuan­to a las ve­lo­ci­da­des, pien­so que nun­ca fue así.

50 ¿Aún co­la­bo­rás con al­gu­na pa­rro­quia? No me gus­ta mu­cho de­cir cier­tas co­sas que ha­go por­que lo pue­den ma­lin­ter­pre­tar.

51 Una vez le di­jis­te a El Grá­fi­co: “Es­toy can­sa­do de ser buen per­de­dor”. ¿Qué tie­ne que pa­sar en el Mun­dial pa­ra que sien­tas que vol­vés ga­na­dor? Ten­dría que vol­ver a sen­tir que ju­ga­mos bien.

52 ¿De ver­dad te gus­ta leer a Nietzs­che? Me gus­ta leer de to­do. No mi­ro mu­cho la te­le­vi­sión. En­ton­ces veo pe­lí­cu­las y leo des­de Nietz­che has­ta re­vis­tas de Isi­do­ro.

53 “Soy cons­cien­te de que el rugby no me da­rá de co­mer.” (Agus­tín Pi­chot, 1994). ¿Tan le­jos veías to­do es­to? Sí. No ima­gi­na­ba que exis­tía o que iba a exis­tir es­te rugby. Me equi­vo­qué otra vez.

54 En In­gla­te­rra te pu­sie­ron “Di­mi­nu­ti­ve” por ser el más chi­qui­to de la Li­ga. ¿Hu­bo al­guien que te ha­ya su­bes­ti­ma­do y que des­pués se ha­ya mor­di­do la len­gua? Ja... no sé. Nun­ca me im­por­tó que me di­je­ran que era chi­qui­to por­que, des­de que em­pe­cé el co­le­gio, siem­pre es­tu­ve en­tre los pri­me­ros de la fi­la. Y uno se acos­tum­bra.

55 ¿Los in­gle­ses sa­ben que exis­ten el CA­SI y el SIC? No tie­nen ni idea del rugby lo­cal ar­gen­ti­no.

56 ¿Cuál es la re­la­ción de tu fa­mi­lia con Sal­va­dor Da­lí? Sé que por el la­do de los Pi­chot hu­bo una re­la­ción muy cer­ca­na, pe­ro no la co­noz­co bien. Le ten­dría que pre­gun­tar a mi abue­la.

57 En el 2000, te ci­ta­ron a los Bar­ba­rians con Jo­nah Lo­mu, Zin­zan Broo­ke, Ch­ris­tian Cu­llen, Tim Ho­ran, Joost Van der West­hui­zen, Rap­hael Iba­ñez, Law­ren­ce Da­lla­glio… ¿Ahí sen­tis­te “lle­gué”? Nun­ca sen­tí que ha­bía lle­ga­do. Pe­ro fue un ho­nor in­creí­ble ju­gar con esos ju­ga­do­res. De he­cho, la pri­me­ra vez que ju­gué un test-match pa­ra los Bar­ba­rians, con­tra Es­co­cia, en el 96, me ca­ye­ron va­rias lá­gri­mas cuan­do me pu­se la ca­mi­se­ta.

58 ¿Es­pe­ra­bas es­ta nue­va con­vo­ca­to­ria a los Bar­ba­rians? No, no pen­sa­ba que iba a es­tar se­lec­cio­na­do. Pe­ro la ver­dad que es un pla­cer. Ju­gar con­tra In­gla­te­rra y, en­ci­ma, con ti­pos co­mo Ta­ti Phe­lan o Fe­li Con­te­po­mi es un ho­nor. Oja­lá in­vi­ten a un par de ar­gen­ti­nos más.

 

En Ferro, de local, con Los Pumas, en un test ante Francia.

En Ferro, de local, con Los Pumas, en un test ante Francia.

 

59 Tu her­ma­na hoy es­tá ca­sa­da con Juan Sa­ba­té, un ex com­pa­ñe­ro tu­yo del CA­SI. ¿Có­mo fue el día que te di­jo: “Che, es­tu­ve con tu her­ma­na”? Es tan buen pi­be que me pa­re­ció bár­ba­ro. Uno siem­pre quie­re que las per­so­nas de su fa­mi­lia es­tén con gen­te de pri­me­ra. Y Juan es de pri­me­ra.

60 ¿Has­ta que te fuis­te a ju­gar a Eu­ro­pa eras un ne­ne de ma­má? ¡Sí! Era muy mal­cria­do. Mi vie­ja ha­cía to­do pa­ra no­so­tros, sus hi­jos. Y hoy, aun­que es­té le­jos, ca­da vez que voy a la Ar­gen­ti­na es co­mo cuan­do te­nía 17 años.

61 ¿No te sen­tis­te cul­pa­ble el día que tu her­ma­no Qui­que se ba­jó de Pri­me­ra pa­ra que vos em­pe­za­ras a ju­gar? Fue uno de los mo­men­tos más lin­dos que me to­có vi­vir co­mo her­ma­no. Por eso siem­pre di­go que a Qui­que le de­bo to­do. Fue el ejem­plo que siem­pre se­guí, por­que la rom­pía ju­gan­do al rugby y por­que yo, co­mo her­ma­no me­nor, lo ido­la­tra­ba. De he­cho, en ge­ne­ral, mi fa­mi­lia es la cau­san­te de que a mí me ha­ya ido bien. Por­que en los mo­men­tos más di­fí­ci­les, fue la que me con­tu­vo y la que me ayu­dó a se­guir bus­can­do una me­jo­ra.

62 ¿Qué le pre­gun­ta­rías a Ni­co Fer­nán­dez Mi­ran­da si tu­vie­ras que en­tre­vis­tar­lo pa­ra Su­per XV, tu pro­gra­ma de Fox Sports? Le pre­gun­ta­ría so­bre mu­chas co­sas. Por ejem­plo, acer­ca del cam­peo­na­to de la Ar­gen­ti­na, o de su ex­pe­rien­cia por Na­tal, o de su vi­da con sus hi­jos...

63 ¿Có­mo es tu re­la­ción con él? Muy bue­na.

64 ¿Có­mo reac­cio­na­rías si ma­ña­na te to­ca­ra ser su­plen­te de Ni­co­lás? De la mis­ma for­ma que él reac­cio­nó cuan­do me to­có ju­gar a mí: muy co­rrec­to.

65 ¿Irías al Mun­dial co­mo su­plen­te? No ten­dría pro­ble­mas.

66 ¿En tus co­mien­zos co­pias­te co­sas del me­dio scrum su­da­fri­ca­no Di­van Ser­fon­tein? Me gus­ta­ba mu­cho có­mo ju­ga­ba, pe­ro cuan­do lo veía era muy chi­co pa­ra en­ten­der y po­der co­piar.

67 ¿Quién es el me­jor me­dio scrum que vis­te? Mi her­ma­no En­ri­que. Te­nía una mez­cla im­pre­sio­nan­te de in­tui­ción y en­ten­di­mien­to tác­ti­co; al­go que muy po­cos tie­nen. Era un crack.

68 ¿Por qué no se jue­ga al rugby en las pla­zas de Bue­nos Ai­res? Por­que es un po­co com­pli­ca­do téc­ni­ca­men­te y por­que los lu­ga­res pa­ra po­der ju­gar­lo tie­nen que es­tar bien, si no te rom­pés to­do. Es cier­to que se po­dría ju­gar a la to­ca­ta, pe­ro de to­dos mo­dos el rugby no es tan po­pu­lar co­mo pa­ra lle­gar a la pla­za o al po­tre­ro.

69 Fuis­te ta­pa de El Grá­fi­co jun­to a Ma­ra­do­na, ¿no te acor­dás, no…? ...Mo­men­to úni­co.

70 Cuan­do Die­go di­jo “si fue­ra ju­ga­dor de rugby se­ría Pi­chot”, ¿qué pen­sas­te? Me lla­mó Ma­tías Al­dao y me lo con­tó. No lo po­día creer. Nos co­no­cía­mos con Die­go, pe­ro no tan­to co­mo pa­ra que di­je­ra eso. Ade­más me ban­có en las bue­nas y tam­bién en las ma­las, co­mo cuan­do me amo­nes­ta­ron con­tra Nue­va Ze­lan­da. Hay có­di­gos...

71 Aun­que de­cís que no sos che­to re­co­no­cés que te po­ne de buen hu­mor es­tar bien ves­ti­do. ¿Cuán­ta pla­ta gas­tás men­sual­men­te en ro­pa? Y… me gus­ta, pe­ro no sé si aho­ra gas­to tan­to en ro­pa... an­tes era peor. Aho­ra, más que na­da, le sal­go a com­prar a Va­len­ti­na.

72 ¿Al­gu­na vez dis­te mal un pa­se pa­ra per­ju­di­car a un aper­tu­ra? Sí, al Co­lo Fu­se­lli. Una vez no lo aguan­té más por­que no pa­ra­ba de reír­se aden­tro de la can­cha. Así que me har­té y, re­ca­lien­te, se la ti­ré a los pies. Des­pués nos reí­mos los dos jun­tos en la can­cha y na­die en­ten­día na­da.

Una pose clásica de uno de los mejores jugadores de la historia del rugby argentino.

Una pose clásica de uno de los mejores jugadores de la historia del rugby argentino.

73 ¿Por cuán­ta pla­ta ju­ga­rías en el SIC? El rugby en la Ar­gen­ti­na es ama­teur.

74 Cuan­do es­ta­bas por arran­car en el Bris­tol te jun­tas­te a ce­nar con Hu­go Por­ta pa­ra “com­par­tir ese mo­men­to es­pe­cial”. ¿Se­guís ha­blan­do con él o se dis­tan­cia­ron por al­go en par­ti­cu­lar? Cuan­do vie­ne a Lon­dres me lla­ma. Ade­más, la­bu­ra con un ti­po de pri­me­ra, co­mo Ga­briel Tra­va­gli­ni. En­ton­ces es­ta­mos siem­pre en con­tac­to.

75 ¿Qué le fal­ta a Bris­tol pa­ra pe­lear el cam­peo­na­to? Que los ju­ga­do­res que re­pre­sen­tan a sus paí­ses no se va­yan a ju­gar pa­ra In­gla­te­rra, Es­co­cia, Ar­gen­ti­na, Ir­lan­da, Ga­les, etc. Nos ma­ta cuan­do hay par­ti­dos in­ter­na­cio­na­les, por­que el equi­po sien­te mu­cho esas au­sen­cias. Ade­más, el te­ma es que so­mos ocho ju­ga­do­res ti­tu­la­res los que es­ta­mos afec­ta­dos a esa cla­se de com­pro­mi­sos.

76 A Joa­quín, tu her­ma­no me­nor, ¿te lo vas a lle­var a ju­gar afue­ra? Oja­lá pue­da traer­lo pa­ra In­gla­te­rra. Le ven­dría muy bien una ex­pe­rien­cia en Eu­ro­pa. La vi­da acá te cam­bia mu­chas co­sas y, so­bre to­do, te ha­ce va­lo­rar lo que te­nés le­jos.

77 Un en­tre­na­dor. To­dos te de­jan al­go es­pe­cial, se­ría in­jus­to nom­brar a uno so­lo, pe­ro si ten­go que op­tar por uno: En­ri­que Al­ber­to Pi­chot, mi vie­jo. Me en­tre­nó va­rios años y la pa­sa­mos bár­ba­ro.

78 Por cues­tio­nes ge­né­ti­cas o lo que fue­re, ¿es po­si­ble que al­gún día la Ar­gen­ti­na es­té a la par de Nue­va Ze­lan­da? Im­po­si­ble, al me­nos por un tiem­po lar­go. Nue­va Ze­lan­da sien­te el rugby co­mo la Ar­gen­ti­na el fút­bol.

79 Lle­vas­te la cin­ta en dos equi­pos de In­gla­te­rra, pe­ro no te la dan en la Se­lec­ción. Con una ma­no en el co­ra­zón, ¿te due­le no ser ca­pi­tán de Los Pu­mas? No, pa­ra na­da. Me pa­re­ce que Li­san­dro Ar­bi­zu tie­ne que ser el ca­pi­tán de Los Pu­mas.

80 ¿Por qué nun­ca tu­vis­te ído­los? Es que ído­lo es una pa­la­bra un po­co fuer­te. Sí, tu­ve per­so­nas a las que ad­mi­ré: El 10, en el fút­bol; y mu­chos ju­ga­do­res del CA­SI de los 80, co­mo Pe­ri­ca Cou­rre­ges, Po­pe Mo­rel, Ga­briel Tra­va­gli­ni, Cha­pa Bran­ca, Jor­ge Allen, Pa­blo De­vo­to, Pi­po La­rru­bia, en el rugby; pe­ro ído­los, ído­los, no tu­ve.

81 ¿Es cier­to que, en una char­la de ves­tua­rio con el Bris­tol, les con­fe­sas­te a tus com­pa­ñe­ros que los ibas a ex­tra­ñar e hi­cis­te emo­cio­nar has­ta las lá­gri­mas a uno de los gor­dos? Sí, fue en un mo­men­to que ve­nía­mos muy bien. Iba­mos cuar­tos o quin­tos y es­tá­ba­mos pa­ra cla­si­fi­car a los play off. Aca­bá­ba­mos de ga­nar un par­ti­do du­rí­si­mo con­tra WASPS y, con Fe­li­pe, nos te­nía­mos que ir a ju­gar con la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na por un mes. Ahí me sa­lió de co­ra­zón des­pués del par­ti­do de­cir­les que los iba a ex­tra­ñar. Y uno de los pi­la­res la­gri­meó y me dio un abra­zo... un gran­de.

82 ¿Es­tan­do le­jos se acre­cien­tan to­das las pe­nu­rias? Lo di­go por los tres días que te du­ró el due­lo de tu lo­ro, Uli­ses… Uli­ses... fue tre­men­do. ¡Lo que que­ría­mos a ese lo­ro!... un gran­de.

83 En el 95 ga­nas­te el Olim­pia, pe­ro di­jis­te que lo me­re­cía Fu­se­lli. ¿En el 99 lo me­re­cías vos? En el 99, lo me­re­cía Gon­za Que­sa­da, por ha­ber si­do el go­lea­dor del Mun­dial.

84 ¿Gon­za­lo Que­sa­da es el me­jor pa­tea­dor del mun­do? Sí, de­be ser el me­jor jun­to con el in­glés Jonny Wil­kin­son.

 

Con Quesada no son amigos, pero se respetan.

Con Quesada no son amigos, pero se respetan.

 

85 ¿Fe­li­pe Con­te­po­mi es tu me­dia na­ran­ja? Ha­ce cua­tro años que jue­go con Fe­li, y es un pla­cer. En­con­tré en él un ami­go co­mo po­cos, con mis có­di­gos. Y en los mo­men­tos di­fí­ci­les es bue­no te­ner una per­so­na que me en­tien­da. Des­pués, en cuan­to al jue­go, des­de que lle­gó siem­pre le tu­ve mu­cha fe. Sa­bía que te­nía más co­sas pa­ra dar y que só­lo ha­bía mos­tra­do una par­te. En la Ar­gen­ti­na, no hay mu­chos ju­ga­do­res con in­tui­ción y él la te­nía. Lue­go, en ata­que y en de­fen­sa, evo­lu­cio­nó mu­cho. Y hoy es uno de los aper­tu­ras más com­ple­tos.

86 Con Fe­li­pe Con­te­po­mi te lle­vás bár­ba­ro, es­tá cla­ro. ¿Tam­bién sos ami­go de Que­sa­da? Con Gon­za te­ne­mos la me­jor, aun­que siem­pre hay gen­te que di­ce co­sas y opi­na so­bre la re­la­ción o el jue­go de los dos... y no es que me mo­les­te, pe­ro abu­rre. Más aún mas cuan­do no hay na­da que bus­car.

87 ¿Ju­gar el Su­per 12 es el es­ca­lón que les fal­ta a Los Pu­mas pa­ra afir­mar­se en el pe­lo­tón de las se­gun­das po­ten­cias? No sé si el Su­per 12, pe­ro sí al­gu­na com­pe­ten­cia re­gu­lar, que per­mi­ta te­ner ma­yor nú­me­ro de par­ti­dos. Por­que ju­gar só­lo tres o cua­tro ve­ces por año no es lo ideal.

88 An­tes del 99, de­cías que Los Pu­mas te­nían mie­do de sí mis­mos. ¿Hoy de qué tie­nen mie­do? El equi­po tie­ne que sa­car­se el mie­do de cre­cer. Te­ne­mos mie­do de pro­bar co­sas que, qui­zás, nos suel­ten más. Es­to se da por­que ju­ga­mos po­cos par­ti­dos du­ran­te el año, y muy com­pli­ca­dos. En­ton­ces nun­ca hay tiem­po de en­tre­nar so­bre los erro­res pa­ra me­jo­rar o plan­tear al­go nue­vo. Y eso  nos sa­ca con­fian­za.

89 ¿Por qué te mo­les­ta­ba que las chi­cas te ha­bla­ran de rugby? No era que me mo­les­ta­ba que las chi­cas me ha­bla­ran de rugby, pe­ro ha­blo de rugby 5 días y me­dio de ca­da 7. Ima­gi­na­te que si cuan­do es­toy tran­qui­lo me ha­blás de rugby...

90 ¿Por qué siem­pre las me­dias ba­jas? Una cá­ba­la más.

91 ¿Te abu­rris­te de las “de­rro­tas dig­nas” de los Pu­mas? Odio per­der, ju­gan­do bien, mal, o co­mo sea. Sim­ple­men­te me cae muy mal y, en­ci­ma, sé que no me lo pue­do sa­car de la ca­be­za por mu­cho tiem­po. En­ton­ces, más bron­ca me da.

92 ¿Cuál es fa­vo­ri­to en Los Pu­mas-Ir­lan­da, hoy? Se­gu­ra­men­te Ir­lan­da. De­je­mos que sean fa­vo­ri­tos. No­so­tros te­ne­mos mu­cho pa­ra en­tre­nar.

93 ¿Te du­ra la bron­ca por­que no se los ha­ya con­si­de­ra­do quin­tos pa­ra ar­mar los gru­pos del Mun­dial? Sí, fue una in­jus­ti­cia po­lí­ti­ca. Ver­gon­zo­so. No va­le la pe­na ni de­cir­lo, fue un ma­ma­rra­cho.

94 En al­gu­nos me­dios cri­ti­ca­ron la idea de po­ner­se ro­pa mi­li­tar en es­te mo­men­to, ¿có­mo to­mas­te esas crí­ti­cas? No te­nían na­da que ver. No fui­mos a en­tre­nar­nos pa­ra ir a Irak; sim­ple­men­te fui­mos a ha­cer un en­tre­na­mien­to dis­tin­to. No creo que ha­ya­mos ofen­di­do a na­die.

95 ¿Có­mo to­man tus com­pa­ñe­ros que seas siem­pre el cen­tro de los re­co­no­ci­mien­tos? Creo que bien, co­mo me lo to­ma­ba yo cuan­do Cues­ta Sil­va era una de las ca­ras vi­si­bles jun­to a Mar­tín Te­rán u otros ju­ga­do­res. Ma­ña­na ha­brá otro y así se­gui­rá sien­do.

96 ¿Y vos te ban­cás que ellos te usen de “car­na­da”, ha­cién­do­te sa­lir pri­me­ro del ho­tel pa­ra apro­ve­char y es­ca­par­se mien­tras to­dos se amon­to­nan a tu al­re­de­dor? Sí. Nun­ca me mo­les­tó. Aun­que me pa­re­ce que to­dos tra­ta­mos de fir­mar­le au­tó­gra­fos a la gen­te.

97 ¿Qué vas a ha­cer des­pués de re­ti­rar­te? Sin­ce­ra­men­te, nun­ca lo pen­sé. Cual­quier co­sa. Me gus­ta la po­lí­ti­ca so­cial. Tal vez ha­ga al­go que ten­ga que ver con eso.

98 ¿Hu­bo una pe­lea fea en­tre va­rios de us­te­des des­pués del úl­ti­mo test con­tra Aus­tra­lia, en Ri­ver? Co­mo te di­je an­tes, mu­chas per­so­nas que no tie­nen ni idea del equi­po opi­nan y ha­blan co­mo si nos co­no­cie­ran a to­dos de me­mo­ria. Y di­cen: “Yo soy ami­go de és­te y me di­jo que se ma­ta­ron en el ves­tua­rio...”. Siem­pre apa­re­ce al­gún ru­mor o al­gu­na es­tu­pi­dez que se in­ven­ta pa­ra ge­ne­rar con­flic­to. Pe­ro ese día no pa­só na­da. Es más, es­ta­ban An­drés D’A­les­san­dro y el Bi­chi Fuer­tes en el ves­tua­rio... Pre­gun­ta­les a ellos.

99 ¿Al­gu­na vez te ne­gas­te a dar un au­tó­gra­fo? Creo que nun­ca, por­que me pa­re­ce in­jus­to no dar­le un au­tó­gra­fo a al­guien que te lo pi­de. No cues­ta na­da to­mar­te un tiem­po pa­ra la per­so­na que, en de­fi­ni­ti­va, te es­tá brin­dan­do afec­to.

100 Co­pa del Mun­do 2003… Su­pe­ran la pri­me­ra rue­da, lle­gan a cuar­tos y pier­den ahí, otra vez. ¿Fir­más? No fir­mo na­da.

 

 

Por Ignacio Levy (2003).

Foto: Estudio Sorter y Archivo El Gráfico.

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Es el personaje más carismático del básquet argentino. Garantía de espectáculo, dueño de una historia fascinante y el referente de una generación.

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Silvio Carrario jugó en innumerable cantidad de equipos, dice que volvería a todos, cuenta sus pasos por los grandes como Boca y Racing y también por el resto de los clubes.

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