Las Entrevistas de El Gráfico

1981. Pierna fuerte y cabeza dura

Por Redacción EG · 29 de julio de 2019

El Vasco Olarticoechea consiguió en Racing todo lo que se propuso, pero iba por más, quería ganar un título en la Academia y también empezaba a sonar en la Selección. Años más tarde sería Campeón del Mundo.

Imaginemos a Héctor Olarticoechea. Claro, en el pueblo le decían Vasco. Por esa costumbre que tenemos los argentinos de meter un apodo según suene el apellido. Héctor lo aceptaba, aunque el mérito migratorio era de su abuelo. Sigamos imaginando. Allá por 1946, todo el pueblo —Saladillo, provincia de Buenos Aires, 180 km al sudoeste de la Capital Federal— era hincha de San Lorenzo. Porque junto a Oscar Basso, René Pontoni y "Mamucho" Martino jugaba José Vanzini, un muchacho de Saladillo. Los domingos la gente se prendía a la radio para escuchar cómo Fioravanti decía "rechaza Vanzini... gran partido de Vanzini en la zaga de San Lorenzo". Era el orgullo: por primera vez un saladillense se codeaba con los grandes del fútbol. ¿Y Héctor? El Vasco aprendió un oficio: sastre. Y lo fue toda la vida (ahora está jubilado). Pasaron los años. Vanzini dejó el fútbol, y los domingos de Saladillo —por mucho tiempo— volvieron a la normalidad, a la simpatía individual: Boca, River, Racing, San Lorenzo. Héctor se casó con Rosa, formaron un hogar humilde, y tuvieron tres hijos varones. El último nació el 18 de octubre de 1958. Se llama JULIO JORGE OLARTICOECHEA.

 

Julio Olarticoechea y el Cilindro de fondo.

Julio Olarticoechea y el Cilindro de fondo.

 

—Papá me abraza fuerte el día que me vine para Buenos Aires. Mamá también, pero lloraba, no quería que me fuese. Qué grandes mis viejos, humildes, pero nunca nos faltó la comida, o un remedio. Yo jugaba en Argentino de Saladillo, y soñaba con el fútbol de Buenos Aires. La oportunidad se dio a través de un hermano de papá, Ricardo, fana y socio vitalicio de Racing. Me vine en 1974, y desde entonces vivo con mis tíos, en Wilde. Haceme el favor, ponelo: Ricardo e Iris son dos fenómenos. Ellos me dieron su casa, el calor de un hogar. Debe ser muy difícil venir de afuera y tener que vivir en una pensión o en la concentración del club. Lo sé porque vi a otros pibes que sufrían. Yo tuve suerte: mis tíos se portaron como mis viejos.

—¿De qué jugabas en Saladillo?

—Era diez. Llegue a Racing con edad de séptima. Pero por un error me probaron con los de octava. Anduve bien, hice dos goles y me ficharon. Ahí se avivaron. Me dejaron en la séptima como suplente. Para todo el mundo era delantero. Un día salía con el siete, otro con el nueve. Y lo más raro: al año me llamaron de la quinta porque les faltaba un cinco. Salimos campeones. De quinta salté a tercera, y ese mismo año (1976) debuté en primera ¿Querés que te diga una cosa? Todavía no entiendo muy bien la carrera que hice. Por ahí es mi espíritu de sacrificio. Nunca falté a un entrenamiento. Y los días que no entrenaba me iba a correr por mi cuenta al Parque de Villa Domínico. Debe ser por eso: a veces los técnicos de las inferiores prefieren al laburador y no al que sabe más pero es medio vago.

Fiesta patria. 25 de Mayo 1 de 1976. Fiesta en Saladillo. El acto en la plaza, el desfile escolar. Papá Héctor y mamá Rosa estaban ahí, cantando el himno. Pero se los veía muy nerviosos. Pocos sabían el secreto: esa tarde Julio Jorge iba a debutar en la primera.

El Vasco surgió de Racing, donde tuvo un primer paso entre 1976 y 1981. Luego fue transferido a River.

El Vasco surgió de Racing, donde tuvo un primer paso entre 1976 y 1981. Luego fue transferido a River.

—Bueno, tenemos que hablar de estos años en Racing...

—¡Uy!... No sé si me voy a acordar de todo: es una historia espesa...

—Vos tirame cosas, yo anoto.

—El técnico que me puso en primera fue Roberto Iturrieta. Yo tenía unos nervios infernales. Jugabámos contra Chacarita. Me dio tantas instrucciones que al final no entendí ninguna. Recuerdo que me dijo: "Usted sale con el cinco, lo quiero como tapón, pero también mándese como un delantero". Debo haber jugado horrible, porque en los vestuarios, después del partido, me retó mucho. Ese fue mi debut. Lo importante es que quedé en el plantel de primera. Apreté los dientes y seguí trabajando fuerte. Si habla logrado entrar a Racing y escalar hasta tercera, que fueron los dos primeros objetivos que me fijé, ¿por qué no podía jugar en la primera? Mi bisabuelo era vasco y seguramente algo heredé: soy cabeza dura.

—¿Quién te puso de cuatro?

—Basile, en el Metro del '77: dijo que me veía condiciones. A mí al principio no me gustó porque por los laterales se entra poco en contacto con la pelota. Pero no fue definitivo. Después de lturrieta vino Dellacha. Se fue. Entró el Coco. A los seis meses asumió Cacho Giménez. En el Metro del '78 estuvo Víctor Rodríguez. En el Nacional, Urriolabeitía. Después Sivori, Cavagnaro. Lorenzo, otra vez Víctor Rodríguez. Jugué de cuatro, de cinco, de ocho...

—Pará: ¿qué opinás de ese desfile de técnicos?

—Y, es la locura. Es como River en esos 18 años que no salió campeón. La gente exige, no aguanta dos derrotas..., entonces todo el mundo pierde la cabeza: técnicos, jugadores y dirigentes.

—¿Por qué fracasan Lorenzo y Víctor Rodríguez?

—Creo que Lorenzo sabe. Pero no supo conducir el grupo. Todos los días habla una reunión para desmentir o aclarar algo. Yo no sé si le inventaban declaraciones o si Lorenzo las hacía y después se arrepentía. Lo cierto es que un plantel no puede vivir arreglando esos asuntos. Así le fue. Lo de Víctor es distinto. Es muy buena persona, tendió la mano y muchos agarraron mano y codo. Son los vivos de siempre. Además habla 40 profesionales. Y no todos entendían la sana competencia: algunos querían hacer méritos hablando mal de los compañeros. Yo creo que Víctor, este año, iba a rajar a muchos. No le dieron oportunidad.

Con un look propio de la época. Olarticoechea jugó en Racing, River, Boca, tres grandes del fútbol argentino.

Con un look propio de la época. Olarticoechea jugó en Racing, River, Boca, tres grandes del fútbol argentino.

—¿Qué significa Pastoriza en 1981?

—Te la hago cortita porque no me gusta quedar bien con el técnico. Me parece que va de frente. Habla poco, lo justo. Es capaz de hacer un chiste. Pero también me doy cuenta que no va a perdonar agachadas. Lo importante es que estamos identificados con su manera de ser y actuar.

—Me imagino que lo debés saber: se menciona tu apellido para la Selección.

—Y qué te parece. Yo no quiero hacerme muchas ilusiones. Primero que me nombren, después me mato para ganarme el puesto.

—¿Qué opinás de Olguín?

—Es un desastre (risas)... Mira si te digo eso, se arma lío, ¿no? Ahora en serio: lo respeto mucho. Es un campeón del mundo, y no del banco de suplentes, sino como titular. Menotti lo siguió convocando. ¿Qué se puede agregar? Nada. ¿Quién es Olarticoechea para cuestionar semejantes pergaminos?

 

La pirueta del Vasco con la camiseta de Racing.

La pirueta del Vasco con la camiseta de Racing.

 

—Vasco, definite como jugador...

—Creo que soy un cuatro de esos que meten fuerte. Pero a los 22 años no me olvido que fui delantero y volante, y por eso no soy torpe con la pelota. Y tengo dos ambiciones: salir campeón con Racing y con Argentina en España.

Pasaron veinticinco años. Los domingos de Saladillo volvieron a identificarse con unos colores. Olarticoechea sucedió a Vanzini (no hubo nadie entre ellos). Racing a San Lorenzo. Primero está el orgullo del pueblo (perdón, ciudad), después las simpatías individuales. Papá Héctor y mamá Rosa pasean felices por la plaza, tomados del brazo. Se cruzan con los vecinos. "¿Vio, Vasco, lo que dijo Muñoz del Julito? Parece que lo llevan a la Selección..."

El Vasco saca pecho. Doña Rosa esconde una lágrima.

 

 

Por NATALIO GORIN

Fotos: NORBERTO MOSTEIRIN.

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