Las Entrevistas de El Gráfico

1934. Victorio Spinetto: Polvorín

Por Redacción EG · 19 de julio de 2019

Borocotó y una entrevista a Victorio Spinetto, una gloria de Vélez Sarsfield de los comienzos del profesionalismo. La vida de uno de los defensores goleadores de la historia de nuestro fútbol.

El día que lo conocí fuera de los fields  me quedé pestañeando. Con su aspecto de niño bien, su tono de voz persuasivo, sus modales finos, era tan marcada la diferencia con el jugador que la perplejidad iba en aumento así que Spinetto hablaba. Procuré advertir en él si su actitud era forzada por la circunstancia de encontrarse frente a un cronista a quien venía a agradecerle un elogio dispensado en esta revista. Hurgando hallé que todo era natural en él; y una confirmación de ello la obtuve en otra oportunidad en que, amablemente, se quejaba de una censura que, como el elogio, también había merecido. No cambió su tono de voz ni en uno ni en otro caso. Más tarde, un compañero suyo aportó nuevos antecedentes: "Como capitán, es terrible; como muchacho, una maravilla".

He aquí la dualidad existente en la persona de Victorio Luis Spinetto. Llega a la cancha con su porte elegante, su vestir impecable; saluda con amabilidad a sus compañeros, hace chistes' con ellos y ya en la cancha comienza a los gritos: "¡Movete! ¡Pasala allá!... Che: ¿para quién jugás? ¿Para el cuadro o para vos? ..." Y vuelto a la casilla mira a los muchachos con unos ojos de carnero degollado que pretenden pedir disculpas.

En una partida de damas le gana Maggiolo, el crack de la lechería "La Chinche" y que no quería posar de perfil porque la nariz le iba a salir muy grande, es decir, de tamaño natural; pero si se trata de las otras damas… le gana fácil Spinetto.

En una partida de damas le gana Maggiolo, el crack de la lechería "La Chinche" y que no quería posar de perfil porque la nariz le iba a salir muy grande, es decir, de tamaño natural; pero si se trata de las otras damas… le gana fácil Spinetto.

 

—¿Por qué me gritaste? ¿No viste que estaba cerrado y no podía pasarla? Spinetto mira, insinúa una sonrisa cautivadora y murmura con voz musical:

—Qué le vas a hacer... Perdoname... Me contaron que la otra noche, durante la concentración, soñó con que capitaneaba él team que irá a Lima, y gritaba:

—Fuerza... Dale hacha... No te achiqués... Aquí mando yo... O me hacen caso o los echo a todos... Iván Mayo se despertó. Le tomó el pulso. Estaba acelerado. Llamó a Cosso... y lo destaparon. Qué pasa? — preguntó Spinetto al despertarse sobresaltado.

—Nada: ... que aquí en Lima hace mucho calor...

 

DE NIÑO

Nació el 3 de junio de 1911. Su padre es de origen italiano y su madre de ascendencia francesa. Tiene dos hermanitos memores. Uno, muy estudioso; otro, futuro crack.

—¿Qué te gustaría que fueran?

—Lo que el destino quiera. En mi casa desearon que yo fuera otra cosa; yo mismo anhelé llegar a ingeniero. Mi pasión han sido siempre los números. Nada de eso se hizo. Cuajé en futboler.

—¿Estás arrepentido?

—En absoluto. El fútbol constituyó una de mis pasiones. Recuerdo que siendo niño mi madre solía mandarme a pasar temporadas a casa de una tía muy buena que vi-vía por las Barrancas de Belgrano. Allí me vestían con todo esmero, me acicalaban bien y me enviaban a jugar a los jardines con otros niños. Yo miraba a los pobres que se batían en el potrero... y la vocación me arrastraba al baldío. No podía concretarme a esos juegos más finos. Precisaba la lucha intensa, el fútbol, y allá iba con perjuicio para todo aquel esmero de mi buena tía.

—¿Querías ser centre half ?

—Sí. Elegí ese puesto por apasionado, porque es en el que más hay que moverse; en el que se juega más o se juega menos, según la actuación de uno, pero en el que se emplea el mayor dinamismo. De pibe he soñado con partidos en los que yo crecía en el centro de la cancha y empujaba a todo el equipo contrario contra el arco. Lástima que mis mejores matches fueron soñados...

 

LOS COMIENZOS

Vivía en Bernal. Por eso, su primera actuación oficial fue en la 4° de Honor y Patria. Después, la familia se mudó a La Paternal. Spinetto concurrió de inmediato a la cancha del club del barrio y allí conocieron sus condiciones. Tenía 15 años y a esa edad lo incluyeron en el equipo que actuaba en intermedia, Allí comenzó a ser como la pólvora: inofensiva hasta el momento de encenderse. Con traje de particular, es el niño bien, el de las Barrancas de Belgrano; con los ñatos y los pantalones cortos, es otro tipo. Entraba a la cancha y le decía a los adversarios:

—Hoy me dejan la pelota aquí. — Y señalaba el lugar en que se hallaba. Pero no era el caso de sentirse malo en casa. Fuera, también tenía esos gestos que rayaban en la inconsciencia. En 1929, jugando un match en Caseros, comenzó a tirar la guadaña. Poco a poco el ambiente íbase tornando más hostil. El cielo amenazaba gresca. San Quintín decía: "Se va a armar". Mientras los nubarrones se amontonaban, Polvorín seguía haciendo estallar las canillas adversarias.

—Che, Alemán, yo tengo mujer e hijo... — le expresó el back Fourcade al propio tiempo que abandonaba la cancha.

—Vení; no tengás miedo que los rompo a todos — decía Spinetto, a quien en La Paternal le llamaban el Alemán.

De pronto el referee sancionó un penal contra los visitantes. Bernasconi, el capitán del equipo, le dijo a Spinetto:

—Vámonos;... yo retiro el cuadro.

—No; no me voy... Me quedo y los rompo a todos...

Aquí está el hombre, vestido de calle, con su pinta de arrastre, con esa estampa de niño bien que no traduce ni remotamente el Polvorín que es en la cancha, cuando le grita a los compañeros, a los rivales y hasta al referee.

Aquí está el hombre, vestido de calle, con su pinta de arrastre, con esa estampa de niño bien que no traduce ni remotamente el Polvorín que es en la cancha, cuando le grita a los compañeros, a los rivales y hasta al referee.

 

En una de esas sonó la cabeza del arquero. Le habían acertado una pedrada. Bernasconi retiró el team. El público bramaba contra el centre half. Lo iban a matar. Fue cuando los jugadores y elementos de la comisión del team local tuvieron miedo de la paliza que le podrían dar a Spinetto, y lo defendieron. Si hubieran sabido que todo se resolvería con un ojo con tomate como la pizza, lo habrían dejado solo; Pero es el caso que aquellos antropófagos lo iban a poner en la parrilla.

 

HASTA LOS NOVENTA MINUTOS

En esas luchas de la intermedia fue formándose su temple, esa sangre que lo lleva siempre a creer que un match dura noventa minutos y que dentro de ese plazo caben todas las posibilidades, hasta la de ganar cuando se va perdiendo lejos. Rocordarán que en el último encuentro con Gimnasia y Esgrima iba Vélez perdiendo por tres a cero al finalizar el primer período y que el partido terminó con la victoria del team de Villa Luro por seis a tres. Esto confirma las palabras anteriores y otras que dije hace ya algunos números cuando al hacer una nota respecto a todos los jugadores de Vélez indicaba eso mismo, que Spinetto es hombre de no entregarse nunca. ¿Se acuerdan aquello de "Dale... que firman el armisticio...".

—Jugando por La Paternal — me cuenta — en un partido contra Bella Vista, que se efectuaba en nuestra cancha, íbamos perdiendo por tres a cero y faltaban quince minutos. Cuando quedaban seis minutos, ya habíamos empatado.

—¿Cómo terminó ese encuentro?

—Tuvo un final muy común. Terminó a las biabas. Resulta que nuestra hinchada había estado soportando la posible derrota y ciertos gestos de los jugadores visitantes. El arquero hacía señas; se tocaba las muñecas como dando a entender que era muy difícil batirlo. Entonces, cuando le empatamos, los muchachos no nos dejaron terminar. Entraron al field y dieron término al match.

"En aquellos momentos — continúa Polvorín — no hacíamos nada más que pensar en lo que nos ocurriría a nosotros cuando fuéramos a la cancha del adversario. Por eso había quienes decían: "No peguen, muchachos: miren que después vamos nosotros y cobramos..."

 

AL PROFESIONALISMO

En 1930 La Paternal salió campeón. Al  año siguiente Spinetto capitaneó el team de primera B. Luego, lo llevaron a Platense e ingresó al profesionalismo. Su primer match fue amistoso contra la segunda de Racing. Al siguiente, ya actuó en la división superior y fue contra Boca, a quien derrotaron por dos tantos a uno. A Polvorín le correspondió el honor de hacerle un goal a Yustrich desde más de 30 metros mediante la ejecución de un tiro libre. Deseo dar a conocimiento de los lectores que el centre half de Vélez posee un shot respetabilísimo y que de no estar Cosso en el equipo sería él quien se encargaría de ejecutar los tiros libres.

Su debut en Platense no pudo ser más auspicioso. En los primeros matches oficiales ganaron, pero la comisión no estaba conforme o carecía de sentido común. Buscaba un centre half sin reconocer al que tenía. Así fue como a la llegada de Blanco, Spinetto fue sacado; más tarde, ante el fracaso, volvieron a incluirlo, para quitarlo de nuevo al advenimiento de Devoto. Al no responder éste, Spinetto fue vuelto al puesto del cual resultó quitado una vez más a la llegada de Fleitas Solich. Lo curioso es que Polvorín, cada vez que actuaba, lo hacía muy bien; pero como carecía de fama, como no venía precedido de una larga historia, como pocas veces había salido su nombre impreso en las crónicas, para Platense no servía. No bastaba con jugar bien. Era necesario tener cartel. A Spinetto le hubiera convenido disfrazarse de "hombre-sandwich", así iba emparedado entre dos carteles...

En primer plano la columna vertebral de Vélez: Cosso, Spinetto y Novara. — Arriba: Sanabria, Maggiolo e Iván Mayo.

En primer plano la columna vertebral de Vélez: Cosso, Spinetto y Novara. — Arriba: Sanabria, Maggiolo e Iván Mayo.

  

El contrato que lo unía a Platense dejaba constancia de que Spinetto no tenía ninguna obligación de actuar en segunda. Además, le fijaba un sueldo mensual. De todo eso prescindió. Quería el pase en blanco. Ya no podía tolerar tantos cambios, tanta falta de consideración y de respeto. Quería la libertad para irse a cualquier lado aunque fuera sin sueldo, pero en donde estar tranquilo y jugar, sobre todo esto último. Y cuando ya se cerraba el registro de pases obtuvo el suyo. Entonces, firmó por Vélez Sársfield sin prima y a treinta pesos por partido. Dejó el sueldo mensual por tan poca cantidad, pero con la esperanza de que no lo tuvieran como pelota de trapo en el área. Y en Vélez le fue bien. Un partido en la 23 y para siempre en la 1°.

—Parte de esas ambiciones que uno acarició de niño se me han cumplido — me dice. — Estoy en primera y fui designado suplente internacional. Mi mayor anhelo es ser titular y jugar un gran match, una final de algún torneo importante, algo que me deje un amable recuerdo. Desde luego que al desear esto va incluido el deseo de que mi cuadro gane y que mi performance sea muy buena.

Es Spinetto de los que aún sueñan, de los que tienen algo que se engendró en las lejanas horas del potrero inolvidable. Todos tuvimos iguales visiones futuras; todos nos vimos vestidos con la camiseta de los internacionales y actuando bajo atronadores aplausos emitidos por los pentagramas de las tribunas repletas. Todos nos vimos y pocos llegaron. Ojalá Spinetto pueda contarse entre estos últimos, entre los que ya no nos podremos contar muchos que en la infancia de apiladas potreriles acariciamos las mismas esperanzas.

 

EN VÉLEZ

Tuve suerte — expresa. — Ingresé a un  buen equipo y con compañeros excelentes. Pensá en que de la línea integrada por Maggiolo, Cosso y yo, el punto débil estaba en el centro. Como no soy una maravilla, pero tampoco una nulidad, quiero creer que aquella línea fue muy buena. Detrás teníamos una pareja como la de De Saa y Forrester y un arquero como Curtis, lo cual quiere decir que tuve la suerte de ingresar a una defensa excelente. Ahora, al ser corrido Cosso de centre forward, tenemos en el chico Sanz algo que ya ha dejado de ser una esperanza para constituirse en realidad; Maggiolo es un crack; los backs son muy buenos y el goalkeeper vale mucho. Adelante tenemos hombres que están jugando muy bien. No me voy a poner ahora a hacer un artículo de cada uno. Vos sabés quiénes son y que deberíamos estar aún mejor colocados en la tabla de posiciones; pero, a manera de cita, te voy a confiar mi criterio. En estos momentos en que Bernabé Ferreyra y Zozaya no están muy bien, no hay centre forward como Cosso.

—¿Cuál fue la época de tu progreso?

—Es difícil saberlo exactamente y conocer cuáles son los puntos que uno calza. Sin embargo, como soy un autoanalítico…

—Nunca vi esos autos...

—... me estoy observando siempre. Así he llegado a la conclusión de que debo sofrenar mi temperamento, esas ansias de jugar y ganar que en muchas oportunidades me han llevado a adelantarme demasiado y dejar mi puesto en descubierto. De eso me voy corrigiendo lentamente. Cuando me veo entreverado en el área, yo mismo me digo: "¿Qué haces aquí?"

—¿Y lo del progreso?

—Ves, ya me había corrido... En 1932 advertí que progresaba. Algunos juicios elogiosos me dieron la guía, entre ellos, uno de El Gráfico, que supo considerar a nuestra línea media con la medida exacta de sus valores. En ese año cumplí una performance de esas que se graban en la mente y que uno suele considerar como la mejor. Independiente empató sin goals en nuestra cancha a final de temporada. Ese empate fue muy festejado por los rojos, pues tenían el convencimiento de caer derrotados en el Fortín. Jugué bien. Lo creo, porque me vi así y porque al final del encuentro recibí las felicitaciones de Corazzo. 

—¿Qué tipo de centre half es el que te gusta?

—Si yo digo la verdad, lo que siento, van a creer que gusto de los hombres como yo. Deseo que no se entienda mal. Hay afinidades de temperamentos que conducen a inclinarse en favor de uno sin que ello signifique desmedros I para los de características opuestas. A mí me han gustado los hombres como Luis Monti.

—¿Y de los actuales?

—No me gusta hacer comparaciones que son odiosas y resultan difíciles. Entiendo que hombres de distintos estilos de juego pueden acusar igualmente altos rendimientos y que la elección puede basarse en una afinidad temperamental o en una cuestión de simpatías. Tomemos como ejemplo el caso Minella-Corazzo. El que se incline por uno y quien se decida por el otro, pueden hacer una gran discusión sin llegar a convencerse, porque ambos tendrán razones de igual peso.

En la sede de Vélez Sársfield, en las marianas siguientes a las noches de concentración, se hacen matches de ese tennis de cabaret al que le dicen ping-pong. Aquí aparece Spinetto, mano a mano con Novara, mientras la barra observa.

En la sede de Vélez Sársfield, en las marianas siguientes a las noches de concentración, se hacen matches de ese tennis de cabaret al que le dicen ping-pong. Aquí aparece Spinetto, mano a mano con Novara, mientras la barra observa.

 

LOS ÚLTIMOS MINUTOS

Polvorín es un muchacho sobrio,  sin vicios, discreto dentro de sus anhelos. Dos horizontes hay en su vida: una casita y una gran performance como internacional. Esto último, manera de recuerdo, para hojear con los años ese álbum que se va formando con las páginas de todos los días. Lo primero, para darle realidad a ese anillo de compromiso que lleva siempre en su mano.

Estábamos sobre la hora. Le pedí entonces una última referencia a su vida deportiva, y me dijo:

—Jugando uno de aquellos famosos matches de la intermedia, en carácter de visitantes, al cabecear una pelota conjuntamente con el centre forward me dió golpe que casi me desvanece. Me lo guardé. En cuanto se presentó la oportunidad planté el pie en el pecho. Cómo habrá sido la cosa que en cuanto yo dí el golpe los h chas de mi cuadro comenzaron a escalar. Yo los veía saltar una cinacina que te como dos metros de alto. Parecían corredores de vallas. Lo que es el miedo...

—¿Y vos?

—Como la otra vez. La había hecho forma tan descarada que el mismo centre forward, viendo que me iban a matar, me salvó.

 

 

Por Borocotó.

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