Las Entrevistas de El Gráfico

1988. A solas con Big Mac

Por Redacción EG · 11 de julio de 2019

John Patrick McEnroe, el niño terrible del tenis, uno de los más grandes de todos los tiempos, visita Argentina para jugar Copa Davis. En la última etapa de su increíble carrera, El Gráfico tiene el honor de entrevistarlo.

Dos, sólo dos veces tiró su raqueta a lo largo de cinco apasionantes sets contra Pérez Roldán, el viernes, y otros tres ya desmotivado frente a Jaite, el domingo. Sólo dos veces, y ni siquiera la Dunlop Max 200G se estrelló con furia contra el polvo de ladrillo del Buenos Aires Lawn Tennis. Apenas la dejó caer.

Hay otro síntoma, y es ese momento inmediatamente posterior a que una volea suya pique más allá del fleje de fondo, o un drop se anime a desafiar su mágica muñeca y no supere la red. Entonces él se pondrá las manos en la cintura, moverá su cabeza contrariado, como quien se sacude el pelo después de salir de una pileta, y estará a punto de estallar. Pero la erupción del volcán ya no llegará. Es que hay un nuevo Mc Enroe. Sin desplantes, exabruptos, malas palabras. Más aplacado, manso y tranquilo. Y la pregunta surge inevitable, ¿podrá aquel chico malo volver a ser el mejor cuando ya no siente ganas de insultar al umpire?

John McEnroe llega a Argentina para disputar la Copa Davis de 1988.

John McEnroe llega a Argentina para disputar la Copa Davis de 1988.

 

Fue de lo primero que hablamos —gracias a la gestión de Francisco Moreno, marketing manager de Nike— amparados por la privacidad clásicamente europea de una de las salas de estar del Plaza Hotel.

Sí, es cierto, el casamiento y mis hijos me han cambiado mucho. Ahora estoy más tranquilo. Cuando uno tiene chicos debe reservar mucha energía para ellos. Una persona como yo, que siempre fue muy explosivo, debe encontrar el equilibrio entre esa ansiedad y la tranquilidad. Mi familia lo necesita...

—Sin embargo, se me ocurre que ese cambio en tu personalidad perjudica al jugador, ¿no? Como que el McEnroe tenista siempre fue un animal salvaje cuando dominó el tenis mundial; ahora ese animal está domesticado.

—Pero me comunico mejor con la gente.  

No agregó nada más. Como para que quede bien claro lo prioritario que pasó a ser su familia desde que el 1° de agosto de 1986 se casó con Tatum O'Neal en la iglesia Oyester Bay de Long Island, cercana a su casa de New York. Ella y sus dos hijos —Kevin Jack y Sean Timothy— son lo más importante.

—Pensar que la cancha del Buenos Aires me había resultado adversa y en menos de dos días rompí la racha al vencer a Pérez Roldán y recibí una de las ovaciones más emocionantes de mi carrera —dice en un inglés típicamente neoyorquino, esto es, una catarata verbal abruptamente interrumpida por un "you new..." equivalente a nuestro ¿viste?", mientras sigue suavizando las callosidades de su mano izquierda con una piedra pómez y una limita—. Fotos ahora no —le dice a Maffuche, y espera la próxima pregunta.

—Vos ya habías perdido en esta cancha cuando eras juvenil en 1977, y después cuatro veces más por la Davis: en el '80 y en el '83 contra Vilas y Clerc. ¿Viniste por la revancha?

—Sí, y porque siempre me resultó excitante jugar aquí. Siempre me quedaron grabados los viajes en tren desde Retiro hasta Lisandro De la Torre, en el '77, cuando perdí la final del República juvenil con Ricardo Ycaza, con quien ya había perdido en la semifinal del U.S. Open junior un año antes.

—Hablame de Pérez Roldán. Porque a mí me da la impresión que estamos ante un gran jugador de la Copa Davis. ¿Qué te pareció?

—Le pega muy duro. Por eso yo traté en todo momento de moverlo hacia atrás y hacia adelante y no para los costados porque ahí es donde él te hace sentir su potencia. Así y todo le gané más que nada por experiencia. A los 18 años hay cosas que no se pueden saber de ninguna manera. Todavía no está a la altura de lo que eran Vilas o Clerc, pero es un gran jugador de canchas lentas. Si logra mejorar su juego para adaptarlo a superficies rápidas está para ser uno de los diez mejores del mundo.

 

El zurdo está por sacar en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.

El zurdo está por sacar en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.

 

—Antes hablamos de la emoción que sentiste por la ovación de la gente en la ceremonia inaugural. ¿No te molesta el hecho de que mucha gente esté más pendiente en sí por tus desplantes que por tu talento, por tu juego...?

—Eso acá no pasa. Me gusta volver a la Argentina, acá la gente aprecia el tenis. Y en la Davis especialmente, que es cuando yo vine, se forma un clima excitante. Por eso es tan bueno que la Copa se haga a lo largo del año y en diferentes países. Si llegan a transformar el reglamento para que se juege en un país durante una semana, como la Federation Cup, la Davis se muere... Otra cosa que siento en Buenos Aires es que la gente ama este deporte y sabe de tenis mucho más que en Estados Unidos.

Desde que irrumpió en el tenis grande, cuando en 1977 se anotó en la clasificación de Wimbledon y no sólo la superó, sino que fue el primer jugador que arrancando desde ahí llegaba hasta las semifinales —Connors lo superó 6-3, 6-3, 4-6 y 6-4—, McEnroe ganó 71 torneos del Gran Prix por citar sólo los singles. Entre ellos, tres Wimbledon ('81, '83 y '84) y cuatro veces el U.S. Open ('79, '80, '81 y '84).

Desde que se casó, sus alejamientos del Circuito —divididos en dos tramos de siete meses— estuvieron relacionados a problemas físicos. Por un lado, la confirmada lesión en su espalda que en los últimos tiempos lo aqueja. Por otro, aunque el tema sólo surja en forma de rumor, como ocurrió en el último Roland Garros, se dice que su distanciamiento de los torneos se debió al consumo excesivo de drogas, hasta que debió internarse en un instituto de rehabilitación para poder salir...

—Después de tu última pausa prolongada del Circuito reapareciste en Tokio y terminaste ganando el torneo venciendo nada menos que a Edberg en tres sets corridos. Todo el ambiente se hizo la misma pregunta, ¿Mc Enroe puede volver a ser el N° 1?

—En realidad no quedé conforme con mi juego en Japón. Gané el torneo más por experiencia que por otra cosa. Mi única preocupación desde ese momento fue volver a estar bien físicamente...

Volea cruzada y punto punto para uno de los tenistas más grandes de la historia.

Volea cruzada y punto punto para uno de los tenistas más grandes de la historia.

 

—A propósito, eso se notó en estos días..., una cierta falta de estado. ¿Qué es lo que te quitó reacción y velocidad?

—Los problemas en la espalda... Pero ya estoy mucho mejor que hace seis meses. Siento que estoy muy cerca de mi ideal.

—¿El objetivo es volver a ser el N° 1 (ahora está N° 17) o simplemente llegar hasta donde puedas?

—Sigo porque el tenis aún me necesita... Siento que llegar a la cima es cada vez más difícil. Te vas un tiempo del Circuito y cada vez que volvés encontrás a jugadores más potentes y veloces. Me tendré que adaptar. No sé si llegaré a ser otra vez el mejor, pero lo voy a intentar.

—¿Por qué te necesita el tenis?

—Desde que me alejé y Lendl logró ser el mejor, el tenis se volvió más aburrido. Sobre todo la temporada pasada, cuando las principales finales las jugó contra Wilander... Mats es mi amigo, pero un partido con Lendl no puede excitar a nadie.

—¿Pensás que Lendl se podrá mantener ahí arriba por mucho tiempo más?

—No creo. Hizo más de lo que yo pensaba.

—Recién hablabas de tu amistad con Wilander. Vilas siempre te resalta como uno de sus amigos. Y acá últimamente el periodismo insiste con el tema de su retiro. ¿Qué opinás vos?

—Lamentablemente con Guillermo no nos vimos mucho en los últimos dos años... Para hablar de si debe serguir o no, el punto es si se divierte jugando al tenis. Y otro factor que hay que tener en cuenta es que cuando una persona hace algo tan bien durante toda su vida es difícil dejarlo y dedicarse a otra cosa.

El enfrentamiento entre Argentina y Estados Unidos fue por el grupo I de la zona americana de la Copa Davis.

El enfrentamiento entre Argentina y Estados Unidos fue por el grupo I de la zona americana de la Copa Davis.

 

—Recién ahora con Agassi el tenis norteamericano parece resurgir. ¿Cómo explicás la decadencia que vino después de Connors y McEnroe?

—Pasaron dos cosas... o tres. Primero, el tenis en los Estados Unidos no es tan popular como el básquet, el fútbol americano o el béisbol; no está al alcance de toda la gente. Segundo, jugadores como Connors o yo tenemos un estilo difícil de imitar, demasiado personal. En cambio ustedes con Vilas, o los suecos con Borg, crearon una escuela de jugadores más esquemáticos, mucho más fáciles de copiar. Y además los europeos invirtieron más dinero y sus federaciones crearon centros de entrenamientos regionales que recién ahora la USTA (Asociación de tenis norteamericana) está copiando.

—A propósito de los parecidos, es notable cómo Agassi impacta a la pelota cuando sube, como Connors, por jugar permanentemente dentro de la cancha, ¿no? ¿Creés que es un futuro N° 1?

—Es cierto, tiene algo de Connors, incluso ataca más que Jimbo. Ahora está sólido entre los seis o siete primeros, puede caerse hasta el octavo lugar el año que viene..., pero de todas formas va a ser el mejor. Vayamos terminando, tengo que ir con mis compañeros a una cena...

—¿Te gusta todo ese protocolo de la Davis?

—Para nada. Uno tiene que ir a una embajada y sonreírle a gente que no conoce. Me gustaría festejar con mi familia, pero ellos están en New York. Tampoco me gusta tener que jugar cuando ya está todo definido. Pero no hay caso... están los sponsors y la televisión. Ellos mandan el tenis actual.

Como en toda la charla, sigue con sus tics. El más común, comerse las uñas y rascarse la cabeza; el más personal, abrazarse a sí mismo como si tuviera chuchos de frío o le picaran sus brazos. Ahora sí se brinda a las fotos, pero primero se saca una arrugada camisa celeste y deja ver una remera con una inscripción del recital de Wembley realizado recientemente homenajeando a Nelson Mandela, el dirigente negro, símbolo de los presos políticos que luchan contra el apartheid sudafricano. El tema, para terminar, es el rock, otra pasión de McEnroe.

—¿Cuál es tu guitarrista favorito?

—Eric Clapton.

—Vilas me dijo que varias veces tocaron juntos en New York...

—Sí, pero al lado de Guillermo yo soy Jimmy Hendrix —dice, bromeando.

—La última, en serio. Después del retiro de Borg siempre dijiste que ya no tenías motivaciones. Encima ahora tenés una familia. La única meta, entonces, sería Roland Garros, ¿vas a seguir hasta ganarlo?

—Es lo único que me falta, pero no me veo jugando hasta los 35. Espero poder seguir un par de años, pero no más, no quiero al tenis para tanto.

—¿Y después qué?

—Descansar en mi casa de Malibú, California, y ver cómo LA Angeles Lakers ganan otra vez la liga de básquet.

 

Por CESAR LITVAK

Fotos: RICARDO ALFIERI (h), HECTOR MAFFUCHE y NORBERTO MOSTEIRIN.

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